Política

«La agenda la sigue marcando Milei», entrevista con Juan Courel

Revista Urbe entrevistó a Juan Courel, consultor y analista político.

Entrevista
10 de julio de 2023

Juan Courel es analista y consultor, experto en comunicación política. Fue Secretario de Comunicación Pública del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires bajo la gestión de Daniel Scioli. Coordinó campañas electorales del peronismo en múltiples oportunidades, incluidas las presidenciales de 2015 y 2019.

—Trabajaste muchos años en el equipo de Daniel Scioli y en las últimas dos campañas del
peronismo, pero en esta no. ¿Cómo la ves desde afuera? ¿Es una campaña particular, distinta?

Es una campaña difícil. Y lo iba a ser independientemente de quién fuera el candidato. Es difícil enunciar en medio de una crisis como la que hay, que además está atravesada por una crisis de confianza, no solamente con el electorado objetivo sino dentro de los propios núcleos duros, ya convencidos. Incluso ahí hay mucha crítica, mucho ruido, mucha inconsistencia en el mensaje sobre la unidad. Hay un mensaje político: “logramos consolidar la unidad”. Pero eso al votante objetivo no le interesa y al votante ya fidelizado no lo convence, porque es una unidad que está en las listas pero no está en el discurso, no está en la narrativa..

Cuando en 2019 nos fue bien en la elección, yo también venía de hacer la campaña del 2015, en la que nos fue mal, y me pedían que comparara una y otra campaña. Y yo decía que, independientemente de los contextos económicos donde se jugaba la elección, la gran diferencia era la cohesión interna a la hora de articular una propuesta, un discurso, un mensaje. Había un ámbito donde discutirlo, donde consensuarlo, donde se decidía, se ejecutaba y se auditaba la ejecución. Y funcionaba. Eso claramente ahora no existe

Yo creo que eso no depende de los asesores que estén trabajando, ni de los especialistas en comunicación política, y a esta altura no depende de la conducción. Esto ya es así, va a ser inviable una campaña ordenada, profesional, y se va a depender mucho de la conciencia del pueblo argentino respecto de lo que realmente quiera, porque al fin y al cabo son muy diferentes las propuestas de un lado y del otro. Por lo tanto, al ser tan distintas, a pesar de que sea tan confusa la propuesta oficialista, puede haber una esperanza de que en última instancia en un balotaje el contraste sea muy notable y eso facilite la articulación de algo que se parezca a una campaña. 

—Vos decís que más allá del candidato es una campaña difícil. ¿El lanzamiento de Massa fue una pateada de tablero?

Bueno, había muchas opciones que eran todas muy verosímiles y tal vez la de Massa rankeaba primero. Uno esperaba lo que terminó más o menos diciendo Cristina: que si se iba a una interna, el sector más cercano a Cristina iba a jugar con uno propio, que parecía ser Wado. Pero Massa no era sorpresivo: si hace un año te preguntaban, era posible que fuera candidato. Si te preguntaban en 2018 por Alberto Fernández, nadie se lo imaginaba.

Sin embargo, por esas operaciones de los últimos minutos, fue sorprendente. Tuvo esta cosa de un doble final, como en las películas. Ahora bien, creo que se perdió una gran oportunidad, con todas estas operaciones de último minuto, para pensar un mensaje de cara a la sociedad sobre la candidatura. No lo hubo, sigue sin haberlo, no sé en qué momento podrá ser. Yo creo que el desorden es tal que lo más probable es que hasta el ballotage no se distinga con claridad qué es lo que está representando el candidato oficialista. Si es que se llega al ballotage, que es una posibilidad que no se puede asegurar. 

—Algo que has contado es una pérdida de la centralización del comando entre las PASO y las generales de 2019. ¿Massa tiene que, o puede, tomar una mayor centralidad, y ordenar la campaña por el candidato?

Yo creo que es probable que eso suceda, el tema es que el doble rol de candidato y Ministro de Economía le impone una agenda cruzada. Yo abogaba por una interna, pero no por los motivos de Alberto Fernández, que no sé cuáles eran, sino porque creo que las diferencias son tan profundas que necesitaban una instancia de resolución más contundente que una rosca. Una rosca mediocre, en términos de que estábamos hablando de dos diputados, me parece que tiene gusto a poco para tanto ruido: dos años de interna sanguinaria en el oficialismo, con un presidente totalmente aislado y en solitario, sin hablar con sus propios ministros para dos diputados… Me parece mucho. Por lo tanto, siento que lo debería haber ordenado una victoria electoral concreta, que haya un perdedor y un ganador claro, que pudiera de esa manera empoderarse.

Ahora se cerró por otro lado la interna, y Massa tiene que ver cómo se empodera. Creo que está haciendo un gran ejercicio: haber convocado a Scioli, con quien no lo une una amistad demasiado profunda, muestra un afán de poner la otra mejilla, entender que su rol es unir, que eso implica comerse el orgullo si es que siente que beneficia su proyecto político. Eso es lo que más destaco, porque lo demás lo daba por sentado: que La Cámpora lo iba a acompañar, que los gobernadores iban a estar, no veía ningún problema ahí. 

Me parece que hay otro inconveniente, o una amenaza, que es que el presidente sigue siendo el presidente, y, su capacidad de interferir en la agenda pública sigue siendo la misma que la de hace unos meses. No sé si eso es ordenable, creo que no. Y creo que siendo una lista de unidad, tenés que ser capaz de representar eso también. Me parece que hay que esperar un poco, Massa va a tener la oportunidad en el momento en el que el peronismo se termine de dar cuenta de que esta es una elección realmente muy difícil. Ya sea con un mal resultado en agosto o con un resultado duro en octubre, puede llegar a generar ese empoderamiento. Mientras antes ocurra, mejor, porque está en riesgo la provincia de Buenos Aires, está en riesgo no llegar al ballotage, está en riesgo perder muchos municipios del Conurbano.

—Massa se está jugando su capital político, ¿no? Algo que se dice es que si juega es porque cree que puede ganar.

Yo creo que puede ganar, pero es muy difícil. Si pierde la elección, no le echen la culpa al que le haga la campaña. Lo lógico es perder esta elección. Uno de los indicadores económicos más directos que correlacionan con las elecciones presidenciales es el índice de pobreza. Cuando la pobreza sube, el que está gobernando pierde. Esto pasó, desde el 83 para acá, en todas las elecciones. No es una Ley de Gravedad, es una correlación; no necesariamente implica causalidad, pero hay algo ahí. Si uno se guía por eso, lo lógico es perder: hay problemas económicos, temas que no se resolvieron, que se profundizaron.

Si uno se guía por las encuestas, no hay consenso sobre cómo van a salir las primarias, ni sobre cómo va a ser la elección en octubre. Eso está en discusión, pero donde no hay discusión es que no hay ningún escenario de ballotage donde aparezca el oficialismo no perdiendo, y por bastante. Todas las encuestas de distintas consultoras dicen que el ballotage el oficialismo lo pierde.

Ahora bien: cuando uno repasa las campañas de ballotage, uno se da cuenta que el comportamiento electoral varía mucho, y las encuestas, si pifian en otros escenarios, ahí pifian más. Hay algo que no se puede medir, que es que cuando están las opciones tan simplificadas la gente cambia su parecer. A mí me tocó hacer la campaña de ballotage de 2015 de Scioli y los escenarios que teníamos en las encuestas eran de derrotas por 12, 15 o 20 puntos. Y terminó perdiendo por 3.

Cuando repasás otros escenarios en Latinoamérica de ballotage, el de Lula es el más significativo. Lula le gana por medio punto a Bolsonaro. Si uno veía las encuestas al principio de la campaña tenía que ganar por 10. Bolsonaro estaba muy deteriorado, pero terminó medio punto abajo. ¿Por qué? Ahí está la famosa polarización. Cuando se oponen dos opciones, las posiciones son tan repelentes, que eso agrupa en contra tuyo. Por más que a vos te vaya bien, tu misma existencia hace que a tu rival lo empiece a rodear gente que te odia, que no quiere saber nada con vos, y eso lo vuelve competitivo. Lula pierde por 0,5 puntos: Bolsonaro no reeligió de casualidad.

Lo que digo es que los ballotages son campañas aparte. La polarización juega ahí un papel muy fuerte, y si uno lo puede aprovechar capaz te lleva a lugares donde no esperabas llegar. Desde ahí digo que Massa tiene una chance, si estudia bien cual son los clivajes, las posiciones dicotómicas sobre los distintos temas de la agenda, en los cuales el oficialismo está del lado de la mayoría. Por ejemplo, no subir la edad jubilatoria: no lo están planteando tan abiertamente, pero es verosímil que se pueda volver un eje de campaña, “si gana Bullrich te van a subir la edad jubilatoria”. ¿Es creíble? Sí. ¿La mayoría de la gente está en contra? Sí, según las encuestas. Además de eso, ¿tiene propiedad el oficialismo sobre eso? Si vos le preguntás a la gente, ¿quién es más creíble que no te va a subir la edad jubilatoria, el oficialismo o la oposición? Habrá que ver, yo no sé si tiene propiedad sobre el tema el peronismo, pero puede construirla. A pesar de no tener una campaña, un discurso, un mensaje claro, capaz la propia dinámica de la polarización te vuelve competitivo

—¿Te parece que la polarización es una dinámica que sigue y va a seguir operando? ¿O, con las tensiones dentro de cada frente y la aparición de Milei, puede haber una transición hacia otro escenario?

Polarización hay, lo que hay que ver es si esa polarización afectiva tiene una representación partidaria. Parecería ser que no, que estamos ante un escenario de fragmentación. En 2015 la política había empezado este camino y duró 8 años. Ahora está todo fragmentado. Si se va a volver a reorganizar, no lo sabemos. Es probable que sí, si Milei no logra traducir la expectativa que generó en un buen resultado. La duda es si llega al 20%; si no llega, probablemente la política se reacomode nuevamente en dos grandes polos.

Pero yo creo que la polarización llegó para quedarse, porque aparece en este mundo de públicos y audiencias fragmentadas, de medios absolutamente dispersos. Eso es un cambio para los que estamos acostumbrados a las grandes cadenas de noticias, al candidato televisivo, a un tipo que iba a Tinelli, se volvía famoso y te ganaba una elección. Ahora, cuando no tenés un caño a través del cual pongas un único mensaje para que la gente lo vea, la polarización hace que vos puedas ordenar, simplificar las cosas, para que en la infinidad de medios en los que se tiene que reproducir tu estrategia las cosas sucedan. Que la gente se sienta representada por tu mensaje y se vuelvan replicadores de tu campaña. Eso implica contrastes fuertes, que implican polarización.

Últimamente, se habla de una vuelta a las bases. Durante un tiempo, los partidos y las identidades ideológicas se corrieron, porque todas las campañas se basaban en los candidatos, en su imagen pública, en la cuestión publicitaria. Los partidos no tenían nada que hacer ahí. Y ahora ya no: lo importante es la movilización, la representación de intereses, de identidades, los públicos afectivos. Todo eso cambió la dinámica de las campañas. Esa simplificación y reducción de las estrategias a grupos cada vez más chicos y fragmentados genera choques, polos que se van repeliendo. Eso la política lo puede canalizar, o no.

—¿Qué pasa además con las candidaturas más chicas, la de Schiaretti, la del FIT? ¿Pueden llegar a mover algo?

En este momento, por lo menos en las encuestas, no mueven nada. Yo uso y trabajo con encuestas, pero sé que son muestras que tenés que usar con prudencia. Y yo tiendo a creer, por historia electoral, que eso me cierra. En mi marco teórico, me parece lógico que no midan nada. No influyen, como no influyeron en 2019: entre Macri y Alberto sacaron el 88% de los votos. No veo por qué eso vaya a cambiar.

Milei sí, porque si Milei se diluye lo previsible es que eso engrose a Patricia Bullrich, y que, como ella tiene un discurso tan antagonizante, tan adversativo, eso genere un crecimiento de lo que haya enfrente. Aunque lo que haya sea Massa, porque independientemente de lo que Massa sea o lo que quiera decir, lo que va a representar va a ser algo que va a estar muy en contra del otro lado.

—Esta es la pregunta del millón: ¿lo ves efectivamente pinchado a Milei?

No, para nada: lo veo igual que antes. Sigue siendo a mi juicio uno de los tipos que marca la agenda más notable. Salvo en el período del cierre de listas de Unión por la Patria y Juntos por el Cambio, los únicos temas de debate político en los medios de comunicación eran los que imponía Milei: la dolarización, la venta de órganos, todo lo demás no se discutía. La agenda la sigue marcando Milei. 

Yo, lamentablemente, creo en lo que dijo Milei el otro día: que él ya ganó. Ganó, porque se discuten temas que antes no se podían discutir. En parte, es cierto. Después, bueno, si la gente va a terminar votándolo o no, muchos que capaz se empiezan a sentir representados por opciones que ya existen y piensan que no hace falta ir tan lejos, puede pasar. Si el evidente déficit que tienen armado territorial lo perjudica en términos de fiscalización, que puede terminar pasando. Pero en términos de debate político, de debate público, no decrece. Con estas acusaciones que aparecen de la venta de cargos, creo que no es por ahí el daño. Milei se puede volver irrelevante porque lo que expresa lo pase a expresar otro también, pero no creo que lo hiera la falta ética, o ningún conflicto de esa índole.

—Pasando ahora a Juntos por el Cambio, ¿cuáles dirías que son las debilidades de Larreta y Bullrich?

La debilidad de Larreta es que no se entiende qué juego quiere jugar, es muy ambivalente. Creo que él esperaba heredar naturalmente la candidatura. Por ser Jefe de Gobierno de la CABA, por tener plata, un armado, una estructura, esperaba heredar la candidatura, y eso no sucedió. Se confundió y no supo qué hacer. Ahora está endureciendo el discurso, finalmente se dio cuenta de que manda la polarización. Está intentando contrastar, y dice que no es el centro que dijo que iba a ser, el moderado que dijo que iba a ser. Pero, para mí, es tarde. Ya pasó, no hay tiempo, hay un mes para definir las PASO.

Patricia Bullrich es un flan conceptual, eso está claro, y su armado político es ultra personalista, no se ve algo ahí. Pero bueno, aunque las encuestas pueden estar equivocadas, muy sesgadas hacia núcleos duros intensos, hoy aparece claramente una diferencia a favor de Bullrich. Y los problemas de argumentos no son problemas de campaña. No es cuestión de quién tiene el mejor programa de gobierno, es una cuestión política, de representación. Yo lo veo a Larreta muy desdibujado. Lo lamento, porque desde mis propios valores me parecen aberrantes muchas de las cosas que dice Bullrich, pero la veo muy sólida en lo electoral. Muy firme, con un camino muy claro y simple. 

—De Larreta parecía que se esperaba más, ¿no?

Uno esperaba que pudiera conducir, y no, no lo pudo jubilar a Macri, yo creo que Larreta no pensó bien cómo tenía que ser su relación con Macri: o matarlo, o acordar. Y no pudo hacer ninguna de las dos cosas. Parecido a lo que le pasó al presidente, salvando las enormes distancias, porque yo creo que Cristina tiene una construcción política mucho mayor, más sólida que la de Macri. Aunque la de Macri también lo es, no hay que subestimarlo, pero Cristina tiene más años, es en el peronismo, le fue mejor gobernando. Ahora, a Alberto le pasa algo parecido. ¿No pensaste cómo ibas a manejar la relación, antes de gobernar no te pusiste a pensar cuál era tu estrategia respecto a Cristina? Una estrategia posible era pelearse, y otra era acordar, con lo que implica acordar con una persona con el poder que tiene Cristina.

—Volviendo a Massa: hay un debate sobre si es mejor adversario de Bullrich o de Larreta, ¿qué opinás?

Si me das a elegir, prefiero ser adversario de Larreta. Creo que va a cometer más errores, y si la oposición no comete errores es casi imposible ganar la elección. Larreta está más dispuesto a contestarle, Bullrich no le va a contestar a Massa, va a marcar su propia agenda. Y hay que ver si Massa es realmente capaz, después de la experiencia de Alberto Fernández, de representar ese antagonismo a Bullrich y a las políticas de ajuste. Con Scioli en 2015, un poco nos salió, pero no del todo, en el ballotage. ¿Massa podrá marcar bien la diferencia? Ahí el principal problema de Massa no es Massa, es Alberto. La pregunta es, ¿podrá movilizar o quedará la idea de que después se va a pelear con Cristina? Está ese ruido que no sé cómo va a ser procesado.

Creo que la gran pregunta sobre Massa es: ¿hay algo que pueda hacer él, como individuo, para cambiar la elección?

Así como te digo que no hay que echarle la culpa a los consultores si sale mal, tampoco se la echaría al candidato. La cosa está totalmente rota, está muy difícil. ¿Qué me gustaría? Tener más claro el discurso. Me parece que no hay un discurso político. El domingo vamos a inaugurar un gasoducto. A mí me parece muy difícil hacer campaña con un gasoducto. No porque no entienda su valor macroeconómico, sino porque creo que no es algo muy atractivo para ganar votos. Si el discurso es el “ah, pero Macri”, ya en 2021 quedó claro que no alcanza. Si el gasoducto es una metáfora de que ahora hay futuro y antes no lo había… Bueno, está bien, pero no hay que creer que ese recorrido narrativo la gente lo va a procesar como uno cree. Es muy difícil que un caño se vuelva la esperanza de un país. O cualquier obra de infraestructura, no importa cuál.

El problema es otro, es de falta de confianza, desesperanza, apatía, desgano, frustración, resignación. Es un problema de representación, de ponerle palabras a las cosas, de generar sentidos. Yo le pediría a Massa que tenga un discurso más claro. Que no sé cuál es, pero ahora no está.

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