Urbe

Resignificar la Patria

¿Alcanza con el mate, el fernet y el fútbol para forjar nuestra identidad colectiva y un proyecto de nación? En otro aniversario de nuestra independencia, este ensayo recorre la historia de la idea de Patria desde 1810 hasta el presente para buscar qué queda de ese principio afectivo que alguna vez reunió a un continente, y qué necesitaríamos para volver a construir algo parecido a un nosotros.

Por Agustín Peanovich
09 de julio de 2026

En las seguidillas de fechas que corren por estos días relacionadas a nuestros orígenes, sin pretensiones historiográficas este pequeño ensayo propone revisar la idea de Patria fisurada. Desde los orígenes, ¿Qué pasó con esa soberanía?

Si bien la idea de Patria por aquellos tiempos aparece de forma heterogénea en cuanto a sus significaciones locales, regionales, fueron dignas de un nosotros, en fin. 

¿Alguna vez fuimos más dignos que ahora, en cuanto a la consciencia de organizarnos para defender nuestros intereses? 

Una mirada transversal hacia el presente, en tensión con aquellas épocas de 1810, 1816, puede que nos ayude para saber qué tan lejos estamos de saber quienes somos.

LAS CADENAS Y LA SOBERANÍA 

Se puede forjar un bello continente, se puede luchar hasta el final con los brazos rotos, se puede usar la estructura colonial para algo mejor. Claro, no temamos, se pueden romper las cadenas. Somos eso, la historia de las mil cadenas rotas, oxidadas en las orillas ribereñas, carcomidas en el litoral donde aún perdemos y ganamos, incesantes.

Cae el orden, el antiguo régimen persiste, todo empieza a hacerse  poco a poco: gritos, batallas, muertes. Algunos acompañan, otros en alianza con sus intereses se abrazan a causas extranjeras y extrañas. Cae, pesadamente cae el poder de la metrópoli y ahí estamos nosotros, poniendo el cuerpo como ahora ante la nariz de las potencias.

Las identidades en toda América se determinan en Estados, se fragmentan. Todo es aletargado, una espera interminable, rudimentaria y simple, atrasada. El orden, la legitimidad colonial se disuelven. Las élites criollas compiten por el poder. Presión tributaria y monopolios, maquinaria de desigualdades que va a marcar el rumbo con la implantación del capitalismo. 

Se rompe, los acontecimientos de una España en declive nos ayudan a emanciparnos de ella. La Revolución Francesa infecta con lo nuevo a los esclavos haitianos, se desata la locura, la violencia anticolonial. La Revolución Haitiana hace ruido en Buenos Aires y en focos insurgentes. Se difunde el liberalismo en América y un nuevo sujeto surge: las clases subalternas.

No está el rey que cautivo, en algunos lugares lo detestan y en otros lo protegen con las armas de los que ya están acomodados y les conviene que la cosa siga: las élites peninsulares, las aristocracias limeñas, los dueños de  plantaciones, los conservadores. A nadie de estos conviene la revolución que se va a venir, ni los chismes que corren de Europa, porque allá, también, vienen rompiendo cadenas.

EL NACIMIENTO DE LA PATRIA 

En el Río de la Plata primero las milicias urbanas, luego los militares criollos; también los porteños, se inicia un proceso, o una chispa que ilumina: estamos desprotegidos por la metrópoli. Comienza la revolución, se terminaron los privilegios para el rey y para los que quieran ocupar su puesto. ¡Fuera el mal gobierno! gritan los cabildantes que echan a patadas a Cisneros, y a otros peninsulares que hacen el doble juego.

La soberanía crece, es algo nuevo y el sentimiento de Patria se infunde en el pecho de los compatriotas. Con la retroversión del poder en 1810 fuimos más dignos que la política de éste nuevo siglo donde no hay consciencia.

Todo es en desmedro de. Un problema cultural que atraviesa nuestras tierras. Si la noción de Patria es el principio afectivo que nos reunía durante las invasiones inglesas y la Revolución de Mayo, ¿Cuál es el principio de ahora? O es el espectro realista que sigue vivo como un fantasma que roe los siglos de esta tierra desolada. La grieta en el continente se abre, nos desconocemos, nos olvidamos de dónde venimos. Hay algo que no se detiene, se desplaza, y dificulta que logremos una idea homogénea. Ahora escuchan la palabra Patria y les parece pedante, como algo que suena a cosa vieja. 

San Martín y Bolívar desde lados opuestos avanzan hacia el centro y van liberando a los pueblos, dando derechos, una primera igualdad a cada indígena ante el resto. El Bajo Pueblo se suma a los ejércitos, hay una causa, el continente se resignifica, dejamos de ser lo que éramos, esclavos de España, del eurocentrismo, esa cosa del ser humano, de dividirse en categorías que ya no entendemos. Somos algo nuevo que se para, se yergue y dice: ¡Basta! Esa es la causa, romper con lo viejo, con el saqueo.

Ayudamos a Chile que ahora se suma a la causa de todos: Patria o Colonia. Chile nos ayuda y liberamos el Perú. Las revoluciones son desde arriba, cambian las estructuras políticas. El poder se transfiere. Bolívar viene guerreando con la plebe militar. La República de Colombia impera, su hegemonía llega hasta Potosí. Empezamos a imaginar nuestras Naciones, a organizar nuestros Estados. Si hicimos historia, ¿por qué no volver a hacerla? Terminan las Revoluciones en el sur y necesitamos llenar de palabras un continente, hacernos nuestras identidades. Nombrar lo nuevo y añadir lo ya nombrado en otros tiempos.

Las revoluciones liberales en Europa estallan, y América se dinamita de independencias, algunas son a través de la guerra y otras son pacíficas aunque en los intersticios siempre hubo levantamientos, rebeliones que fueron sofocadas. La violencia y la angustia se expanden en el territorio Americano, aún persiste el desastre económico que los focos de enfrentamientos, por las independencias, dejan. Siempre, siempre pierden los sectores subalternos, una huella que recorre la pátina del tiempo.

Las tierras se concentran en pocas manos nuevamente: del rey al adelantado, luego al gran hacendado, luego al Estado, y del Estado al terrateniente: de lo público a lo privado. Nunca se dividen, nunca se distribuyen. Un capitalismo incipiente, una oligarquía se afianza. Nos vamos ennobleciendo a la par de la expansión ultramarina. Los desposeídos siempre son los mismos, los de abajo. Hispanoamérica consume más y la miseria sigue igual.

LA DERROTA

San Martín en el exilio, renuncia O’Higgins, cae Sucre, muere Bolívar. Fragmentación en América. Falta conciencia para la unidad, cuán difíciles son las confederaciones si aún adoramos lo externo.

Las guerras civiles se extienden y se ensayan diferentes formas de gobierno, los países van consolidando sus Estados, cada uno tuvo revoluciones e independencias distintas. En algunos no hubo revolución, sí resistencias.

Los europeos se fumaron los metales y nos dividieron racionalmente. La dependencia es lo que deviene a la lógica de la conquista, del hambre y de las enfermedades. Aprendimos. ¿Y ahora?

Las formas cambiaron, la dependencia permanece. Allí estamos en el Siglo XXI jugando a favor del neoliberalismo, como si nada hubiera pasado en el periodo colonial.

Racismo y desinterés entre los habitantes de América Latina, ¿Nadie se  cansa del saqueo, nadie necesita la unidad? No hace falta mirar tan lejos. El día llegará sólo si soñamos con romper nuevas cadenas.

LA CONFEDERACIÓN, UNA CUESTIÓN MENTAL

¿Desde dónde partimos en Argentina como ciudadanos políticos? ¿Cuál es la sustancia política de nuestro pensamiento como nación? ¿Cuál es la cosa ecúmenica, trascendental que nos reúne? Pensar primero en Argentina es necesario para nuestras condiciones materiales. Primero ordenamos la casa, después el resto. Si morimos en el intento, morimos de pie.

Hace falta un empresariado nacionalista y que el Estado le facilite las condiciones para ingresar a la economía-mundo. Hace falta funcionarios honestos. El problema cultural en Argentina es transversal. Paga el ajuste la clase baja y las élites actúan impunemente en detrimento de los intereses nacionales. Digamos, se cortan solas como si no hubiese un mañana. 

Los estratos medios y bajos se jactan de que en la clase baja hay “vagos malentretenidos”. Esto es, la misma clase criticando a su propia clase de que el problema en Argentina son los trabajadores. Es un logro de las nuevas derechas, lo instalan en el imaginario. Pero si salimos adelante, salimos adelante entre todos.

Hay que negociar pensando en Argentina. Cada funcionario de turno hace negocios como si mañana se terminara el mundo. Un funcionario es la emanación de la dinámica social. Si éste pone en evidencia los mecanismos de corrupción con los que se maneja, y actúa en detrimento de la Patria, significa que esas operaciones están dispersas en nuestra sociedad, en nuestra manera de actuar, de pensar.

Si hay crisis de representación política ello no implica que nos escapemos de nuestro suelo. De eso se trataba cuando nació el término Patria en nuestra sociedad. Era un principio, un bien común, afectivo, que se defendía.

Después de la fragmentación en América las diferentes regiones, con sus atrasos tecnológicos, más o menos conservadores, o liberales, dependen de una u otra manera de la asfixiante relación con las potencias. La cosa se profundiza más aún con ser parte de un capitalismo periférico que no nos permite desarrollar una conciencia unificada.

¿Cómo se defiende un capitalismo cuando no estás sacando provecho de él? Si no se produce, el capitalismo te destruye, porque siempre corrés de atrás. Los beneficios son apenas individuales, no son nacionales. 

No alcanza con el mate, el fernet y el fútbol. A nuestra idea de nación le tenemos que agregar la decisión política cotidiana. Entiendo que salir del pensamiento chovinista ayuda a tener otro esquema mental para negociar,  pero siempre tiene que ser a favor de la región. Las elites quieren que la cabeza del trabajador cambie, pero ellas no cambian la suya. No reinvierten ni peso en sus empresas. Ni las condiciones básicas de vida están dadas en algunas empresas. Parecen la Inglaterra del “capital” de 1820. Argentina se está ordenando bajo nuevas identificaciones y los jóvenes necesitan comunidad. Para que la población cambie su cabeza y sienta que el sacrificio vale la pena en pos de un país mejor, necesita saber que el industrial, el empresariado, los funcionarios, negocian a favor de nuestra región. 

Hoy en Argentina ni las elites ni el Estado modernizan las estructuras. Esto es, no hay actualización tecnológica. La misma actualización llevará al cambio de pensamiento en los trabajadores.  Desregular la economía trae beneficios cuando invertís en investigación y desarrollo. Necesitamos un nuevo horizonte que nos ordene. Necesitamos dirigentes que no sólo construyan mayorías sino que le hablen al pueblo con la verdad y el corazón de una vez.

En 1810 sólo eran un puñado de porteños que se identificaban con la idea de un nosotros, ideas que aportaba las Revoluciones en Europa occidental. Habrá que ver en estos días qué porcentaje de habitantes argentinos se identifican con su pueblo. Es un deber decidir a favor de tu país. Argentina no termina de parir su independencia, esperamos que la beba nazca: la Nación. Estamos en la sala de partos y quedamos boquiabiertos ante la falta de una idea homogénea. Cosas que nos unan, que sean más que el fernet, el mate y el fútbol. Con esto solo no alcanza. Necesitamos ir detrás de algo más potente, parecido a ese sentimiento de Patria que las élites inician en mayo y continúa también en julio de 1816.

Con romper las cadenas no alcanza si después no aprendemos a defender nuestro suelo. Resignificar un continente. Llenar todo de palabras. Tenemos que recuperar la memoria de los que imaginaron al continente unido y soberano más allá de su propio tiempo. Nuestro destino individual depende del destino colectivo de la Patria. Por eso aún la beba no termina de nacer, y el parto se complica cuando los gobiernos abrazados a la corrupción y el lujo, terminan entregando lo que es nuestro. Necesitamos un nuevo mito organizador, una idea que construya mayoría. Una doctrina que de respuestas al futuro. Es la deuda que tenemos.  Una vez consolidados discutiremos otras causas. Es una responsabilidad histórica. ¿Vamos a seguir sobreviviendo, o vamos a resignificar una Patria sin fisuras? Le debemos bastante a nuestras tierras.