ARTIFICIOS

Historia de una venganza

Por Mati Segreti 12/10/2021

En la cuenca del río Amarillo la dinastía Zhou ha triunfado. Sus enemigos fueron abatidos. El cuerpo del rey Shang, llamado “El Justo”, e hijo del célebre domador de tigres, fue desmembrado. Sus manos y pies fueron distribuidos en los cuatro rincones del imperio, su torso incinerado junto a los cuerpos de guardias y confidentes, su cabeza colocada en una pica en la entrada sur, por donde entran los mercaderes. El nuevo regente ha prohibido las lágrimas, so pena de muerte.

Largas y crueles matanzas se multiplican en las aldeas. Los soldados son despiadados, llevan el talismán de fuego.

Jo Li, el artista ilustre que juró fidelidad al rey Shang y en la orilla del río prometió venganza, permanece oculto. El usurpador del trono ordena la captura y envía a sus mejores guerreros para que lo traigan con vida. Al cabo de cuatro días lo encuentran. Se entrega sin resistencia.

En los salones del palacio cuelgan las cabezas de la familia real. El nuevo emperador ríe por la hazaña. A los sacerdotes les invade la vergüenza pero callan por temor. Decenas de mujeres desnudas son azotadas. El lamento inunda los pasillos, la sangre corre sin dirección, la muerte se desliza en el aire. Tao Li es conducido a la autoridad.

El nuevo emperador señala las paredes de la casa real. Habla con la soberbia del recién llegado: Jo Li, hazme cuatro dragones, confío en tu sabiduría y la destreza de tus manos. Tienes tres días, si lo logras tu muerte no será dolorosa.

Jo Li asiente y solicita a la guardia real, pinceles y tintas de la Bahía de Shi, hogar del padre de los Dragones. Los soldados miran al emperador y el monarca ordena que cumplan con el pedido. Una expedición logra conseguir los objetos en menos de un día. El artista está satisfecho y traza algunas líneas.

Cuatro figuras emergen el primer día. El segundo se cubren los detalles: escamas doradas y verdes, fauces de humo violeta y fuego escarlata, colas serpentinas. Al tercer día las bestias están listas.

El emperador observa la obra. Las criaturas parecen reales, pero un detalle lo inquieta. Los ojos; faltan los ojos. Maldice a Jo Li y lo obliga a tomar un pincel. Conclúyelas, ordena con vehemencia.

El artista permanece inmóvil. Un guardia lo golpea hasta doblarlo. Cuando el artista se reincorpora, una sonrisa en su rostro provoca indignación. Un soldado lo amenaza con el sable. Jo Li observa el estupor del rey.

Conclúyelas, antes de que la muerte caiga sobre tu cabeza. Jo Li toma un pincel y sin esfuerzo dibuja los ojos de las criaturas.

El emperador estalla de alegría, los salones serán la envidia de sus adversarios. En ese instante las bestias despiertan, el humo inunda los jardines, el fuego corre por las salas, los gritos anteceden a la justicia. Los dragones devoran al monarca y destruyen a los soldados.

Jo Li ha cumplido, monta una bestia y desaparece en el cielo.

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