Migrante y vida mental
Lo desconocido…
La interacción con lo desconocido nos suele interpelar, nos desafía a usar los recursos muchas veces inconscientes que tiene nuestra experiencia y lenguaje para comprender, empatizar y comunicar lo deseado, o al menos, evitar transmitir lo indeseado.
Ese intercambio con lo desconocido, por ahora representado como el otro y su contexto, no siempre es pausado y fácil de digerir; muchas veces es acelerado e intenso, como alguien bien expresó: “cuando aprendimos las respuestas, cambiaron las preguntas”. Creo que a todos nos ha pasado en algún momento, que respondemos para darnos a entender y no necesariamente para entender al otro, o viceversa; escucho y comprendo al otro perfectamente, pero ¿dónde quedo yo (mi self) frente a la otredad, frente a quien fui antes de estar aquí y frente a quién soy ahora?
El yo migrante
Para hacer, responder a esas preguntas y entender-nos mejor la pausa y el descanso son indispensables, permiten racionalizar el accionar, el contexto y la multiplicidad de demandas. Sin embargo, sumadas al aseo y la alimentación, son privilegios de los que no todos somos conscientes. Muchos a nuestro alrededor pasan la mayor parte de su día entre el transporte y el lugar de trabajo, y residen en espacios compartidos con horarios establecidos para el uso de la cocina y baño. Un espacio de soledad en el lugar de residencia, puede tener la misma regularidad que un evento cósmico. Sin un lugar físico de intimidad, se piensa y siente mientras se labura, se traslada en el bondi, o se ducha; el empleado triste no vende y complica el clima laboral; postergar muchas emociones permite no empeorar aún más la realidad económica. Los duelos y frustraciones tendrán un espacio más adelante cuando consiga un trabajo mejor, o cuando termine la jornada y retorne a la residencia. La mente debe estar en el presente y el presente exige que “esté bien”.
Muchos asumen el “Ser fuerte” como una fachada que al esconder tristezas, permite disminuir la brecha con la sociedad que recibe, posibilita preocupar menos a los familiares (en el lugar de origen), a la par de que alegra a algunos conocidos migrantes que no están tan cerca.
El “Ser débil”, es otro de los importantes desafíos, el migrante debe conseguir y construir los lugares y personas donde puede liberar esa “acumulación de grandeza”, antes de ser expuesto públicamente por el colapso emocional.
Fragmentados…
Comprendemos entonces, que el migrante transita un mundo nuevo, en el cual va insertándose y redefiniendo su psiquis, alimentación y redes vinculares, sin embargo, sigue conectado a su fuentes tradicionales de placer, ser, incluso malestar. Su lenguaje, hábitos personales y culturales, encuentran libertad y validación en personas con quiénes construyó vida en el pasado, y que actualmente no necesariamente están cerca físicamente. Reside en el nuevo país, pero es afectado también por las dificultades político-económicas del país de origen.
Como cada persona, el migrante tiene un proyecto de vida. El ideal de proyecto migratorio, es uno de los puntos neurálgicos de toda persona que vive fuera de su país, se da como respuesta a uno o muchos malestares e insatisfacciones en el lugar de origen, no se construye fácil, ni rápido, es la aspiración que lo impulsó a salir de su realidad conocida y a la que por lo general no se llega en línea recta, o incluso no se llega. Junto con el bienestar económico, tiene un fuerte peso en la mirada que el sujeto tiene de sí mismo, y en la actitud con la cual asume cada etapa de su migración.
En síntesis, las personas migrantes son afectadas por las realidades político, sociales y económicas tanto del país de acogida, como del país de origen; con un factor no menor, que los migrantes de países o familias con condiciones desfavorables, en su mayoría deben destinar un porcentaje de su salario para aportar en la cobertura de las necesidades básicas de éstos.
El migrante no solo incide en la economía de su grupo familiar, incide en la psiquis del mismo y viceversa, se acompañan tantos las celebraciones como las pérdidas, unas más emotivas que otras, unas más costosas que otras. En ésto último, los vínculos son claves, la pregunta es ¿Cuáles vínculos?, ¿Dónde solemos desarrollar nuestras amistades más sólidas?, ¿Nuestros pares en el laburo y en la cancha tienen prioridades similares a las nuestras?, ¿Qué tan cerca están aquellos con quiénes sí tenemos vínculos fuertes e importantes experiencias de vida?, ¿A quién acudir cuando tenga una emergencia económica o emocional?.
Vínculos…
Bien sabemos la importancia del entorno social, de los afectos, de los círculos que acompañan nuestro andar. Los vínculos no solo brindan seguridad en tiempos difíciles, sino que también enriquecen la vida cotidiana, dando nuevas perspectivas e iniciativas de interacción con la realidad.
Hemos venido hablando hasta el momento de que al migrante, le acompaña el recuerdo de su versión en su lugar conocido, junto con el yo actual fuera de su contexto, dando a entenderse con el otro y consigo mismo en una sociedad distinta; todo ésto le conlleva ciertos desafíos como integrarse a dinámicas laborales que permitan su subsistencia económica y la de sus familiares, e integrarse a grupos sociales presentes en los nuevos entornos, para los cuales tiene que anteponerse a complejidades en sus dinámicas de hábitat, alimentación y recreación.
Para comprender lo desconocido, y las diversas versiones del sí mismo en el proceso migratorio, resultan fundamentales y muy valiosos los referentes de situaciones similares, es decir, aquellas personas que transitan un éxodo similar y se enfrentan a muchas de las incertidumbres y emociones asociadas. Además, los individuos locales presentes en su entorno, también experimentan y superan los desafíos del país actual, desempeñando roles tanto de guías como de compañeros en éstas situaciones.
Lo desconocido enriquece nuestra mirada, nos incomoda, nos abraza, nos enseña a su manera, no a la nuestra; develarlo, incluso abrazarlo es algo en lo que todos tenemos experiencia.
Migrantes y Vida Mental…
El propósito del ensayo, es exponer a groso modo parte de los retos que tiene parte de la población migrante que está presente en nuestros entornos. Además, busca plantearnos preguntas sobre cómo enfrentamos lo cotidiano, los lazos que establecemos y las herramientas que tenemos para ello. No menos importante, interesa fomentar aún más la solidaridad, generación de espacios de encuentro, e interés por aprender formas de empatía y acompañamiento a todo aquello que no comprendemos, pero que está presente en nuestras realidades.
Migrantes no son solo aquellas personas que llegan de otro país, son aquellas personas que a nuestro lado viven otras culturas, que no poseen muchos de los hábitos ni tienen las condiciones materiales a las que estamos acostumbrados. Todos hemos estado en lugares donde nos sentimos ajenos, todos hemos experimentado situaciones donde se nos complica conseguir puntos de referencia, y todos hemos tenido períodos en nuestra vida donde los cambios son tan acelerados y contundentes que dudamos de nuestra psiquis y realidad económica para afrontarlos y superarlos.
En todo éste tiempo como migrante, me ha sido muy beneficioso identificar ¿cuáles son las actividades placenteras que nos ayudan a mitigar el malestar?. Además, ha sido fundamental descubrir ¿cómo y con quiénes podemos abordar la situaciones complejas en las distintas etapas de nuestra vida?; y ¿cuáles son los detonantes que nos impulsan a dar los pasos necesarios para renunciar a lo que se aleja de nosotros?. Saber qué es clave en mi vida para elegir lo más acertado, o al menos, lo que nos brinde mayor paz, tanto en el presente como en el futuro; en el dado caso, de que no resulte como planeamos.
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RE-2022-55412612-APN-DNDA#MJ
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