Música
Génesis de las misas ricoteras
Sobre Gulp! en vivo
En 1985, Omar Chabán filmó con su cámara la presentación de Gulp. en Cemento. Ese material, perdido durante décadas, es el corazón de El infierno está encantador, un documental que rescata los orígenes de las misas ricoteras. A un mes de la partida del Indio, este ensayo piensa qué significaba Patricio Rey antes del mito, en una Argentina que salía de la dictadura y buscaba proteger el estado de ánimo.
Por Juan Ciucci
17 de julio de 2026
El documental El infierno está encantador rescata la filmación de uno de los recitales más importantes de nuestra cultura rock: la presentación del primer disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en Cemento. Una oportunidad para ver los orígenes de un mito que 40 años después no deja de expandirse.
Las imágenes recuperan algo impensado tras años de mitología ricotera: la filmación de sus recitales. Así como impusieron un modo de producción alternativo e independiente, y forjaron una relación esquiva con los medios masivos de comunicación, siempre rehusaron a filmar sus recitales o publicar sus vivos. Fue sólo ante ciertas condiciones que se fueron imponiendo (la multiplicación de piratas tanto en cassettes como en vhs) que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se decidieron a publicar En Directo (su único disco en vivo, una especie de pirata oficial) o que filmaron los recitales de Huracán y de Racing Club con vistas a una posible edición que nunca fue. Años después incluso serían esos registros una de las motivaciones esgrimidas por Solari para la fatídica separación de la banda.
Es por todo esto que acceder a la filmación de la presentación de Gulp. en Cemento en 1985 cobra una trascendencia inusitada. Porque nos permite vislumbrar imágenes de un tiempo que es hoy ya mítico, donde la banda comenzaba su transición desde el under contracultural con performances e invitados en escena hacia las misas capaces de provocar el pogo más grande del mundo. Algo se había visto por otra cámara presente esa noche: la de Guillermo Beilinson cuyas imágenes pueden verse en la fundamental El alucinante viaje de Patricio Rey, que bucea en los años anteriores, pretéritos, de la banda. Aquí recorremos esa noche entre testimonios que desde el presente reconstruyen aquellas épocas mitológicas, pero atrapados por las imágenes que capturaría en su cámara Omar Chabán. Y que muchos años después encontraría entre cassettes varios Katja Alemann, su pareja y compañera en la aventura de abrir un espacio cultural tan único como Cemento. Solidaridades de una época ya pasada donde ese registro que tanto valor tenía nunca fue utilizado ni difundido. Es por eso que accedemos a ese material hoy gracias a El infierno está encantador – Gulp. 1985, documental de Lisandro Carcavallo que se exhibe como patrimonio cultural sin fines de lucro. Un modo de difundir este documento fundamental en sintonía ricotera, que enriquece nuestro conocimiento de la génesis del mito.
El ojo blindado
Chabán avanza por Cemento cámara en mano, indagando en esa noche efímera, encontrando personajes y personalidades a quienes quiere retratar, investigar. Lo registra al Indio de modos inusuales, en esos tiempos en que era tan sólo Carlos. Vemos sus contorneos, juegos escénicos de una vitalidad inusual en tiempos post dictatoriales, con esas canciones que lejos estaban de ser los himnos de cancha de hoy en día. El líder escénico e intelectual de la banda es todavía uno más de la troupe, si bien ya comenzaba a ser un personaje distinto en la escena rockera nacional. Pero lejos estaba del mito viviente en que se ha convertido, en que lo hemos convertido, y se nota esa soltura en la intimidad de un recital con un despliegue teatral que tantas veces ha dicho extrañar.
El gestor de Cemento recorre ese escenario en donde a cada quien le da un lugar, un momento destacado en la mirada de alguien que valora esa grupalidad en la escena, las huestes de Patricio Rey, no tan sólo sus músicos. Por eso detalla por ejemplo a Claudia Puyó, quien se muestra feliz sobre el escenario, esencia del estado de ánimo protegido que buscaban esas incipientes misas después del horror de la dictadura. Pero también dará cuenta del público presente en esa noche postdictatorial que comienza a construirse, lejos de las huestes ricoteras venideras, más cerca de una escena de avantgarde porteña. Será el primer recital en este espacio que no había sido pensado para ello, construído junto con la enorme Katja Alemann (quien en la presentación del documental en el Gaumont anunció una próxima película, “mi versión”, sobre Cemento) y que con el tiempo se convertiría en la Catedral del Rock.
Instalaciones hoy mitológicas (y destruídas por el Gobierno del PRO para convertirlas en un estacionamiento) que permitieron en ese inicio marcar también un rumbo futuro del recorrido ricotero. Porque ante la imposibilidad del Teatro Astros (donde Sumo había presentado Divididos por la Felicidad poco antes) porque les bajaron la fecha surge Cemento para la presentación oficial de Gulp. Sería desde entonces un recorrido por espacios alternativos a la escenografía oficial, entre el deseo y esta imposición temprana de acuerdos que se rompen, con sociedades que se construyen con los dueños de los lugares donde se forjaría la escena nocturna de los 80.
Chabán al mando de la cámara complejiza el visionado del material, porque sentimos que observamos también su experiencia de ese ámbito, su expectativa de lo que podría ser esa apuesta cultural que comenzaban. Y que hoy, post Cromañón, no podemos desprender del final de su historia como responsable de espacios culturales. Ya en el documental Cemento del mismo Carcavallo se destacó su rol como gestor de una cultura que no encontraba otros espacios donde brindarse. En El infierno está encantador será desde Katja que se recuperará aquella historia, pero sin ahondar en lo que pasaría luego con aquellas búsquedas.
Pero se nos hace difícil no pensar en todo lo sucedido, en el recorrido de esas propuestas contraculturales que buscaron un espacio distinto para las artes escénicas y que forjaron el espíritu de la Cultura Rock en Argentina. Luego de la tragedia, cayó sobre los espacios culturales una persecución inédita con clausuras que cambiarían para siempre la escena. No sólo por las cuestiones del autocuidado que sí empoderó a los públicos, sino también por la desaparición de muchos espacios y la concentración en pocas manos de los lugares habilitados para recitales multitudinarios.
Voy a salvarte esta noche!
La efervescencia ricotera aparece en pantalla, la desborda, brinda imágenes impensables de algo ya mitologizado pero que fue en aquellos días festividad. Tiempos donde Patricio Rey podía reír y brindar con sus feligreses, con una felicidad contagiosa y un impulso creativo previos a la consagración masiva y la presión social posterior. Pero también de una Argentina que salía de la dictadura genocida y construía nuevos caminos para proteger el estado de ánimo, algo con lo que el Indio Solari muy tempranamente ya insistía.
El escenario encuentra a una multitud más breve que las anteriores pero que poco después ya no estaría, cerrando el número en 5 para los actantes necesarios que propicien la Misa. Aquí tenemos coros de Claudia Puyó y Laura Hatton con una fuerte presencia escénica, maestro de ceremonias, y hasta un oso que esconde dentro al gran Alfredo Rosso. Tiempos de cofradía con algunos periodistas que podían aportar a la difusión de esa propuesta que buscaba saltar por sobre los decorados del rock local. Como esa entrevista radial que recrean en el documental, donde la tríada de ricota da cuenta de lo que son y de lo que esperan ser: Indio, Skay, Poly. Son les tres quienes definen desde el sonido, desde las letras, desde la producción, el espíritu de Patricio Rey.
Será Poly quien explique la esencia de la independencia ricotera. Mujer fundamental del rock nacional, esta manager todo terreno construyó un camino del cuál se servirían otras experiencias de la cultura rock a posteriori. Verdadera tercera artífice de Patricio Rey, su acción permitió el despliegue cultural y social de la banda tanto por su articulación con el mainstream y los submundos del negocio rockero, como por su accionar con las bandas de feligreses que acompañarían a Los Redondos por los sinuosos caminos de su amplia trayectoria.
Este primer disco los encuentra en la búsqueda de un nuevo sonido y un nuevo repertorio, dejando de lado muchos de aquellos temas que venían tocando y que permanecerían inéditos hasta alguna recuperación parcial en el 96 con Luzbelito. El material que registran en este disco entre noviembre y diciembre de 1984 será de lo más festivo y disruptivo que registren, con momentos de humor explícito como Pierre el vitricida que ya no se repetirían. Guiados por “el principio ordenador del placer” como dice Solari en Recuerdos que mienten un poco, eran tiempos de desenfreno luego de la noche dictatorial, pero con el registro irónico necesario para no creer en la felicidad inminente que pregonaba la primavera alfonsinista.
En esa charla que recorre sus memorias, Solari dará cuenta de lo que significaba el vivo de la banda, bastante alejado del sonido elegante que encontramos en Gulp. y que vuelve al disco tan encantador. Al mencionar cómo surgió el tema que da título al documental, dirá que “en ese caso me pareció que cerraba con lo que ocurría durante nuestros shows”. Porque “lo que se generaba era una situación dionisíaca, y hasta demoníaca si te gusta por ese lado. De ahí los versos que dicen: ¿Puede alguien decirme: “Me voy a comer tu dolor” / Y repetirme: “Te voy a salvar esta noche”? A eso apuntaba, a decir: esta noche que estamos viviendo acá es un infierno, entre el calor, la transpiración y el mal sonido. Estamos desaforados, gritando y saltando… pero nos gusta. Lo disfrutamos. ¡Está encantador!”.
Esa marca de estilo se mantendría durante toda su carrera, y construiría la mitología de las misas ricoteras: “en eso era diferente de los demás shows del momento. Nos prendíamos fuego, se ponía en juego una pasión al borde de la locura. Obviamente había mucha necesidad de gritar. Llevábamos mucho tiempo callados”. La aparición de estas grabaciones de la presentación del disco nos permite contrastar ese sonido vivo con lo que construyeron en los estudios de la Familia Vitale, con Lito como ingeniero de grabación. Un registro más cuidado, que permite apreciar las apuestas sonoras que incluían en aquella época dos guitarras y que en directo se volvía una arrolladora sonoridad festiva.
Con la lectura del tiempo, con una mirada crítica a cómo fueron grabados esos discos, dirá el Indio en sus memorias que “con Gulp. quisimos sugerir que nos estábamos tragando un sapo, pero no había un concepto unificador entre las canciones. Ofrecíamos música pop y rock elemental y letras en joda mechadas con otras sugestivas, siempre críticas con la sociedad”. Una mirada interesante de esos inicios mitológicos, previos a la definición de lo que sería Patricio Rey. Y que entonces se vuelve hoy una escucha fresca, donde se asoman búsquedas que con el tiempo definirían una estética, una postura, una cosmovisión.
Pinturas de guerra
El arte de tapa de Gulp. contenía también esa apuesta al humor como espacio de resistencia y de búsqueda de nuevas lógicas en el negocio de la música. Partiendo desde la independencia, que con el correr de los años se convertiría en un emblema de la banda, son numerosos los guiños que dan cuenta del camino elegido. La obra de Rocambole, que da inicio a otra tradición ricotera en las colaboraciones con el artista para las tapas, destaca con una portada inusual del nombre de la banda en escritura artesanal con estética callejera y una contratapa con información precisa pero al mismo tiempo difusa de los responsables del disco. Ya Solari-Beilinson serán los firmantes de los temas y su aparición (“también estuvieron de casualidad Skay y El Indio” puede leerse en la contratapa) estará por fuera del elenco que permitió el registro sonoro. Aparece también el destacado rol de Poly (“Dirección Artística e Ingeniería Psíquica”), que se convertiría con el pasar de los discos en “nueve milímetros” o en “arte de magia”.
El sobre interno de Gulp. es de los más juguetones de los realizados por Rocambole, con marcas de imprenta como si fueran pertenecientes a una prueba del arte de tapa, no necesariamente al trabajo final presentado. Nombres mal escritos y arreglos o llamadas de alerta; letras ensimismadas que no permiten una buena lectura; la inclusión de un falso pedido del COMFER para impedir la difusión de Criminal Mambo; y hasta una tarjeta del Dr. Patricio Rey, con foto y todo con un peculiar sombrero, que lo presenta como un “Curandero Internacional» que promete entre otras cosas: “Logre venganza, satisfacción”. Suma además algunas letras, no todas, escritas de puño y letra por Solari, otra peculiaridad que sólo aquí aparece.
En sus inicios cada disco tuvo estampado artesanal, por lo que sigue guardando la magia de los comienzos, simpleza que nació a partir del mayor aprovechamiento de los bajos costos de producción, pero que con el tiempo se convertiría en una marca registrada del estilo ricotero. Primera y única de pura inspiración rocambolesca, que destaca la fundamental importancia de este artista plástico que logró confeccionar la compleja imaginería visual de la banda. Tarea nada sencilla que demuestra la importancia del aporte de Rocambole, con una banda que esquivaba la promoción y que construyó su mística en gran parte gracias a esas imágenes por él propuestas. Algo de lo mucho que rescata el reciente documental Rocambole en el camino, de Marcia Paradiso y Matías González, que suma desde su voz en charlas nuevas informaciones al universo cinéfilo ricotero que comienza a gestarse.
A brillar mi amor
Encontrados pues con los archivos de una noche tan mítica, nos queda celebrar ante la pantalla el revivir de un tiempo que ya no existe de nuestra cultura popular. Con espacios culturales que fundamentaban desde su apuesta la propuesta escénica de cada noche, con bandas que intentaban escapar al sistema imperante de producción, con públicos que buscaban una novedad que pusiera en jaque su rol expectante. Cuando las plataformas digitales y los espacios consolidados pasteurizan la experiencia estética, cuando los públicos se incomodan ante sonoridades que desconocen, cuando los algoritmos nos indican qué es lo que puede gustarnos; recuperar las apuestas contraculturales de los inicios democráticos puede brindarnos algunas claves para una salida distinta. Que nos reencuentre con una mitología nueva que apunte a superar el declive cultural que atravesamos.
Con la reciente aparición archivística se nos brindan testimonios que nos permiten volver a esos registros del pasado. Desde las imágenes de Sumo y Don Cornelio y la Zona de las que ya hemos hablado, el documental sobre Cemento o Stud Free Pub, son numerosas las recuperaciones a las que hoy podemos acceder. Sin que sea la nostalgia la que nos entrampe, sino recuperando desde su fulgor esas experiencias pasadas.
Apostando al rico universo musical que hoy nos habita, pero que parece no encontrar salidas a la universalización spotifiera o moviarenera, con lógicas y prácticas que empobrecen nuevas búsquedas. Porque aquello que es hoy ya mito fue una apuesta con todas las de perder, y que sin embargo no ha dejado de ganar feligreses con el correr de los años. Quizás leyendo estas palabras ganemos ahora mismo algunes más, quienes pinchados por la curiosidad quieran ver El infierno está encantador – Gulp. 1985 para visualizar el archivo que contiene; o escuchar ese o cualquier otro de los imprescindibles discos que Patricio Rey nos legó; o indagar en los recitales filmados por la banda y que luego de la separación han sido liberados al universo digital. A quienes se sumerjan en esta historia, en este mito, les diremos la frase del Indio en los también ya mitológicos recitales de River, que funcionan tanto de bienvenida como de advertencia: “¡Bienvenidos al ghetto!”.
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