OPINIÓN

LAS CLAVES DE TAIWÁN

Por Santiago Mitnik
10/08/2022

 La coyuntura de los últimos días fue, como mínimo, agitada. Los acontecimientos de política internacional quedaron bastante tapados por nuestro propio caos local. Sin embargo, los vaivenes del mundo afectan, y mucho, la propia coyuntura nacional. En Argentina esto es particularmente fuerte; por dar algunos ejemplos que fueron tapa de diarios: la crisis energética y alimentaria por la guerra de Ucrania, los informes del Mossad, la jugada del candidato trumpista en el BID, etcétera. 

Pero en el contexto de una guerra como la de Ucrania, con consecuencias tan claras, es más difícil terminar de apreciar los efectos de conflictos más lejanos, como el que ocurrió recientemente en Taiwán. El objetivo es explorar brevemente la historia, las causas del conflicto, qué lo detona y qué consecuencias puede tener para el mundo y para nosotros.

Historia y geopolítica

La historia moderna de Taiwán, o la ilha Formosa, como fue llamada por los europeos, vuelve a empezar luego de la Segunda Guerra Mundial. Con la derrota militar de Japón, EEUU obliga a este país a despojarse de todas sus posesiones coloniales, entre las que se encontraba Taiwán, desde que fuera arrebatada a China a finales del siglo XIX. Este traspaso de mando se hizo con no pocas complicaciones políticas, sociales y legales. Pero todo el proceso terminó de trastocarse por el propio desarrollo de la política interna china. En 1949, luego de la derrota del Kuomingtang (KMT), el partido nacionalista, Mao Zedong declara el establecimiento de la Republica Popular China (RPC) gobernada por el Partido Comunista (PCCH).

Chiang Kaishek, líder del KMT, ante el colapso de su gobierno trasladó la capital de la República de China (RC) a Taiwán. Este éxodo no lo hace solo sino que se lleva una enorme cantidad del tesoro nacional y aproximadamente dos millones de personas, incluyendo soldados, funcionarios, comerciantes y sus familias. Así se consolida una compleja situación en la cual no hay dos naciones, sinó dos entidades políticas que se proclaman como legítimos gobiernos de la nación china.

Como uno de los principales países vencedores de la segunda guerra mundial, “China” tenía un asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pero a cuál de los dos gobiernos le correspondía representar a China en la ONU fue una cuestión de disputa, manteniéndose durante mucho tiempo en manos de la República de China. Finalmente, en 1971, fue transferido oficialmente a la República Popular China.

El reconocimiento internacional a la postura de la RPC puede explicarse desde muchos ángulos. Su consolidación como potencia nuclear y la ruptura Sino-Soviética ponían a China como actor autónomo de primer orden mundial. Además, antes de la muerte de Mao en 1976 ya habían comenzado los primeros acercamientos diplomáticos entre él y el gobierno estadounidense, lo que redujo las tensiones que había entre ambas potencias desde la Guerra de Corea.

De cualquier manera, el apoyo logístico, económico, político y militar de EEUU a Taiwán siempre se mantuvo. Junto con Japón, Hong Kong, Corea del Sur, Filipinas, Vietnam del Sur entre otros, fue el arco de contención a la expansión comunista en el este de Asia y como barrera ante su proyección hacia el Pacifico.

Pero no debe pensarse solo como una cuestión “ideológica”, sino ante todo geopolítica. Todo este arco de territorios fueron parte de la “Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental”, la proyección imperial japonesa de principios del siglo pasado. Para una potencia basada principalmente en la proyección del poder marítimo como EEUU, el desafío japonés era de vida o muerte. Los japoneses lo sabían y por eso intentaron (infructuosamente) atacar primero, en Pearl Harbor, en Hawaii, el corazón de la proyección al Pacífico, y noquear a la marina estadounidense de un golpe.

Si la política estadounidense en Europa es evitar la consolidación de una potencia europea autónoma, en la región Asia-Pacífico sucede algo similar. Posteriormente a la guerra el primer objetivo fue desarmar la estructura imperial japonesa, repartiendo sus posesiones y desmilitarizandolo por completo. Pero, en segundo lugar, utilizaron todo ese arco de territorios como bases para proyectar la plena hegemonía norteamericana sobre la región del Asia-Pacífico y contener a cualquier posible potencia rival.

Aeropuertos 2000

Caída la Unión Soviética, esta cadena de pequeños estados isleños o costeros sigue manteniendo su utilidad, ya no contra el avance “ideológico” del comunismo, sino contra el avance del poder político y económico Chino. La expansión de la influencia china por tierra con la “Ruta de la Seda” tiene su correlato marítimo con el llamado “Collar de Perlas”. Pero mientras siga el bloqueo a la expansión hacia el Pacifico, la hegemonía mundial china seguirá lejos. En esa línea, el lugar de menor resistencia para la ruptura es Taiwan, lo cual lo vuelve, inevitablemente, un área de conflicto. 

La reunificación de China y Taiwán es para el PCCH una cuestión indiscutible, de política tanto interna como externa; la pregunta es cuándo y cómo se dará. Para los EEUU, una línea roja incruzable puesto que se pondría en peligro la soberanía de una democracia aliada y la libre circulación de los mares, garantizada por la flota norteamericana, al convertirse el centro del comercio mundial en un “mar interior” chino.

Reunificación, nacionalismo, independentismo

Estas últimas semanas, la visita de Nancy Pelosi, tercera en la línea de sucesión estadounidense e importante referente del establishment demócrata, intensificó las tensiones entre ambos lados del estrecho de Taiwán. Para el gobierno chino (o Beijing), la visita de una mandataria de estado a la isla prácticamente equivale a una visita diplomática de un estado a otro, con lo cual es implícitamente un apoyo a la idea de independentismo.

Acá es importante aclarar que en el contexto de Taiwán, “nacionalismo” implica el status quo de “una sola china” y una posición ambivalente con respecto a la RPC. Esta es la postura que sostiene el Kuomintang. En cambio, “independentismo” es la postura que postula la ruptura del status quo y la afirmación de Taiwán como una nación autónoma, sin vínculos con el resto de China. Esta postura es difícil de sostener públicamente por los líderes políticos de la isla porque implicaría acelerar violentamente una crisis con el gigante que tienen a menos de 180 kilómetros. El gobierno actual del Partido Progresista Democratico (PPD o DPP en inglés) mantiene una posición ambigua, pero dentro de aquel partido, los líderes más duros plantean la realización de un referéndum independentista.

La relación entre la China continental y la isla es profundamente distinta que la que se da entre las dos Coreas, por dar un ejemplo cercano territorialmente de país dividido. El comercio entre ambos territorios es muy importante, lo que conlleva varias complicaciones a la hora de poder romper relaciones. Y a diferencia de lo que se presupone clásicamente, con países comunistas y capitalistas, a nivel económico Taiwán está más cerca de una posición dependiente de China, incluso llegando a una “fuga de cerebros” de la isla hacia el continente. Es la propia élite económica de la isla, junto con el ejército y sectores profesionales, los que más rechazan las líneas independentistas, porque ponen en peligro la paz y prosperidad actual.

Otro territorio ocupado que China recuperó es Hong Kong, y puede ser útil hacer una comparación. La isla de Hong Kong, antigua posesión británica, está siendo lentamente absorbida por China. Pero este tipo de incorporación es peligrosa, porque puede introducir dentro del sólido régimen chino una semilla democrática-liberal y una población rebelde. El modo político de procesarlo es mediante la estructura de “un país – dos sistemas”, donde se acepta la existencia de un territorio con un modo de gobierno y economía distintas a las del resto del país, pero bajo la soberanía del gobierno central. Este proceso de integración, apoyado por la presión demográfica de la RPC, más allá de algunas protestas fácilmente sofocadas, parece estar avanzando correctamente.

Pero más allá de la enorme gesta que implicó esa recuperación y lo extremadamente pacífica que está siendo la integración del territorio, la derrota estratégica de Hong Kong como peligro para el resto de China se produjo en otro campo totalmente distinto. Sucedió cuando este territorio perdió su carácter de centro financiero de Asia. El alza de Shenzhen y Shanghai como núcleos neurálgicos del comercio mundial eclipsó a Hong Kong y disminuyó la amenaza que este territorio representaba para el gobierno central.

Este peligro parece haber sido neutralizado, pero se mantiene para la cuestión de Taiwán, lo que hace poco probable la intención del gobierno central de absorber directamente la isla hoy, incluso si tuviera el poder militar para hacerlo.

Riesgos y estrategias

Taiwán, además del apoyo militar externo, una cultura autóctona potente (aunque Hong Kong también la tiene) y una geografía más compleja (en especial el gran mar que lo separa del continente) cuenta con una carta económica clave: los microprocesadores. Ocurre que es el centro mundial de producción de chips, con una sola empresa, TMSC, que representa más del 50% de la producción de semiconductores a nivel internacional. Además de cantidad, están en primer lugar a nivel tecnológico, lo que en ese área es aún más importante.

 Con la posibilidad de una intensificación del conflicto China-EEUU, ambas potencias comenzaron a buscar la autarquía en este área, financiando a un catch-up y una repatriación de la producción a toda velocidad. China parece estar ganando la carrera. La pérdida de este lugar central en la economía internacional podría poner en un gran peligro a la estabilidad interna taiwanesa.

Por otro lado, por más que implique enormes sacrificios para la isla, una declaración de independencia también pondría en enormes aprietos políticos y económicos a la RPC. Por una cuestión de legitimidad interna sería prácticamente imposible quedarse de brazos cruzados al Régimen que se legitima por la vuelta de China al “centro del mundo”.

Pero una guerra real sería enormemente costosa y difícil, a un nivel no visto en décadas. Es cierto que lo mucho que nos podría impresionar hablar de “guerra abierta” hace un tiempo se vio reducido en base a los acontecimientos actuales en Ucrania, pero hay varios factores a tener en cuenta que la hacen distinta. 

El primero es la necesidad de un asalto anfibio, por mar o aire, con líneas de suministro más complejas. La segunda, también geográfica, es que dos tercios de la isla son terreno montañoso difícil de ocupar, pero esto no es tan relevante porque el núcleo económico, político y demográfico está en la planicie occidental de la isla y en la ciudad de Taipei, al norte. El tercero es la garantía estadounidense (o de una coalición) de la autonomía de Taiwán. Esto mete en la ecuación militar piezas mucho más grandes, incluyendo la flota más grande del planeta, lo que haría muy difícil el asalto anfibio antes de tener esa cuestión “solucionada”.

La entrada de EEUU en un conflicto de este calibre es difícil de medir. Por un lado, sería una muestra de su colapso como potencia planetaria permitir a China romper la cadena de islas que la contiene. Por otro lado exponer realmente su flota a una fuerza militar realmente capaz de provocarle pérdidas por primera vez en casi un siglo representa otro peligro. Podríamos preguntarnos cómo podría responder EEUU al hundimiento de un portaaviones, por ejemplo. La posibilidad de escalar a una guerra nuclear sería altísima. Pero de nuevo, la guerra en Ucrania nos muestra que los límites de lo posible están bastante más corridos hacia el peligro de lo que quisiéramos.

Por esto, la visita de Pelosi, medida como una micro-afirmación independentista fue respondida con un micro-contraataque. Más allá de que el gesto de provocación fue claro, China tuvo que moderar su respuesta y restringirla a unos ejercicios militares y a potentes sanciones a la economía taiwanesa, lo que para muchos la hace quedar como “débil”. Para Beijing la clave operativa está en mostrar que insultarlos no es gratis, pero sin lastimar demasiado los vínculos. Es en la economía y en largo plazo, más que en lo militar y el corto plazo, donde saben que pueden triunfar con esa agenda.

Pero saber cuáles van a ser los efectos de estas acciones en la política de la isla es bastante difícil de especular. Puede despertar un cierre de filas alrededor de una postura mas agresiva e independentista pero también puede tener el efecto contrario y por el agravamiento de la situación economica y politica causar la derrota del PDD en las proximas elecciones y la vuelta al poder del Kuomintan y la linea “nacionalista”.

En todo caso, lo que seguro incrementará es el rol clave (y el precio) de los microchips, las tensiones en la región y la disputa estratégica entre China y EEUU a nivel mundial.

Argentina entre los dos monstruos

Es posible que los vaivenes en los productos tecnológicos no nos afecten tan directamente (de las pocas ventajas de nuestra economía primarizada), pero definitivamente no zafamos de todas las consecuencias. Argentina está en una posición complicada en la puja entre EEUU y China. Por razones históricas y geográficas estamos en el área de influencia estadounidense, eso es innegable. Ser una democracia liberal también nos hace mucho más susceptibles a la influencia norteamericana que a la de un país no democratico. 

Por otro lado, China lentamente se convierte en nuestro principal socio comercial, con lo cual se vuelve bastante peligroso, sino suicida, “jugarse” por EEUU. Eso sin nombrar el “detalle” de que con el bloque de la OTAN mantenemos un conflicto de soberanía abierto en las Malvinas que tiene muchas similitudes geográficas con el de Taiwán, más allá de sus obvias diferencias. Además, China parece ser el único en estar dispuesto a financiar obras de alto calibre como la de Atucha III. La publicación de operaciones en algunos medios “denunciando” falsamente un endeudamiento con China para la construcción de represas en Santa Cruz es una muestra de cómo esas tensiones externas se traducen ya hoy en problemas internos.

El desembarco en el ejecutivo del superministro Sergio Massa no es ajeno a esta tensión. Massa se perfila como un hombre fuertemente vinculado a los EEUU, pero entra a un gobierno de una coalición que incluye un ambivalente y europeísta Alberto Fernández, ya muy debilitado, pero también un fuerte bloque, el kirchnerismo, que suele plantearse como pro-chino.

Sería preferible evitar que, por acercarnos demasiado a China en un momento de conflicto internacional, el ojo del Departamento de Estado se pose sobre la Argentina y nos obligue a ir hacia atrás con la clase de proyectos que nos resultan imprescindibles pero no podemos lograr de la mano de EEUU solamente. Lo mismo podemos pensarlo hacia el otro lado, como lograr no acercarnos demasiado a los EEUU y que eso provoque algún tipo de veto o sanción económica china, lo que en este contexto de urgente necesidad de exportaciones sería mortal. Lamentablemente no estamos hoy en condiciones de enfrentarnos abiertamente a ninguna potencia. 

La habilidad de silbar bajito y pasar entre estos dos monstruos sin que se nos devoren, como Odiseo entre Escila y Caribdis, dependerá de la habilidad de la mano que comande nuestra política exterior, que hoy en día realmente no sabemos cuál es.

Aeropuertos 2000
Aterrizar la mirada

Aterrizar la mirada

Facundo Rocca | Nuestra Tierra, de Lucrecia Martel, documenta el proceso...

Nadie publica nada

Nadie publica nada

Rodolfo Omar Serio | Nadie escribe, nadie lee, nadie publica y nadie critica....

90 kilos de aire

90 kilos de aire

Julieta Hermo | ¿Qué pasa cuando escalar y hundirse son la misma cosa? Marty...