Literatura
Un Romero urgente
Big Rip y el final silencioso
El universo se está expandiendo y, si la física lo permite, podría desgarrarse. Big Rip, de Ricardo Romero, usa una hipótesis cosmológica como herramienta para pensar algo más cercano: la dificultad de percibir el deterioro cuando vivimos saturados de acontecimiento pero cada vez más insensibilizados. Este ensayo propone leerla como la novela de nuestra era.
Por Sebastián Mangione
17 de abril de 2026
La materia se mueve dentro de la nebulosa. La radiación es difícil de imaginar. La explosión fue hace poco. Colores para los cuales no tenemos nombre se mezclan en un burbujeo denso, insinuando texturas que apenas logramos concebir.
¿Y qué es todo esto? Muchas cosas. Pero lo que nos importa es que es energía. Calor.
Materia. Un ciclo finito de un fenómeno que, ciertamente, no nos contempla.
Si hacemos zoom out sobre nuestra existencia, todos los significados que intentamos descifrar, inútilmente, a lo largo de nuestras vidas cambian de forma. Se vuelven más pequeños. Más remotos, más graciosos.
Sabemos que el universo se está expandiendo, así que ese zoom out nos permite ver que la materia está cada vez más aislada, que podría haber menos vida que antes y que el estado de las cosas, tal como lo conocemos, cambia. Es normal que no lo percibamos: no hay nada que físicamente nos advierta un cambio de este tipo.
Ni siquiera el frágil equilibrio astrofísico que hoy nos permite entrar a X y retuitear un post de Adorni es advertido. Permitiéndome la obviedad, y coincidiendo con los espectros más religiosos del lenguaje, somos un milagro. Pero el milagro es finito.
Ricardo Romero tuvo la brillante idea de imaginar cómo sería un fin del mundo imperceptible. Y escribió Big Rip, libro del cual no voy a dejar de hacer apología. El Big Rip es una hipótesis cosmológica que postula un final del universo por desgarro. Si la expansión cósmica se acelerara lo suficiente, la estructura misma del universo podría terminar desgarrándose. Y si reducimos la escala de esa abstracción, ¿qué pasa con nosotros?
¿Cómo se percibe el fin?
Es difícil imaginar un final universal sin grandes sucesos. Que lo corporal se diluya en tándem con la consciencia, los sueños y el vasto dominio de nuestra ignorancia: todo se deshace, lo entendamos o no.
En ese marco, Romero cuenta historias. Personas que se van rompiendo con el universo. Tipos que pueden resultarnos tan familiares que es imposible no hacerse la pregunta: ¿y si pasa así? ¿Y si no nos damos cuenta?
El Big Rip es hoy una hipótesis poco favorecida, pero ahí entra la fragilidad en juego: todo pende de un hilo, si nos detenemos a pensarlo.
Como dije antes, soy un apologista de este libro, pero hoy me parece uno de los libros más importantes a los que podemos acceder, y no lo digo solo en términos literarios. La inmensa cantidad de sucesos, eclipsados una y otra vez por otros aún más grotescos en una escalada de magnitud, sospecho, nos hace vivir en un plano bastante distorsionado. La idea de que pase todo, todo el tiempo, convierte al acontecimiento en una necesidad. En los pocos momentos en que percibimos tranquilidad, tenemos la sensación de que no pasa nada.
Además de rescatar una vieja hipótesis, Romero nos devuelve a un estado que tiene mucho más que ver con nuestra idiosincrasia: atravesar la vida con una baja densidad de excepciones.
Nos obliga a acompañar a ese conjunto de seres deshechos sin más, antes que intentar acomodar sus pequeñas acciones a algo tan vasto como el fin del universo. También está el terror: un viejo bebiendo lava en un departamento casi indefinido. Es viejo y es joven a la vez y, con un teléfono y una memoria imprecisa, accede a todos los rincones de un mundo que fue y que tal vez nunca fue.
En este borde, esta suerte de horizonte de eventos de la humanidad, cualquier paso adelante es una amenaza latente para todo lo que nos constituye. Nuestros símbolos, la forma que encontramos de plasmar lo que hay dentro de nuestra cabeza, nuestros sonidos, nuestras fotos y hasta nuestras imprecisiones: parece que en cualquier momento todo eso puede terminar. No estamos muy seguros, no sabemos cómo funciona. Pero tal vez.
Quizás.
Si una estrella explotara a veinticinco años luz de la Tierra, el planeta podría volverse inhabitable en escalas de tiempo relativamente breves.
Si un cuerpo celeste con suficiente masa se acercara lo bastante al sistema solar, las órbitas planetarias podrían alterarse hasta el punto de que la Tierra incluso podría ser eyectada de su órbita.
Una sola alteración significativa del equilibrio atmosférico podría volvernos un planeta tóxico.
Lo que nos separa de la muerte, o de dejar de ser quienes somos (que en tal caso es lo mismo), puede ser efectivo, pero es finito. Un detalle.
Big Rip es la novela de nuestra era no por imaginar el fin del mundo, sino por nuestra incapacidad de percibirlo. El barullo no nos saca de un deseo interno de liminalidad: una soledad impuesta por la necesidad de más silencio a la hora de percibir la trascendencia. Volver a un equilibrio de volúmenes, saber que quizás estemos cerca del fin de un mundo viejo. Pero llegar enteros, sin necesidad de aturdirnos por variables acrecentadas por un vicio social inoculado.
En esta era particular que nos toca, donde los sistemas de representación están puestos en crisis como nunca antes, nuestro lugar en el mundo (sin necesidad de hacer zoom out) se está poniendo en duda.
Son esos los momentos en los que miramos el horizonte del cielo y nos hacemos preguntas.
Romero estuvo ahí, en el borde del fin del mundo, preguntando cómo eran la amistad, el amor, la vida y la muerte antes de que todas esas palabras se desgarren en la nada. El resultado es hermoso y aterrador.
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