URBE

El poder de decidir

Por Paloma Dulbecco y Rosaura Audi 31/12/20

De eso se trata todo esto: del poder de decidir sobre nuestras vidas. Decir que la maternidad será deseada o no será es parte de los argumentos centrales en defensa de la vida de las personas gestantes. Porque nosotres deseamos, deseamos poderosamente y queremos decidir en relación a esos deseos. Esa es parte de la reparación que la ley 27.610, cuando sea efectiva, brindará.

Después de 99 años con un Código Penal regulando nuestras vidas y controlando nuestros cuerpos a través de acciones vejatorias de nuestros derechos de parte de funcionarios policiales, judiciales y del sistema de salud, conseguimos una ley que nos reconoce como personas. Por delante, queda un inmenso trabajo para sensibilizar y formar a los sectores más progresistas y también a los más reaccionarios en el respeto a las autonomías y los derechos humanos. Y para exigir que se cumpla toda la letra formal y sustantiva.

Otra parte de la reparación que esta ley performa es hacia esas niñas abusadas y obligadas a parir y a maternar. Allí hablamos directamente de delitos, de una atrocidad cometida sobre el cuerpo de una persona menor de edad que por violencia institucional redunda en una nueva violación de sus derechos personalísimos.

Por último, esta ley permitirá salir en libertad a las criminalizadas. Son miles las mujeres que están siendo procesadas y unas cientas las presas por eventos obstétricos, a las que el panóptico obstétrico judicial persigue con muchísima saña y trasladando sus propios preceptos morales a un ámbito en el que deberían primar los de la legislación argentina.

Fotografía: Juana Yamin

La ley no nos devolverá a las muertas por abortos clandestinos ni les curará las heridas físicas o psicológicas a aquellas que debieron transitar la ilegalidad y la soledad absoluta. Pero sí nos pondrá en la posición de decisoras, más allá de la realidad desigual entre las personas gestantes de las diversas clases sociales en este país.

La ley es decisión, es equidad, es parte del camino de lucha feminista, es la certeza de que, como con la defensa de los derechos humanos en Argentina, el grito sostenido de justicia puede ser escuchado.

Y esa escucha, de ampliación de derechos, de la aparición del Estado que acompañe, fue posible en un gobierno peronista, de ese peronismo tan conectado con el goce y la justicia social.

Argentina es hoy un país más justo y nosotras, que seguiremos luchando por la igualdad, sentimos que algo fue reparado en nuestras almas, tan verdes. Juntas somos soberanas.