Artificios
MATÍAS FERNÁNDEZ BURZACO
Periodista, escritor, freestyler y rapero.
Un texto y el adelanto de una canción que se estrena en pocos días. Disfruten una de las voces y ritmos de esta generación
11/10/20
La gente cree
La gente cree —no sé si les pasará a otras personas con discapacidad, espero que no— que soy un genio, que soy el prototipo de la ternura. Que soy un enviado de Dios, un angelito, una bendición; que soy, incluso, Dios en persona. La gente cree que uso pañales: que cuando me hago pis o caca no grito ni aviso. La gente cree que no hablo. La gente cree que no se me puede retar; que soy alguien que no merece recibir un insulto o un límite. La gente cree que Jehová me va a curar, que el amor me va a curar, que Dios me va a curar. La gente cree que soy un castigo a mis padres.
Una profesora de la facultad dijo así: que los padres de esta criatura necesitan psicólogos, que me torturan por vergüenza, por culpa; que soy una imagen de los pecados bíblicos y el resultado de una estirpe corrupta de incestos y de enfermedades venéreas; que soy un ser nefasto, que me mantienen con vida a mí, esta larva, solo para poder robar. La gente cree que estoy enfermo. Que soy discapacitado moral.
La gente cree que soy un error que devora a mis padres con las horas de trabajo. La gente cree que tengo cáncer. La gente cree que soy un animal, un ovni, un objeto no identificado. La gente cree que no me puede abrazar porque tengo el pecho repleto de piedras, cáscaras de huevos que se pueden romper. La gente cree que por mirarme —levantar la vista: solo mirar— puede producir un hechizo que trasfiere todos los síntomas. La gente cree que soy un maleducado por comer con la boca abierta. La gente cree que mi destino es terminar en una institución para gente con enfermedades.
La gente cree que soy pobre y me regala plata en el colectivo: dos, cinco, diez pesos. Eso está buenísimo, ojalá les pase. La gente cree que mis padres pudieron no aguantar y ponerme en adopción; que no hubiese estado mal. La gente cree que no hay, siquiera, que mencionar la enfermedad. La gente cree que tengo una discapacidad mental; que por eso saco la lengua y se me cae la baba. La gente cree que no escribo, que no soy periodista. La gente cree que no sé leer ni detectar colores, que no sé mi teléfono de memoria ni mi dirección.
La gente cree que soy una nena, una mujer, una ancianita. Algunos creen que soy un niño, un viejo al que, con los años, se le fue achicando el cuerpo. La gente cree que soy un bebé; «saludá al bebito», dice una madre.
Y cuento más: la gente cree que es imposible que sea un hijo de re mil puta porque estoy en silla de ruedas. La gente cree que soy bueno y me viene sonriendo a media cuadra de distancia; «pero míralo: si es discapacitado».
La gente cree que, porque yo dependo de ellos, tiene un poder sobre mí. La gente cree que necesito ayuda todo el tiempo; por eso me preguntan cada dos segundos qué necesito. La gente cree que mandarme el emoji del brazo forzudo y para arriba es darme fuerza. La gente cree que regalándome una Rhodesia o una barra de chocolate me puede solucionar el día. La gente cree que la enfermedad es terminal; se pregunta: ¿cuánto le quedará, pobre? La gente cree que en poco tiempo me acuesto en la tumba.
MATI FERNÁNDEZ aka troti (Matías Fernández Burzaco, 1998, Buenos Aires) es periodista, escritor, freestyler y rapero. Es uno de los dos casos del país con fibromatosis hialina juvenil, una enfermedad de la piel que le deforma el cuerpo, y está por publicar su primer libro de relatos autobiográficos. A pesar de estar encerrado y en guerra con su cuerpo, a través de la composición de sus letras intenta contar una perspectiva que va directa al impacto: crónicas introspectivas, una mirada ácida, cruda e irónica sobre los otros y sobre él; se ríe de sí mismo y se presenta como un monstruo que vomita flows desde su silla de ruedas. En los singles y en un disco que está produciendo, mostrará un trabajo minucioso y creado con sus formas propias.
“Quién es ese niño”
El 15 de octubre a las 00.00 hs sale a la cancha por todas las plataformas digitales su primer tema.
Las personas que lo ven pasar por la vereda —niños, padres, vecinxs— se asustan. Inquietos y repetitivos, se preguntan qué tiene y cuál es la razón de la rareza. ¿Quién es ese niño? ¿Qué le sucede a este ser extraño? ¿Habla? ¿Es un hombre, una viejita, un mono? ¿Por qué no puede caminar? Él los mira, los escucha, se ríe y los entiende: cada unx, desde el otro lado, reacciona como puede. Pero en QUIÉN ES ESE NIÑO, su canción con la que se presenta como artista, les contesta: es FLOW. Se empodera desde el movimiento de sus palabras y se burla de la discapacidad y de lo que está impuesto. A él se lo ve como pobrecito, como héroe, como ejemplo de vida y como un sujeto que no tiene vida sexual ni poderes artísticos. Sin embargo, es rapero y les escupe la conciencia con flow.
Teasers
Créditos
Fotos: Ale Guyot
Prensa: Sandra Yudckak
Aterrizar la mirada
Por Facundo Rocca
En el espejo de lo insondable
Por Malena Escobar O’Neill
Hambre caníbal hockey player
Por Manu Wainziger
El consultorio sexoafectivo de Instagram
Por Sol Cialdella
Big Rip y el fin silencioso
Por Sebastián Mangione
¿Hacia dónde van las subjetividades de este mundo?
Por Agustín Peanovich
Nadie publica nada
Por Rodolfo Omar Serio
Génesis de un día soleado
Por Ramiro Sacco
90 kilos de aire
Por Julieta Hermo
Notas sobre la pavada
Por Camila Jorge










