Artificios

Teoría del political compass

 

Esta nota analiza la historia de un meme, la brújula política, para pensar las formas en las que surgen las identidades políticas en internet. ¿Cómo se convirtió un chiste en un dispositivo narrativo de ciencia ficción?

Por Dante Sabatto
04 de julio de 2023

1. Breve historia de una brújula

El meme es sencillo. Seguramente lo viste en algún lado: dos ejes cartesianos delimitan cuatro sectores: una roja, una azul, una verde, una amarilla o violeta. Las etiquetas, categorías y nombres pueden variar pero la estructura es estable: dos rectas perpendiculares y sus respectivos cuadrantes. Se llama political compass: una brújula política.

A diferencia de muchos otros memes, este tiene fecha de nacimiento y hasta copyright: la empresa neozelandesa Pace News Limited lo creó en 2001 en su web www.politicalcompass.org. La idea era crear un test de 62 preguntas que permite ubicar la posición política de quien contesta en dos ejes: política (autoritarismo-libertarianismo) y economía (izquierda-derecha). La combinación de estos elementos determina cuatro cuadrantes.

Rápidamente podemos encontrar una serie de tendencias culturales que se asociaron en la invención de la brújula: los tests de personalidad de internet (¿qué princesa de Disney sos? ¿a qué familia pertenecerías en Game of Thrones?), la simplificación identitaria de la filosofía política, la radicalización a la que tienden las comunidades on line. No hace falta decir que un millón de posturas posibles quedan excluidas de la brújula, que es difícil decir qué expresa exactamente la palabra “autoritarismo”, y un gran etcétera.

Izquierda: political compass básico según apoyo en la Guerra de Ucrania y el conflicto Palestino-Israelí. Derecha: political compass de fotos de Trump.

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Sin embargo, las posturas fueron inmediatamente identificables: arriba a la izquierda, los “tankies”, comunistas, estalinistas, maoístas y toda clase de personas de izquierda no-anarquista. Arriba a la derecha, conservadores de derecha, fans del Partido Republicano o, alternativamente, de Vladimir Putin. Abajo a la izquierda, progres, veganxs, activistas de Extinction Rebellion y de paso todo el colectivo LGBT. Abajo a la derecha, libertarios en el sentido de Milei, fans de Elon Musk y otras yerbas.

Así un test “serio” (nunca lo fue demasiado) parió un meme. Las identidades devienen arquetipos y los arquetipos van ganando sus propios micro memes e insultos. La asociación más directa con los libertarios de derecha, por ejemplo, es que son defensores de pedófilos. (No tengo, en este texto, espacio para hablar de la tendencia general política del meme. Basta decir que, si bien es usado por todas las posiciones posibles, internet es muchas veces una cancha inclinada hacia la derecha. Sobre la banalidad del meme escribí acá.)

Es fácil, entonces, aplicar el political compass a la política que te interese. Por ejemplo, al peronismo: Evita arriba a la izquierda, Perón arriba a la derecha, Cristina abajo a la izquierda, Menem abajo a la derecha. Pero también a la última temporada de Gran Hermano, a las cuatro bandas indie que más te gustan, a tu grupo de amigxs, a lo que sea. Y además empiezan a surgir otras posiciones: en el punto medio, los centristas, por ejemplo.

Ese es el punto de quiebre. Ahí se cruza una línea, y se descubre que la gracia está en la infinidad de identidades relacionales que pueden encontrarse. Un cuadrante puede subdividirse fractalmente hacia el infinito. Eso es la política: un terreno móvil donde siempre hay nuevos puntos a los que desplazarse.

Izquierda: political compass argentino; observar: el Gauchito del Mundial 78, el trosko del Mortero, Boogie, Uruguay. Derecha: political compass de declaraciones de Macri.

2. Geometría y política

El political compass no es un meme cualquiera. Es un meme canónico, uno que existe hace años y seguirá existiendo por muchos más. Que tiene iteraciones infinitas, que es instantáneamente reconocible, que cambió el lenguaje. Digamos que en la transición del meme al shitpost, es decir, del chiste arquetípico al humor más posmoderno y absurdista que actualmente está vigente en línea, la brújula resistió. Y sigue vigente. ¿Por qué?

Los memes, cómo explica Juan Ruocco en su libro ¿La democracia en peligro?, son replicadores: operan como virus, como partículas culturales cuyo único interés es reproducirse. Se contagian. Pero lo más importante es el modo en que construyen comunidad. Ruocco señala que dotan a grupos humanos de un lenguaje en común, una serie de referencias y connotaciones que forman una red compleja. Las personas que comparten, pero que además construyen cotidianamente, esa red significante, tienden a formar una identidad común. Imprecisa, indefinida, pero real.

En el caso del political compass, esto se duplica, porque aquello que se comparte en el uso del meme no es solo una serie de términos, sino también el hecho de que esos términos son usados a su vez para identificar. Las comunidades formadas directamente en torno a este meme, como el subreddit r/PoliticalCompassMemes o gran parte de /pol/ en 4chan, tienen un elemento en común: una pasión por identificar, clasificar y relacionar categorías (políticas).

Political compass de Star Wars, en tres niveles de complejidad

Se trata, siempre, de una simplificación: el carácter bidimensional de la pantalla sólo habilita dos ejes (hay versiones que suman un eje Z, pero son menos atractivos). Podría argumentarse que lo que representa la extensión del meme-brújula es la marcada reducción del nivel del debate político público. Que todo debe ser expresado de la forma más lineal posible. Que se borra la multiplicidad, la contradicción, la superposición.

No estoy de acuerdo con ese argumento. Al contrario, creo que la presencia que este meme tiene y ha tenido es indicativa de un interés amplio por pensar la política, por traducirla a esquemas conceptuales, por entrarle. El humor es una forma de ingresar al pensamiento político, pero además hay que entender que se trata de un meme poco gracioso. La mayoría de las veces expresa un intento bastante explícito de dotar de un orden al complejo marco político.

Pensemos, primero, en las dos dimensiones de la brújula, que podríamos definir como “economía” y “autoridad”. El meme rechaza claramente el determinismo económico, al presentar la autonomía de los dos niveles: la forma de ejercer el poder no se desprende necesariamente de la economía como base. Al mismo tiempo, la existencia de los cuatro cuadrantes admite la posibilidad de articulaciones que la política mainstream querría ignorar: una izquierda antiautoritaria, para empezar. También es interesante el meme por lo que esconde: no hay un eje “conservador-progresista”.

Todo esto se desprende, claro está, de los ordenamientos básicos de la política yanki y europea, de donde surge la mayoría de las comunidades online… en un inicio. Porque, como todo meme, el political compass atravesó un proceso de rarificación. Nerds de la política, de izquierda, derecha, centro y todas sus alternativas, comenzaron a apropiárselo. Las experiencias menos prolijas de las periferias, y sobre todo las de las comunidades más políticamente activas (los balcanes, Sudamérica, algunos países del sudeste asiático) comenzaron a operar sobre sus versiones. Horadaron así la pretensión de universalidad de las categorías políticas previas.

Este proceso es, por necesidad, un proceso estético. Me atrevería a decir que mientras que otros memes (como el del perro grande y el perro chiquito, por dar un ejemplo) expresan una estetización de la política, es decir, una reducción de la complejidad material de la política a meros avatares grotescos de pseudo-identificación, el political compass indica una politización de la estética. Porque el origen del meme es estético: es la pasión por la clasificación, por los cuadros, los diagramas, las etiquetas. Es sobre ella que se expande un proceso de imaginación política que termina rompiendo las bases estéticas simplistas que lo fundaron.

Izquierda: political compass de frases de Emmanuel Macron, presidente de Francia. Derecha: political compass de México.

Le estoy dando mucho lugar a un simple meme, podrá decir, y es cierto. Pero creo que el del political compass es un caso muy interesante para pensar cómo pensamos, colectivamente, la política en internet. ¿Cómo nos socializamos, cómo construimos sentidos, cómo hablamos unxs con otrxs sobre temas como la distribución del ingreso o la relación igualdad-libertad? Y sobre todo, ¿qué introducimos inconscientemente, de qué nos reímos, qué estereotipos aceptamos y cuáles buscamos transformar?

No conozco a nadie a quién no le guste etiquetarse. Definirse, y definir a otrxs. Ponerles categorías, más o menos objetivas, más o menos serias, más o menos irónicas, más o menos insultantes. El acto de catalogar es inherentemente político. La pregunta, entonces, es qué puede llegar a ser un political compass: ¿qué formas novedosas podemos encontrar de nombrar y nombrarnos?

3. Artes del futuro

Si viste alguna vez un meme brújula, sabés que no tiene por qué ser estrictamente político. Los dos ejes pueden representar cualquier cosa, con una condición: que las dimensiones sean (relativamente) independientes. Pero eso se desprende, estructuralmente, de la existencia de los cuadrantes. Si podés imaginarte cuatro posiciones cuyos pares comparten algo, tenés un compass. En los ejes puede haber cualquier cosa: masculino/femenino, emo/flogger, cringe/basado, lo que quieras.

Pero la mera descripción de la realidad, el humor observacional, tiende a agotarse rápido. Los memes, como los virus, necesitan mutar para sobrevivir. Y la imaginación política, que es al fin y al cabo la materia sobre la que opera la brújula, se expande por múltiples vectores. Quizás ninguno tan potente como la ciencia ficción.

Hace un par de años, al political compass le surgió un sub-meme: la brújula del año 2100. El objetivo está invertido: ya no se trata de tratar de describir y clasificar cosas existentes, sino imaginar categorías futuras. ¿Qué posiciones políticas podemos hipotetizar que existirán en un siglo?

Esto implicó, a su vez, una transformación estética. Primero, las brújulas tomaron colores fluorescentes, saturados, cruzaron psicodelia y vaporwave. Un ejemplo clásico imagina la política de los “post-Estados Unidos”, y mantiene los mismos ejes cartesianos clásicos, pero ahora imagina un “siliconado de Florida del Norte” o unas Tierras Federadas de Atlántica.

Izquierda: political compass del año 2100 estadounidense. Derecha: political compass futurista argentino, uno de los mejores.

Rápidamente, resultó claro que el problema era más profundo. Los cuatro cuadrantes con sus respectivos colores dejaron de ser útiles, atractivos, perdieron potencia. Versiones más interesantes comenzaron a dejar de lado los ejes y mantener tan solo la cuadrícula. Se pierde la explicitud de las dimensiones, pero se gana el componente relacional de las identidades: sólo son definidas por sus posiciones mutuas.

En algunos casos, algo más cambia: los recuadros representan cada vez menos posturas amplias, movimientos, ideologías, instituciones, y dejan el lugar a personajes. Se enfatiza, crecientemente, el carácter narrativo del meme. En mi ejemplo favorito, la escala tiende a infinito: es básicamente una novela de ciencia ficción escrita a través del compass. Cada cuadrante representa una facción en una guerra cósmica: deidades lovecraftianas, una monarquía bélica glacial, un pueblo guerrillero organizado en tribus, una inteligencia artificial empresario-mafiosa (esta brújula mantiene los ejes cartesianos clásicos, seguramente podrán imaginarse a qué política corresponde cada caso).

Ese es el ejemplo, para mí, más acabado de la versión ciencia-ficcional del meme, no sólo por su complejidad (cuenta con decenas de personajes interrelacionados) sino, sobre todo, por el modo en que fue publicada en partes: versiones más simples fueron dejando lugar a actualizaciones sucesivas que agregaron nuevas y nuevas capas. Yo sigo esperando el próximo update como quien sueña con el próximo libro de Game of Thrones.

Es que de esto se trata: del potencial narrativo de la brújula. Quiero corregir algo dicho más arriba. No es correcto comparar este ejemplo con una novela, porque la novela tiene un orden preciso, una estructura (más o menos) lineal, una direccionalidad. El political compass es estático. No conocemos el final de la guerra cósmica que cuenta, ni su inicio, sino tan solo una foto, un corte transversal. ¿Y por qué no? ¿No puede ser esto, también, ficción? La importancia del political compass, el motivo por el que merece una teoría propia, es que se puede entrever en él algo así como una forma narrativa que todavía no existe.

Fragmento del political compass de la guerra intergaláctica. En este enlace, la versión completa (hasta ahora) en alta calidad para leerlo completo. Es realmente imperdible.

Pero no deberíamos dejar de lado la parte política de la brújula. En tiempos en los que se habla sin cesar de la clausura de la imaginación política, miremos la evolución de un meme de internet: de un chiste bastante simplón sobre categorías políticas occidentales a un dispositivo para inventar imágenes del futuro.

Creo que su fuerza radica, justamente, en su carácter de chiste, en su tono post-irónico clásico del lenguaje de internet. Eso es lo que habilita su jugabilidad, su forma lúdica, y por lo tanto su apertura. Al mismo tiempo, es imposible escribir miles y miles de palabras sobre docenas de personajes organizados en una cuadrilla estricta de categorías interrelacionadas sin empezar a tomárselo un poco en serio.

El political compass es uno de esos desechos digitales a los que podríamos no prestarle demasiada atención. Píxeles basura acumulados en un vertedero de Reddit. No es una de esas configuraciones políticas on-line serias, como el hacktivismo, los hashtags de boicots o la organización de grassroots a través de foros. Pero, para mí, es más importante, aun siendo solo un chiste o un juego, o justamente porque es un chiste o un juego. Esas formas culturales “bajas” son tan buenos disparadores culturales de imaginación política como cualquier otro.

Dante Sabatto

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