URBE

PERONISMO Y TECNOLOGÍAS #3:

GEOPOLITICA TECNOLÓGICA EN EL SIGLO XXI

Por Facundo Ritter
16/07/2022

Este texto forma parte del dossier Peronismo y tecnologías, planificado por Facundo Ritter y Joaquín Correa. Este es el tercer número, elaborado por  Facundo Ritter, que se ocupa del devenir de las tecnologías en el siglo XXI, en el marco de la reconfiguración de la geopolítica global. Las entregas previas se pueden leer en estos enlaces.

“La acción política es una lucha de voluntades. ¿Cuáles obedecen a nuestra voluntad y cuáles a la voluntad contraria a la nuestra?”.
– Juan Domingo Perón, Conducción política (1952)

“…el desarrollo científico y tecnológico de un país -vos lo sabés- también es soberanía y de la mejor, la del conocimiento. Conocimiento que es clave en los desarrollos productivos y en el valor agregado. Nos quieren de vuelta productores de materias primas y que quienes tienen materia gris, con valor agregado por nuestro sistema educativo, se vayan afuera, con ellos.”
– Cristina Fernández de Kirchner (2016)

Esta entrega de nuestro dossier se propone describir el contexto global respecto al desarrollo tecnológico, en particular la carrera en las que están insertas las principales potencias, Estados Unidos y China. Dicha descripción estará acompañada de una reflexión sobre la necesidad de insertarse en el mundo y aprovechar los avances tecnológicos, sosteniendo siempre la alineación con un proyecto político nacional y una mirada de largo plazo. En ese sentido, se esboza la perspectiva de promover el desarrollo tecnológico propio con una mirada federal y diversa que escape al devenir monotecnológico que se le impone a la humanidad.

Por otro lado, se presenta una reflexión sobre la necesidad de desarrollar las capacidades estatales y fortalecer al Estado para promover un proceso de desarrollo tecnológico que sea inclusivo, que permita ganar independencia económica y ampliar la soberanía política sobre las decisiones públicas. 

La globalización y la carrera tecnológica 

El proceso de globalización (acentuado a partir de los años 70, luego en los 90-00 y con una tercera fase a partir de 2008) tuvo como una de sus variables causales al desarrollo tecnológico. Primero con la crisis de las 20 empresas punto com, y luego con la crisis de 2008, quedaron sentadas las bases para el desarrollo de la economía de plataformas y la administración digital del mundo, proceso vertiginoso y aún en expansión. Además de ser una condición de posibilidad para la globalización, el desarrollo tecnológico generado en dicho proceso penetró en casi todos los países y regiones del mundo, impulsado desde las grandes potencias mundiales, principalmente Estados Unidos y China, que hoy son los protagonistas principales en la carrera tecnológica.

El campo de las relaciones internacionales ha identificado nuevas tensiones en el escenario mundial con motivo de la carrera de los Estados por la superioridad tecnológica. Los actores principales (a los ya citados se puede sumar la Unión Europea) participan actualmente de un complejo proceso de reevaluación de políticas públicas y regulaciones, tendientes a establecer nuevos estándares de ciberseguridad, ética en torno a la IA, gobernanza de internet y patentes. La competencia entre estos bloques ha dado muestras de una escalada sin precedentes en donde lo que se encuentra en disputa, no solo son los mercados, sino también el sistema de valores culturales que los identifica respectivamente. 

EEUU busca mantener su supremacía tecnológica al mismo tiempo que intenta ralentizar el progreso del gigante asiático por diversos medios, como la prohibición de exportar ciertas tecnologías y componentes avanzados. Pese a contar con grandes estructuras empresariales (Google, Amazon, Facebook, Apple, Netflix) y poder global, los desafíos futuros requieren necesariamente de alianza con otros bloques. La UE, por su parte, interpreta los derechos de la ciudadanía y el consumidor como una prioridad. Sus miembros han elaborado sofisticados marcos regulatorios, que atentan incluso, potencialmente, con la competitividad de sus propias empresas. Finalmente, el modelo chino propone un Estado auspiciante de la tecnología con prerrogativas para obtener coactivamente información de la ciudadanía: esta es la principal diferencia con los otros bloques. El objetivo a mediano plazo del gigante asiático es convertirse en una gran potencia tecnológica (para 2025, según revela su programa MIC2025).

Una de las arenas de batalla en donde se desenvuelve la competencia tecnológica entre Estados es el desarrollo de la tecnología de las telecomunicaciones (5G y 6G). ¿De qué se trata este sector estratégico? La conexión a internet depende de dos fuentes principales: alámbrica, hecha de fibra óptica, e inalámbrica, basada en ondas electromagnéticas. La fibra óptica es un polímero hueco tan angosto que la luz rebota sobre sus paredes internas sin perder demasiada energía, volviéndola útil para hacer cables que transmiten la información con precisión. El internet wifi instalado en los edificios se distribuye con esta tecnología. En cambio, las redes inalámbricas garantizan el internet para dispositivos móviles o lugares remotos. Es en la conexión móvil en donde mayores avances tecnológicos se realizan cada año, y la competencia por ese mercado es feroz. Cada cambio importante en esa infraestructura es llamado “generación”, y hoy la mayoría de los dispositivos del globo acceden a internet a través de tecnología de la cuarta generación (4G). El desarrollo de la conectividad, especialmente la inalámbrica, permitió el auge de la llamada “economía de plataformas”, ya que en ella es un requisito que tanto las empresas como los consumidores tengan acceso a internet.

Aeropuertos 2000

La nueva generación de redes móviles auspicia un salto cuantitativo y cualitativo, y promete cambiar el paradigma del “ecosistema digital”. El desarrollo del 5G abre la ventana de aplicaciones digitales novedosas, como automóviles que no necesitan intervención humana, ciudades totalmente digitalizadas que brinden servicios por internet o la automatización avanzada de la industria. Expertos en la materia afirman que todas las grandes innovaciones previstas para los próximos años solo serán posibles si previamente se ha desplegado con éxito toda la infraestructura y los sistemas necesarios para disponer de la tecnología 5G. 

Una de las principales limitaciones de esta tecnología es su enorme necesidad de inversiones en términos de infraestructura: torres de comunicaciones eléctricas, cables de fibra óptica, millones de microceldas o “small cells”, entre otros. Actualmente, la empresa que domina el mercado es la firma china Huawei, por su capacidad de ofrecer equipamiento en todas las áreas a desarrollar de la red y a bajo costo. La predominancia que tiene China en esta tecnología (asciende al 70% de todas las conexiones a redes 5G del mundo) ha dado lugar a acusaciones de los EEUU sobre potenciales riesgos en la seguridad nacional del país y sus aliados. Asimismo, la potencia norteamericana ha tomado nota sobre la captación de empresas nacionales por parte de China mediante la inversión directa en sectores tecnológicos estratégicos, y ha dispuesto regulaciones a su respecto. 

Aunque no se ha alcanzado una penetración masiva con el 5G, China ya se ha lanzado a la conquista del 6G. En el mes de noviembre del 2020, lanzó el primer satélite 6G del mundo, con el objetivo de probar las ondas de transmisión con tecnología de sexta generación. Se asegura que la implementación de estas redes puede facilitar la obtención de una velocidad de descarga hasta de un terabyte por segundo: lo suficientemente rápido para descargar 142 horas de Netflix en un segundo. Por su parte, EEUU creó en octubre pasado una alianza de empresas -con participación de Apple, Google, Samsung y otras- para avanzar en el liderazgo norteamericano de esta tecnología. Asimismo, la UE inició, en diciembre del 2020, un proyecto para desarrollar el 6G a partir de una unión de empresas en las que participan Nokia, Ericsson AB, Telefónica SA y múltiples universidades. et.

Argentina en la geopolítica tecnológica

En Argentina, el gobierno comprende la importancia de la aplicación de las nuevas tecnologías, en particular en lo referente a telecomunicaciones dando por iniciado un proceso en donde el 4G y el 5G van a convivir. La actual gestión interpreta el derecho a estar conectados como un derecho esencial con el objetivo de reducir la brecha digital.

En ese sentido, el gobierno manifestó la necesidad de debatir un marco regulatorio que permita a las empresas desarrollar esta tecnología. El Estado argentino realizó  tratativas con las empresas Ericsson, Huawei y Nokia para el desarrollo de la tecnología 5G en el territorio nacional, y este es un camino al cual no debe quitársele atención.

En esas condiciones, el desarrollo en los países periféricos ha aumentado su dependencia tecnológica con respecto a las grandes potencias. Esto presenta un gran desafío y no solo en términos económicos: hoy, el peronismo tiene el reto de pensarse a sí mismo, en el marco de un proyecto nacional definido de forma soberana, y proyectar cómo aprovechar las ventajas del desarrollo tecnológico sin aumentar esa dependencia. Esto debe hacerse aprovechando la diversidad y rompiendo con la cultura monotecnológica de la globalización, de la mano de la integración regional y con la mirada puesta en un futuro próspero para las y los argentinos.

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