URBE

PERONISMO Y TECNOLOGÍAS #1:

DOCTRINA, ARTERIAS Y MECANISMOS

Por Joaquín Correa
18/06/2022

Presentamos el dossier Peronismo y tecnologías, planificado por Facundo Ritter y Joaquín Correa. Este es el primer número, elaborado por Joaquín Correa, busca introducir las preguntas y los problemas alrededor de esta cuestión, el vínculo entre el desarrollo tecnológico y una tradición humanista como el Justicialismo.

Nuestra especie es inconcebible separada de la tecnología [que viene de τέχνη (técnica, arte, industria, habilidad) y de λόγος logos (discurso, conocimiento)]. La historia humana es la de una simbiosis entre el mundo que habitamos y nuestros artificios que lo mutan e integran continuamente. Desde las herramientas primitivas y la agricultura, hasta la revolución industrial y la era actual, somos productos y agentes de esa retroalimentación. Dicha tecnología es el medio por el cual se ejerce el trabajo, se lo potencia y canaliza para alcanzar su objetivo último: transformar lo existente, garantizando nuestra subsistencia y haciendo posibles nuevos horizontes.

A lo largo de la historia, cada civilización cobró la forma que sus medios técnicos le permitieron. Con las técnicas de agricultura se simplificó nuestra alimentación. Esculpimos el suelo y ampliamos nuestro tiempo disponible haciendo posible la vida sedentaria como la conocemos. El transporte en todas sus formas, desde senderos a embarcaciones, arrimó culturas y fundamentó el comercio a gran escala. A partir del desarrollo en infraestructura fueron posibles las ciudades modernas, con servicios accesibles y la población hiperconcentrada. En la fábrica se reorganizó el trabajo dando lugar a un volumen productivo sin precedentes y constituyendo a la clase obrera. El lenguaje, la tecnología con la que nos comunicamos e imaginamos el mundo, sufrió metamorfosis radicales con la escritura, con la imprenta y con las distintas aplicaciones del espectro electromagnético. Mirando de lejos, somos lo que fabricamos.

Esta ampliación y diversificación de la experiencia humana que trae el desarrollo tecnológico también se manifiesta en sus aspectos problemáticos. Nuevas tecnologías son además nuevas formas de violencia y dominación. La guerra es donde más se evidencia. Genocidios irreversibles fueron posibles por la distancia técnica entre el cuero y el metal y los mecanismos para la destrucción del hombre por el hombre evolucionaron tanto que hoy la extinción de la especie puede (auto)realizarse por la vía química o nuclear. Pero el avance tecnológico también renovó las dificultades en la vida cotidiana. El mundo es injusto y es a través de la técnica que dicha injusticia se efectiviza

En definitiva, no solo hacemos la tecnología sino que ella nos hace. Es así desde hace tiempos inmemoriales y hoy nos toca enfrentarnos a las formas más recientes de ese fenómeno. Las llamadas “nuevas tecnologías”, en las que la información se volvió el principal elemento e insumo de trabajo, operan sobre lo construido por las anteriores. Nos importan, no porque sean esencialmente distintas, sino porque la actualidad de su desarrollo las vuelve dinámicas. Eso implica que en su seno se están produciendo, ahora mismo, importantes mutaciones sociales. Como peronistas, no es posible actuar para la realización de la comunidad sin conocer el estado actual de la tecnología, sus efectos y sus posibilidades.

Tecnologías para la Comunidad Organizada 

Durante los primeros peronismos se dio la más grande industrialización de nuestra historia. Y fue en sectores tradicionalmente estratégicos, como la siderurgia y el desarrollo naval, pero también sobre vanguardias apenas exploradas. La energía nuclear es un emblema de esa visión que todavía hoy deja sus frutos a pesar de los cientos de reveses que sufrió nuestro país. Era tecnología de punta para la época. Además, la tecnología y su desarrollo formaban parte de la concepción misma de la política:

 “Las formas nuevas o modernas han permitido también mucho de elevación cultural de las masas. Antes se efectuaba mediante la difusión fragmentaria, difícil, del contacto directo con las masas para poder educarlas o construirlas. Hoy, el agricultor, que no baja a una población durante un año, escucha lo que le decimos todos los días desde aquí mediante la radiotelefonía. Vale decir que las modernas conquistas de la ciencia nos van facilitando la tarea. Cuando actuamos en un acto cívico, nos basta hablar a todo el país por radio y no queda ningún argentino sin conocer lo que le terminamos de decir. Eso era antes imposible. Hoy lo hacemos en un minuto. Antes se necesitaban seis, ocho meses, un año. Hoy no se puede admitir ni tolerar la conducción anarquizada de las partes, ya que es posible realizar la conducción centralizada mediante los nuevos métodos.” (Juan Domingo Perón, Manual de Conducción Política).

 Era clarísimo el esfuerzo de Perón por incluir en su práctica política a la técnica más avanzada, poniéndola al servicio de lo que él entendía eran los intereses permanentes de la patria. Ese diálogo entre las verdades eternas expresadas en el pueblo y lo nuevo no es posterior a los principios justicialistas sino el motor de su elaboración. La doctrina peronista nació actualizada.

Si el peronismo, tal como fue, hubiera sido imposible sin las capacidades técnicas del siglo XX, el peronismo del siglo XXI deberá, sí o sí, estar a la altura de esta Cuarta Revolución Industrial. La actualización doctrinaria no se trata entonces de revelarse a los principios fundantes del justicialismo, buscando lo que nos parezca viejo para moldearlo a gusto, sino descubrir la forma en que dichos principios pueden realizarse en el presente y completar el corpus doctrinario con los enunciados que sean necesarios.

Historia del Pulqui y otros ingenios voladores – Socompa

La cuarta revolución Industrial

De las innumerables formas en que las tecnologías se renuevan hoy en día, aceleradas por el vértigo del capitalismo post fordista, destacan aquellas ligadas a la información. Las llamadas TIC (tecnologías de la información y la comunicación) sufrieron durante las últimas décadas una vertiginosa aceleración que las llevó a integrarse en cada eslabón, no solo de la cadena productiva sino también del tejido social en todas sus formas. Los datos acumulados a un ritmo y en volúmenes sin precedentes, combinados con distintos niveles de inteligencia artificial, forman el núcleo de esta cuarta revolución industrial.

El espacio más cotidiano de esa integración es el de las relaciones humanas. A través de las redes sociales escaló exponencialmente el número de intercambios subjetivos por unidad de tiempo. Además, esa marea de estímulos permanentes se volvió la norma. El uso de la mensajería instantánea, por poner un ejemplo, ya no es sólo útil sino también una obligación si esperamos competir en el mercado de trabajo. Culturalmente ocurre lo mismo, en las distintas redes sociales, desde los foros a las plataformas de entretenimiento, germinan las principales piezas culturales de nuestra época. El correo electrónico, por su parte, dejó de ser solo un medio de comunicación para volverse la marca universal de identificación en internet. Sustraerse de las redes (que no son libres, sino que pertenecen a particulares generalmente con fines de lucro) implica aislarse del cuerpo social aunque sea parcialmente. De esa gran marea de intercambios se extraen datos que son utilizados para perfeccionar y dirigir otras áreas técnicas como la publicidad, muchas veces de manera completamente automática.

Todo el ecosistema digital, aparentemente intangible, se sostiene sobre una gigantesca infraestructura hecha de circuitos, cables, antenas, sensores, procesadores y pantallas. Sobre la tierra hay más celulares conectados a internet que personas y estos se volvieron un objeto tan cotidiano, tan permanentemente cercano al cuerpo, que se pone en evidencia la fusión práctica entre humano y mecanismo, con todas las dolencias que puede implicar una biología aumentada. Larguísimos cables de fibra óptica atraviesan el fondo del océano y comunican a los servidores que nuclean y albergan a la red de redes, los cuales por su irregular distribución sobre el territorio definen una nueva desigualdad entre las naciones. A su vez la estratosfera se encuentra habitada por miles de satélites artificiales que recaban y retransmiten información sobre la tierra, sin parar ni un segundo.

Mientras tanto, en el sector productivo, la informática se aplica para optimizar y automatizar los distintos procesos involucrados en la elaboración, distribución y comercialización del producto, ya sea un bien o un servicio. Hace tiempo ya que las administraciones públicas y privadas del mundo intentan modernizarse, reemplazando en el proceso a trabajadores por sistemas digitales. Con la robótica cada vez más avanzada en inteligencia computacional ese mismo proceso se da en las fábricas, en la agricultura y en las tareas logísticas. Mientras, el teletrabajo se vuelve de a poco la norma en muchos rubros y las plataformas habilitan actividades económicas descentralizadas, aunque precarias. Por si todo esto fuera poco, en el sistema financiero también se hacen imprescindibles los medios informáticos. Desde los gastos domésticos hasta operaciones con activos financieros pueden hacerse y automatizarse desde el celular, y la cripto-economía invita a revolucionar el sistema bancario tradicional.

La red de redes fue un salto gigantesco, equiparable a la imprenta, en materia de acceso al conocimiento. Aún están por verse los efectos de generaciones enteras formadas bajo este paradigma. La Ciencia de Datos, por su parte, surge como potenciadora de todas las demás brindándoles enormes volúmenes de evidencia analizable y la comunicación entre investigaciones a lo largo del globo ya solo ve límite en la voluntad política.

Los esfuerzos armamentísticos se centran hoy en objetivos de precisión y vehículos no tripulados, ambos guiados por computadoras. Defenderse de tales instrumentos sólo es posible con inteligencia del mismo calibre. En el mismo camino la política tradicional tiende a asentarse en campañas dirigidas a grupos sociales mega-atomizados, discriminados a partir de macrodatos y guiados por la imperceptible segregación de las redes sociales, regentadas por algoritmos. Se hace evidente entonces que las tecnologías de la información y la comunicación, al igual que las otras, traen preguntas difíciles en todo el planeta . Debido a que creemos que los principios e ideas rectoras del justicialismo son las indicadas, entendemos que desde el peronismo pueden aportarse las respuestas correctas. Y ponerlas en práctica.

Las preguntas y las banderas        

El sujeto político del peronismo es la Comunidad Organizada, un concepto de raíces profundamente humanistas. En el sentido contrario, Perón decía “Ellos tienen una táctica, pero no una doctrina”, en sus clases de conducción política, refiriéndose al capitalismo que tiene “un método pero no un propósito”, arrastrando en su caminata ciega a nuestra especie. Eso nos da una óptica específica para concebir a la cuarta revolución industrial. Consideramos a la tecnología como un medio para un fin que es la grandeza de la patria y la felicidad de sus hijos. Por eso, las distintas ramas de las tics deben pensarse más allá de la lógica del mercado, entendiéndola como un bien social que debe producirse teniendo en cuenta su impacto tanto en el circuito productivo como en el desarrollo vital del pueblo.

Los servicios de plataformas ¿garantizan derechos o facilitan su evasión? Las redes sociales ¿integran realidades diferentes o invitan al desconocimiento entre pares? El sistema administrativo ¿promueve la organización de la comunidad? La globalización digital ¿permite el arraigo con nuestro suelo y el encuentro con ideas liberadoras?. La respuesta a estas preguntas (y muchas otras) depende precisamente de que las nuevas tecnologías en la Argentina sean formuladas con esas dudas en mente. No alcanza con empresas unicornio mientras falte un proyecto nacional.

También nos ocupan aquellos aspectos de la doctrina que la avanzada digital pone en crisis. Entre ellas, el movimiento obrero como columna vertebral del movimiento en medio de la automatización. Si la única clase de persona que existe es la que trabaja ¿qué ocurre si no hay más trabajo? ¿Es posible que no haya más trabajo? ¿Cuál es el futuro del trabajo? El movimiento necesita respuestas a estos interrogantes, visualizar un horizonte, tener una idea de futuro.

Tampoco podemos recibir sin digerir lo que se habla de esta revolución en otros paises. La Argentina se encuentra en circunstancias específicas de este entramado tecnológico: ni el acceso a internet ni los avances de la robótica, por nombrar dos polos del asunto, alcanzan equitativamente a los distintos países del globo; la historia de esta transición es asincrónica y se asienta sobre las injusticias del pasado.

Las tres banderas se hacen más palpables que nunca. La conectividad puede ser una gran fuente de justicia social, igualando el acceso al conocimiento, o al contrario, generar una brecha más ante la falta de un bien ahora esencial. La soberanía política pende de un hilo ante las debilidades de nuestra ciberdefensa y los crecientes conflictos, no sólo ya entre naciones, sino también frente a las grandes corporaciones tecnológicas. Y por último, es inconcebible la independencia económica si no es nuestro propio sistema productivo el que tome las riendas de las Tic nacionales.

Este dossier pretende elaborar una introducción preliminar sobre estas cuestiones para abordar el enorme desafío de la actualización doctrinaria. No alcanzan las vaguedades imprecisas. El movimiento nacional y popular necesita formar un conocimiento detallado de la cuestión. Y, en igual medida, formar cuadros que puedan ejecutar políticas y elaborar con sus propias manos tecnología que sirva al pueblo argentino. Para eso, desarrollaremos en sucesivos números una reconstrucción de las políticas científico-tecnológicas en la historia reciente, un abordaje al problema de las capacidades estatales en el siglo XXI y un ensayo sobre las posibilidades efectivas de avanzar en un desarrollo integrado con justicia social.

 

 

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