Artificios

VEROSIMILITUD

Por Juan Diego Incardona

08/11/2020

Alguna vez los realistas mágicos dijeron que el problema que siempre tuvimos en América era que nos creyeran.

En “Fantasía y creación artística en América latina y el caribe”, Gabriel García Marquez explica:

“En América Latina y el Caribe, los artistas han tenido que inventar muy poco, y tal vez su problema ha sido el contrario, hacer creíble su realidad. Siempre fue así desde nuestros orígenes históricos, hasta el punto de que no hay en nuestra literatura escritores menos creíbles y al mismo tiempo más apegados a la realidad que nuestros cronistas de Indias. También ellos se encontraron con que la realidad iba más lejos que la imaginación. El diario de Cristóbal Colón es la pieza más antigua de esa literatura (…). Colón dice que las gentes que salieron a recibirlo el 12 de octubre de 1492 estaban como sus madres los parieron (…). Sin embargo, los ejemplares escogidos que llevó Colón al palacio real de Barcelona estaban ataviados con hojas de palmeras pintadas y plumas y collares de dientes y garras de animales raros. La explicación parece simple: el primer viaje de Colón, al revés de sus sueños, fue un desastre económico. Apenas si encontró el oro prometido, perdió la mayor parte de sus naves, y no pudo llevar de regreso ninguna prueba tangible del valor enorme de sus descubrimientos, ni nada que justificara los gastos de su aventura y la conveniencia de continuarla. Vestir a sus cautivos como lo hizo fue un truco convincente de publicidad. El simple testimonio oral no hubiera bastado, un siglo después de que Marco Polo había regresado de China con realidades tan novedosas e inequívocas como los espaguetis y los gusanos de seda, y como lo habían sido la pólvora y la brújula. Toda nuestra historia, desde el descubrimiento, se ha distinguido por la dificultad de hacerla creer”.

Verosimilitud = Verdad + Mentira.

Juan Rulfo, autor de la novela perfecta latinoamericana (Pedro Páramo) dijo que “somos mentirosos; todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad”.

¿Cómo contar una mentira que parezca verdad?

Mentiras mal o bien intencionadas, mentiras piadosas, promesas rotas, exageraciones, rumores, plagios, mentiras compulsivas: en la novela caben todas. Comentario: la literatura es una forma de la mentira. Narrar no es explicar. Pasó o pudo haber pasado. No importa si es verdadero, sino si es verosímil, que funcione. Un escritor nunca deja pasar la oportunidad de mentir.

El equilibrio verdad/mentira se tensa todavía más si la literatura es autobiográfica. Cuando empecé a publicar mis relatos de Villa Celina, los primeros lectores me preguntaban si eso que contaba realmente había sucedido. Yo les contestaba que algunos sí, otros no, que algunos estaban exagerados. Empecé a notar que cuando decía que eran inventados, la gente se decepcionaba. Corría el año 2007 y mi amigo Pedro Mairal me dio un gran consejo:

—Juani, vos decí que todo es cierto.

Y le hice caso. Incluso cuando aparecen mutantes, canchas de pasto transparente, enanos peronistas, yo siempre digo “es cierto”, “es todo cierto”, y entonces los lectores se tranquilizan. Hay algo raro en ese sentido con la ficción autobiográfica, es como un oxímoron, es ficción pero es tu vida, y de pronto vos sos el personaje, no podés salir de las páginas del libro para traicionar el cuento o la novela, no podés cagarle al lector el efecto de verdad que, con tus fórmulas, lograste conseguir, diciéndole que no pasó.

En los relatos de Celina sucede que aparecen muchos vecinos con sus nombres reales. Yo pensé que tal vez alguno se podía ofender, que quizás debería haberles pedido permiso, pero la verdad es que no podía imaginar a aquellos personajes con otros nombres. Cuando empezaron a publicarse los libros, me pasó todo lo contrario. Cada vez que iba al barrio –como el libro fue muy leído en Villa Celina-, me pasaba que los que aparecían decían que sí, que era todo verdad, que lo que había escrito fue así, y además le agregaban partes ya no al cuento, sino “al recuerdo”, incluso cuando eran puras invenciones. Comentario: la literatura puede convertirse en memoria de una comunidad. Lo más gracioso es que los vecinos que todavía no aparecían en los libros, me reclamaban:

—Che, Juan Diego, ¿cuándo me vas aponer en un cuento?

Me lo decían porque querían que su vida también estuviera puesta por escrito, Aparecer en un libro con tantas referencias reales ya no parecía ser literatura. Especialmente porque: ¡todo era cierto! Y la gente que se encontraba en alguna página estaba contenta, se reían, decían algo con los pibes de la esquina, y entre todos, seguían agregándole color.

—Juan Diego, te cuento algo que me pasó, así lo ponés en un cuento.

Amablemente, yo casi siempre les contestaba: tenés que escribirlo vos.

Hubo veces, sin embargo, que me contaron cosas con las que conecté, y lo que en principio fue de ellos, pasó a ser mío. Al menos por un tiempo, hasta que se publicaba y entonces dejaba de ser mío. Como todo libro, también Villa Celina es una botella tirada al mar. Quizás, algún día le llegue a Robinson Crusoe en su isla desierta.