OPINIÓN

UNA HISTORIA DE MEMES Y POLÍTICA

Por Ignacio Muruaga
13/08/2022

“Quiero que hagamos una campaña con memes” es una de las frases que suelen repetirse en los bunkers electorales, uno de los lugares comunes más atractivos para la política. Primo hermano de “quiero ser viral” y “quiero hablarle a los jóvenes”. Todos objetivos que son más aspiracionales que otra cosa. Como prometerte a vos mismo que el lunes si o si empezás la dieta o que este mes vas a rendir ese final que venís pateando desde el año pasado.

Al pensar la comunicación, la política está acostumbrada a trabajar en espacios controlados donde hay poco o nulo espacio para la sorpresa. Los discursos se escriben y se ensayan, las entrevistas se negocian y se pactan, las campañas se diseñan, los spots se guionan. Todo está prefabricado y sigue determinados formatos repetitivos.

Los memes, en cambio, son incontrolables, son caos puro. La política coquetea con ellos, se siente atraída, ven en ellos un poder y una masividad que es a la vez apelante y desafiante. “Quiero hacer memes” es una evocación a ese poder, a intentar emularlo, como si los memes pudiesen ser refinados y perfeccionados en un laboratorio. Pero hay cosas de la cultura humana que son incontrolables, sencillamente suceden, y muchas veces no pueden ser imitadas.

Porque eso es lo que los memes son. Literalmente eso: cultura. Cultura humana en su máximo estadio. La misma expresión “meme” fue una creación del biólogo Richard Dawkins en 1975, que intentaba acuñar un concepto análogo al del ADN pero para ser utilizado en los estudios sobre cultura social. Su pequeña palabra dió vuelta en libros y papers durante décadas hasta que a alguien se le ocurrió utilizarla para denominar a las imágenes y gifs virales que se viralizaban en las etapas primigenias de internet.

Hoy alguien dice “meme” y mil imágenes y videos son evocados en la mente, y nadie se acuerda del pobre Dawkins. Hasta en la historia de su mismísimo nombre los memes son pura energía caótica e incontrolable.

En varios años de trabajo en comunicación política, son contadas las veces en las que pude ver que el deseo de “crear un meme” da como resultado un meme de verdad. La mayor parte de las oportunidades se crean solo pequeños insumos que funcionan entre la militancia y los seguidores más fidelizados. Mensajes para el público propio y no mucho más que eso.

Los memes de verdad, en cambio, aparecen para la política a partir de las cosas más insólitas y dañinas. Dañinas para la política, por supuesto.

 

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Mi bebito fiu fiu

El expresidente peruano Manuel Vizcarra se levanta un día y recibe un mensaje de su amante en WhatsApp. “Eres mi rey, mi bebito” le escribe Zully Pinchi, entonces candidata al Congreso. “Fiu fiu” le responde luego Vizcarra al recibir una foto de Zully. Todas conversaciones que salieron a la luz a partir de una de las causas judiciales que acosan al expresidente. En Perú, hacer circular a los mandatarios por los tribunales es prácticamente una tradición nacional.

Todo podría haber quedado ahí. Como una captura de pantalla polemizante. Una tendencia de Twitter con uno o dos días de vida. Un pequeño incidente en la conversación pública destinado al olvido como muchos otros. Pero no, TikTok tomó la conversación indecente de Manuel Vizcarra y la transformó en un auténtico himno viralizado en todo el mundo de habla hispana y mucho más.

Tito Silva, un productor musical de Lima, fue el responsable de crear el monstruo. Usando las expresiones de la conversación original y algunos arreglos instrumentales Tito creó un audio de TikTok que casi al instante llegó a las tendencias de la plataforma.

Ryan Milner es profesor en el departamento de comunicaciones del College of Charleston en Carolina del Sur. Escribió “The World Made Meme”, posiblemente el ensayo sobre cultura memetica más completo y profundo del mundo. En el, Ryan dice que un meme funciona bajo cinco lógicas fundamentales: la multimodalidad, la reapropiación, la resonancia, el colectivismo y la viralidad. Cinco puertas de un mismo dique que a medida que se abren generan lo que nosotros conocemos como un “meme exitoso”.

Ryan es extremadamente decisivo con respecto a que es lo que pasa cuando un meme se vuelve viral: sus creadores pierden por completo el control del mismo. No hay derechos de autor ni de imagen que valgan. No hay forma posible de controlar el proceso. El meme se transforma en una especie de receta, un virus que solo sabe multiplicarse a sí mismo y que empieza a atravesar todas las fronteras. Empiezan a aparecer otras variantes, nuevos formatos, reversiones del contenido original que lo superan y trascienden. Caos puro e incontrolable.

Luego de varias semanas de viralidad, al audio original que parodiaba las conversaciones de Vizcarra le aparecieron versiones en slow y en death-metal. La gente en TikTok empezó a utilizarlo para presumir a sus parejas, presentar en sociedad a sus mascotas o mostrar sus mejores recetas de cocina. La música original de Tito Silva empezó a sonar en fiestas y boliches. La infidelidad de un expresidente peruano transformada en movimiento cultural.

A la política le gustaría que los memes sean una herramienta más fácil de usar, que fuesen como los spots de la tele o los afiches callejeros. Instrumentos simples y efectivos. En vez de eso, tienen que lidiar con el aspecto más caótico e incontrolable del fenómeno que Dawkins vio venir décadas antes de que internet fuese masivo. Transformarse en meme, para cualquier político, puede ser la puerta de entrada a una crisis incontrolable.

Pero este es quizás el aspecto más inentendible de los memes para la política: en el fondo, los memes son profundamente democráticos. No hay nada más democratico que la cultura pura y genuina, que el graffiti pintado en la pared que busca denunciar alguna verdad. 

En su afán de mantener un control excesivo sobre su propia reputación, la política se pierde de aprovechar lo mejor de la cultura memética. Llega tarde a todo, incluso a las tendencias que podrían ser de utilidad para cualquier figura o gestión que genuinamente quiere visibilizar sus acciones.

El audio de bebito fiu fiu ya pasó su mayor momento de viralidad hace varios días. Y hoy, si lo buscas en TikTok, muchos de sus últimos videos son de políticos y gobiernos que lo utilizan para mostrar algún programa u obra pública. Cuando la política empieza a replicar alguna tendencia viral, es porque esta tendencia seguramente está en su ocaso.

Así el círculo se completa, y la política llega tarde incluso a las fiestas en las que se ríen de ella.

 

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