Opinión
POR QUÉ ES IMPORTANTE EL APORTE SOLIDARIO EXTRAORDINARIO PARA LA ARGENTINA DEL FUTURO
Por Cristina Alvarez Rodríguez, Diputada Nacional – Frente de Todos
Fotografía por Irina Dambrauskas
27/09/2020
Atravesamos una pandemia que puso en jaque al mundo entero. Sin embargo, con el esfuerzo que hacemos entre todas y todos, empieza a asomar la Argentina del futuro. Nos vamos a poner de pie estimulando la producción, cuidando el trabajo y con las prioridades claras. En estos días, en el Congreso trabajamos el proyecto de Aporte Solidario Extraordinario y el Presupuesto 2021, ambos pasos de un camino firme y sostenible hacia un país más justo e igualitario.
Cuando iniciamos la nueva gestión, a fines de 2019, nos hicimos cargo de una Argentina que enfrentaba deudas impagables, tenía una de cada dos máquinas de la industria apagadas, más de 25 mil Pymes con las persianas bajas, científicas y científicos maltratados, y un sistema de salud desmantelado.
La nueva gestión llegó con prioridades claras, que se reflejan en el Presupuesto 2021. La reestructuración de la deuda permite que todo aquello que no tenemos que pagar ahora de intereses se convierta en políticas públicas. Respecto del PBI, se va a invertir el doble que antes en infraestructura (para reactivar la economía); más en educación y conectividad (para achicar la brecha digital); se multiplica por dos la inversión en innovación (clave para desarrollarnos como país) y, sobre todo, se duplica la inversión en salud.
Y es que en marzo irrumpió en la vida de todos, todas y todes una pandemia que no estaba en los cálculos. Recuerdo aquellos días de incertidumbre, cuando estábamos a punto de entrar en el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio y en los canales de televisión, diarios y portales no se hablaba de otra cosa.
Por entonces circulaban muchas más preguntas que respuestas y nadie tenía certezas para ofrecer. Fueron los Estados los que, rápidamente, comenzaron a dar respuestas ante la inédita situación que empezaba a causar miles de muertes y a proyectar la peor recesión desde la Segunda Guerra, según el Banco Mundial. En pocos días quedó más en claro que nunca la importancia de un sistema de salud robusto y lo irremplazable de un Estado presente.
Argentina, en particular, tenía que reforzar con urgencia el área de salud, que había sido tan maltratada por la gestión anterior que ni siquiera era un Ministerio. Se sumaron miles de camas, se desarrollaron kits de testeo, se iniciaron pruebas para fabricar la vacuna.
Pero además, el Gobierno orientó sus esfuerzos y recursos a diseñar políticas públicas para evitar que la pandemia profundizara las inequidades preexistentes: las económicas, las sociales, las de género. Porque, sabemos, las crisis siempre golpean más a quienes cuentan con menos herramientas, es la violencia de la desigualdad.
Para proteger el trabajo y la producción se lanzaron el ATP, los créditos a tasa cero para monotributistas y autónomos, las líneas de financiamiento para Pymes y las prórrogas de moratorias. Para cuidar a las familias se suspendió el corte de servicios por falta de pago, se congeló el precio de alquileres, se detuvieron los desalojos, se prorrogó la doble indemnización para despidos, se lanzó el IFE, se diseñaron políticas de precios y se avanzó con el Plan Argentina contra el Hambre.
Ya en junio, un artículo de la revista estadounidense Time destacaba a la Argentina en la lista de países que mejor respondieron ante la pandemia y subrayaba lo “sorpresivo” del caso, considerando la mala situación económica. El mes siguiente, ONU Mujeres celebró que Argentina implementó la mayor cantidad de políticas de género contra el coronavirus: de las 30 decisiones que analizaron, 18 eran sensibles al género (nueve eran específicas contra las violencias, cinco iban destinadas a la seguridad económica de las mujeres y diversidades y otras cinco apuntaban a la economía del cuidado).
En medio de la pandemia se logró reestructurar la deuda pública con los sectores privados, lo que le da al país un horizonte para poder levantarse y volver a crecer. Pero no es el país el único que tiene deudas: las provincias y las familias, también. Durante el gobierno anterior se propició el endeudamiento masivo de sectores vulnerables, como jubiladas y jubilados, pensionados y pensionadas. Hay un dato insoportable: el 84,6% de los titulares de AUH tienen uno o más préstamos con la ANSES.
Es nuestra responsabilidad alivianar el peso en los hombros de argentinos y argentinas, y por eso en la Cámara de Diputados aprobamos la Ley de Defensa de los activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES, un proyecto que busca cuidar los ahorros para que el sistema previsional siga siendo sustentable, refinanciar las deudas de las familias, ayudar financieramente a las provincias e invertir productivamente en el país.
Porque lo que queremos es una Argentina que crezca. Queremos que las máquinas se vuelvan a encender y mantener las persianas arriba. En un mundo en el que, por la pandemia, la OIT calcula una pérdida de horas de trabajo equivalente a 495 millones de empleos, nuestra prioridad es cuidar el trabajo.
Es enorme el esfuerzo que argentinos y argentinas estamos haciendo, cada cual desde su lugar. Paradójicamente, quienes tuvieron que ponerse en la primera línea de batalla fueron algunos de los que peores condiciones laborales tienen: trabajadores y trabajadoras de la salud y de la educación (dos áreas feminizadas), transporte, seguridad, limpieza, mujeres a cargo de las tareas de cuidados no remuneradas en los hogares.
En tiempo de pandemia, muchos argentinos y argentinas perdieron oportunidades laborales, se les frustraron proyectos, viajes, planes, encuentros, negocios.
En este contexto, desde el Frente de Todos proponemos un esfuerzo de parte de aquellos a quienes menos les cuesta hacerlo. La evaluación es numérica, objetiva: nos referimos a quienes más riqueza han acumulado. El proyecto de Aporte Solidario Extraordinario abarcaría a 9300 personas (en un país de más de 40 millones de habitantes) que tienen más de 200 millones de pesos. Hablamos de la punta de la pirámide de la sociedad.
Es una medida por única vez, en un contexto excepcional. A quienes se les pide este esfuerzo no han perdido su fuente laboral, no han vivido hacinados durante el aislamiento, no han perdido la perspectiva sobre la economía familiar por la pandemia. Tampoco se pusieron cara a cara frente al virus en los hospitales ni condujeron el transporte para trabajadores esenciales. Lo que proponemos es que un pequeño grupo de argentinos y argentinas, millonarios, haga su esfuerzo en términos económicos.
El dinero del aporte se va a usar para fines específicos: urbanizar barrios populares con obras que empleen a vecinas y vecinos, otorgar becas PROGRESAR para que sean muchos y muchas los que puedan estudiar, producir y envasar gas para llevarlo a los lugares de la patria que todavía no tienen, y a comprar más equipamiento en salud para atender la pandemia. Lo prometimos y lo estamos cumpliendo: empezamos por los últimos para llegar a todos, todas y todes.
La medida no busca (como he leído y oído decir) asustar, desestimular ni estigmatizar. No es en contra de nadie. Es a favor del país que soñamos, ese en el que no solo es más igualitaria la distribución de la riqueza sino que, también, es más equitativo el esfuerzo.
Con este aporte excepcional de un dos por ciento de la riqueza, ninguna millonaria ni millonario van a dejar de serlo, sus vidas no van a sufrir transformaciones profundas. Sin embargo, hay vidas que sí van a cambiar para siempre. Con ese dinero vamos a poder construir oportunidades.
Pensar en una cama más de hospital, un hogar al que le llegue gas, un joven que retoma los estudios o un barrio que se integra a la ciudad, alcanza para confirmar que recorremos el camino que prometimos hacia una Argentina con más justicia social.
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