URBE
ESTÁ PENDIENTE QUE EL GOBIERNO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES RECUPERE LA AGENDA DEL CUIDADO
Por Paloma Dulbecco y Micaela Gentile
08/11/2020
Carolina Brandariz está al frente de la Dirección de Cuidados Integrales y Políticas Comunitarias del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Es docente de nivel primario y por su militancia sindical y feminista la eligieron como Secretaria de Género e Igualdad de Oportunidades en la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE). También es socióloga por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y compiladora del libro No es amor. Aportes al debate sobre la economía del cuidado, editado por Indómita luz y publicado en 2019.
Esta semana se reunió por primera vez la comisión redactora del anteproyecto de ley para construir un sistema integral de cuidados, continuando algunos de los debates iniciados en la Mesa Interministerial de Políticas de Cuidados, plataforma que convoca a más de una decena de organismos del Poder Ejecutivo de la Nación ocupados en la temática.
En una charla con URBE, Carolina nos cuenta cuáles son los ejes de trabajo de la Dirección y por qué decimos que los cuidados son una necesidad, un derecho y un trabajo.
Desde hace un tiempo comenzó a instalarse profundamente el debate sobre las políticas de cuidado. Ahora bien ¿Qué son las políticas de cuidado?
Las políticas de cuidado tienen que ver con aquellas políticas tendientes a generar procesos de valorización, ya sea social o salarial, de los trabajos vinculados al cuidado. Por ejemplo, promover la construcción de espacios de cuidado para que ninguna mujer tenga que estar preguntándose si cuida o trabaja, porque muchas veces no se puede incorporar a esquemas de trabajo producto de no poder prescindir del cuidado que realiza. O también actualizar el marco normativo para que, por ejemplo, la Ley de Contrato de Trabajo en nuestro país no formalice que las mujeres tienen licencias maternales de noventa días y los varones tienen una licencia parental de dos días, sino que podamos pensar un cuerpo de licencias que sea más igualitario en varios sentidos: que no sea el acompañamiento al dar a luz, sino que la crianza de los integrantes de una familia sea una responsabilidad del conjunto; que pueda contemplar a ser parejas de lesbianas, parejas de gays, que no necesariamente se presuponga a una pareja heterosexual. Las políticas de cuidado permiten, además, promover a las mujeres en el mundo del trabajo, en los cargos de jerarquía, en los cargos de representación política y sindical. Y permiten, también, garantizar un nuevo derecho que se erige en el mundo como lo es el derecho al cuidado y que, aquellos Estados que se reconocen de bienestar ya tienen que comenzar a garantizarlo, junto con la educación, la salud y la seguridad social.
Actualmente te desempeñas como Directora de Cuidados Integrales y Políticas Comunitarias del Ministerio de Desarrollo Social, ¿cuál es la relevancia de contar con una Dirección de este tipo? ¿Cuáles son sus objetivos y qué perspectiva aporta en la Mesa Interministerial de Políticas de Cuidados?
En estos últimos años de mucha movilización feminista, se han construido nuevos espacios en el Estado que justamente pretenden dar respuestas a esas demandas que se construyeron performativamente en las calles. El ejemplo más claro es el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación y otro ejemplo más chiquito, pero sin duda importante, es la Dirección de Cuidados Integrales y Políticas Comunitarias que, en el marco del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, pretende dar respuesta a las cuestiones vinculadas al cuidado.
Desde la Dirección nos proponemos generar procesos de valorización social y económica de los trabajos vinculados al cuidado. Nos referimos a la valorización económica porque reconocemos al cuidado como un trabajo, queremos que se lo visualice como tal y que, producto de ese trabajo, pueda tener una compensación en salario. A su vez, nos referimos con valorización social al hecho de construir un mundo de sentidos en el cual podamos concebir al cuidado como un trabajo; donde, por ejemplo, las universidades nacionales también puedan abrazar esos saberes, y puedan recuperarlos y certificarlos para ayudar a construir el prestigio social necesario para que justamente esas trayectorias individuales y colectivas encargadas de los cuidados puedan también prosperar económicamente. Ambas valorizaciones nos parecen muy importantes.
Participamos con nuestra particularidad en la Mesa Interministerial de Políticas de Cuidados que gestó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación que es poder trabajar en función de aquel universo de mujeres que representa el nudo más crítico de nuestro país. Aquellas que no pueden acceder a trabajos de carácter formal producto de que no pueden prescindir de cuidar, porque no tienen el nivel socio-económico suficiente para contratar servicios de cuidado y porque no existen ofertas suficientes de espacios de cuidado por parte del Estado. Ese universo tiene los rostros de aquellas compañeras que expresan las cifras de desempleo, subocupación, informalidad, pobreza. Desde la Dirección trabajamos fundamentalmente en poder generar procesos de valorización para que el trabajo que desempeñan en materia de cuidados pueda ser valorizado y esas mujeres trabajadoras puedan subir pisos en garantía de derechos y protección social.
¿Cómo se vincula el sector de los cuidados con la distribución de ingresos y la desigualdad de género? ¿Y con el crecimiento de la economía y el desarrollo socio-económico?
El hecho de que por mandato cultural las mujeres nos hagamos mayoritariamente responsables de las tareas del cuidado nos deja en una situación desigual a la hora de transitar por el mundo del trabajo. Son los cuidados los que explican las brechas de género, particularmente la brecha salarial que en nuestro país significa que las mujeres ganamos un 28% menos que cualquier varón. Mientras que, cuando hablamos de trabajos informales, que no tienen garantías de derechos laborales ni protección social, esa brecha se amplía y llega a representar un 38% menos. Con lo cual, los cuidados explican el nudo de la desigualdad en términos de distribución del ingreso. Explican la existencia de trabajos que están feminizados y son una extensión de las tareas del cuidado que realizamos en casa, como la enfermería, la docencia, el trabajo en casas particulares. También los cuidados explican la existencia de los techos de cristal, que implican que muchas veces no podamos acceder a cargos de mayor jerarquía o a cargos de representación política y sindical.
Sin dudas, el cuidado explica esa distribución regresiva y desigual del ingreso que perjudica fundamentalmente a las mujeres e identidades feminizadas. Si pudiéramos generar procesos de valorización de este trabajo, podríamos observar el componente económico de este planteo y aportar a la producción de riqueza nacional. Hace muy poquito, un estudio de la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía de la Nación calculó que, si pudiésemos valorizar ese trabajo vinculado al cuidado que desarrollamos las mujeres, éste tendría un componente dentro de la riqueza nacional de un 16%, por arriba del correspondiente al sector de la industria en nuestro país. Con la valorización del cuidado podríamos no sólo abonar a una mayor riqueza nacional, sino también mejorar las condiciones de vida de millones de mujeres de nuestro país.
En esta coyuntura de aislamiento y/o distanciamiento social, de protocolos de higiene y de limitaciones a la circulación por las medidas de carácter sanitario, ¿cómo han sido mayoritariamente las condiciones de trabajo para quienes se insertan al mercado laboral como cuidadoras? ¿Cuáles han sido las líneas de trabajo de la dirección?
La línea de trabajo de la Dirección ha sido fundamentalmente cuidar a quienes cuidan. Sabemos que muchísimas mujeres son las que han estado en las primeras líneas, en la trinchera de exposición al covid-19. Hicimos un trabajo muy fuerte hacia las trabajadoras socio-comunitarias, quienes sostuvieron comedores y merenderos a los que se les cuadriplicó la demanda producto de la falta de ingreso diario de muchas de las familias de los barrios populares debido a las medidas de aislamiento (que tuvieron que recurrir por primera vez a los comedores) y que inventaron estrategias vinculadas a la higienización de los tupper, a la distribución de la comida. A la vez, nuestra dirección trabajó en un programa, llamado “El Barrio Cuida al Barrio”, que implica un despliegue en los barrios populares justamente para poder fortalecer las medidas de aislamiento y distanciamiento social en aquellos territorios en los que al #QuedateEnCasa debía traducirse con falta de acceso al agua potable, condiciones de hacinamiento, a los modos de vida donde está vulnerado el derecho a la vivienda. Fue necesario fortalecer la presencia del Estado con la articulación y participación de las organizaciones sociales para acompañar las medidas de aislamiento social, preventivo y obligatorio.
¿Qué sucede con los cuidados y las políticas de cuidado en un territorio tan desigual en términos económicos como espaciales como lo es la Ciudad de Buenos Aires?
Está pendiente que el Gobierno de la Ciudad recupere la agenda del cuidado. La perspectiva vinculada a la agenda del cuidado está ausente en las medidas de gobierno y en la planificación urbana. Lo observamos en la falta de vacantes a nivel educativo, principalmente inicial, de la cual ni siquiera contamos con datos oficiales del Ministerio de Educación local que puedan dar cuenta de cuál es la falta a esa demanda. No se contempla la necesidad de los espacios de cuidado, que sean de cercanía o en los lugares de trabajo, que fomenten la participación de las mujeres en el mundo del trabajo y su desarrollo pleno, a la vez que se les garanticen espacios de cuidado de calidad a las niñeces que así lo requieren.
Falta una perspectiva de la agenda del cuidado en la planificación urbana de la Ciudad de Buenos Aires y vemos muy necesario que estas agendas se integren. Aquellas ciudades más modernas, las que cualquier persona imagina para vivir, tienen una planificación que contempla los espacios de cuidado, que contempla que las mujeres podamos desarrollarnos plenamente en el mundo del trabajo, que contempla que podamos transitar por la ciudad de la mejor manera durante nuestra jornada, y que responsabiliza al Estado, al ámbito privado, a las familias, del cuidado de las personas que más lo requieren.
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