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EEUU: ¿El árbitro de la democracia?

El presidente de Estados Unidos organizó una cumbre para hablar sobre democracia pero excluyendo a decenas de países del debate. ¿Qué podemos sacar en limpio de esa reunión virtual? Analizamos el tablero geopolítico.

Por Andy Flores
26/12/2021

Las dos jornadas virtuales que conformaron la denominada Cumbre para la Democracia estuvieron en las tapas de los diarios del mundo. Aunque no por la tangibilidad de los acuerdos alcanzados, sino más bien por la controversia que generó el recorte realizado a la hora de invitar a las naciones.

Hay 193 Estados en el mundo que son reconocidos como miembros de las Naciones Unidas. Parámetro que suele tomarse como paraguas ante cualquier convocatoria internacional. Pero no fue este el caso de la Cumbre para la Democracia organizada por la administración de Joe Biden. La convocatoria se vió reducida a solo 110 delegaciones. Entre ellas la de Taiwán, que solo es reconocida por 14 Estados y considerada por China como una de sus provincias. Esto último generó fricciones adicionales entre ambas potencias.

Los invitados y los excluidos

No fueron invitados países como China, Rusia, Cuba, Guatemala, Honduras, Nicaragua o El Salvador. Tampoco fue invitada Bolivia, por ejemplo. Dejando de lado las opiniones personales que cada cual pueda tener sobre el presidente Luis Arce, nadie puede negar que ha sido elegido democráticamente. Y yendo incluso más allá en la línea argumental: ¿No sería sensato convocar a quienes no comparten enteramente una cosmovisión del mundo para alcanzar acuerdos en los puntos en común?

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, destacó en su discurso durante la cumbre, como un guiño político, la situación de la – excluida – Bolivia. “Hemos vivido un momento difícil, hablo de Bolivia. Ha padecido un golpe avalado por gran parte de la comunidad internacional y por la Organización de los Estados Americanos, y pudo recuperarse y recuperar la democracia y hoy en día tiene vigencia plena la institucionalidad allí”. Rescato eso, esa realidad de Bolivia en este día, donde la democracia nos convoca, porque tal vez Bolivia sea un buen ejemplo de la importancia de la democracia”, afirmó el mandatario argentino.

 

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Muchos medios internacionales analizaron que Biden estaba dividiendo el mundo entre “los buenos” y “los malos”. Una polarización que resulta difícil de aplicar en un mundo tan complejo como el actual.

Entre estos “buenos” a los que convocó Biden está, por ejemplo, Jair Bolsonaro. Que, si bien fue elegido en las urnas, coquetea constantemente con desconocer el resultado de las próximas elecciones, o saca los tanques a las calles para hacer un desfile cuando los jueces están por votar algo que no lo favorece.

Las propuestas de la cumbre

En un formato virtual de dos días, la metodología propuesta por Estados Unidos fue que cada presidente, primer ministro o embajador, envíe un mensaje grabado sobre el tema “democracia”, con lo amplio del término. Sumado a la lucha contra la corrupción y el autoritarismo.

Se mencionó también en la cumbre la importancia de pensar a la tecnología al servicio de la democracia. En clara referencia a los debates sobre discursos de odio y fake news que proliferan en las redes sociales. Este tema ya había sido destacado por el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, en la Asamblea General sobre Derechos Humanos. En ese aspecto hubo acuerdo sobre la necesidad de regular el mundo digital en la lucha contra el autoritarismo, la desinformación y las noticias falsas.

La propuesta más fuerte de la Casa Blanca fue el anuncio de que Biden pedirá en el Congreso una partida presupuestaria de 424 millones de dólares para apoyar a medios independientes alrededor del mundo, así como a organizaciones de derechos humanos.

Llegado este punto cabe hacerse una buena cantidad de preguntas para reflexionar sobre esta palabra que tanto ruido genera: independientes. ¿Qué definición de medios independientes tomarán como criterio? ¿Independientes de quién o de qué? Estas preguntas no significan, necesariamente, que la idea esté mal a priori, pero el concepto de “independiente” es difícil de delimitar. ¿Ese financiamiento por parte de la principal potencia mundial, los dejaría de hacer medios independientes?

Por último se abren más interrogantes sobre la idea de EEUU de “exportar democracia”. En Afganistán, solo por tomar un ejemplo de muchos posibles, la guerra que duró 20 años tuvo, entre otros objetivos, el de establecer una democracia firme en el país. Hoy gobiernan los Talibán. El fracaso fue rotundo y televisado en vivo cuando el aeropuerto de Kabul se inundaba de personas buscando escapar del horror talibán. Detrás de este concepto de exportación democrática, tan publicitado por EEUU, parece estar la idea de que la democracia es una sola y se puede implantar desde afuera con el uso de la fuerza.

Mensajes internos y externos

La organización de esta cumbre formó parte de una promesa de campaña. Es importante recordar que la sociedad estadounidense viene de un mandato de Donald Trump, donde el autoritarismo y el cuestionamiento de las elecciones estuvieron a flor de piel. Así como la proliferación de teorías conspirativas y movimientos supremacistas blancos con claros estandartes antidemocráticos.
Más allá de preguntarse “¿Y por casa cómo andamos?”, la organización de esta cumbre puede leerse como un mensaje de política nacional orientado a ese 46,91% que votó por Trump en las últimas elecciones.

En algunos casos parece más fácil establecer el parámetro democrático de un país, pero en otros quizás es más oportuno preguntarse, en lugar de si son una democracia, si son la democracia que a Estados Unidos le convendría que sean. Mecanismo que, paradójicamente, puede terminar siendo no muy democrático.

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