URBE
COSTA SALGUERO, ESTO RECIÉN EMPIEZA
Por Juan Manuel Valdés
11/10/2020
El fuerte rechazo generado por la venta de Costa Salguero y Punta Carrasco para el emplazamiento de torres puso en evidencia la existencia de una demanda social por el ambiente saludable en la pospandemia. Los puntos ciegos de la gestión PRO: venta de tierras públicas, densificación inmobiliaria y utilización express de la Legislatura han quedado expuestos en un tema que deberá volver a tratarse en el recinto tras pasar por una audiencia pública. Será tarea del arco opositor mantener la llama viva y estar a la altura de la ciudadanía que se despertó.
Buenos Aires es una de las ciudades con peores estadísticas en materia de espacios verdes de América Latina. Sus números son la mitad de los que tienen ciudades administradas con menores presupuestos, como Rosario, que la duplica. La concentración de los “runners” en el Parque 3 de Febrero será una de las postales más recordadas en esta nueva normalidad. Ante un gobierno nacional que repite el lema “quedate en casa” la afición atlética de estos porteños fue atacado por individualista, cuando en realidad manifestaba la falta de espacios públicos en nuestro tejido urbano. No sobran runners, faltan plazas.
Frente a este panorama, las políticas adoptadas por el gobierno local ha sido la venta sistemática de tierras hacia el real state. Para dar un ejemplo, junto a Costa Salguero se votaron 4 convenios urbanísticos de la Ciudad de Buenos Aires con desarrolladores urbanos para modificar los permisos de edificación y garantizar torres en tierras antes vendidas por el fisco. El caso más alevoso es el de la Sastrería Militar, predio frente al campo argentino de Polo vendido por el Estado Nacional durante el gobierno de Macri. Al ser vendida solo podían edificarse 21 metros de altura, pero gracias a esta nueva norma serán 96, en una zona donde el metro cuadrado supera los 4000 dólares en valor de mercado. Este tipo de trueques serán moneda corriente en nuestra Ciudad a menos que la sociedad los detenga.
El episodio Costa Salguero concitó atenciones adicionales por tocar la fibra íntima de nuestra conflictiva relación con el río, donde hace décadas las distintas barreras interpuestas por distintas administraciones han hecho de su acceso un privilegio inaccesible. Si bien la Constitución porteña establece que “Los espacios que forman parte del contorno ribereño de la Ciudad son públicos y de libre acceso y circulación.” Quienes impulsan el éxodo argentino hacia el Uruguay podrían ver más allá de sus necesidades fiscales y contemplar el bello Parque Rodó, donde la otra orilla del Plata es aprovechada por multitudes y no por brokers del ladrillo.
Parque Rodó en Montevideo
El especialista urbano Fernando Bercovich cuenta en su newsletter trama urbana las distintas peripecias atravesadas por lxs porteñxs en relación a su río, donde hasta Le Corbusier planificó un parque en la Costanera. Sin embargo autopistas, aeropuertos y concesiones otorgadas ya en los ’80 impiden integrar el río a la vida cotidiana de la Ciudad. En una Ciudad que rediscute su Plan Urbano Ambiental y todavía carece de un código en esta materia, tal cual lo prescripto por la constitución, estas discusiones pueden ser medulares para articular una oposición que no se quede en la denuncia, sino que busque ser alternativa.
Costa Salguero es un símbolo del PRO. Todos recordamos la algarabía de los globos amarillos con los que Macri acostumbró a celebrar sus triunfos bailando sobre este predio concesionado. De nosotros y nosotras dependerá que dónde Rodríguez Larreta imagina bloques grises florezca el verde césped.
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