CULTURA

BRESH TODA LA VIDA

Cumplió 5 años la Bresh. Una fiesta que empezamos haciendo entre amigues, huérfanos de un lugar que nos represente (o divierta) para ir a bailar, y que hoy nos lleva a recorrer el país y el mundo.
Por Pablo Monti
07/07/2021

Las primeras veces que fui a bailar a una matiné fue en unas vacaciones en la Costa. Yo era más de los jueguitos o las reuniones en casas. A mis 13 años todavía me daban miedo ciertas situaciones con personas que no conocía o en lugares desconocidos. Me acuerdo como si fuera ayer, los nervios, ponerme lindo, tomar a la fuerza un alcohol que no me gustaba, decirle a la mama de un amigo que no nos lleve en auto así no pasábamos vergüenza.

Recuerdo llegar a la fila del boliche y ver que todos eran considerablemente más grandes que yo, con espaldotas; se los veía mucho más en pedo de lo que mi testeo de licor de melón podría haber llegado a generar. Me sentía observado y objetivamente la gente se reía al detectar lo obvio: era un pichón entrando por primera vez a la selva. Apenas conseguimos un lugar para bailar con mis amigos (era muy difícil tener un espacio, como si fuera una competencia hacérselo), pasó un grupo de chicos y uno me cacheteó la cabeza, cuando me doy vuelta pensando que podía ser un conocido, me pregunta de forma agresiva: “qué empujas salame”. Mis disculpas fueron exageradas por el miedo. Nunca había estado ni cerca de una pelea. El pibe se fue, pero el miedo no. Estaba cagadísimo y toda la noche fue una constante relojeada para que nadie quiera matarme. Ninguna canción me distrajo ni me puso en el lugar que debía: divertirme y bailar. A la salida, un grupo de gigantes iba de grupo en grupo proponiendo una batalla épica. Antes de que lleguen a mi grupo, apurados por mi cagazo descomunal, nos volvimos a jugar al PES.
Esa fue mi primera experiencia en matiné. De ahí para adelante, miles más.

Vos que estás leyendo esto pensarás en las que te sucedieron a vos. Los maltratos de patovas, las invitaciones a peleas, los acosos, la incomodidad o vergüenza. Por esta razón, exceptuando las fiestas de egresados (que igual sufrían los mismos problemas) o el show de un dj en particular, el boliche nunca fue opción. El plan definitivo, el más divertido, era cuando alguien ponía casa. Enchufar un celu miniplug mediante y pasar música desde ahí. Era mágico. Venía alguien cuya alcoholemia pasaba los 2.5 y te gritaba, sin cuidar tu tímpano, “PONE UNO DE BRITNEY”.

En la seguridad y privacidad de la casa se desbloqueaba algo que el boliche no daba lugar. Se cantaba fuerte, en grupo, se bailaba de formas graciosas, se actuaba y sonaba música que nunca pasarían en un boliche: Backstreets, Spice Girls, Robbie, Miranda, Bandana, Luismi, etc. Este feeling, fue la puerta de entrada para lo que hoy en día es la Bresh: transformar el boliche en una fiesta de casa.

Ale (Broder) y Juane agarraban cualquier reunión hogareña y la convertían en terrible fiesta. Aunque sean pocas personas, con unos parlantes chotos o pasando desde un celu. Yo flasheaba que en las parys donde tocaba Ale la pasaba mejor que en ningún lugar por una cuestión obvia: es mi primo, tenemos gustos parecidos y me la sube lo que pone. Pero no, todo el mundo explotaba en las fiestas donde estaban ellos en las bandejas. Empezaron a invitarlos a tocar en todos lados, desde fiestas de egresados hasta cumples en casas. Nosotros ya hacíamos fiestas para juntar plata en la secundaria, y habían miles de fechas en antros organizadas por Ale y Juane donde tocaban bandas, se exponían cosas y se bailaba.

Así fue como todo derivó en que nazca, hace 5 años y casi por accidente, la Bresh. Teníamos alquilado Beatflow para una movida de las nuestras, pero se tenía que cancelar. En lugar de darla de baja se pensó en armar una fiesta. “Esta vez pongamosle un nombre”, “que cuando entres te den caramelos”, “no pasemos solo reggaeton, todos los géneros. Hitazo tras hitazo tiene que ser, de todas las épocas”, “cuchate esta: Bresh, la fiesta más linda del mundo”. Todas las ideas, se materializaron en la primera fecha de nuestra historia, promocionada en Facebook, que terminó agotada. Me acuerdo de estar a gusto por primera vez en un lugar donde aquel Pablito adolescente la pasaba pésimo. Estaba cómodo, rodeado de gente amiga, con música variada, divertida y que me gustaba en serio.

Después de tal éxito, se entendió que toda la experiencia de la adolescencia y todas las producciones en el underground, se encauzaron en un bichito hermoso recién nacido. “Hay que seguir haciéndola”. La segunda, la tercera, la cuarta. Cada vez eran mejores. Aparecían caras de personas que no conocíamos ni sabíamos cómo habían llegado. Festejamos las primeras 10 Bresh, las primeras 15, hasta que subimos de nivel. La Bresh número 16 vino con un upgrade que no hubiéramos imaginado nunca en toda la adolescencia: llegábamos por primera vez a Niceto Club. Ese lugar donde habíamos visto miles de recitales, festivales y fiestas. Fue la primera vez que pensé “upa, esto se puso serio”. Ni hablar cuando llegué a Niceto el día del debut y había una fila de una cuadra esperando para comprar la entrada.

Se había ido todo a la mierda. Se empezó a hacer todos los fines de semana. La gente había encontrado un lugar donde te recibían en la puerta con caramelos, te daban a las 4 de la mañana en medio del calor humano un heladito, te bañaban en glitter o daban tattoos. Era toda una experiencia, no solo ir a bailar. Durante la fiesta explotaban papelitos de colores mientras sonaba algún clásico emotivo tipo Angel de Robbie Williams; se bajaba el volumen para que la gente lo cante a niveles altísimos. Terminaba eso y se pudría con reggetones viejos, nuevos, cumbias, pops y alguna sorpresa en medio de la noche tipo Because de los Beatles o un tema del Flaco. Además, se la pasaba bien de una forma segura y libre. El lugar que buscamos durante tantos años en nuestra adolescencia y no encontrábamos, era la Bresh. Y claramente ese lugar lo estaban buscando todos los jóvenes.

Nunca se paró. Decidimos viajar a Córdoba, casi fallamos, volvimos a ir, la rompimos. Empezamos a hacer fiestas por todo el país. En un mismo fin de semana ocurrían Bresh simultáneas en distintas provincias. Fuimos a Uruguay, Ecuador, festivales de música, y más. 3 años de acelerar que llegaron a su punto más alto con la gira de la MEGABRESH. Fiestas para 6 mil personas en Córdoba y Rosario, y 10 mil personas en Mar del Plata y Buenos Aires. Ésta última fue en enero de 2020. Terminamos y estábamos preparadísimes para hacerlo en el mundo entero. Pero bueno, ya saben cómo sigue esto: sopa, murciélago, película apocalíptica.

Se imaginarán que las palabras “cuarentena” y “fiestas para miles de personas en un lugar” no se llevan bien. Ya éramos un equipo grande de personas trabajando en la Bresh y no sabíamos por cuánto tiempo no íbamos a poder hacer eventos ni teníamos idea de cómo seguir manejando tremendo barco sin su combustible principal: la gente bailando. Caos, preocupaciones, enojos, incertidumbre colosal, desmoronamiento, llanto, y más caos ante la nueva realidad que ponía todo en juego.

La gente encerrada hizo guitarreadas desde balcones, cumpleaños por zooms y más planes ingeniosos para olvidarse de la situación mundial. Nos pedían a gritos que de alguna forma u otra siguiéramos acompañándolos los fines de semana. Y así fue. Decidimos empezar con los vivos. Mandamos la escenografía característica a las casas de los DJS y armamos la Bresh en nuestros livings. En una época donde todo vivo tenía considerablemente más vistas que en cualquier otro momento, nuestro primer instagram live fue un éxito muchísimo más grande de lo que esperábamos. Cada finde crecía más la cantidad de personas viéndonos, llegando a un pico de 85 mil personas en simultáneo. Durante toda la transmisión pasaban más de un millón de usuarios.
La Nacion titulaba: “La fiesta online que “llenó 6” canchas de River” (https://www.lanacion.com.ar/sociedad/la-noche-instagram-una-fiesta-online-lleno-nid2356215/).

La viralización fue altísima, triplicamos nuestra cantidad de seguidores en cuestión de días. Un video mio bailando se vió por todo twitter y me comí todo el hate, el bullying y todas esas cosas que -vistas con el filtro del tiempo- nos sirvieron para crecer más. Salimos de la primera cuarentena estricta con muchísima cantidad de gente nueva que se había hecho recontra fans de la Bresh, y la mayoría nunca nos había visto en acción real. El público que antes era exclusivamente joven, ahora era de todos los rangos etarios. Nos veían familias enteras que esperaban al fin de semana para bailar juntos y pasar el encierro de la mejor forma posible. Nunca me escribieron tantas personas en mi vida. Me llegaban videos de niñes bailando en el living, de abuelas disfrutando con sus nietos, padres y madres imitando nuestros pasos. Fue muy emocionante.

Apenas se pudieron hacer eventos estuvimos ahí para seguir pisando fuerte. Como si fuera un capítulo de Black Mirror hicimos una Bresh para autos. La sensación era extraña, pero la diversión era la misma que en un Niceto explotado. Seguíamos con los vivos y de a poco comenzamos a hacer eventos en burbujas. El público efectivamente había cambiado muchísimo. Me crucé en las fiestas a madres con sus hijas que nos habían conocido por los vivos, y me contaban que salían por primera vez juntas.

Yo estaba emocionadisimo. Volvimos a recorrer el país y decidimos ir para Estados Unidos. Mientras acá volvíamos a encerrarnos, Broder y Juane conquistaban Miami, y en cuestión de semanas lograron plantar bandera. Al igual que aquel Beatflow, la fiesta explotó en el boca en boca, se convirtió en un lugar de encuentro para mucha gente que volvía a sentir lo que es una noche latina. Era loco ver que aunque sea en otra parte del mundo, la Bresh en Miami tenía la misma energía que la fiesta que estábamos haciendo en el Hipódromo, en Córdoba o en cualquier provincia. La Bresh es un concepto tan sólido que no importa a cual vayas y en donde, siempre va a ser La Bresh.

Y así llegamos a hoy. Necesitaría hacer una tesis para desarrollar por completo todo el feeling, el infinito trabajo de muchísimas personas que aman lo que hacen, lo que se vive adentro de una Bresh, la familia que se armó dentro y fuera del equipo. Hoy Broder está en Madrid y estamos a punto de anunciar nuestra primera Bresh en Europa. Empezamos haciendo una fiesta que desde el día uno sabemos que es La Más Linda Del Mundo. Tocar en todo el país, en Estados Unidos, en España y hacerle conocer la Bresh a todo el planeta, es una idea que tenemos entre ceja y ceja desde el primer día. Se está materializando lo que siempre imaginamos. La convicción fue un motor que nunca se quedó sin nafta. Nos tropezamos y nos levantamos más fuertes, nos reinventamos, nos conocimos, nos hicimos amistades por todos lados, festejamos hasta en las tristezas, y ante todo, nos divertimos. Bailar es un idioma que tenemos en común en todo el mundo. La pasión y genuinidad con la que un grupo de amigues quiso armar un espacio para pasarla bien, se ve traducida en las personas que vienen a la Bresh. Cantan con pasión, bailan con genuinidad, y la pasan bien. Algo que no es tan fácil como parece.

Te amo Bresh, para toda la vida.

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