Música
Cantar (del otro lado)
Por Lula Fenomenoide
22 de agosto de 2023
Hola, lector, lectriz, lectorx. ¿Cómo estás?
Yo desconcertada y agotada.
Y con algunas dificultades para ser El Viejo Que Le Grita A La Nube de internet y habla de música que no está en inglés para compartir con gente cuyo rostro no conoce las maravillas de un mundo que los algoritmos nos obturan. Le quiero gritar a cosas más concretas y cercanas con un peso más inmediato en nuestras vidas. Pero mientras todo eso ocurre sigo buscando más allá de la interferencia, de sacar la cabeza del frasco de la oferta musical inmediata, de pedirle al internet música cuya letra y orígenes no estén en el inglés.
Esta es la tercera y última parte de una serie de notas sobre el instrumento musical más fabuloso y misterioso de todos, el único que tenemos dentro del cuerpo, el que nos obsesiona a través de todas las culturas: la voz. En las dos anteriores exploré los extremos del registro vocal; primero hacia arriba y después hacia abajo. Desde el cielo hasta el inframundo. El título de esta última entrega es –además de un homenajito a Árbol– otra maravilla de la voz. Consideremos lo siguiente: estamos hablando de un sonido producido por el cuerpo humano, un fenómeno puramente físico y anatómico (ciertas estructuras del cuerpo forman el aparato fonador, que funciona a partir de la vibración de unas membranas llamadas cuerdas vocales), al que revestimos de significación cultural. Y una de las significaciones culturales más elementales que se le atribuyen es la de poder establecer comunicación, además de entre nosotrxs lxs humanxs, entre nosotrxs y la divinidad, lo sagrado, lo que está más allá del plano puramente físico.
Son muchísimas las religiones o filosofías de la espiritualidad que ubican a la voz en un lugar especial. Podemos empezar por visitar tres: las religiones abrahámicas. Quizás algunxs de ustedes hayan experimentado la música católica de primera mano a través de la educación; yo, laica y de Villa Crespo, me sorprendí muchísimo la primera vez que vi gente de mi edad corear onda canción de cancha DiooOOOOoooSSss EstÁaaaaaaaA aQUÍIííííí. Igual, de lo que no pude zafar fue de otras manifestaciones musicales de la liturgia cristiana: prácticamente cualquier exposición a la música clásica es exposición a la música religiosa.
Si vamos más atrás en la historia, también es así:
Y si vamos todavía más atrás en esta tradición, la música y la religión también están juntas. Cambiamos de espacio y de tiempo: en el siglo VI después de Cristo nacen en La Meca el profeta Muhammad y uno de sus compañeros más cercanos, que también es una figura clave en el islam, sobre todo para pensar la lealtad y la confianza: Bilal ibn Rabah, el primer muecín de la historia. Los muecines son los encargados de llamar a la oración –las cinco veces al día que hay que hacerla- mediante el canto. Según la tradición musulmana, Bilal ibn Rabah tenía una voz tan hermosa que fue elegido personalmente por el profeta para esta tarea.
Y si vamos lo más atrás que la genealogía abrahámica nos permite vemos que en la más antigua de sus religiones, el judaísmo, existe la tradición del bar (para los chicos) y bat (para las chicas) mitzvá. Por fuera de la religión se suele decir que es “el paso a la adultez”; en una aproximación más detenida podemos decir que significa la pertenencia voluntaria a la religión por parte de una persona lo suficientemente mayor como para hacerse responsable de sus actos y participar activamente de su comunidad.¹
… o bien al sonido que representa: om.
Om es –este concepto me vuelve loca- la sílaba fundamental. Es la vibración primordial, el primer sonido, la primera manifestación física de la creación. Desde las perspectivas que acabamos de revisar esto no es novedoso: para el cristianismo y el judaísmo, Dios crea los cielos y la tierra, pero las cosas realmente empiezan a existir mediante la enunciación de Dios (“haya luz”); en el Corán, Alá llama a los elementos fundamentales (dice al humo del cielo y la tierra “¡venid, queráis o no!”). El sonido es existencia.
Om es un mantra y el principio de muchos mantras, sonidos con poderes espirituales² en las tradiciones orientales.
En la tradición del hinduismo shivaísta, om namah shivaya:
… y en la tradición budista tibetana, om mani padme hum:
(Este lo pasan siempre en el chino por peso que queda cerca de casa. Me gustó y le pregunté qué era a Sofía, la mujer que atiende, y me contó que lo pasaba para ahuyentar la enfermedad del local. Cào nǐ mā, bromatología.)
Si bien estos son musicales, otros cantos de mantras son monocordes, como pasa con nam myoho renge kyo (también llamado daimoku):
… o con el hannya haramita, el Sutra del Corazón, piedra angular de los budismos mayahana:
(Los sutras son discursos de Buda o de sus discípulos, considerados canónicos en estas filosofías.)
Antes de irnos del lejano Oriente, mención especial para el krishnacore, punk + hare krishna con representación nacional en grupos como Bhakti, que me hace pensar que si bien ellos cantan uno religioso, definitivamente el punk tiene sus propios mantras:
Ahora sí: terminamos de pegar la vuelta y llegamos al canto mapuche. Entre lo que leí al respecto vi que para este pueblo no hay tal cosa como un canto o una música que NO sea religiosa. Si me apurás, creo que un poco estoy de acuerdo (con algunas observaciones puntuales, claro). Acá en Argentina tenemos a Anahí Mariluan, cantante de origen mapuche:
(Además: sacó en 2021 el discazo Futrakecheyem zomo/Ancestras.)
En consonancia con esta concepción de lo musical como divino en las letras aparecen los motivos de la religiosidad mapuche: el culto a los antepasados, a la naturaleza, y la importancia fundamental de la escucha de todo lo que tenemos alrededor. Todo canta: la existencia es sonido.
En estos días está resultando particularmente difícil la escucha: la distinción entre qué es ruido y qué es sonido armónico, qué escuchar profundamente, cómo escuchar lo que unx mismx está diciendo. La voz es, como demuestra esta rápida vuelta al mundo, el primer instrumento –musical y de comunicación- y el más místico. No por nada hablamos con nuestros dioses, con los espíritus, con el universo, cantando. Esta investigación y el recorrido que propone no son formas de fingir demencia (expresión que detesto, pero que viene al caso): son formas de pensar en la cordura desde otros lugares cuando lo que sucede en este tiempo parece una locura. Son formas de pensar en nuestras voces como algo poderoso que debe ser cuidado. En estos meses, a partir de la semana pasada, estamos usando nuestras voces de formas inéditas en la historia y conviene afinar el oído a ver si podemos hacernos una idea de qué va la imagen, cuál es el paisaje sonoro de nuestro presente.
Quizás me puse muy mística. Vuelvo al mundanal ruido en la próxima entrega.
Hasta entonces.
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