Opinión

Entre el trabajo de la unidad y gobernar

Por Federico Mochi
02/08/2020

Argentina no es un barco fácil de timonear, lo sabe el presidente. A pesar de que Alberto Fernández se sostiene como uno de los mandatarios latinoamericanos con mayor imagen positiva, enfrenta un escenario con crecientes dificultades.

El peronismo siempre estuvo integrado por heterogeneidades y corrientes políticas diversas (y en algunos casos adversas). La crisis social económica y política inaugurada con el macrismo puso sobre la mesa una prioridad del orden político interno: la unidad. En este sentido la figura de Alberto Fernández ha sido garantía de la misma, justamente por ser capaz de vincularse con diferentes sectores, y al mismo tiempo tender puentes con la oposición, con los gobernadores provinciales y de mostrar un discurso más moderado, algo que gran parte de la sociedad reclamaba.

Dentro de la coalición de gobierno, el capital político mayoritario no le corresponde al presidente, sino a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien en una maniobra de suma audacia configuró la posibilidad de la victoria en las elecciones presidenciales. Un gesto que también gravita a la hora de agitar las aguas. Entre ella y la otra figura de peso, Sergio Massa, queda una avenida de construcción que puede ser tan potente como difícil de ocupar, lo importante es conservar el grado de cohesión.

Además de la intrincada apuesta de unidad, la prioridad en agenda es sin duda la situación del país. Hay dos nudos claves a resolver. Por un lado, la problemática situación de la Deuda externa, y por otro, los efectos secundarios del aislamiento. Con respecto a lo primero, su resolución es fundamental para la reactivación de la economía. Sin una solución efectiva, el Estado no puede tomar nuevos créditos y sin ingresos de divisa extranjera por ese medio es difícil reactivar la economía. Con respecto a los resultados adversos del aislamiento y a modo de ejemplo, en el mes de mayo, las ventas de las PYMES cayeron un 50,8% comparadas con el mismo mes en el 2019, una verdadera calamidad para las pequeñas empresas y sus trabajadores.

La moderación, el diálogo, la apertura, el vínculo con diferentes sectores productivos son virtudes necesarias, pero también se requieren de otras cualidades a la hora de gobernar. La etapa histórica, el conflicto desatado por la pandemia, la herencia económica, social y financiera requieren de definiciones presidenciales. La moderación, una virtud destacable, puede ser positiva, pero la indecisión (podemos tomar como ejemplo los traspiés del caso Vicentín) a veces cumple con el mandato de ser traicionera.

Por lo pronto se anuncian medidas tácticas sobre tres ejes fundamentales: vivienda, turismo y política social. Se abre una nueva etapa del plan “Procrear” que estará complementado con un programa de acceso al suelo, el turismo se incentivará con un plan de preventa que contempla un reconocimiento de hasta el 50% para gastos de turismo interno, y se relanzará el plan “Potenciar Trabajo”, el nuevo programa nacional de inclusión socio-productiva y desarrollo local. Estas respuestas, aunque satisfactorias en el corto plazo, no parecen resolver por sí solas un plan estratégico de gobierno.

Entre los puntos inconclusos que arroja la pandemia, es fundamental la articulación tripartita del Estado con el sector empresarial y los sindicatos, para profundizar la discusión que se inició el 9 de julio: un pacto social que se refleje en el sistema productivo, laboral y en la vida de las ciudadanas y ciudadanos. La Argentina que se configura deberá darle lugar a los sectores de la economía popular, quienes ponen sobre la mesa el debate entorno a la población de la tierra y la organización del trabajo informal. Es claro, en un mundo donde el desempleo y el hacinamiento son problemáticas sociales que se profundizan, quienes quedan excluidos también generan sus propias demandas.

Un escenario como el actual requiere que el gobierno pueda elegir los conflictos y no correr detrás de la pelota mediática. Será desafío del presidente Alberto Fernández poder dar vuelta la página de la pandemia y hacer realidad el modelo de país que se anunció en marzo. Adaptando su quinto peronismo a la diversidad de los tiempos que corren y demostrar que una coalición es capaz de tener y ejecutar un plan de gobierno que sea beneficioso para todos los habitantes de la nación.