#200UBA
14/08/2021
Cuando se fundó la Universidad de Buenos Aires, la monarquía todavía existía en España y había vuelto a Francia. Al momento de nacer la Universidad, lo que hoy llamamos República Argentina no existía. Había una suerte de poderes autónomos que se consideraban herederos del viejo virreinato del Río de la Plata, las denominadas “Provincias Unidas del Río de la Plata”. Tampoco existía la educación laica y gratuita. En 1821, se fundó una de las universidades más grandes de Latinoamérica: la UBA. Hoy, en un contexto muy distinto, celebramos su bicentenario.
En 1820, con la primera batalla de Cepeda, la provincia de Buenos Aires recobró su plena autonomía. Hasta ese momento las únicas dos universidades de cercanía territorial que existían eran la Universidad de Córdoba (1613) y la de Chuquisaca (1624), cuna de la generación de mayo. Nuestra Universidad fue fundada por el gobernador Martín Rodríguez y su ministro de gobierno, Bernardino Rivadavia, por iniciativa de Antonio Saenz, primer rector de la institución y quien jugó un papel fundamental en la promoción de su fundación desde 1810.
Aquel contexto histórico explica que la UBA haya nacido como una universidad provincial y que recién en 1881, con la federalización de Buenos Aires, pasó a nacionalizarse. A diferencia de las universidades preexistentes, tuvo características muy particulares desde sus inicios.
A pesar de que su primer rector haya sido el Dr. Antonio Sáenz, y que su fundación fue en el sagrado recinto de la Iglesia de San Ignacio de la ciudad de Buenos Aires, ninguna asignatura tuvo orientación religiosa, la Universidad fue laica desde un comienzo. También cabe mencionar que, a diferencia del resto de universidades latinoamericanas, se fundó con una concepción inclusiva: no hubo en la Universidad de Buenos Aires exclusiones por razones de raza o religión ni por razones económicas. Mientras que en la Universidad de Córdoba se pidió el certificado de “limpieza de sangre”, en la universidad porteña tal requisito nunca fue exigido. Desde el punto de vista económico, se planteó su gratuidad desde sus inicios: fondos del Tesoro provincial serían destinados al financiamiento de la casa de estudios y su mantenimiento, entre otras cosas. A la gratuidad de la enseñanza se unió la contemplación de la situación de los estudiantes pobres que podían tener obstáculos para mantenerse. El factor económico tampoco debía ser un problema para el estudio de aquellos que demostraran talento y aplicación.
Manzana de las luces, primera sede de la UBA. Registro fotográfico de 1920.
Los primeros departamentos -hasta el año 1874 no serán facultades- son el de Jurisprudencia y Ciencias Médicas, tal vez el más importante pasa a ser el Departamento de Jurisprudencia (que contaría con las dos primeras Cátedras: Derecho Civil a cargo de Pedro Somellera y Derecho Natural y de Gentes, cuyo titular sería el Dr. Antonio Sáenz). En estas materias se ejerce la pluralidad ideológica. Por un lado, en Derecho Civil, se expresaba la línea “utilitarista” de Jeremy Bentham, quien fue amigo de Rivadavia que coexistía con otra perspectiva teórica e ideológica como el iusnaturalismo que promulgaba Sáenz. Es decir, dos visiones distintas del mundo se enseñaban al mismo tiempo.
Más allá de las características, profundamente disruptivas para su época, con las que nació la universidad, debemos decir que su sostén se antepuso a muchos obstáculos históricos. La carencia de fondos en los primeros años de vida, consecuencia de la guerra internacional, no frenó el funcionamiento de la Universidad. También sobrevivió a la quita de subsidios durante la época de Rosas. Tampoco fue motivo para reducir su presupuesto al mantenimiento de las fronteras que separaban el territorio bonaerense del propio de los pueblos originarios.
Hoy, a 200 años, la UBA sigue siendo un estandarte de la educación pública y de calidad. En 2021, ocupa el lugar 66° en el Ranking Mundial de Universidades, que la ubica como la mejor universidad de Iberoamérica. Los cinco Premio Nobel nacidos en el territorio nacional (Carlos Saavedra Lamas, Bernardo Houssay, Luis Federico Leloir, César Milstein y Adolfo Pérez Esquivel) salieron de esta casa de estudios. Dieciséis presidentes argentinos egresaron de la UBA, muchos más que Harvard o cualquier universidad de prestigio internacional.
Desde la Reforma Universitaria de 1918, la Universidad es autónoma, tiene libertad de cátedras y un gobierno de interclaustros democratico. Se pueden cursar aproximadamente 85 carreras de grado y 116 títulos derivados de ellas. La fundación de la Universidad de Buenos Aires es un hito fundamental en el camino a consolidar un Estado nacional fuerte y sustentable; es, de hecho, un antecedente a la conformación de la República Argentina como tal. Tras 200 años, las banderas de ser laica, gratuita e inclusiva, siguen más vigentes que nunca. Si como dijo Deodoro Roca en el manifiesto Liminar: “los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”, la fundación de la UBA nos quitó dolores, para darnos libertades.
* Todo lo aquí escrito tiene como fuente fundamental las clases y textos del querido Dr. Tulio Ortiz, docente y ex vicedecano de la Facultad de Derecho de la UBA.
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