CULTURA

RIQUELME: EL HECHO MALDITO DEL FÚTBOL BURGUÉS

Por Bautista Prusso
27/08/2022

“El fútbol también servía para entender que el destino de uno depende de muchos destinos ajenos, cruzados o caprichosos.”

– Martín Caparrós

“Amamos tener nuestra remera puesta. Para nosotros es maravilloso. Estamos orgullosos de ponernos la remera de boca, de ver a los chiquitos con esa remera.”

Juan Román Riquelme

Oriundo de Don Torcuato y nacido en año mundialista, conocida es su obsesión por el mate amargo hasta altas horas de la noche, el “torero” le habla a la cámara de Boca Predio. Son las 12 del mediodía y el entrenamiento terminó. Chicho Serna, Matías Donnet, Blas Giunta, Antonio Barhijo -entre otros- componen el hall of fame del panteón boquense que se hace cargo de la formación futbolística -y espiritual- de los juveniles xeneizes.

YPF

Hace tres años el Frente Para Recuperar la Identidad Xeneize le ponía punto final a 24 años del proceso político iniciado por el expresidente Mauricio Macri en Boca. No será menester de este artículo adentrarse en internas partidarias –por lo menos en esta ocasión- pero será útil cierto recuento histórico para llegar a entender la intrincada figura del actual vicepresidente del club como sujeto político.  Aquí, la razón de ser de esta nota: pensar y debatir cómo funciona el liderazgo y la conducción carismática de Juan Román Riquelme.

“Yo soy millonario pero soy de Boca. La verdad es que eso es una vieja leyenda, que estamos muy orgullosos de haber revertido. Cuando llegamos a Boca los de River eran ricos, lindos, olían bien, educados, inteligentes, creativos: los de Boca éramos sucios, decadentes, antiguos, olíamos mal, no teníamos futuro, solamente se nos reconocía la pasión y la incondicionalidad con nuestro equipo. Nuestro desafío era mostrarles a los chicos que no tenían por qué hacerse de River, que Boca podía representar los valores que ellos querían, la modernidad, la innovación, la estética joven.”

Las declaraciones del ex jefe porteño y presidente de la nación Mauricio Macri gozan de una honestidad brutal para hablar  tanto de esencia e identidad, como de la forma con la que se gestionó el club durante su mandato. La idea de modernidad, y la de progreso -en una apuesta por  invertir valorativamente las representaciones o imaginarios de lo Boca o lo bostero- fueron armas letales en la construcción de hegemonía “Pro”. Acompañado con éxitos deportivos sin igual en la historia del club, uno de los mayores logros que pueden leerse del mandato Macrista y de su derivación Angelicista  es  haber conformado una forma de pensar lo Boca a partir de una estética 2.0, una forma de hacer marketing  frente “al mundo” que amplió los márgenes de la tradición de club de barrio porteño.

Resulta un tanto problemático y contradictorio el “aire” del proyecto modernizador para aquellos hinchas más politizados que piensan al club como génesis, como termómetro de la situación socio-cultural del país. Es hasta irónico que la gestión haya sido reafirmada en los comicios durante tantos años teniendo en cuenta esta esencia bostera que venimos tratando, sumada al color político imperante a nivel nacional en los años “Kirchneristas”. Para quienes la linealidad les resulta amigable, el axioma político más a mano que existe es:  si Boca es el país y el país es peronista, Boca es peronista. 

“Mirá lo importante que es Boca que hizo a Macri presidente.”

Juan Román Riquelme

Lo interesante de los fenómenos sociales y políticos es que resultan ser un poco más complejos.  Y aquí rozamos un tema extensísimo pero no menos intrigante: el plebeyismo como categoría política prefigurada en los noventa y su traducción en las entrañas del pueblo xeneize. El pueblo desaparece y se ubica a la “gente” (clase media) como categoría natural: desaparición de lo culto y fe de la ignorancia. Ser de Boca deja de ser un estigma, si todos somos de Boca. Ya no hay imaginario de lo lumpen, lo arrabalero, de Boca es el empresario, el verdulero y el empleado de mesa de entradas.

Acá Martín Caparros en su ensayo “Boquita” le para el carro al sociólogo Pablo Albareces -con quien dialoga- y plantea el siguiente interrogante: “¿No se pierde ese contenido de resistencia que parecía tener el hecho de ser de Boca? ¿Ser de Boca, de algún modo, quizá sólo imaginario, no era situarse afuera, en el límite, en los márgenes?”

Pienso que ser de Boca sigue siendo – de forma simbólica, al menos- un modo de hacer en la vida cotidiana. El hecho maldito del fútbol burgués, representado en la  figura de Riquelme, sigue reproduciendo y desplegando(se) desde la escena pública mediante memes, signos, frases, como un modo de pararse y de ser frente al mundo. 

-¡Esto es Boca!, gritan mis amigos gallinas mientras se arman un viajero en una botella cortada, manifestando, a lo mejor, una deshonrosa necesidad de pertenecer a ese mundo plebeyo que les -nos- es tan ajeno.

Quizá sea ese imaginario lo único que todavía perdure. Porque en definitiva lo que vence al tiempo es la organización y la organización sin identidad no existe.

Gustave Klimt enseña que “a cada tiempo su arte y a cada arte su libertad”. A cada  época le corresponde un signo y los viajes a Japón de los 00’ incluyeron branding y merchandising para el primer mundo. A la batahola de copas y éxitos, se le incluyó -cual caballo de troya- proyectos de trasladar la Bombonera, cambio de colores irritantes en camisetas, palcos que obstruyen la vista de populares, entre otras medidas poco felices para la preservación “lo identitario y “ lo popular”.

Con rencores de antaño y en épocas en que la tesorería del club era manejada por Daniel Angelici, la relación con el 10 comienza a crisparse al seno de la caja chica del Macrismo. El motivo: renovación de contrato con dólar blue. Corría el año 2010 y el enfrentamiento ya parecía anticipar lo que sucedería unos años después.

Román está orgulloso de ser negro, villero y de no haberle chupado el culo a nadie. En el potrero o con un micrófono, reafirma constantemente su “sentimiento villero” como saben cantar los Pibes Chorros. La ecuación se resuelve con simpleza: barrio, sencillez y picardía. 

“Si a mí me vienen a marcar tres del equipo contrario, sé que tienen que haber dos de mi equipo solo (…). Ellos no juegan con 13 o 14 , juegan con 11 como nosotros.”

Juan Román Riquelme

Suele ser duro para los juiciosos periodistas marcar a Román. Se le hacía duro a sus rivales en la cancha; es de esperarse que a los gritadores seriales de frases cassete les cueste entrevistar sin temblar al 10. Los tira postas de estudio televisivo saben cómo hacer política en un club, qué es un sueldo digno, como debe jugar el 5 de boca y a qué refuerzos traer para la próxima temporada. Hay recetas que suelen ser antídotos eficaces: franqueza y frontalidad; declaraciones, campeonatos y claridad. 

Riquelme siempre está nombrado para lo bueno y para lo malo. Eso es importante. Me voy a preocupar cuando no digan nada.”

Juan Román Riquelme

Soplan vientos cruzados en el consejo de fútbol, y Román parece decidido a no dar el brazo a torcer. Él conoce más que nadie la compleja situación del mundo Boca con los medios. “Tenemos 18 meses que, bueno… van a molestar bastante. Hay que tener paciencia, no pasa nada. Las cosas van bien, tomamos las decisiones que hay que tomar con calma y mucha seguridad, estamos para eso.” En su última entrevista con Radio 10 declaró: “está clarísimo que han pasado cosas que le están dando de comer a los medios, pero está bien. Se disfruta mucho”.

Max Weber, reconocido como uno de los padres de la sociología, publicó en 1919 un texto que resulta ilustrativo y por demás seductor para quienes gozan del arte de la política. En La política como vocación sostiene que el verdadero caudillo equilibra componentes éticos que a priori parecerían contrapuestos: “(…)solo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él ofrece, solo quien frente a todo esto es capaz de responder con un ‘sin embargo’; solo un hombre constituido de esta forma tiene ‘vocación’ para la política.

El sociólogo alemán teoriza acerca del “buen político” y explica que tiene que conjugar dos características aparentemente irreconciliables: una pasión y una capacidad de cálculo y mesura. El torero encarna intuición y cálculo en su accionar, elementos indispensables para Juan Domingo Perón en Manual de Conducción Política: “(…)y para concebirlo (la conducción) hay solamente una cosa superior, que es la percepción intuitiva e inmediata y la contracción que ese fenómeno vuelve a reproducirse como fenómeno en la colectividad.”

La pasión como motivo y la mesura como método. Riquelme conoce a Boca como pocos. Nació bostero y se morirá bostero como todos nosotros. Hay algo en su figura que se representa como ruin y siniestra, que se burla de los buenos modales, que no es ejemplo del buen líder, que tira leña al fuego y que se reinventa a partir del conflicto. Quizá, lo que más disguste o incomode,  es el puente que trazó entre dos mundos, entre dos escuelas de pensar estética y filosóficamente al fútbol.

La carta que un hincha de River escribe a Román tiene, en mi opinión, la precisión justa que se necesita desde la vereda de enfrente para darle legitimidad al relato: “Para mí, Boca es lo que está mal, lo impuro, lo indigno, todo lo contrario a lo que yo quiero en esta vida futbolística. Pero vos… Con vos tuve y tengo un dilema. ¡Estás cortado por la tijera riverplatense, Román! Los lujos, la exquisitez, ser un diez excelso… Eso es de nuestra escuela. Allá reinaban la garra, los huevos, el ganar como sea, ganar clásicos colgados del travesaño. ¿Cómo podía ser que Boca tuviera al mejor jugador de los últimos 10-15 años del fútbol argentino en la Ribera? Era imposible. Ese era River. (…) Vos cambiaste el paradigma. Les mostraste un mundo perfecto. Si yo fuera ellos también te amaría”.

Siempre me generó contradicción este “dilema” del fútbol poético de Román con una mirada más pragmática o “bilardista” de concebir el fútbol.

Será menester de la historia y de los acontecimientos ubicar a la figura de Riquelme en el lugar que le corresponda. Resultará muy difícil escindir su nombre del club en el cual quedó inmortalizado para siempre. A decir de Alejandro Fantino la esencia del “ser Boca” va mucho más allá y sólo un elegido puede capturar en su propia persona parte de esa esencia de Boca.

El ex conductor de Mar de fondo argumenta que Juan Román Riquelme lo logró porque superó la idea de jugador de fútbol y de ídolo en Boca. “Trascendió todo ello para llegar a igualarse con el nombre Boca”, argumenta. Esboza que el diez se coloca como una especie de emanación de Boca. Pero al ser emanación de la energía del club deviene el propio club, trasciende al ídolo o emblema del club y actualiza la esencia del “ser Boca”.

No quisiera aburrirlos con tanta cita y metafísica Bostera. Pero, como verán, resulta un esfuerzo inútil el solo intentarlo. Pareciera no quedar más opción que ahondar en la “verdadera” razón que motivó este insolente rejunte de palabras: Hablar de Perón (risas). 

En el libro de Perón que citamos se compilan las clases dictadas en el año 1951 en la Escuela Superior, combinando practicidad y eficacia en una disciplina en que hombres y mujeres constituyen la materia prima. Las bondades mencionadas convierten al libro en una guía para cualquier dirigente, sea en el rubro que se desempeñe el arte fundamental de tratar con el pueblo.

Haciendo alusión a una vasta cantidad de “buenas prácticas para el conductor político”, Perón esboza los cimientos de la doctrina justicialista y construye una narrativa memorable para la posteridad de la política argentina.

“Siempre el que gana es el mejor.”

Juan Román Riquelme 

En Boca solo sirve ganar, remarca Román cada vez que osa dar una nota en cámara. Conoce y sabe en demasía la exigencia del mundo boca, por eso, casi tatuado en la piel lleva el deber de vencer. Perón señala que es indispensable en la conducción: “aquel conductor que no sienta el deber de vencer, difícilmente va a vencer en ninguna acción.”

Esto me recuerda a una frase que me gusta mucho de Andrés Burgo cuando habla de la ambición de Riquelme “(…)podría ser señalada como la génesis de un deportista que a su don natural le agregaría la codicia del triunfo. El cóctel deportivo que atrapa a millones: el artista en armonía con la desesperación de ganar.

El diez observa y piensa. Sabe tanto de la pelota que no necesita mirarla. Y entonces puede observar al resto. A sus compañeros y a sus rivales. Como dice Perón “Una de las cosas más importantes para el conductor es que tenga presente que quién debe conducir los acontecimientos es él. Y que no debe ser conducido jamás por los acontecimientos. Esa es una de las condiciones fundamentales del conductor. Que sea conductor, que el conduzca los acontecimientos y que no sean los acontecimientos lo que lo conduzcan a él. Primera cuestión. Y segunda, que debe saber siempre lo que quiere.” 

Ahora, lapicera en mano mediante, Román declara que se toman decisiones con mucha calma y seguridad. Que si prende la “tele” de lunes a viernes tendríamos que estar peleando la tabla del descenso, dice.

“Si estamos en la final (vs Tigre) es porque hicimos las cosas bien.”

Juan Román Riquelme

Roman apaga la tele. Dice que mira los partidos escuchando los del fuego y los palmera (esto me parece particularmente fascinante). Un topo gigio y el botón de mute del control remoto. Un caño, cumbia y seremos menos malos que los demás.

 Apagar tanto ruido no debe ser tarea fácil. Se le perdona poco el haberse ensuciado en política y, -con año eleccionario al caer- se auguran tiempos de combate mediático. Vuelve a aparecer en escena el ya mentado Fantino y esta vez, con una analogía con René Descartes (sí, leíste bien). En su extravagante “Fantacast”, el conductor comenta que Descartes pone la centralidad del hombre con la célebre locución “pienso luego existo” y corta – de cierta forma- con la centralidad eclesiástica de Dios.

Riquelme, como supo hacer Maradona, le devuelve no solo materialmente sino en forma de metáfora el Poder a la pelota. 

“Yo soy de pensar que la que manda en este club es la pelota.”

Juan Román Riquelme

Llegamos al final de este presuntuoso mareo de citas y no quiero dejar citar al negro Dolina que -en un homenaje a la humanidad, al pecado y al perdón-, nos deja un legado que merece ocupar una parte significativa en esta nota:

“Los hombres merecen ser juzgados por sus mejores obras, no por las más mediocres. Me parece un principio absolutamente digno. Nuestras vidas, las de todos, la de Riquelme, la de cualquiera, están llenas de actos diversos. Reprobables, dignos, rutinarios, lamentables, especiales, bellos, insípidos, despreciables. Si voy a recordar a alguien… ¿Qué me cuesta detenerme, sobre todo, en lo mejor que hizo?”

Será cuestión de observar atentamente los acontecimientos de la conducción Riquelmeana y su séquito. Por lo pronto, como nos tiene acostumbrados, aguardamos por algún caño o alguna gambeta más.

En palabras de Perón “hay que darse cuenta de los inconvenientes con que se tropieza en la realización de una obra de conducción, los malos ratos que hay que pasar, las amenazas, las noches y los días tristes; pero al final se llega a la solución y entonces la satisfacción compensa todos los malestares.”

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