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QUIERO QUE ESCUCHES ESTO VI: RAP EN LENGUAS ORIGINARIAS

Por Lula Fenomenoide
12 de octubre de 2022

A los veinte o veintiún años recién estaba pegando el salto cualitativo de la cosmovisión Pappo a un momento más armónico y tolerante: había aprendido a disfrutar la música electrónica, por ejemplo y a apreciar, artistas queridxs mediante, géneros musicales más tranquilos.

Pero no podía con el rap.

No lo soportaba, como Sabina.

No podía con el rap “original”, digamos, el yanqui, y menos aún con el internacional, que incluso en otras lenguas calcaba todas sus recetas de mierda y significaba otro avance más en la anglificación del mercado musical. En los géneros llamados urbanos veía (y a veces veo, todavía, según el caso) con muy malos ojos artistas diciendo cosas como “iou” de manera completamente inorgánica, y me daba algo para lo que antes teníamos una palabra o expresión en español: cringe. Me acuerdo de tener momentos de lucidez y discutir conmigo misma: no puede ser todo nefasto, un género nunca es un género sino una constelación de fórmulas y recursos, etc, y de bajarme este disco de muy buen grado y que casi todo me pareciera una cagada. Por qué, hermano, por qué dirías fuck the police cuando podés decir yuta puta.

Lo que me frustraba más era eso: no tanto la matriz sonora en sí, que te puede interpelar como puede no hacerlo, sino la adopción de moldes tal cual sin no te digo destruirlos pero por lo menos abollarlos un poco. Veía imitación, no incorporación; escuchaba importación, no aprehensión.

Hasta que leyendo sobre proyectos de promoción y estudio de las lenguas indígenas encontré esto:

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y me emocionó muchísimo. Creo que acá no lo conté pero estudio Lingüística, que es una de las orientaciones de la carrera de Letras dedicada a la investigación de cuestiones relacionadas con –te juro- el lenguaje y las lenguas (esto es: con lo que pasa dentro y fuera de nuestras cabezas con la capacidad de hablar, escribir y entender y el hecho de que lo hagamos, y lo que pasa con lo que normalmente llamamos idiomas). Cuando sos lingüista, una de las posibilidades de trabajo –de las más lindas y de las más importantes, para mí- es el estudio de lenguas indígenas, el diseño de programas de educación bilingüe, de elaboración de mapas lingüísticos y otras herramientas en pos de disponer de información suficiente y de calidad para diseñar e implementar políticas que impacten positivamente sobre estas poblaciones y que reconozcan y reivindiquen sus identidades culturales, constituidas, entre otros elementos fundamentales, por sus lenguas. Y no se trata de que las academias o el estado, de modo paternalista y condescendiente, revise un poquito como para saber qué imponer de nuevo: se trata de proponer formas de trabajo que incorporen a nuestros pueblos originarios y a sus lógicas idiosincráticas, que reconozcan lo que históricamente se negó o se dejó librado a la acción voluntaria de cada provincia o cada municipio, perpetuando una opresión invisibilizada.

Una de las características universales del rap es su metadiscurso: las canciones hablan todo el tiempo de la situación de estar rapeando, de las rimas, del flow (= la elocuencia y el ritmo, podríamos decir). Por eso me emocionó la reivindicación del pueblo mapuche de su propia lengua. Ahí fue que revisé de verdad mis posturas papponapolitanas y consideré realmente que, como había pasado con el rock, con las fórmulas del rap era posible inventar identidades nuevas pero también amplificar y vociferar identidades existentes; que como con el rock era posible caretear pero también protestar y resistir.

Si no me alcanzaba con la multitud que son Wechekeche ñi Trawün en ese tema, me lo demostraron estos pibitos, R.a.b, FdobleL y Rtt:

Adolescentes reivindicando sus identidades ancestrales, agarrando una herramienta que nació en el otro culo más central del mundo, y usándola para instarnos a quienes escuchamos a darnos cuenta de la tremenda potencia expresiva de su lengua? Vos querés que yo me tire a llorar de la emoción y no me levante hasta la semana que viene?

Podría hablar de los escenarios naturales en los que están situados los videoclips, del sincretismo de prácticas modernas globalizantes y tradicionales de cada pueblo, de los temas místicos en relación con el medio natural, pero el elemento común a todos estos temas que me queda calado más profundamente en el corazón es: no tengas vergüenza, esto es tuyo, sentite orgullosx.

Hace poco estaba en casa de mi tío, que casi todo el día tiene la tele puesta en Tierra Mía TV porque escucha muchísimo folklore. Mientras tomábamos café apareció una artista en la pantalla y me dijo “a esta la conocés? Hace música como más de ahora”. Le presté atención, ella me encantó, shazamee el tema y seguí investigando. Y la música, como hizo siempre, me siguió pintando la cara: acá tenés no una sino dos luchas, la anticolonialista y la antipatriarcal.

Ahí fue que se me ocurrió que esta parte de mi búsqueda tenía que ser el QQEE de este mes con esta efeméride de la que hoy día tenemos otra lectura y otro discurso distintos a los de no hace tantos años. Ojalá pronto podamos tener otras acciones y otras políticas más cercanas a ese discurso y no tanto a la violencia histórica ejercida sobre ellxs, que es un problema de todxs.

Hoy quiero que escuches a nuestros pueblos originarios. Por si no quedó claro lo explicito: por nuestros no quiero decir los que habitan dentro de los límites del estado argentino, porque es una ridiculez hablar de las fronteras de los estados nacionales modernos en esta discusión. Y hoy, por escuches no quiero decir solamente la música que producen -que como ya te conté en todo este rato es buenísima y eso que acá hay solo algunas fotos de uno de los recorridos que pueden hacerse- sino también sus reclamos, su historia, sus voces.

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