Tecnología
Programa RAICES: una política de Estado
Esta nota analiza la política de repatriación de científicxs, que ya cumple 20 años, con foco en sus motivaciones y sus desafíos. Además, busca conectarla con el desarrollo más amplio de la ciencia argentina.
Por Ignacio L. Bastías
11 de julio de 2023
El año es 2013. Cristina Elisabet Fernández de Kirchner se va operar de un hematoma subdural en el cráneo al día siguiente y esa parece ser la única noticia posible. Mientras, Amado Boudou, Juan Abal Medina y Lino Barañao protagonizan un acto poco memorable aunque emotivo en Casa Rosada. Se le entrega un reconocimiento a la investigadora repatriada número 1.000 del Programa Red de Argentinos/as Investigadores/as y Científicos/as en el Exterior (RAICES), Dra. María Verónica Perera. Foto de una Argentina ya golpeada por la crisis del 2008-2011 y agrietada pero todavía optimista para todo el arco político.
Sin embargo, esta es la foto de una película mucho más larga. El origen de una de las políticas públicas que más orgullo patriota le trajo al kirchnerismo arranca formalmente en el año 2000, con la firma del ex Canciller y entonces Secretario de Ciencia y Técnica, Dante Caputo. Como antecedentes directos, otro punto de inicio podría ser el gobierno de Alfonsín, con su “Comisión Nacional para el Retorno de los Argentinos en el Exterior”; y podría continuar durante el primer menemismo con el “Programa Nacional para la Vinculación con Científicos y Técnicos Argentinos en el Exterior” (PROCITEX). Estirando un poco más, hasta podría contarse el “Programa de Repatriación de Científicos en el Exterior” de CONICET que instauran Bernardo Houssay y Rolando García, a partir de 1958. Con algo de optimismo, es la historia de una política de estado.
El Programa RAICES existe hace 23 años y, con algo de justicia, hace 20 años que le ofrece (con financiamiento propio o de otras instituciones) a los y las investigadores argentines en el exterior cubrir, parcial o totalmente, algunos de los gastos para su reinstalación en el país: pasaje de vuelta propio y/o de sus familiares directos, gastos de mudanza, compra de equipamiento para la investigación, envío de bibliografía, etc. Visto de lejos, las repatriaciones y el monto fijo para gastos de reinstalación (a tipo de cambio oficial y a tipo de cambio contado con liquidación) cambiaron así a lo largo del tiempo:
Pero, más allá de lo qué hace el Programa RAICES, la pregunta importante sería “¿para qué?”. Las iniciativas de repatriación de investigadores se desarrollaron, desde los años 60’, en paralelo a intensas discusiones académicas en Latinoamérica y en el mundo: el rol de la ciencia, la tecnología y la innovación en el desarrollo de los países, la dependencia científica, la fuga de cerebros, la “universalidad” del conocimiento, etc. Esta nota no pretende abordar la complejidad de esos debates, pero vale la pena para contextualizar el hábito que tenemos de pagarle (con orgullo) el regreso desde el exterior a les investigadores argentines.
Las repatriaciones argentinas desde los 60’ se enmarcan, en primer lugar, como una reparación: son investigadores e investigadoras que vuelven al país después de emigrar por motivos principalmente políticos. De no haber mediado la violencia política, sus trayectorias profesionales no se habrían visto alteradas y, por ende, no hubiese existido la necesidad de repatriación. A partir de los 90’, los motivos políticos se ven desplazados por otros económicos y profesionales: existe una valoración económica pero también simbólica mayor de su trabajo en el exterior. Se acentúa así una idea ya existente: si hay una valoración diferencial en el exterior, es porque internamente estamos valorando de forma errónea a esos investigadores.
Inicialmente, podría pensarse que el valor residía en las capacidades propias de les investigadores, imaginando que eran investigadores excepcionales. Así, los primeros programas priorizaron sistemáticamente la calidad de los investigadores por sobre su cantidad. Pero, progresivamente, se complejiza el análisis y su abordaje. Por un lado, el valor de los investigadores a veces reside no tanto en sus capacidades, sino en sus conexiones. Aún en ambientes altamente meritocráticos, existen puestos de poder, recomendaciones, contactos en sectores públicos y privados, etc.
Por otro lado, los temas, los métodos y las prácticas de investigación (“la agenda de investigación”) poseen diferencias entre distintos países no sólo por los recursos (por ejemplo, de equipamiento) sino también por el vínculo del conocimiento con otros sectores: no es lo mismo investigar tecnologías o políticas de transición energética en Alemania que en Argentina. Por ende, su valor no es intrínseco por sus características, si no que es también contextual al lugar y la forma en que trabajan.
Y en paralelo a estas discusiones, existe la vida a escala individual, las biografías: desde el principio, surgen investigadores que, con más o menos dificultades, no quieren volver a Argentina. Porque sus hijes no hablan el idioma y ya empiezan a tener amigues en su escuela, porque se encuentran asentados en su carrera profesional después de muchas dificultades, porque encontraron una forma de vida que les agrada donde están, porque su tema no tiene desarrollo en Argentina y por otra infinidad de motivos. Sin embargo, en varios casos, sienten un deber, un compromiso para con el país y, en más de un caso, para con la universidad pública que los formó. Y están dispuestos a aportar, en lo que saben, al país.
Por esos motivos, el Programa RAICES no es exclusivamente un programa de repatriación, si no uno de vinculación con la diáspora científico-tecnológica argentina. Así, el Programa se transforma en un actor más de una red que no controla, con distancias (geográficas, horarias, culturales, afectivas) significativas. Y pretende extender y fortalecer esa red en base a una pertenencia nacional varias veces difusa y un interés nacional tanto o menos claro para quienes vivimos acá. No son pocos los desafíos.
Aunque la forma más visible (y, vale decirlo, la más marketinera) del Programa son las repatriaciones, el mismo posee una variedad de otras líneas de acción que intentan construir esta vinculación con la diáspora. Las mismas emergen de un largo proceso de acumulación y experiencias previas, contradictorias y con objetivos disímiles, a lo largo de más de 50 años.
Como complemento a las repatriaciones, tanto para aquellos que desean aportar sin reinstalarse como para aquellos que lo evalúan pero aún tienen dudas, se crea el Subsidio César Milstein en 2005. El mismo financia estadías de corta duración en Argentina para actividades vinculadas a la investigación (disertante en congresos, participación como jurado en concursos, dirección de tesistas, etc.). En 2008 se establece un monto fijo de gastos de manutención mensual para estas visitas y, ajustado por inflación, el mismo se presenta en el siguiente gráfico, junto con la cantidad de beneficiaries por año.
A partir de 2010 se crean también los premios RAICES y Leloir. Los mismos se otorgan a investigadores argentines en el exterior y a investigadores extranjeros, respectivamente, por su colaboración destacada con el sistema científico-tecnológico nacional. Y, si bien se otorgan a investigadores individuales, en el agregado se pueden ver algunas tendencias de con quién colabora el sistema nacional de ciencia y tecnología.
Desde los años 80’, tanto por iniciativa propia como por apoyo del MINCYT, la Cancillería y los consultados argentinos, se crean distintas organizaciones de la diáspora científico-tecnológica argentina. Las mismas reúnen a los argentines en el exterior y funcionan como espacio de pertenencia de argentines en el exterior; como vehículo de la comunicación entre ellos, con el Programa RAICES, con otras Redes y con otros actores, difundiendo iniciativas propias y ajenas; y como espacios de creación de iniciativas propias. La distribución de les investigadores argentines en el exterior registrados por el Programa RAICES y las redes y sus períodos de creación se ven en el siguiente mapa.
Cada Red de Científicos Argentinos en el Exterior (RCAE), por tradición, historia, contexto y voluntad, fue organizando distintas formas de difundir sus iniciativas. Así, por ejemplo, la RCAA tiene su página web dentro de la del Programa RAICES; la RCAI posee una página independiente; la RCAB posee un canal de Youtube; la RCAus y la RCANZ tienen perfiles de Twitter; y la RCICAE posee un perfil de Facebook, por poner sólo algunos ejemplos.
La creación de las RCAE también permitió integrar la mirada de les argentines en el exterior a la Comisión Asesora del Programa. La misma evalúa las solicitudes de subsidio de retorno, subsidio César Milstein, elabora recomendaciones generales al Programa y funciona como espacio de encuentro y representación de distintos actores del sistema científico-tecnológico argentino (organismos descentralizados, universidades nacionales y empresas), además de la Cancillería argentina. Las instituciones instituciones y algunos de sus representantes pueden encontrarse en el siguiente gráfico.
Pero, además de hablar de las continuidades, también es importante destacar las grandes discontinuidades y dificultades que ha tenido el Programa RAICES a la hora de involucrar al sector privado en sus iniciativas. El subprograma “Volver a trabajar”, que implicaba la inserción laboral de científiques argentines en el exterior en una empresa argentina tuvo buenos resultados en los primeros años, pero decayó con el tiempo; el “RAICES Productivo” intentó funcionar como forma de vinculación de empresarios y científiques argentines, en el país y en el exterior, para promover empresas de base tecnológica (EBT) pero se encontró con múltiples dificultades; los “Fondos Semillas” para la creación de empresas corrieron una suerte similar.
Cabe destacar que estos problemas no son exclusivos del Programa RAICES: en el mundo en general pero de forma particularmente fuerte en Argentina, las culturas empresariales y académicas tienen espacios de socialización, parámetros de evaluación, signos de prestigio, preferencias estéticas, tiempos y recursos muy distintos. Entre mundos tan distintos, han sido pocas las formas de vinculación que han dado resultados positivos, aunque se puede ver una tendencia favorable en los últimos años.
El Programa puede ser, además, una forma de ejercicio de la diplomacia científica argentina, sirviendo para asesorar a los decisores políticos, como en el caso de la participación de distintas RCAEs en el nuevo Plan Nacional de Ciencia Tecnología e Innovación 2023; para facilitar la cooperación científica por medio de herramientas diplomáticas, con en el caso de la instalación del primer instituto Max Plank en América Latina; o para servir objetivos de política exterior, como la integración con otros países de la región o en el reclamo soberano por Malvinas. Nunca está de más tener argentinos (aunque es una categoría en disputa en este caso) en lugares de decisión y visibilidad.
De esta forma, el Programa RAICES funciona centralmente vinculado al nivel de la investigación científica y su impacto hacia el desarrollo tecnológico y la innovación es una deuda pendiente que posee hasta el día de hoy. En menor medida, tiene un potencial subexplotado (o subpromocionado) como forma de diplomacia científica. Aún así, y a diferencia de sus antecesores, el Programa ha sido capaz de persistir en el tiempo; y, en buena medida, ha cumplido y sigue cumpliendo su rol, designado por ley, de ser una herramienta para promover la repatriación de investigadores argentines, la vinculación con la diáspora científico tecnológica argentina y la internacionalización de la ciencia argentina.
Por fortuna, pero también por decisión política, la vinculación con la diáspora argentina parece ser una política de estado desde el regreso de la democracia en Argentina y el Programa RAICES en particular, su forma administrativa estable desde el inicio del siglo. Tiene éxitos y promesas incumplidas aún. En dos ámbitos (la política internacional y de la ciencia, tecnología e innovación) donde largo plazo se suele medir en años y no meses, al gobierno que asuma a fines de este año le tocará decidir qué continuar y qué cambiar.
Ignacio L. Bastías es Licenciado en Relaciones Internacionales (EPyG_UNSAM) y Maestrando en Diseño y Gestión de la Tecnología e Innovación (EEyN_UNSAM). Esta nota resume parte de su tesis de grado, la cual puede encontrarse de forma completa en este link.
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