La reina y el tigre
Por Mati Segreti
14/12/2021
Corre el año 657 A.C. El emperador Taizong, protector del bosque, es asesinado por un grupo de influyentes y conspiradores aristócratas. La decisión de los infames es extrema y definitiva, eliminar cualquier rastro de su nombre, darle muerte a sus vástagos.
Liu Yim, hija del emperador, es la única sobreviviente y escapa con la asistencia de dos guardias leales. Esa misma noche alguien la delata, dicen haberla visto en el sendero hacia el norte, sin embargo desaparece en las montañas.
Los soldados del nuevo régimen la buscan en las laderas del monte Shye, donde es sabido que las bestias abundan. Luego de varias jornadas no encuentran ninguna señal de vida, “la niña ha muerto”, declaran los nuevos gobernantes.
El imperio se sume en un caos, los tributos aumentan con el hambre, las matanzas son interminables, cada noche una aldea desaparece.
Pasan treinta y siete años, las arcas reales rebozan de joyas, piedras exóticas, aceites del norte, lámparas de occidente, los usurpadores fuman tabaco de Arabia. El pueblo ha sido domesticado por medio del terror.
Es de noche, una treintena de esclavos son azotados por iniciar un complot. Entre ellos se encuentran los dos guardias que ayudaron a Liu Yim y ahora son ancianos.
Sobre el camino real, la sombra de una bestia se alza en silencio. Se desplaza acertando sus pasos con seguridad. Llega al palacio. Un rugido quiebra la fiesta del emperador, es el rey de tigres, legendario byakko, cola blanca y rayas de fuego, la luz de oriente. Sobre el animal, una mujer monta como si fueran el mismo cuerpo. La bestia avanza y devora en un instante a los aristócratas, los guardias huyen.
Uno de los esclavos reconoce a la joven, se arrodilla y llora de emoción. El imperio vuelve a la calma, la justicia recupera su lugar. Liu Yim será la primera mujer en gobernar al pueblo.
El tigre regresa al monte, ya ha cumplido con su destino.
El primer decreto real de Liu Yim se firma con tinta de sumi:
“Se entrega el dominio de las montañas a las bestias leales que lo habitan”
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