Política
la reconstrucción del peronismo es con nuevos modales
Por Federico Mochi
09 de marzo de 2024
Humilde aporte ante el debate recontra interno de estos día, suscitado por notas, contra-notas, operaciones y contra-operaciones. Con el fin de repensar lo que haga falta en tiempos de mierda.
La victoria liberal abre una nueva etapa en el peronismo: nadie tiene la vaca atada. Entender eso implica aceptar críticas, contrapuntos y dejar “jugar” a quien quiera. Armar, construir y proponer no puede ser nunca un pecado. Al contrario, es lo que hace falta: cuadros políticos que pateen al arco.
La identidad kirchnerista (que no tiene registro de marca) expresa una etapa fundamental del peronismo, en especial por la capacidad de convocatoria que tuvo para quienes nos sumamos a militar con la referencia y las ideas de Néstor y Cristina, pero es preocupante que en el último tiempo se haya vuelto una vara para medir a compañeros de parte de quienes se creen dueños de nuestra identidad política. No somos traidores quienes tenemos opiniones y acciones militantes en disidencia con la conducción de la Cámpora. Hay que dejar de ver operaciones y contra-operaciones en cada aporte de un compañero: a veces la rosca nos nubla la política.
Si una columna de Tomás Rebord representa algo, lejos de hablar mal de él, habla mal de nosotros, que haciendo política dejamos de representar a alguien para hablarnos a nosotros mismos, o peor aún, para intentar parecernos de una forma poco original a Rebord. Hoy lo genuino llega, y los que están relatando a nuestra generación nos están dando una mano inmensa ante la carencia de liderazgos “orgánicos”.
Si venimos de un gobierno que fue conservador y tenemos una dirigencia que no sabe afrontar esta etapa, entonces habrá que aceptar que todo está en discusión. Es un tiempo para volver a ser audaces, para repensar todos los parámetros que teníamos hasta ahora y para rediscutir cómo se toman las decisiones en nuestro movimiento. Por eso está bien lo que hacen compañeros como Guillermo Moreno o Juan Grabois desde lugares distintos: hay que plantear nuevas ideas y nuevos ámbitos.
También es una etapa para pensar sin hablar tanto, y para producir programas de gobierno (algo que nos faltó en la última gestión). La política no puede volverse un lugar para “pegarla” o meter un tweet viral. No, el dirigente político tiene el desafío de ser algo más profundo y menos superficial: hay que terminar de definir un proyecto de país, y no nos va a entrar en 280 caracteres.
Lamentablemente, estos “debates internos” se dan en un contexto complicado donde el pueblo argentino sufre la alta inflación, el desempleo y la imposibilidad de sostenerse económicamente. Quienes no vivimos el 2001 en una edad para comprenderlo políticamente, hoy estamos atravesando el peor momento posible. Pese a eso, tenemos la tarea de formarnos, discutir e intentar conformar algo que vuelva a convencer a alguien.
Hay que armar una gran mesa del peronismo que funcione como un nuevo ámbito para discutir la política y un programa de gobierno frente al ajuste del liberalismo sobre nuestro pueblo. Es fundamental que en esa mesa se sienten dirigentes con construcción política y en relación de igualdad entre unos y otros.
Necesitamos un programa de gobierno que incluya la cuestión del modelo productivo nacional, el orden económico y todas las reformas estatales pendientes (impositiva, laboral, seguridad y justicia)
También hay que discutir una nueva moral para nuestra dirigencia, necesitamos dirigentes comprometidos con la causa nacional que sean ejemplo y no vergüenza para nuestros compañeros.
Por último, hay que pensar en un plan federal que incluya a los gobernadores peronistas que ganaron sus provincias. Hoy más que nunca hay que dejar las diferencias de lado para construir con los peronistas que gobiernan en sus distritos.
Saber cómo llegamos hasta acá, nos da más fuerzas para renovar todo lo que haga falta, sin tener que pedir permiso. Claramente no hay arriba y sí hay un desafío: es reconstruir nuestro movimiento.
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