Cultura
“La política es perseguir utopías a nivel colectivo”
Por Federico Escribal
02/08/2020
Fabián Gómez, artista cordobés, es conocido popularmente a través de su personaje “Piñón Fijo”. Versátil y dinámico, tiene una extensa discografía, ha conducido ciclos televisivos y fue reconocido con diferentes premios. Entrevistado por REVISTA URBE repasa momentos de su vida, su vínculo con el arte, los comienzos como artista profesional, sus composiciones con Pedro Aznar y la relación entre política y cultura.
Empecemos por tus inicios ¿te acordás de cómo nació en vos la vocación artística? ¿Estuvo enfocada en los niños y niñas desde un inicio?
Quizá estuvo presente desde mi casa, desde mi infancia: en Dean Funes, con hermanos mayores que se estaban acercando por una cuestión generacional al rock nacional. No me dejaban participar mucho, pero ya me picó el bichito de la música. Cuando llegué a Córdoba capital conocí “amigos estratégicos”, que con la misma edad que yo estaban muy estimulados. Escuché mucho rock de esos años… Emerson Lake and Palmer, Yes, Génesis, Gino Vanelli, Hermeto Pascoal. Stevie Wonder. Mucho rock sinfónico, internacional y algunos nacionales. Y en plena adolescencia me asomé de a poco a la guitarra y al canto, de a poco también al mimo. Cuando se juntó todo eso, ante algún cumpleaños de un sobrino, o alguna amiga que animaba cumpleaños y por algún motivo se enfermaba y ausentaba, todos los ojos apuntaban a mi. Ahí empezó a pergeñarse este personaje: un poco de mimo, un poco de payaso y música.
Contaste en algún momento de tus comienzos presentándote en la vía pública, y cómo te formó esta experiencia ¿qué recordás de esa época habiendo transitado más de tres décadas de carrera profesional?
Mis comienzos como Piñón fueron de mucho ensayo y error, de la mano de algún titiritero generoso que me abrió el espacio para que me reconozca en ese oficio. Haciendo mimo, solo. Sin pasar la gorra, inclusive. Andaba buscando más experiencias que una moneda, si bien hacía falta. En mi escala de necesidades la praxis estaba por encima de lo económico, aunque urgía bastante. Aprendí mucho del oficio, de la vida. Muchas veces uso amorosamente la metáfora de sentirme un perro callejero. El callejero tiene una sabiduría de supervivencia muy particular, sin zonas de confort. Va mutando todo el tiempo, al entorno, con el único objetivo de quedar con vida en el próximo paso. Sin hablar en nombre de los artistas callejeros suelo identificarme con eso. En esa época de callejero soñaba con tocar en el Gran Rex, o el Luna Park, sueños de adolescente, y cuando finalmente la vida me depositó ahí, lo único que me salvó fue la esencia de artista callejero.
Nuestra revista tiene la vocación de entender lo cultural en perspectiva de derechos ¿Cual es la situación de la infancia en Argentina en relación a sus derechos culturales, a partir de tu experiencia conociendo tantas comunidades y familias?
No descubro mucho diciendo que hay muchos niños con demasiadas pocas posibilidades. Es un problema que tenemos y que no depende solo de lo económico. Estamos atravesados por una etapa de transición de la humanidad que no sabemos muy bien qué y cómo enseñarle a los niños, más allá de las condiciones económicas de cada familia. El niño humilde, obviamente, está atravesado por ciertas problemáticas, pero el que tiene otras posibilidades por su familia tiene un bombardeo de sobreinformación y quizá no tenga tiempo y espacio para decodificar todo eso en el tan corto tiempo que da la infancia. Bombardeado por el mundo adulto, quizá termina teniendo una demasiado corta infancia. Los adultos creo que hacemos quemar etapas a nuestros niños: desde los medios, desde el propio estímulo de las familias. Por comodidad delegamos y no sabemos cómo tomarnos en serio el hecho de que quien va a tomar la posta es el hijo, el nieto, y necesita tener esa información medianamente ordenada, para poder procesarla y administrarla como pueda y quiera. La educación desorganizada, más allá de la buena voluntad e intentos, tiene un déficit programático, a nivel mundial me atrevo a decir. Uno ve a quienes dejaron de ser niños con respuestas ante algo tan igualitario como esta pandemia, ciertas actitudes que uno ve… que llevan a pensar que puede haber carencias emocionales y educativas muy profundas.
Hace unos días presentaron una canción junto a Pedro Aznar, en un cross-over que puede sorprender a algunos, pero que en nuestra perspectiva reúne a dos artistas con una mirada similar del mundo, con un humanismo marcado ¿cómo nació la colaboración?
Con Pedro tenemos una relación muy hermosa. Hace varios años ya. En 2011 nos conocimos casualmente, compartiendo un teatro. Me invitó a un show, que coincidía con su cumpleaños. Ante mi sorpresa -por que es una persona que admiro y admiré siempre muchísimo- me invitó a que hagamos cosas juntos. Ya vamos cuatro temas.
Hace un par de años decidiste iniciar un camino de exploración en la música no dirigida especialmente a niños. Con Otros disfraces comenzaste una nueva búsqueda ¿cómo se siente recomenzar bajo otro disfraz?
La experiencia de Otros disfraces es como un espacio alternativo, pero no tanto, por que uno toca ciertos temas que, de la forma que uno los toca, quizá no sean tan orientados a la infancia. Desde el respeto. Me pareció lindo abrir esa ventana. Después de 31 años de estar con Piñon hay una autoexigencia empresarial, laboral. El personaje tiene un costado vinculado al sustento de muchas familias -directa o indirectamente-, productores que apostaron a uno, empleados de la productora que tienen la camiseta de Piñón tatuada… hay un público más masivo que el de Otros disfraces, en el que están esperando qué payasada se le ocurre a uno para brindarles… entonces disfruto mucho de la otra cara de la moneda, del perfil bajo.
El año pasado tuviste una posición clara -que puede haber sido interpretada con mala intención desde algunos sectores- pronunciándote firmemente en relación a las desigualdades de nuestro país, en tu carta “Al presidente del 2070”. Hace poco, el presidente Alberto Fernández te contactó para agradecerte la canción que junto a Aznar le hicieron a los servidores públicos ¿Que diferencial aporta la sensibilidad artística a la política, en tu mirada?
La mirada artística colabora en humanizar un oficio golpeado como es el de la política. Vapuleado por intereses. No me gustaría ser político, creo que estallaría en mil pedazos a la semana, por las presiones. Si uno quiere hacer las cosas mal en política debe vivir con una presión superlativa; y si las quiere hacer bien, creo que esas presiones se multiplican mucho más. Y las frustraciones deben ser grandes y fuertes. Uno desde la mirada artística porta la utopía de brindar una mirada de regreso a la pureza de un mundo ideal que quizá al que atiende la política le puede llegar a servir. En definitiva creo que la política es -entre otras cosas- perseguir utopías a nivel colectivo. Y ese camino se puede ir corrompiendo; pocas veces no se corrompe. Tener una mirada infantil, ingenua, en clave humanística, puede ser una gota más que alimente ese océano de utopías. Como decía Galeano, mientras las haya, caminaremos.
La sociedad argentina eligió la palabra “grieta” para definir algunas dinámicas que se dió en los últimos años ¿Qué sentimientos te genera la confrontación constante? ¿Elegirías alguna palabra que sientas que defina mejor la realidad cotidiana de los argentinos?
Celebraría la confrontación por un tablero de ideas superadoras entre los grupos que sean. Estaría piola tener un pueblo con un nivel educativo y una gimnasia política que ejerza la democracia en las calles, en los almacenes, en la televisión y los medios. En la escuela. Defender lo político sin avergonzarse. Muchos dicen “Yo en política no me meto” desde una mirada confusa. Creo que la política es parte de nosotros, la crítica es a la ceguera partidista de querer ganarle al “otro” una discusión sin necesariamente buscar una idea superadora, quizá mejor que la de cada una de las orillas. Sería fantástico que pudiéramos tener un pueblo que debata mejores ideas, y que no se repitan eslóganes ciegamente con el objetivo de desnudar al otro, dejarlo como tonto, de una manera insultante. Se que suena utópico, pero creo que nuestra sociedad mejoraría. No creo que grieta sea lo que nos representa: soy consciente de que somos un Pueblo en el que pasan situaciones extremas y tenemos un reservorio de cosas lindas. Eso me da esperanza. Ojalá no tengamos que atravesar catástrofes o desgracias para olvidarnos de que el otro es kirchnerista, o macrista, o peronista o radical o izquierdista o de derecha. Cuando suceden cosas feas la solidaridad aflora de manera espasmódica. Ojalá nuestros nietos lo puedan ver.
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