Instrucciones para un balance de fin de año
28/12/2021
Un balance de por sí es una cosa extraña.
Son los espíritus fundados en el desencanto, operadores de la tragedia cotidiana, los que suelen hablarnos al oído para que ejecutemos en determinado momento del año, dicho procedimiento.
Este es el primer punto. No se puede vivir haciendo un balance todo el tiempo, la inmovilidad sería absoluta. Es conocido el caso de la organización “Los Evaluadores del Día Perpetuo”, que ante cualquier acción cotidiana realizaban una introspección minuciosa para ordenar el destino de su vida. El ejemplo más conocido es el del socio Gastón Indiguez Yraola, que permaneció catorce horas en un supermercado oriental evaluando si era mejor consumir queso crema o manteca. Sus interrogantes comenzaron con la evaluación del precio de los productos, sus gramajes, las propiedades calóricas, pero luego de un intenso debate interno se iniciaron las conjeturas estéticas y esotéricas de ambos alimentos. Cabe destacar que los dueños del establecimiento, extenuados por la firmeza del joven para resolver su cometido, convocaron a las fuerzas de seguridad para resolver la disputa. Esta organización tuvo prestigio entre los habitantes de Maschwitz y Colegiales, y estaba íntegramente financiada por los padres de sus miembros, que no solo aportaban económicamente al proyecto, sino que también hacían alarde de las aventuras de sus hijos. Pero no nos detengamos aquí, avancemos.
Pareciera que el mundo de los adultos se rige por varias cosas a tener en cuenta: el desprecio por las bebidas extremadamente azucaradas, salvo que estén acompañadas por notas de alcohol; el menosprecio por la demostración de felicidad que esgrimen otros; la necesidad de obtener papeles numerados, con el solo objeto de ser intercambiados por alimentos, alquileres, shampoo, pulguicidas, bermudas y sustancias que afecten al sistema nervioso central. Pero además de esto hay un elemento que acontece para reflejarnos en el espejo del tiempo y devolvernos la imagen de la decrepitud en proceso, estoy hablando sobre la pregunta que cualquier perito mercantil o estudiante de contabilidad avanzado conoce, que no es otra cosa que el arqueo de nuestra vida.
Ahora que nos quedan claros algunos componentes sustanciales del balance, repasaremos solo cuatro puntos básicos para realizar efectivamente la evaluación anual.
Uno, el inicio.
El balance se compone de dos variables, lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, el debe y el haber, pero esta dualidad encierra una contradicción. Sabemos que lo positivo para una persona puede ser negativo para otra. Lo considerado como bueno en nuestra cultura Occidental puede representar un valor perjudicial en Oriente. Tampoco es necesario irse tan lejos. Estar soltero y tocarse el pupo todo el domingo después de una resaca ruinosa, puede representar algo positivo en la lista, sin embargo mi tía Marta opina lo contrario y no pierde oportunidad en repetirme con angustia que ya es hora de verme casado y con cuatro hijos. Por lo tanto, menos por menos es más y más por menos es menos. Elija sus positivos y negativos y sobre todo olvídese de sus tías Martas.
Dos, el asunto de los logros.
Por definición el logro es el antónimo del fracaso. Desde esta columna resaltamos la imperiosa necesidad de acentuar con énfasis los logros en su balance, sobre todo si no ha identificado ninguno este año. Resulta casi improbable que alguna persona no haya conseguido una victoria personal. Ya, con el hecho de levantarse cuerdo (o medianamente cuerdo) después de atravesar el infierno de los sueños, corresponde al orden de las proezas humanas.
Un consejo es que si encuentra obstáculos para identificar logros puede apelar, sin ningún tipo de remordimiento, a su imaginación. Una advertencia: no estamos hablando de ejercitar el mecanismo de la mentira, sino uno más poderoso: la ficción.
Invente en su balance todo tipo de hazañas, apele a sus fantasías más remotas y defienda ante sus familiares y parejas, con toda la violencia necesaria, el día en que embistió contra un dragón y lo asesinó con un cuchillo tramontina.
Sus mayores sueños pueden ser gestas inapelables, aunque también pueden derivar en una condena a la internación neuropsiquiátrica.
Tres, la reconciliación.
Un balance no es balance sin un buen acuerdo que conduzca a la paz, tanto con uno mismo como con otros. Sin embargo, para obtener un buen contrato de armonía, es indispensable marchar con anterioridad a la guerra. Los procedimientos son varios y se encuentran al alcance de sus dedos. Desde aquí recomendamos uno efectivo. Vaya a su computador, ingrese a internet, googleé: “el arte de vibrar alto” y compare su miserable vida con la promesa de esplendor y fortuna que ofrecen los gurúes de la calma y el sosiego. Después de esta enorme batalla busque un pincel y escriba en el comedor de su hogar, con letra legible y enorme, la siguiente fórmula: “BRILLA, Y AL QUE LE MOLESTE QUE SE TAPE LOS OJOS”. A partir de este procedimiento usted entrará en un camino de reposo y felicidad inmediata.
Cuatro, los aprendizajes.
Cada situación encierra una cuota de enseñanza, sobre todo si el acontecimiento es doloroso y las consecuencias permanentes. El notable dicho “vino y cerveza dolor de cabeza, cerveza y vino, todo divino” ejemplifica, como veremos más adelante, nuestra tesis. Pero lo interesante de nuestra raza es que, por más que celebre su dominio del mundo, no logra dominarse a sí mismo. Por eso es que no importan tanto los aprendizajes, ya que estamos destinados a tropezar mil veces con la misma piedra, hasta que el juanete se quiebre como el cristal. Nuestra recomendación para el balance no es identificar las lecciones aprendidas, sino enumerar la cantidad de veces que eludimos nuestros aprendizajes.
Veamos algunos ejemplos: cuántas veces volvió a mezclar vino y cerveza, aún sabiendo que al otro día su cerebro se iba a hundir en el bombo de una murga; anote la cantidad de veces que regresó con su tóxico, aún conociendo con exactitud el tamaño ballenístico del daño físico y emocional que sobrevendría; cuántas madrugadas de temperatura elevada mandó un mensaje a la persona que horas más tarde, apaciguado el calor corporal, despreciaría como ser humano.
Somos sujetos pedagógicos, las enseñanzas nos guían y a pesar de eso los aprendizajes siguen siendo burbujas que pinchamos con la alegría que solo provee la idiotez.
Para completar la guía aún resta la aprobación de dieciocho puntos más que se encuentran en proceso de experimentación por los becarios de nuestro sagrado Instituto Nacional de Investigación. Esperamos sin embargo, que estos cuatro puntos básicos, les hayan resultado de interés práctico.
Desde esta columna les deseamos un feliz y próspero año.
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