VOLVER AL NEGRO
14/09/2021
“You went back to what you knew
So far removed from all that we went through
And I tread a troubled track
My odds are stacked
I’ll go back to black” A. W.
PEQUEÑO PERFIL
Podría haber sido otra cosa si no fuera mujer. Un grito o un hielo, una tinta oscura o la marca sobre el espejo de un baño humedecido.
En su último recital lleva un vestido cortísimo y sus piernas parecen dos columnas que cuelgan sobre una chimenea errática, todo a punto de desplomarse.
Amy tiene la voz completa y su mirada -pero sobre todo las líneas que se dibuja con la precisión de un zarpazo- desgarra a los que la subestiman, actúa como las panteras cuando se cruzan con alguna presa menor.
No parece una cara ni un cuerpo hecho con elementos de la tierra, parece externa, armada con pedazos de tormentas y algunos sentimientos, rabia y amor, entrega y disgusto, cicatrices.
Dice cosas que irritan, canta para sedarse y a los desgraciados les gusta reprochar su impotencia. Dice “no no no”, y algunos estúpidos ríen, y luego muerta subirán fotos despidiéndose como grandes amigos en una solemnidad ridícula.
El padre, que apareció cuando Amy ya era famosa y obligó a cumplir con la agenda de shows, dijo que la muchacha aparece cada tanto en forma de pájaro.
Tiene el pelo infinito y si no hubiese sido mujer, tal vez podría haber sido un ave o un planeta, o tal vez sea yo el que la subestime y haya sido todo eso al mismo tiempo.
***
UNA NOCHE CON AMY
El día que C me regaló el disco también me regaló un envase negro y un infierno de notas.
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Veníamos durmiendo bastante y aunque pareciera conveniente se reducía a lo opuesto. Las risas en la cama y alguna caricia eran parte de una sombra del pasado. Dos o tres cosas que parecieron inofensivas desataron un temporal. Tengo la sensación que discutimos sobre un tercero, hago el esfuerzo para no traer el recuerdo, ambos salimos con un desinterés firme por el otro.
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En esa época todavía se regalaban discos y estoy seguro que su intención fue que me deslice hacia otro lugar, alejado del refugio de piedra y acero que armaba cada vez que el enojo me dominaba. En pocas ocasiones había logrado ahuyentar ese malestar, que a veces tomaba forma de rabia. Ella tenía la destreza del olvido y me imponía con suavidad su intención, era una adiestradora (así le dije una vez) y yo un cachorro (no se lo confesé, jamás hice el ridículo con ella), me iba tirando comida afuera de la cueva hasta que salía. Realmente la felicito.
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Se acercó dando esos pasos torpes que exageraba cada vez que la vergüenza o algún sentimiento menor la invadía. Estiró sus dedos finos, trazados en las puntas por la compulsión inconsciente de comerse las uñas. Estiré mi mano con desgano. Una portada negra y en tintas plateadas el nombre de la cantante, debajo, en una letra más pequeña el título: Back to Black.
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Cuando me dijo escuchalo cuando estés solo, no sabía que me obligaba a cerrar los ojos y hundirme en una tormenta, solo presumió que en mi soledad algo iba a suceder. Se fue y no cerró con llave. Le hice caso, como todas las veces que quise.
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El primer tema no sonó como me hubiera gustado. Deseaba la combinación de mi apatía con la imagen de Amy que recordaba, piernas tensas y columna desgarbada, el pelo ramificado. Fue peor, como si me hubieran golpeado de sorpresa. Tuve que hacerme la idea de que su voz provenía de un lugar antiguo que mi cuerpo apenas entendía. El disco pasó entero, armé una ceremonia de whisky y cigarrillos.
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La última vez que nos vimos, C entró a casa con ánimo, buscó el disco, lo introdujo y subió el volumen superando el ruido que incomodaba a los vecinos y llegaba al límite de mi tolerancia. Escuchamos juntos e intenté bailar, pero mis piernas que aprendieron a tener voluntad propia, me arrojaron contra un sillón de fieltro y tela oliva.
C danzaba y yo creo haber movido la cabeza asintiendo las notas.
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Esa noche dormimos juntos pero no pude volver a abrazarla de la misma manera. Se retiró antes de que la pava silbara y me dejó una nota que conservo, aunque no sé dónde la guardo ni recuerdo qué dice. El día que C me regaló el disco también me regaló una maleza en forma de canciones y un recuerdo de lágrimas secas.
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Fue la última vez que la vi. El día que C me regaló el disco también me regaló un objeto que tomó posesión de mi vida durante muchas noches y algunos días, como si el objeto fuera yo.
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Hace mucho que no sé nada de C. Tal vez volvió al negro y ha muerto cien veces.
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