URBE
HABITAR LA ESCUELA
Por Cecilia Armando
25/10/2020
¿Vuelta a clases? El “entusiasmo” del gobierno porteño de abrir los establecimientos educativos trajo controversias. ¿Qué pasa con los reclamos de las comunidades? Conectividad, falta de dispositivos, vacantes irresueltas, escuelas en condiciones inhabitables, salarios sin aumentos. Docentes de educación especial, inicial, primaria y secundaria, preceptores, asesores pedagógicos, profesores de bachilleratos populares y familias relatan el tiempo escolar de pandemia. Los protagonistas de las escuelas coinciden en una cuestión, no hay vuelta a clases porque nunca se interrumpieron.
Escuela es sobre todo, gente, gente que trabaja, que estudia, que se alegra, se conoce, se estima. Paulo Freire
Es algo típico, todos los años durante los meses de febrero y marzo aparecen las mismas noticias en los medios: inicio de clases si/no según los arreglos paritarios, canasta escolar, promociones en grandes librerías, alguna nota que explica el último boom para que el sistema educativo sea exitoso, vacantes si/no según tu condición económica y donde vivas, etcétera. Es un hecho periódico. Sucede con mayor o menor nivel de conflictividad todos los años, establece un cierto orden.
Es difícil negar que no importa nuestra edad, todo se rige de acuerdo al año escolar. La cosa arranca en esos meses, se enlentece en noviembre, se celebra en diciembre y en enero, idealmente, se descansa. La educación marca los tiempos en un año: organiza las familias, contiene a los niños, niñas, jóvenes, marca la pauta de los acuerdos paritarios de otros gremios, determina si un gobierno arrancó bien o mal, el calendario parece una linea constante.
Si el lector está de acuerdo en esta premisa, vamos a la siguiente. Lo que en diciembre parecía un problema muy lejano producto del desarrollo de un virus capaz de afectar animales y personas, en febrero era una preocupación bastante más cercana y en marzo llevó a las tres cabezas del poder nacional, provincial y municipal a anunciar el cierre de las escuelas y de las fronteras.
En esas épocas lejanas, vivíamos de quince a quien sabe, cómo señala Rocío Jimenez, asesora pedagógica digital del INTEC “Cada 15 días pensábamos que volvíamos a las escuelas pero nunca dejamos de lado el trabajo, así que en cierto modo puedo decir eso – de este año – qué fue desordenado pero no fue ausente.”
Una frase se repite en los trabajadores de la educación, las clases nunca volvieron porque en verdad, nunca se fueron.
Cada subjetividad es un mundo y cada miembro de la comunidad educativa tiene su propia mirada sobre lo que ha acontecido de marzo a esta parte. Sin embargo, a lo largo de los relatos que amablemente nos contaron hay algunos puntos en común y me interesa que los hagamos dialogar y veamos adónde nos lleva ese camino. Convengamos que en esta época: ¿Qué no hemos intentado para devolverle un poco de orden al mundo?
La adaptación
Arranquemos por el inicio: ¿Cómo fueron los primeros meses de clases? Jimena Gak, profesora de nivel inicial en un establecimiento público nos cuenta que “La educación a distancia fue un proceso que se dió de a poco, hubo mucho aprendizaje sobre la marcha de cómo llegar a las familias, al alumnado. En mi caso, soy profesora de nivel inicial y es más dificil qué otros niveles porque la dependencia de las familias es mayor.”
La contracara de lo que nos cuenta Jimena, nos la ofrece Josefina Santamaría, mamá de Bautista de 6 años: “En mi caso, tengo un niño de 6 años en sala de 5, al no estar trabajando tuve y tengo el tiempo para dedicarle pero realmente es complicado para él porque no siempre tiene ganas, y tener las clases en el mismo ámbito donde juega, duerme, come, etc (…) con un niño en sala de 5 al que hay que estar apuntalándolo en los zooms y con la tarea que suben a la plataforma. Sobre todo en esta etapa, seguramente con un adolescente que es más independiente sería más fácil.”
Las escuelas cerradas y las clases virtuales generaron una reconversión del rol de los padres y madres que se volvieron una suerte de “docentes en casa”, garantes de abrir y operar los zooms para los más pequeños, debieron realizarse cuentas de mail, proliferaron los grupos de whatsapp para mantenerse conectados con las escuelas. Pero no fueron los únicos exigidos.
Rocío Jimenez cuenta que en comparación al año pasado, trabajó muchísimas más horas por día, ejerciendo más una tutela porque advierte que la pandemia arrojó un montón de falencias del sistema educativo. Ella se pelea con la idea de la “adaptación de las clases: “No se debería hablar de adaptación a clases modalidad virtual, porque ya se viene trabajando hace unos años en implementar herramientas digitales y virtuales al entorno educativo presencial, no nos podemos quedar solamente creyendo que el desarrollo educativo pasa por un pizarrón, una tiza y un pupitre porque no es así. La educación tiene que estar a tono con el desarrollo tecnológico.” Agrega que “lo que pasó este año fue un poner a punto cosas que tendrían que haberse hecho en otro momento. No puede ser que se inscriban a los chicos y que no se chequeen los mail, no hay ni siquiera un espacio donde completarlo. La realidad es que el primer mes lo que hicimos fue hacer un rastreo de estudiantes y tuve que hacerle cuenta de mail a muchos docentes. Este año mis tareas están más orientadas a formar a los docentes en distintas plataformas y herramientas, murales interactivos, documentos de drive, organización personal. Ahora estamos en esto, haciendo un piso de saberes digitales y tecnológicos esperando que el milagro ocurra y el trabajo sea más grupal.”
La inmediatez del cierre de las escuelas y la extensión del ASPO obligó a todos los miembros de la comunidad educativa a adaptarse rápida – y costosamente – a los nuevos mecanismos.
Trinidad Mato, presidenta del centro de estudiantes del Colegio Pellegrini nos cuenta, “En principio el sistema educativo es un sistema qué no está pensado para ser desarrollado virtualmente y haber tenido qué hacerlo de un momento a otro genero qué no haya habido proceso previo de prueba y error. Todo se dio mientras les pibes estabamos aprendiendo y estudiando virtualmente.Generó mucho desorden, mucho estrés, compañeres que estaban demasiado excedides por la cantidad de horas frente a la computadora.”
Todo lo que pasa en la escuela
Jimena afirma que inicialmente la prioridad era sostener el vínculo con las familias, pero a medida que la cuarentena se extendió, en la escuela generaron estrategias que buscaron proveer de más contenido y actividades a las familias: “En su mayoría responden y tratan de hacer las actividades pero en este contexto de incertidumbre y problemas económicos, las familias necesitan canastas, donaciones de ropa y recurren a la escuela para eso. La escuela vuelve a cumplir un rol asistencialista.« Este relato hace signo. No solo los padres, madres, tutores con trabajo han aumentado exponencialmente sus horas de cuidado respecto de los chicos, sino que para aquellas familias que se encontraban en situaciones precarias la pandemia ha sido más cruda. Algunos días al mes se pueden ver las colas en las escuelas para retirar los bolsones de mercadería gestionados por el gobierno o por los mismos docentes de las escuelas a través de esquemas de donaciones. Con la democracia se come, se cura y se educa decía Alfonsín. Al menos dos de esas tres cosas, pasan en la escuela.
Andrea, docente del Bachillerato Popular Mocha Celis nos cuenta que para acompañar a sus estudiantes que son en su mayoría travestis trans organizaron el Teje Solidario: “Desde la Mocha armamos el Teje Solidario que fue una movida que se gestiono con madrinas, padrinos, xadrines para subsanar la urgencia de productos de higiene y comida. Después fue creciendo muchísimo exponencialmente, hoy son más de 800 personas a las que se llega a través de donaciones que se reciben de particulares y empresas que se fueron acercando, también de muchos voluntaries.” Este Bachillerato Popular, ubicado en el barrio de Chacarita, también organizó la semana pasada una instancia con Elizabeth Gomez Alcorta, Ministra de Géneros, Mujeres y Diversidad y Alba Rueda, Subsecretaria de políticas de diversidad de la misma cartera para charlar y compartir las distintas vivencias durante este año. Porque la escuela, además de dar de comer y educar, es también ese lugar donde se construyen los sentidos comunes y se elabora lo que sucede en la realidad, es un espacio de contención, pero también de transformación.
Los vínculos
Si la virtualidad presenta un desafío es justamente reproducir ese espacio de albergue que sabe ser la escuela. Lucas Zumbo es docente de matemática del Bachillerato Popular Maderera Córdoba (UGEE nº 3 CABA). La mayoría de sus alumnos son jóvenes en situaciones vulnerables, muchas son madres solteras. Al menos el 40% de los estudiantes no tienen conectividad o posibilidad de tener una conexión regular: “La ventaja más grande del bachillerato es la presencialidad, porque son pibes que no iban a sus otras escuelas. El bachi tiene las puertas abiertas, hay un dispositivo armado para las clases que funciona. En la pandemia ese dispositivo no existió y la contención de los pibes fue muy deficiente. La modalidad de las clases presenciales es muy charlada, no trabajamos con libros, se construye la teoría en el aula. Los pibes no están acostumbrados a la tarea, a los trabajos de investigación, a ser autodidactas. Cuando les revoleas un trabajo práctico, cómo tuvimos que hacer, los resultados son de regular para abajo y en cuanto a la cantidad de respuestas en la virtualidad fue menos que en las clases presenciales y fue decayendo a medida que pasaban los meses”.
Respecto de no dejar afuera a ningún estudiante de la posibilidad de conexión y de vínculo escolar, fueron múltiples los reclamos de organizaciones sociales, políticas y de los legisladores al gobierno de Horacio Rodriguez Larreta, pidiendo la entrega de computadoras y garantizar conexión para aquellos en situaciones más complejas. Trinidad Mato, presidenta del Centro de Estudiantes del Pellegrini cuenta que para ella “la pandemia viene a profundizar lo malo y lo bueno, se refleja en la virtualidad. Ahora estamos todos más separados y tus compañeres son un cuadro de zoom, ya no son personas, y se vuelve más difícil, la identidad se reduce a los pixeles, la contención psicológica es mucho más compleja y más necesaria a la vez. Hay dos situaciones: hay compañeres que están mucho más desmotivades, porque ven todos los días veinte mil contagiados y muerte, el estudio pasa a un segundo plano; estás encerrado no podes ver a tus amigues, hacer tus actividades y demás, eso influye. Pero también son posturas cómodas, hay gente que no puede estudiar porque tiene que ayudar en su casa, tiene que salir a hacer changas. La deserción escolar es uno de los mayores conflictos de la educación virtual, no solo la desmotivación.”
Los vínculos presenciales en la escuela con los pares, los docentes, el personal son un andamiaje clave de la construcción de lo pedagógico. Cómo detecta Josefina “No me importa ahora mucho lo académico, sí que pueda regresar al ámbito escolar, estar con sus maestras, sus compañeros, aunque no sean los 26 juntos y que fortalezca su parte emocional – social. “: hay algo que va más allá del contenido de la currícula qué ocurre en las escuelas. Una docente de tutorías Nivel Medio en Escuela de Educación Especial de CABA nos contaba que la adaptación fue sucediendo de a poco en su caso, con los chicos y las familias, que el inicio fue de mucha contención: “En nuestro caso el trabajo es continuo tanto con los jóvenes como con las familias, tuvimos que ajustar mucho desde llamadas, encuentros individuales, encuentros grupales seguimientos familiares. Nuestros chicos necesitan el contacto personal, y hubo que reajustarse mucho con ellos para explicarles la situación y las dificultades que se generarían en la vuelta a clases.”
Paloma Tomas es preceptora y tutora de primer año en escuela secundaria técnica. Define su cargo de preceptor desde un lugar donde prima la conexión pedagógica con los alumnos: “entender las dinámicas entre los chicos, los grupos, las relaciones de les chiques con los docentes, marcar pautas cuando escuchas que un pibe se burla de otro, lo frenas porque estas ahí. En la era virtual no sabemos cómo se están dando esas relaciones.”
Lo que ya se sabía
La pandemia trajo muchos desafíos pero sobre todo parecería haber cierto consenso sobre lo que expuso respecto del sistema educativo. La situación edilicia, el atraso de la implementación de la tecnología en las aulas, la función educativa, todo ha sido puesto sobre la mesa los últimos meses.
Jimena expresa que “hay una distancia tan grande entre las personas cómo la ministra de educación de la ciudad o el jefe de gobierno que no saben lo que hacemos, no han pisado las escuela, hacen todo show para los medios y no han valorado durante este año todo lo que hemos hecho desde nuestras casas qué fue un montón. Hay un montón de exigencias desde lo administrativo que nos han hecho qué tienen que ver con esto, con no entender, con no empatizar, con realmente nunca haber pisado una escuela, menos una escuela pública. Sin ir más lejos, ahora estoy haciendo el registro de asistencia. Nos hicieron ir a buscarlo a la escuela. Hay un tema con los distintos niveles de responsabilidad, GCBA, Ministerio, Supervisión, etc. Cada uno tiene una exigencia diferente, quieren informes individuales de cada une cuando hay un montón que no han mantenido una continuidad, no se pueden armar en relación a los contenidos. En su momento nos habían pedido todos los datos en una planilla, pero no podíamos ir a buscar los legajos así que tuvimos que preguntar a las familias. El registro en verdad legalmente no te lo podes llevar a la casa, pero lo hicimos. Al principio nos pedían evaluaciones cada 15 días, después fue individual, grupal.”
Roji cree que la pandemia generó un marco de oportunidad para generar una verdadera integración en la tecnología: “Es importante que lo que ocurrió sea algo esclarecedor para la comunidad educativa en tanto y cuanto volver al aula no es dejar solo la tiza cómo responsable de la educación sino que también hay qué generar distintas estrategias y planeamientos pedagógicos respecto de las herramientas digitales. No caer en un procesador de texto para presentar un trabajo práctico, sino pensar porqué generar un determinado documento, cómo llevar hacia ahí un trabajo práctico, de qué sirve el momento presencial, cómo se puede llevar a un momento de tarea y aprovechar el tiempo en clase de otra manera.”
Tanto Lucas cómo Andrea, docentes de bachilleratos populares, señalan que las condiciones edilicias dejan mucho que desear a la hora de pensar un retorno a las clases con medidas de distanciamiento. “Las condiciones de infraestructura ya eran malas antes porque la UGEE (Unidad de Gestión Educativa Experimental) donde se enmarca el bachillerato no cuenta con presupuesto para infraestructura. Una de las demandas de los bachilleratos populares es su propia especificidad y presupuesto integral. Yo no veo las clases viables en el bachillerato sin una vacuna, no lo veo seguro.” señala Lucas respecto del Bachillerato Maderera Córdoba y lo mismo nos cuenta Andrea sobre la Mocha.
Respecto del retorno de clases, existen también otras particularidades. Para la docente de Educación Especial el principal inconveniente es que la población que va a la escuela vive lejos, y por lo tanto requiere transporte escolar, entre otras cosas. Al mismo tiempo dice que el regreso “en nuestro caso será bastante complicado ya que sostener la distancia entre ellos es bastante difícil, el uso del barbijo y mantener los protocolos puede resultar bastante dificultoso, aunque no imposible.” Jimena señala lo mismo respecto de los niños que concurren a jardín inicial, “volver es peor porque no solo van a ir a la escuela – asumiendo un riesgo de contagio – sino que no van a poder jugar libremente, tocarse, estar con sus amigos. Ese mismo docente aparte va a tener que volver a su casa y va a tener que seguir trabajando de forma virtual porque esos grupos que retornan son grupos burbujas.”
Sin embargo, en el caso de Josefina la vuelta a clases se vive con expectativas y deseo: “En principio espero que arranquen aunque sea este año, por lo menos 1 vez por semana. En teoría en el caso de mi hijo se espera que regresen en noviembre ya que están terminando el ciclo inicial. El año que viene espero y deseo que las clases sigan su curso normal y en forma obligatoria. Pienso que los únicos que tienen que guardarse por decirlo en criollo son las personas de riesgo.”
Otros señalan que no visualizan una vuelta a clases a una modalidad presencial sin la existencia de una vacunación masiva frente al virus.
El regreso y el futuro
El cierre de las escuelas, acompañado de un manejo poco cuidadoso de la información hacia las comunidades educativas, deja ver cierta desazón respecto del futuro en los relatos que reunimos en esta nota. Hay algo que se trasluce en los relatos y es que al día de hoy la presencialidad cumple un rol fundamental para los alumnos, para los docentes, el personal escolar y para las familias. La educación virtual no permite la interacción, el aprendizaje compartido, la división de tareas del cuidado, el seguimiento académico. Todos los alumnados se ven afectados en alguna medida: la deserción escolar en los pibes recuperados, en las chicas trans; la desmotivación de los adolescentes; la falta de aprendizaje social en los niñes y la dificultades de impedir en chicos con discapacidad el contacto.
En el medio de todo esto la escuela se ve atrapada en una suerte de disputa de varones: tanto el Estado Nacional cómo el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires utilizaron la vuelta a clases cómo moneda de cambio para negociar otras medidas de distanciamiento obligatorio. Mientras tanto, los platos rotos los pagan los docentes y asesores pedagógicos que han doblado sus horas de trabajo, padres y madres que han devenido en docentes, jóvenes que dejan la escuela.
Todas las personas que transmitieron sus testimonios en esta nota expresaban cierta dificultad para entender cómo va a ser el retorno a las clases, aquellas más esperanzadas ansían que esto sea un aprendizaje que la comunidad educativa incorpore para modificar prácticas. La comunicación del Gobierno de la Ciudad respecto de los pasos a seguir es tan vaga cómo la seguridad y certeza que ofrecen los recientes actos de apertura de establecimiento escolares.
En un momento tan duro, la exigencia es hacia una forma de comunicar más eficiente, que busque menos el show, que genere un verdadero efecto de contención hacia las familias y los alumnos. La educación presencial es necesaria, el retorno a un esquema donde todes pueden estar en la escuela es fundamental. Necesitamos que nuestros gobernantes se pongan sus sombreros de pensar y se ocupen de la escuela, que en la mayoría de los casos, se ocupa de ser Estado también.
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