Historia

Bohorquez, el inca cachalquí

Por Juan Zaietz
28 de noviembre de 2023

En el siglo XVII existió un personaje en el norte argentino que gracias a su ingenio y sed de aventura cambió la vida, más para mal que bien, de miles de personas. Un tal Pedro Charamijo, o mejor conocido por el nombre corto de Pedro de Bohorquez y Girón Inca Hualpa, logró engañar a la burocracia colonial española y a los pueblos de los valles calchaquíes, convenciendolos de que él era descendiente directo de los Incas. Llegando hasta tal punto la mentira que casi logró fundar su propio imperio neo incaico en nuestro país.

Pedro nació en el 1602 en la ciudad de Granada, y según su propio relato era hijo extramatrimonial de una morisca y un caballero, llamado Pablo de Bohorquez y Girón. Sin embargo, por inconvenientes de la época, su madre debió casarse de apuro y es así como fue adoptado por un tal Charamijo, un zapatero que no tiene ninguna importancia en la historia.

Foto: Dibujo de Guamán Poma de Ayala, inca Manco Inca Yupanqui sentado en su trono o usno (1615).

La crianza del morisco estuvo marcada por el constante bombardeo de historias fantásticas sobre América, en la que los aventureros recién llegados contaban relatos sobre tierras llenas de riquezas como el Gran Moxo o el Paititi, las versiones andinas de El Dorado. Y fueron estas narraciones, junto con su megalomanía, lo que lo llevaron a convencer a un amigo suyo de hacer un viaje a Potosí. Así es como a los 18 años Pedro llegó a América y luego de casarse con una mujer local (hija de un zambo y una india), consiguió una changa como pastor de yeguas durante 5 años. En este tiempo hizo un mejor trabajo que casi cualquier antropólogo europeo del siglo XX, aprendió los modismos culturales, formas de vestir, mitos y lenguaje, hasta el punto de parecer un nativo.

Al poco tiempo del nacimiento de su segundo hijo, decidió abandonar a su familia y continuar con su sueño aventurero de encontrar esa tierra prometida llena de riquezas. Sus hazañas en regiones que hoy en día son Bolivia y Perú se caracterizaron por la búsqueda obsesiva del gran Paititi. Su primer intento casi fue financiado por, en ese entonces nuevo virrey del Perú, el Conde de Chinchón Luis Jerónimo de Cabrera y Bobadilla (1629-1639). Bohórquez se entrevistó con él en Lima y le prometió encontrar el Dorado andino en las fuentes del río Amazonas. Sin embargo, el funcionario español pudo darse cuenta que la expedición estaba floja de papeles y que era potencialmente una estafa a la corona. Ante esta situación, el granadino tuvo que huir lo más rápido posible a Potosí. Es en esa ciudad que, gracias a su elocuencia,  pudo convencer a un cura llamado Alonso de Bohórquez de que era su sobrino y que lo adoptara hasta que las fuerzas virreinales dejaran de buscarlo. A partir de ese momento empezó a usar solo ese apellido. 

Foto: Mapa del Virreinato del Perú.

A medida que cada virrey cumplía con su mandato y era remplazado por otro, el andaluz intentaba nuevamente conseguir financiamiento y así lo logró en 1639 y 1650, llegando inclusive a intentar transformarse en gobernante de un pueblo nativo del amazonas peruano en una de sus expediciones. Sin embargo, en ambas travesías el fracaso fue estrepitoso, especialmente en el último caso.

En 1650 el virrey García Sarmiento de Sotomayor, seducido por las historias del moro sobre las grandes riquezas que afirmaba haber visto, cayó en la estafa y le dió más de 40 hombres para encontrar el Paititi. La expedición no duró mucho. Las habilidades de Bohórquez no sirvieron para mantener la lealtad y tranquilidad del grupo de soldados perdidos en la inmensidad del continente americano. Finalmente se amotinaron y lo abandonaron a su suerte. Una vez la noticia llegó a Lima, el andaluz fue capturado, juzgado en la capital y condenado a cárcel en la región chilena de Valdivia. 

No está muy claro cómo, pero el español pudo escapar de prisión, cruzar los andes y llegar a los valles calchaquíes para el año 1656. Es en esta región de Argentina, ocupada por los pueblos diaguitas, muy combativos contra el avance colonial español y la evangelización, que la historia pasa a ser completamente lisérgica. Durante estos años Pedro, utilizando sus conocimientos sobre las culturas andinas, las artes del engaño y sus experiencias fallidas, hizo creer a los nativos que era descendiente mestizo de los Incas y legítimo gobernante de esas tierras que supieron formar parte del Tawantinsuyu. A partir de entonces empezó a vestirse con ropas tradicionales incaicas, adoptó el nombre de Inca Hualpa, se hizo amigo de muchos caciques importantes de la región y empezó a ser conocido por el nombre de Titaquin, que quiere decir “señor” o “rey” en habla kakana (lengua de los diaguitas).

Foto: Retrato de Pedro de Bohórquez.

Los indios no fueron los únicos que compraron el humo del falso Inca, sino que la gobernación de Tucumán (responsable de la expansión sobre los calchaquíes) también cayó en el engaño. Bohórquez pudo entrevistarse en 1657 con el gobernador Alonso de Mercado y Villacorta, dónde no dudó en hacer un show digno del delirio de la situación. Un séquito de caciques escoltaron al moro vestido de Inca a lo largo de la ciudad de Londres (Catamarca) antes de su entrevista, en la cual el charlatán dijo que si era declarado como legítimo gobernante de los calchaquíes se encargaría de evangelizarlos e iba a revelar la ubicación de sus tesoros. Así el regente, sin prestarle mucha atención a algunos de sus desconfiados funcionarios y creyendo que este soberano “legítimo” podía servir a los intereses de la corona, nombró a Bohorquez teniente gobernador, justicia mayor de la región y le permitió portar el título de “Inca” (soberano del Imperio incaico). 

En realidad, nunca existió ni un interés evangelizador ni oro escondido, y en el momento que le dieron a Charamijo su título no tardó en nombrarse a sí mismo, con el apoyo de los locales, rey absoluto con derecho de sucesión. Ante esto, el Inca Tucumano organizó alianzas entre los distintos pueblos de la región alrededor de su figura y se dedicó a formar un ejército de originarios para poder crear su propio reino.

Que las aventuras del andaluz terminaran mal era de esperar, pero esta última fue particularmente catastrófica. En 1658 Pedro expulsó por la fuerza a los jesuitas de la región y así comenzó la última rebelión calchaquí que estuvo comandada por él hasta 1659. En ese año, después de perder en algunas batallas, se entregó voluntariamente a las fuerzas españolas para buscar un indulto, cosa que quizá podría haber conseguido si no hubiera intentado armar un motín mientras era trasladado a Lima. Fue condenado a muerte y ejecutado en 1667.

Foto: Retrato de Pedro de Bohórquez.

El gobernador Mercado y Villacorta quedó bastante desprestigiado después de que se hiciera público que confió en la palabra de un señor disfrazado de Inca para la evangelización de toda una región. Es por eso que se tomó la radical decisión de deportar a todos los pueblos del valle si se ganaba el conflicto. Los calchaquíes siguieron con la rebelión seis años más hasta que finalmente fueron derrotados y desplazados de sus tierras. Un ejemplo de este proceso llamado “desnaturalización” fue el traslado de los Quilmes en 1666 al sur de Buenos Aires, dónde hoy está el municipio que por eso lleva su nombre. Otros pueblos, como los Yocaviles e Ingamanas, fueron movilizados a regiones más cercanas como las actuales de Catamarca y La Rioja. Los valles calchaquíes, una región que resistió 130 años al avance colonial, sólo pudo ser conquistada por el vaciamiento casi total de su población.

El episodio de Bohórquez y los pueblos nativos del noroeste argentino es un ejemplo de la subversión de todos los órdenes que se produjo durante los primeros siglos de la conquista. Fue en este periodo desordenado y de transición de un mundo nativo a otro hispano, dónde los más marginales del viejo continente pudieron intentar vivir una vida aventurera, incluso soñando con poder ser sus propios emperadores.

 

Si quieren profundizar más sobre el relato de Pedro Bohórquez recomiendo la novela histórica de Lucía Gálvez “Titaquín el Inca andaluz”.

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