ARTIFICIOS
QUIERO QUE ESCUCHES ESTO IV: POLONIA, MI AMOR, PARTE DOS.
Por Lula Fenomenoide
18/08/2022
Hola, lector, lectriz, lectore. He vuelto a retornar de nuevo una vez más acá en QUIERO QUE ESCUCHES ESTO para retomar lo que te estaba contando el mes pasado sobre Polonia, ese país que amo por varias razones, principalmente, musicales.
Mi alegato fanático de hoy empieza con una verdad pesadísima, a ver si de entrada concordás:
Nunca más vas a escuchar música con la intensidad de la adolescencia.
Nunca, nunca nada te va a atravesar de la misma manera.
Adam Neely tiene un video muy lindo en el que explica que la música que aparece después de nuestros tardíos teens no es una mierda: es una señal prematura de nuestro propio viejochotismo. Lo más cercano que te va a pasar es que un artista –o un disco, o una canción- que descubriste a esa edad anide tan profundo en tu corazón que se convierta en uno de los artistas de tu vida y sigas escuchándolo al terminar esa etapa. Y mientras menos esa música se corresponda con lo que les pasa a otras personas de tu generación –cuando es así, el desgaste puede ser más rápido, el recuerdo viene desde afuera cantado y mencionado por otrxs-, más profundo anida. Es tuyo solo. Sos vos con vos.
Verano 2008/9: tengo trece años, uso anteojos y estoy en un ciber de la costa ocultándome del sol y de la soledad decidida a sacarle al internet la data que necesito para ser dark. El año anterior me había ganado un vale de compra en Yenny como premio de un concurso literario y lo convertí en dos discos: un greatest hits de Nightwish y The heart of everything, de Within Temptation. Escuchar eso en ese momento clave de la vida que es el pasaje de la primaria al secundario, la metamorfosis horrenda entre la niñez y la adolescencia, me produjo el flash de las drogas y las pupilas de Réquiem para un sueño. Fue mi condena: el cuervo de Poe empezaba a volar ligero trayendo ramitas para instalarse en mí.
En algún posteo ignoto de Taringa descubro que hay bandas darkis de todos los países: Suecia, Finlandia, México, Italia. Las escucho. Las letras son todas en inglés y lo entiendo, pero ya para ese momento me parece un embole.
Entonces doy con este tema.
Y siento que encontré lo que busco siempre: que las canciones no me digan nada en ningún idioma, sino que encuentren otra ruta hasta mi corazón.
Es un poco cierto y un poco falso que a esa edad somos esponjas. Pero es real que a cualquier edad cuando nos cebamos mucho con algo damos todo para absorberlo. Las letras de ese disco, que se llama Graphite, me las aprendí todas ese año y todavía me las sé a pesar de pasar largas épocas sin escucharlo.
Así que aprendí a apreciar el idioma, principalmente, en sus aspectos fonéticos. No podía entender cómo era posible cantar metiendo tantas consonantes seguidas. Después de un par de años y de discos de Closterkeller, ya sin tanta fijación en ser darks, sigo con otra banda también pesada pero con tintes más metaleros e incluso más funk: O.N.A., liderada por una de las personas que mejor rompen la voz en el mundo, Agnieszka Chylinska, idolatrada por miles de polacxs orcos. Durante todo un verano me pongo de alarma para despertarme la primera canción de alguno de los discos, cualquier disco, pero siempre el primer tema.
Cuando amaina la necesidad de escuchar música para cagarse a trompadas me permito ir con algo más ligero y descubro dos bandas hermosas: Power of Trinity y Zakopower. Con la primera descubro cómo es el ¿pop rock? en polaco y con la segunda descubro elementos de la música tradicional polaca con giros pop. (¿Son como unos Abeles Pintos de allá…? Basta de forzar equivalencias, boluda.)
Esa tarde en el ciber hizo de mí una adolescente que iba a festivales de cine polaco, a las Ferias de las Colectividades en busca de pierogi e incluso a la Sociedad Polaca de Buenos Aires a estudiar el idioma. En definitiva, me acercó a gente lejana geográfica y culturalmente y me abrió el disfrute a cosas increíbles. La música no ha venido a nada a este mundo y eso es lo mejor que tiene, pero qué bendición que de paso pueda lograr estas cosas.
De toda esta historia de amor sale lo que hoy quiero que escuches:
Graphite – Closterkeller (1999). Goth
T.R.I.P. – O.N.A. (1998). Heavy
Boso – Zakopower (2011). Folk y otras cositas.
La próxima largo el monotema, lo prometo; ya terminé de hablar de Polonia (por ahora). El mes que viene voy a seguir en el hemisferio norte del planeta pero voy a andar mucho más cerca de acá, del culo del mundo, y de la hispanidad que nos parió. Como dirían en el mundo angloparlante y por ende en todo el universo: estéi tiúnd.
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