OPINIÓN

nacer de tu muerte

Por Cristian Cimminelli
27/10/21

Un 27 de octubre de 2010 comenzaba a hacerme peronista. Hasta esa fecha fui un predecible producto de la estructura clasemediera argentina, que es una máquina de hacer gorilas por default. Cultivado durante décadas a fuerza de bombas, desapariciones, asesinatos y recortes presupuestarios, el sentido común te va metiendo fichas desde chico: así como aprendés a decir “mamá y papá”, también te encontrás modulando “Perón robó”.

Durante años reproduje ese mantra que también canturreaba mi abuelo. Y lo que le escuchaba decir a él lo corroboraba todos los días cuando, pensando que me informaba con pluralidad de voces, entraba a leer Clarín, La Nación e Infobae. Para mí eran simples medios que buscaban contarme lo que pasaba. Ni se me cruzaba por la cabeza -y creo que a mi abuelo tampoco- que podía estar leyendo cualquier cosa que respondiera a cualquier otro interés.

Detrás de todo ese telón que podía tapar o hacer tapa, estaba el otro modelo de país. Néstor y Cristina apostando por una Patria productiva que pudiera incluir a los que siempre fueron excluidos por los que mi inercia y yo defendíamos. Un proyecto Nacional y Popular que ponía en valor a la política como la herramienta por excelencia para modificar la realidad, al tiempo que rescataba lo que habían hecho Perón y Evita en su tiempo, abrazaba a las Madres y a las Abuelas y encarcelaba genocidas. Todo eso existía pero no para mí, que caminaba en el laberinto diario de la distracción planificada.

No sé qué habría pasado si Néstor no hubiese muerto. Solo sé que fue ese hecho, tan triste como inmenso, lo que me permitió verlo. Su muerte fue el viento que corrió el velo que me tapaba desde siempre. Ahí lo vi por primera vez como lo que era y no como lo que me habían contado. Esa fue la primera ficha de dominó que se inclinó hacia adelante y volteó todo lo demás. En medio de todo ese derrumbe me veo a mí mismo festejando el voto no positivo de Cobos unos años atrás y no puedo creer cómo no me daba cuenta.

Por momentos lo pienso y me da bronca. Primero porque siento que me perdí a Néstor, que me perdí de disfrutarlo. Pero, sobre todo, me enoja pensar que mucha gente puede estar en la misma situación ahora, defendiendo cosas que no siente realmente propias y alejada del verdadero lugar de pertenencia. Tal vez no hay tal destino, y solo somos lo que somos en cada momento; aunque con el diario del lunes pienso que no, que cuando supe que era peronista sentí que había llegado al lugar en el que siempre había querido estar.

Yo de bebé estaba más para tener un cuadro de Isaac Rojas en la cocina. Ahora de grande tengo uno de Perón a mis espaldas mientras escribo esta nota. Eso fue gracias a Néstor y gracias a Cristina, que hicieron lo que tenían que hacer -por convicción y mandato histórico- para que algunos se pongan nerviosos y otros pongamos la Marcha. Me gustaría contártelo, Néstor, pero este 27 de octubre no solo se cumple un aniversario desde que yo llegué; también se cumple otro desde que vos te fuiste.

Aterrizar la mirada

Aterrizar la mirada

Facundo Rocca | Nuestra Tierra, de Lucrecia Martel, documenta el proceso...