ARTIFICIOS

Elena, la bandolera

Por Mati Segreti
21/09/2021

Es junio del año quince y todavía falta un tiempo para que las provincias del sur se hagan fuertes en la represión contra los huelguistas. Sin embargo, el comisario Felix Velanciano, diestro en aplicar la ley y pasar por encima de ella, anda persiguiendo a dos bandidos famosos.
La gringa galopa después de la emboscada. Lo sigue de cerca el entrerriano Taborda, su tercer marido, ambos fuera de la ley. Le grita al alazán para que apure, el caballo redobla el esfuerzo y pica en punta. Las balas cortan el aire, más atrás, a unos cincuenta metros, se acercan los soldados.
El caballo de Taborda viene cansado y le cuesta andar a tiro. El entrerriano no tiene las espuelas, agita el lazo, golpea al alazán, pero el animal no puede más. La gringa observa cómo su hombre va quedando rezagado. De repente, un tironeo la sacude y cae sobre la tierra. Han herido a su caballo.

***

A los tiros limpios. Así dijo el jovén Bartolomé que salió la mujer del almacén de Don Arrieta. Es que la habían cercado, agregó el muchacho. Esa tarde mató a dos oficiales confiables y de experiencia en combate. No era la primera vez que escapaba. La policía de Neuquén alertó sobre la bandolera y le puso precio a su cabeza.

En Monton-Niló, donde tuvo un despacho de ramos generales, encerró a una partida de soldados que la andaba persiguiendo, los ató de manos, robó sus escopetas y por último ofreció al paraje un espectáculo humillante para el ejército argentino. Los obligó a desnudarse y volver a pie hasta el destacamento. En Rio Negro también se la juraron.

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Quienes la conocieron afirman que su puntería era infalible, casi tan perfecta como su caligrafía. Es que Elena Greenhill, la bandolera, había estudiado en un colegio inglés de reconocido prestigio antes de migrar a Chile.era letrada y bandida, una combinación inédita para la tierra criollas de la patagonia meridional. Tenía la formación de una obrera calificada y el espíritu montés, una bravura que solo el tigre de la estepa llega a tener.

Quienes la recuerdan afirman por la salud de su familia, que les hacía ropa a sus hijos con su propia máquina de coser, que perfumaba sus cartas y que los amantes se amontonaban como hojas secas en la puerta de su hogar.

Tuvo tres maridos, dos de ellos perecieron de manera inexplicable. El tercero padeció el infortunio del fin del camino. Con los tres se dedicó al delito y la estafa; matreros, robaban ganado, luego lo pasaban a Chile por caminos que solo conocían ellos. Anduvieron por la patagonia sin bosque, peleando al viento y juntando corderos, vacas o caballos para revender.

Su nombre completo era Elena Greenhill Blaker, hija de John Alfred Greenhill y Frances Emma Blaker. Dos pioneros del otro lado de la cordillera.

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Un hombre de apellido Soto, la desafía, anda escupiendo la tierra y un poco se comporta con aires de malevo. Ha bebido de más, dicen los paisanos. La mira a la gringa y le dice que se la quiere llevar a la cama. Helena, “La Grinil”, como la apodaron en la zona, se detiene por un instante en Soto, lo mira de arriba a abajo y hace un gesto de desprecio. El criollo, que ya tiene algunas almas en su haber y las manos sedientas de sangre, va directo contra la mujer. Levanta una de sus manos para tomar la cabellera rojiza, pero antes de que sus dedos se mezclen en los cabellos, un vaso se estrella en la cara del hombre. Elena le ha partido un copón en la frente.
La sangre brota de una ceja, la peonada se da vuelta. Soto es rápido, advierte que está haciendo el ridículo y en un movimiento patético intenta tomar su revólver para hacer justicia, pero la velocidad de la gringa es inigualable, antes de que tome el mango de su pistola, ya le faltan tres dedos. Elena Greenhill ha disparado con destreza. Luego se acomoda el cabello y pide un trago de ginebra mientras los gritos de Soto estallan contra las paredes del almacén.

***

El 8 de junio de 1915 el caballo de la gringa relincha con queja sin saber todavía que la muerte lo ha sentenciado. No puede levantarse. Dos balas han perforado su paleta y algunos de sus órganos.
La gringa se dispone en la tierra y carga la Winchester. Taborda logra alcanzarla y el grito de la Elena se impone: rajá de acá. Taborda duda pero los disparos lo obligan a moverse. Ha llegado la partida de soldados. La mujer baja a dos oficiales gastando solo lo necesario, un agujero en cada frente. Al mando de Felix Valenciano, los hombres forman un arco para intentar rodear. La mujer mata a otro y comienza la balacera.
El enfrentamiento dura diez minutos, a la gringa le quedan solo cinco balas. Los hombres se van acercando. Uno de ellos, el cabo Ortiz se acerca demasiado y un disparo que nadie entendió le vuela los sesos, es Taborda que ha regresado en silencio. Ahora son dos contra quince.
Durante cincuenta minutos más se tiran, luego llega el silencio de las últimas balas. En uno de los movimientos, al entrerriano lo hieren en una pierna. Elena mira a su hombre y le dice que se vaya. No hay súplica, es una voz con autoridad que dicta una orden. Taborda gatea hasta su caballo y escapa. La mujer respira aliviada, luego tira dos, tres balas, e intenta moverse hacia una hondonada. En ese momento es alcanzada por un proyectil en la espalda y cae de cara al suelo, con una queja repleta de dolor y tristeza.
Felix Valenciano, quien años después será reconocido por la matanza de obreros anarquistas y por ser confiscador de los bienes a quien reprimió y torturó, se acerca a la gringa. Ahuyentando cualquier acontecimiento poético camina hasta colocarse detrás de la mujer y remata en la nuca. Taborda será ultimado un día después por el mismo verdugo.

***

El Paso Chacay, camino a Gan Gan está protegido por un centinela de piedra. Antes del hombre y de la mujer, esa montaña supo albergar el fuego del centro y escupió roca hirviente moldeando el terreno. Su base es yerma y las flores silvestres que reclaman nacer allí aún son pocas. Ese cerro que ha visto miles de noches y de lunas hoy lleva el nombre de “La Inglesa”, en honor a la mujer que le peleó a la ley y encontró su desgracia de espaldas al volcán.

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