Deportes

The Jordan ruLES

Por Santiago Alvarez
16 de septiembre de 2023

Es 8 de marzo de 1998, los Chicago Bulls visitan a los New York Knicks por última vez en la temporada regular, pero no es un partido más. Estamos presenciando lo que puede ser la última temporada de Michael Jordan en la NBA y por entonces, su último partido en el Madison Square Garden. Esto que parece un dato histórico más bien significa el fin de una época, terminan los 90 y se llevan la fiebre del Consenso de Washington, Cardoso en Brasil, Menem en Argentina, la caída del muro de Berlín y una nueva era cultural acompañando un nuevo régimen político- económico a nivel mundial. En el medio, desde Estados Unidos, emerge un ídolo nuevo, un héroe, un hombre que vuela. Michael Jordan domina los 90 en la NBA y además de cambiar a este hermoso deporte para siempre deja un legado deportivo y cultural que al día de hoy sigue marcando a los talentos más disruptivos de Norteamérica.

Para despedirse en la meca del básquet, el Madison Square Garden, usa unas Nike Air Jordan I de 1985. No podía quitarme las zapatillas lo suficientemente rápido, dijo a ESPN en el post partido. Y cuando conseguí quitármelas, la media estaba empapada en sangre. Jordan se despide de la época, de su época, con sus Air Jordan y con 45 puntos, sufriendo y esforzándose por hacerlo a su manera. Todo lo que él fue, resumido en 4 cuartos de 10 minutos. Con sangre, sudor, talento y sus zapatillas históricas.

Foto: Michael Jordan en su último juego en el MSG con los Chicago Bulls ante los NY Knicks, marzo de 1998.
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El hombre que puede volar

Durante 1985 y con Michael Jordan atravesando su temporada rookie, Nike lanza al mercado unas zapatillas blancas, rojas y negras que ya son historia del deporte: las Jordan 1. Es conocida la historia donde Jordan deja de lado a Converse, la marca que dominaba el mercado de la NBA con Larry Bird y Magic Johnson y por otro lado a Adidas. Nike era una marca más de índole atlética, y encontró en Jordan, no solo al hombre para llevar la pipa en sus pies sino también una revolución marketinera nunca antes vista.

Para ponerlo en la frivolidad de los números, las previsiones de Nike marcaban una venta de 100.000 pares en el primer año. En apenas un mes habían superado los 450.000 pares vendidos. Las Air Jordan vinieron a revolucionar el mercado de las zapatillas en la NBA porque también significó la puerta de entrada para que muchos deportistas tengan a día de hoy su propia línea de calzado dentro de una marca.

Si hay algo en la mitología Jordanesca, es que cada hito de su carrera es un símbolo que tomó peso propio. En el dunk contest de 1988 Jordan vence a Dominique Wilkins con una foto histórica que trasciende a la historia, Jordan elevado en el aire y suspendido, como si estuviera volando, manejandose en el aire como un avión. Con esa imagen gana el que es para muchos el mejor dunk contest de la historia. De ahí, surge que en las ‘Air Jordan III’ se vio por primera vez el logo ‘Jumpman’ de Jordan, dando comienzo a la marca dentro de la marca que se construiría alrededor de su figura. Hoy es común en cualquier industria que las propias lógicas de comunicación y de marketing hagan el molde de un jugador, Jordan cambió toda lógica y el hizo una propia industria dentro de la misma.

 

Foto: Walter Iooss Jr. captura a Michael Jordan flotando en aquel Dunk Contest de 1988.

Sus zapatillas van más allá de la estética que pudo haber tenido. Hay un hilo conductor a través de la vida de MJ y es que sus lugares de construcción nunca fueron lugares donde la hegemonía ya reinaba. Lo que hizo con Chicago Bulls, lo hizo con Nike. En un mercado donde la marca no era la hegemonía la llevó a su ritmo y con sus lógicas a lo más alto. Hoy por hoy Nike viste a todos los equipos de la NBA y la versión statement de cada camiseta usa el logo Jumpman de la marca Jordan. Inmortalizado en cada camiseta.

And i took that Personally

Durante toda la década de los 90 un joven de Lower Merion mamó toda la carrera de Jordan y se puso como objetivo imitarlo en cada movimiento, en cada declaración, incluso en su mentalidad ganadora. Estamos hablando de un tal Kobe Bean Bryant, quien no solo adoptó como ídolo a MJ sino también como una especie de padre basquetbolístico una vez que arribó a la NBA. Jugando en la misma posición y con un estilo ofensivo casi idéntico, Kobe representa la primera línea de una camada de deportistas que adoptaron la cultura de “ganar o ganar” de Jordan. El precursor de la “Mamba Mentality” tuvo sus influencias en cada batalla personal de MJ en su carrera. Una historia de superación deportiva que inspiró a toda una generación.

Foto: Michael Jordan y Kobe Bryant en los inicios de Kobe como jugador.

Hoy por hoy la “Mamba Mentality” es un ejemplo de mentalidad deportiva pero para llegar a eso, Kobe tuvo que superar varias barreras. En principio derrotas, duras derrotas, problemas con compañeros de equipo donde se lo acusó de egoísta e individualista y problemas extra deportivos que un poco dañaron esa imagen, en un microclima cultural y deportivo donde la “imagen” es incluso tan importante como el juego. Esos mismos problemas atravesó Jordan antes de ser quien fue, sus derrotas con los Celtics de Bird y los famosos Bad Boys de Detroit, sus problemas con el juego donde cierto sector del periodismo americano miraba de reojo y los problemas de vestuario donde muchos compañeros denunciaron maltratos de parte de MJ.

Si Jordan era el faro de Kobe y si él pudo atravesar esas barreras que le permitían tener el respeto que él suponía merecer tener, Kobe también tenía que poder. La “Mamba Mentality” tiene sus orígenes antes de que Kobe ingrese a Lower Merion, nace en cada “And i took that Personally” de Jordan en su carrera. Detrás de esa frase hay toda una moral propia, una reserva con límites puestos por el propio Jordan, un “todo lo que la ley permite”. Quizás el llevar al límite a compañeros en los entrenamientos se justifique en “no les pido nada que yo no haga” y saludar después de perder un partido sea algo innegociable. Analizar la moral de su personalidad desde la ética propia es complejo porque Jordan creó su propio mundo de reglas, sus Jordan Rules

Make America Great Again

“Tengo que ver las finales de la NBA y ver cómo se les llama campeones del mundo. ¿Campeón mundial de qué?… ¿Estados Unidos? No me malentiendas. Amo a Estados Unidos, por momentos, pero no somos el mundo. Aquí sí somos el mundo. Están casi todos los países peleando entre todos, luchando por ganar, usando sus banderas para mostrar que están siendo representados. En la NBA no hay banderas. Debemos hacer más. Debemos representar al mundo”.

Noah Lyles, atleta y triple medallista de oro en Budapest recientemente, apuntó de esta manera contra el etnocentrismo americano que predomina en el mundo del básquet y de los deportes donde son potencia. Lo cierto es que este debate vive pendulando en torno al básquet y está bastante reciclado.

Una discusión bastante parecida giraba luego de que la Unión Soviética gane el oro en los JJOO de Seúl de 1988 en la disciplina basquetbolística. El orgullo americano no podía permitir que su antítesis de cosmovisión universal se imponga en el espacio que creaban y recreaban constantemente. Es tan así que Estados Unidos volvió a llamar a sus estrellas de la NBA para los JJOO de 1992 en Barcelona, no solo ganar era el objetivo, sino dar un claro mensaje de que podían humillar a cualquiera que se imponga en su camino. Magic Johnson, Larry Bird, Charles Barkley, Karl Malone, Clyde Drexler y etc. se encolumnan detrás del héroe que guía a Estados Unidos a la conquista del básquet a nivel mundial y ganan el oro arrasando en cada uno de sus partidos, con definiciones humillantes.

La construcción de MJ no podía ser solo de consumo interno en pleno auge liberal de los noventa en todo el mundo. Los Juegos Olímpicos fueron la puerta de la globalización Jordanística, de su cultura y de su juego, de sus zapatillas y de toda su marca. Si decimos que los 90´ en cierta parte se condensa a través de la figura de MJ, con las luces y sombras que también cargan los Estados Unidos de Norteamérica, la conquista del oro en Barcelona simboliza la llave de la conquista americana en esta década tan estudiada y analizada.

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