Música

Ruido criollo #4: Olivia Milberg

Olivia Milberg es poeta y tallerista. Publicó los libros Lobo de mar, por Añosluz Editora, y Cuarenta gotas diluidas en dos dedos de agua, por Promesa Editorial. Lleva adelante talleres donde explora las posibilidades sonoras de la escritura, entre otras cosas.

Por Máximo Cantón
24 de abril de 2025

Ruido Criollo es una serie de entrevistas que intentan cartografiar el sonido nacional hablando con sus trabajadores. ¿Por quiénes sonamos como sonamos? ¿Tenemos una tradición sonora?

Olivia Milberg es poeta y tallerista. Publicó los libros Lobo de mar, por Añosluz Editora, y Cuarenta gotas diluidas en dos dedos de agua, por Promesa Editorial. Lleva adelante talleres donde explora las posibilidades sonoras de la escritura, entre otras cosas.

¿Cómo empieza tu relación con el sonido como herramienta?

Mi papá es músico, así que cuando era chica había siempre mucha música, mucha gente improvisando en mi casa. Había siempre reunión, era un punto de encuentro. Y cuando apareció Popstars en la tele, hacíamos Popstars.

¿Qué era?

Era un reality que era un concurso donde las chicas se presentaban, hacían audiciones, iban pasando instancias y vos veías como ellas iban quedando y pasando y finalmente terminaba en Bandana. Después hicieron el de chicos con Mambrú, pero tuvo menos éxito. 

Pero con el Popstars de las Bandana, en mi escuela jugábamos todo el día al Popstars. Hacíamos audiciones entre nosotras, nos poníamos puntaje. Ahí empecé a cantar un montón y empecé a ir a clases de canto. 

¿Cuál era tu canción de audición? 

No sé, lo que se cantara en ese momento. Supongo que las de las Bandanas me gustarían, me gustaba un montón Shakira, Britney, ese repertorio. También como mi papá era músico tenía unas cosas muy de loser, tipo Oli es un viejo que caía la audición de las Popstars en joda y cantaba, no sé, tipo Djavan (risas). 

Ahí empecé a tomar clases de canto, de música  y de alguna cosa más de una mirada creativa con el sonido con Pepa Vivanco. Ella era profe en la EMPA y tenía años laburando con chicos y adolescentes. Era una masa, un amor total.

Y me quedé un rato con la música, pero lo que me pasó en relación al trabajo de la música y el trabajo con el sonido, creo es que no pude con la música hacer un trabajo tan creativo.

Aprendí, estudié mucho canto, estudié Fedora, estudié todas esas cosas del cuerpo y del movimiento, estudié mucho canto con la línea de Rabine, un montón. Él tiene una técnica que se llama canto funcional y trabaja un montón con la salud vocal. Yo me enganché mucho con ese lado. Y nunca pude… o sea, yo la música la dejé porque nunca pude componer para mí. 

Me gustaba cantar entonces interpretaba y cantaba en bandas y también laburé con música en el proyecto de Orquesta Infanto-Juvenil del MTE. Digo, me relacioné con la música de un montón de formas, pero creo que ahí había algo con lo creativo que se me escapaba. En un momento se me pasó la calentura con la música, me desenamoré, me desenganché, y paralelamente siempre leí bastante. No desde siempre porque me costó mucho aprender a leer a mí, de niña me costó y lo odiaba y me daba muchísimo trabajo y leía muy mal en voz alta, entonces me daba mucha vergüenza. Me han dicho que soy disléxica, mi papá es disléxico, así que puede ser. Capaz después leí bastante como por venganza de eso, como que una vez que lo conquisté leí sin parar. Y me encanta leer, me encanta leer en voz alta, pero de chica lo sufría un montón, sobre todo sufría que: “che, tenés once años y leés como el orto, amiga. ¿Qué le pasa? Qué boluda”. (Risas)

Después agarrar un libro en mi casa y leerlo me daba tanto trabajo que me generaba rechazo. Creo que ahí lamentablemente algo de la vergüenza operó positivamente. Fue por la vía de la vergüenza, pero fue como “tengo que practicar esto”  y ahí me recontra enganché leyendo. A partir de ahí leí un montón sin tomar tanto las riendas de escribir. Parecido a lo que me pasaba con la música, yo leía lo de los demás, no trabajaba tanto en producir lo propio.

Este momento de lectura ¿Es de lectura de narrativa o es ya de poesía?

En su momento leía más narrativa, la poesía vino un poco después. Y la poesía me habilitó mucho la producción, la escritura. Cuando empecé a leer poesía empecé a escribir.

Y empecé a escribir furiosamente en un momento en el que me rompí una pierna.

Me estaba colando al recital de los Chemical Brothers  en un predio que se llamaba Al Río que había en Vicente López. Ahora está diferente el predio, pero en ese momento, que el vial costero no estaba del todo terminado de construir, había unos espacios grandes de pastizal, de baldío, y había un gran playón de estacionamiento vacío donde hacían festivales. Estaba en la calle con un amigo tomando una birra y se nos ocurrió colarnos por ese lugar, encontramos un agujero en la cerca del pastizal y nos mandamos por ahí. Atravesando el pastizal me caí en una zanja de desagote del río y me rompí la tibia en cuatro, el peroné, me corté todos los ligamentos y hubo desarmamiento en la tibia, con lo cual hubo que reconstruirla. Estuve un año en reposo. 

Me quedó un lío bárbaro en el pie, me quedó un año que tuve que suspender muchísimos planes y estuve obligada al reposo. Empecé a escribir un montón en ese momento.

Empecé a leer con otra intensidad y con otra forma, cuando estás escribiendo leés con atención a otras cosas. Las cosas que leo porque pienso que me van a ayudar a escribir las analizo un poco más, las analizo en su construcción también ¿Qué es lo que me gusta de este texto? ¿Qué recurso está poniendo o qué hay ahí?

Y a veces no es una cosa tan clara como un recurso o una construcción, a veces son sensaciones. Si lees por placer o para chusmear que está haciendo tal o lo que sea, capaz que le das más derecho, te deslizas más por el texto.

¿Se te traslada a otras cosas, a la música, las películas, esa manera de leer o se te queda en tu propio terreno?

Lo tengo más en mi propio terreno que en otros, pero también se traslada. También se traslada porque excepto que escribas sobre escribir, que es todo un universo enorme que no es el que a mí más me interesa, estás escribiendo sobre cosas que pasan en la vida. Parece muy amplio lo que estoy diciendo, pero al fin y al cabo es una forma de mirar, es un cómo voy a decir esto que pasa, qué palabras construyen este universo. Entonces eso que vos construís muchas veces no viene de la literatura.

Este momento de primer contacto que me estabas contando es bastante aislado, vos con una pierna rota en tu casa. ¿Hay un momento donde salís a encontrarte con otra gente que estaba escribiendo, leyendo? 

Re. En talleres, en la carrera de Artes de la Escritura en la UNA, en lecturas. Empecé a escuchar lo que estaban haciendo otros. En lo que vos estás preguntándote por el sonido, creo que en las lecturas hay algo súper interesante, que es escuchar lo que están haciendo los otros y no necesariamente leer lo que están haciendo los otros. Escuchar lo que está haciendo alguien que por ahí no te comprarías el libro o no tiene un libro para que vos te compres o lo que sea, pero igual te está te está poniendo ahí algo de lo que hace. Y con quién podes dialogar después también. Después empecé a hacer lecturas en mi casa.

Hay un salto ahí.

Sí, pero no sé si fue un salto. No sé si fue tanto un salto como sí una cosa que pasó naturalmente. De leer y comentar, de escribir y querer que alguien te lea y te diga qué le pareció, de la necesidad de dialogar. Empezás a dialogar con gente, te empezás a hacer amigues y después los invitás a comer a tu casa y terminás leyendo y después: “che, armamos una lectura y que vengan también tus amigues”.  Es una cosa que para mí es muy natural, a las lecturas que hacemos en casa viene la gente que yo quiero y con la que yo dialogo, no viene la gente que leo necesariamente. Entonces viene a leer esa persona que puede ser mi amiga o puede ser alguien que viene a mi taller o puede ser alguien con quien yo hago clínica o puede ser el novio de mi amigo. Gente que forma parte de mi de mi mapa afectivo. Es más una cosa de abrir la casa a una sociabilidad y que nos escuchemos. ¿Qué pasa con esas personas con las que cenamos, salimos a bailar, nos vamos de vacaciones, nos cruzamos en eventos? ¿Qué hacen después con todo eso que compartimos, con las cosas que pensamos juntos? Bueno, vuelven a su casa y escriben algo.  

Darnos ese momento de escuchar qué hacen esas personas con las que compartimos sociabilidad cuando están en soledad y produciendo.

¿A vos te cambió mucho tu forma de escribir el hecho de estar haciéndola en tu casa a hacerla circulando dentro de ese mundo de gente que te escuchaba? 

Sí. Yo nunca estuve muy sola escribiendo igual, no soy una persona muy solitaria en general. Existe esa imagen, existe esa idea de la persona sola escribiendo. Yo no la habito tanto porque a mí me cuesta mucho, pero de verdad. No es una cosa que digo tipo porque “hay que hacer alianzas comunitarias” y no sé qué. O sea, me cuesta mucho pensar sola, posta. Me doy cuenta de un montón de cosas conversando.

Entonces, cuando yo escribo algo ya se lo quiero mandar a alguien a ver qué dice, y también soy lectora de mucha gente. Hay mucha gente que me manda textos y que yo les comento y me re gusta meter mano además y me gusta que me metan mano… (risas) en el texto.

Me aburro sola. Leer sola sí es algo que hago mucho más que escribir. 

Me encanta leer y comentar también, pero creo que es un 90% lo que leo sola y un 10% lo que comparto. Además la gente me presta libros, me recomienda cosas y yo no las leo muchas veces. Tengo mi agenda y siento que esa no está tan compartida.

En cambio, cuando escribo estoy ansiosa. Enseguida quiero mostrarlo, que alguien me diga algo, o lo llevo a una lectura, lo pruebo. Alguien me va a decir algo, aunque sea una careteada, aunque sea que me digan, «Ay, qué lindo”. No importa, es alguien que escuchó. Simplemente saber que alguien escucha ya me hace editar en vivo. Editar en vivo obviamente es escribir en vivo, entonces siento que escribir lo hago muy poco sola. Bueno, ahora escribo con Pilar (Otero) a cuatro manos directamente. Mis textos no los escribo sola y además intento escribir con otros.

Sobre empezar a leer poesía ¿Qué lees? ¿De qué están hablando? ¿Qué es lo que te llama la atención? 

Siento que me enamoré mucho de textos muy sonoros y muy opacos. De repente me pareció que la poesía tenía una zona increíble que eran textos que me daba placer pasarlos por la lengua, más como si me los comiera que como si estuviera leyendo algo o entendiendo. Había un montón de poesía que yo no entendía nada por dónde entrarle, pero me gustaba decirla en voz alta, cómo sonaba, qué se repetía. Me gustaba no entender también. Después la relación con el entender me fue cambiando, al principio era “qué placer esto, puedo leer”.

En ese momento, por ejemplo, me encantaba Bustriazo Ortiz y me aprendía los poemas de memoria. Es un pampeano que escribe unas cosas que decís “¿qué chota dice esto?”, inventa palabras y tiene un universo muy poco transparente, en el borde de lo que comunica y lo que no. No te digo ilegible, porque no, pero casi. Fascinada con Gertrude Stein también, otra que está de las chapas. Usa la lengua de una manera muy alejada de cómo la usamos para comunicarnos, para traer un mensaje y dártelo. Muy lejos de un uso práctico del lenguaje.

Eso al principio me fascinó porque entré en una de “vengo usando el lenguaje por un carril mega estrecho super límpido, ordenado, transparente, ahora lo voy a hacer concha”. La posibilidad de armar nubarrones de avispas. Una cosa que se mueve, que significa una cosa si leo desde acá y otra cosa desde allá.

Esa excitación que me daba ese tipo de textos la sigo teniendo, pero fui encontrándole también el gusto a autores que trabajan el lenguaje con distorsiones más pequeñas, cositas más sutiles en esa dirección.

También porque me fui enamorando mucho del corte de verso. Me parece que encontré en el corte de verso algo mucho más extendido en la poesía que las poéticas que están paradas en un borde respecto de lo comunicable y lo que no se no comunica. El corte de verso me daba algo más sutil.

¿Querés explicar a qué te referís?

Los textos que no son poesía se ordenan con un criterio normado, gramatical, sintáctico. El punto, la coma, el punto y coma, la mayúscula. Todos esas herramientas, toda la puntuación, son herramientas rítmicas y melódicas. Uno puede tener un texto muy musical trabajando con esas herramientas, pero siempre dentro de los límites de la gramática. Vos igual no vas a poner la coma en cualquier lado, vas a tener que dejarla con las reglas del juego de la gramática. Ahí tenés una normativa ordenando.

Lo que te da el verso libre es la posibilidad de hacer una pausa que no tiene nada que ver con ninguna norma ni con ninguna bajada de nada. Entonces, vos podés meter una pausa en donde vos necesites esa pausa. Y esa pausa es rítmica, es melódica, es conceptual también. Es una suspensión.

Puede ser mil cosas. Puede significar de cuántas maneras se te ocurra que vos podés armar un sistema con eso. Entonces, para mí, la posibilidad de pausar por fuera de una lógica, de una norma, me parece fabulosa. Me parece suficiente. Me parece suficiente para escribir así y para leer eso. Hay algo ahí que no le tiene que rendir cuentas a ninguna regla de nada más que a lo que vos pongas a funcionar. Y lo que vos pones a funcionar puede ser puede ser el criterio que sea, porque me chupa un huevo, porque para mí ahí va.

Hay algo entre que esa herramienta tiene voltaje controlado y lo de las distorsiones pequeñas.  El corte de verso es una herramienta que puede ser usada para hacer cosas muy extrañas o muy pequeñitas. 

Totalmente, pero para mí hay algo en el corte de verso que, al revés que estos juegos opacos, logra comunicar más que la puntuación. Porque es expresivo el corte de verso, hay una comunicación más profunda que si no estuviera.

Te había leído que hablabas de que el significado y el sonido de la palabra no son lo mismo y que el sonido tiene otras virtudes. 

Sí. O sea, el significado semántico de la palabra, lo que esa palabra significa para un diccionario, y el sonido de la palabra, en principio van por carriles separados. Lo típico de Saussure, que te dicen: «bueno, árbol suena árbol y por otro lado un árbol es un árbol con un tronco, la copa y todo eso”. Por ejemplo, ayer estaba tratando de escribir un poema y me encontré con un montón de palabras buenísimas tipo chasquido, crujido, que no van por carriles separados. Chasquido podrías ser casi una onomatopeya. Entonces, con pinzas esto de que va por carriles separados. Pero el sonido empuja el sentido de lo que estamos escribiendo. Si no, nos quedamos en unas lecturas muy mentales, muy conceptuales, como si no nos entraran por la oreja, por el ojo, como si no hubiera un efecto somático en escuchar algo, en decirlo.

Como si no nos preocupara, cuando escribimos, armar sonoridades interesantes. Es algo que en cualquier corrección, la más básica, alguien te va a decir, «No, mira, esto es cacofónico, sacalo.» Y bueno, eso es una una gentileza para con quién te va a leer, ponerle algo lindo en la oreja.

Entonces, hay muchos niveles en donde los textos significan. Uno es esta especie de danza de conceptos que se arma, otro es esa música que tienen las palabras, cómo suenan, cómo suenan entre sí, en qué sonidos insisten, dónde no, qué acentuaciones.

Como todo eso arma una música que puede ser más fluida, más trancada, puede ser trancada y tener humor como los trabalenguas. Por ejemplo, “tres tristes tigres tragan trigo en un trigal”, ahí lo gracioso es que se te enriede la lengua. También es gracioso que haya tres tristes tigres.

Pero la imagen de que los tres tigres están tristes en un trigal existe porque existe la “tr”. Si no, no existe. Se le ocurre a alguien porque la sugirió el sonido. El sonido muchas veces trae imágenes increíbles.

Después están todas las estructuras gramaticales con las que pensamos y lo que esperamos que pase en una frase, todo eso también opera un montón. Si yo te digo “cada vez que me sirvo agua”, vos necesitás, esperás, que yo te diga algo más, porque si lo corto ahí te re cagué, te dejé pedaleando en el aire. Todo eso opera al mismo tiempo en un texto y sobre todo creo yo en la poesía.

¿Te importa decir la verdad?

Me interesa mucho más la construcción de un verosímil que los hechos de la realidad. Una vez mi vieja me llamó para decirme que había leído unos poemas míos que habían salido en una antología y me dijo, «vos sos una mentirosa.» Y yo tipo “o sea, sí. ¡Pero me formé, mamá!”.

A veces mintiendo, es decir, armando unas imágenes o contando hechos que no sucedieron como los estás contando, se expresa más fácilmente algo que querés poner sobre la mesa, que si te contara las cosas como son.

A veces las cosas como son no se entienden, generalmente no se entienden. Entonces no, la fidelidad a cómo pasaron las cosas, no me interesa.

Hoy estaba dando una clínica y vino una persona con un texto. La escena era un cumpleaños y todos los nenes se reían y él ponía en el poema “y yo tenía los dientes picados», entre otras cosas. Después me dijo, «no, Olivia, es que yo no tenía los dientes picados en realidad.» Y yo le digo «no, no importa. Si vos no te podías reír porque te daba vergüenza reírte, bueno, tenías los dientes picados”. El que se quede con la superficialidad de que si los dientes estaban picados o no estaban picados, allá esa persona. Que si las caries o no las caries, eso es un problema para el dentista. No para el lector. 

Gato por libre es un poema tuyo que es una especie de halago a la duda ¿cómo opera eso en este universo?

Bueno, me parece buenísimo traerlo a cuento de esto, es un poco eso y también a la confusión. A la duda, a la posibilidad de que nos vendan gato por liebre, de vender gato por liebre. La reivindicación de mi derecho a vender gato por liebre cuando escribo (risas).

A dudar y a dudar de lo que veo en un primer vistazo. Vos ves una liebre en primer vistazo y bueno, segundo vistazo es un gato, tercer vistazo eras vos en el espejo, cuarto vistazo, podemos seguir. Esa cosa desanclada de la imagen y del sentido me parece celebrable. 

Me gustaría hablar de internet, de varias cosas. Me interesó mucho esto que hablabas de lo verosímil y lo real, que tiene mucho que ver con la forma en la que internet fue interviniendo en el lenguaje ¿Cómo lo ves vos eso?

A ver, acá me pongo más ordenada que antes. Hay ámbitos y ámbitos, hay pactos y pactos. Cuando vos estás leyendo una nota que se presenta como una nota periodística y lo que está diciendo es básicamente un bolazo, ahí hay una una traición al pacto porque uno espera de una nota periodística que sí le informe. Ya sabemos, con todas las distancias, la subjetividad y tal, pero hechos de la realidad, ¿no? Entonces, una fake news me parece que es una traición, ahí no me parece divertido como en un poema. 

Siendo usuarios de una red hay más grises. Creo que también depende de en qué red social tenemos más permitidas las ficciones que en otras. En Twitter, por ejemplo, me parece que hay muchos usuarios que son claramente una construcción de un personaje aunque partamos de esa base en todas las redes.

También es importante que hoy por hoy participando de redes sociales ya tenemos bastante claro –muches de nosotres, no sé si es transversal generacionalmente– que ahí hay una construcción y entonces nos podemos divertir un poco con eso. 

Después sobre cómo afecta al lenguaje, que pasa con internet como pasaba antes con otras cosas, lo que creo es que nos ha dado ciertos moldes. O sea, hay muchos modismos que son de internet pero eso no me interesa tanto, lo que me interesa es que, por ejemplo, yo tengo muchas amigas que usan mucho Twitter y ellas me hablan en tweet. Por un lado un molde puede ser como un soneto que dentro de él se te pueden ocurrir cosas locas porque me da un espacio para rellenar y después hay otra parte que es “amiga no estás pudiendo pensar por fuera del molde”. Eso lo observo, no sé bien qué pienso de eso pero sí lo puedo reconocer. Gente que habla en tweet y que piensa en tweet, probablemente. No lo sé, no me puedo meter en sus cabezas pero hay algo moldeado ahí.

La poesía tiene, creo yo, una relación bastante íntima últimamente con Instagram y con un tipo de poesía que difunde mucho, una manera de difundirla. En relación a eso ¿qué pensás?

Voy a pensar ahora mientras hablamos, porque no tengo algo tan elaborado. Creo por un lado que hay una relación que es análoga a lo que hablábamos de Twitter y con cómo habla la gente.

Por ahí hay gente que empezó a escribir poesía con ese formato o que escribe, no sé si empezó, adecuada ese formato. No lo conozco tanto ese terreno.

A mí, particularmente, como usuaria de Instagram me costaría leer poesía scrolleando, pero como me cuesta leer cualquier cosa scrolleando y sin embargo lo hago. Consumo noticias scrolleando y a veces son noticias importantes y terribles y las consumo scrolleando y también veo que hacen mis amigues con un segundo de una story. Es una mediación con la vida a veces.

Pienso que la poesía puede entrar en ese reparto, pienso que no es la mejor manera ni de saber en qué andan tus amigues, ni de ponerte en tema con el genocidio de Palestina, ni de leer poesía. Sí me parece una herramienta para los flyers. Una cosa rápida, tal día a tal hora y pasar afuera. Todo lo que es un poco más profundo que la info de un flyer a mí se me complica, es demasiado veloz.

He escuchado una acusación o idea dar vueltas y es que se puso muy de moda la poesía del yo ¿Vos qué pensás de eso?

Se pusieron muy de moda las escrituras del yo en general, en la poesía y en la narrativa, en todo el arco de la ficción. A mí me parece que no se pueden englobar a todas las escrituras en las que hay un yo implicado, mostrando una subjetividad, un yo que se podría relacionar con el  autor, como que hacen el mismo movimiento.

Creo que hay algunas escrituras que hacen algo muy interesante con el yo, muy interesante con ese registro subjetivo, y que pueden hacer una reflexión desde ahí.

Después hay otras que sí responden a esta cosa de hacer el show de la propia propia vida, que eso sí es más similar a algo que nos pasa en redes, nos pasa en otros ámbitos. Hacer el show de la propia vida no está bueno.

Depende de quien sea ese yo, no es todo lo mismo si digo “yo y mi vida, vean y pasen, soy una chica cis blanca de Nuñez o soy una trava negra migrante de La Boca”. Son yos que se relacionan con el mundo de formas diferentes y no digo que necesariamente una de esas dos posibilidades sea interesante y la otra no. Pero sí digo que no son todos lo mismo y que se los tacha como “ah, literatura del yo otra vez” y sería interesante ver qué hace esa literatura con ponerse en cámara.

Hay algo en las literaturas del yo que es muy potente, que es la posibilidad de un camino hacia la intimidad y que vale la pena recorrer. Es distinta la intimidad que hacer el espectáculo.

¿Cómo es la distinción?

Desde la intimidad podemos conectarnos emocionalmente de una forma. Y el espectáculo no nos conecta de la misma manera.

Hay una forma egocéntrica de posicionar al yo que creo que no que no está buena porque no está bueno relacionarnos con nada poniéndonos en el centro del universo. Nadie es el centro del universo, entonces cuando digo espectáculo me refiero a ponernos en ese lugar.

Si el yo está en el centro por una cuestión egocéntrica, se cae y eso pasa mucho. También pienso que hay un enviciamiento muy fuerte con el yo desde lo que hablábamos de las redes hasta, acá capaz alguien me va a montar en un huevo, cosas como la astrología, la revolución solar, háblame de mí, de mí, de mí, de mí, de los astros para mí. No estoy diciendo que la astrología no sea válida, pero hay una forma de consumir eso que es háblame de mí.

Eso me impresiona. Sobre todo cuando ese “mí” es “yo sola”. Cuando me ubico en un lugar que incluye a otros, yo no estoy en el centro. Nunca. Entonces ahí está el problema, me parece. Cuando el yo abre un camino para la intimidad, ahí hay una una posibilidad de conectar emocionalmente diferente en ese sentido.

Después sí veo, por ejemplo, que a mí me llegan textos de gente que quiere corregir y publicar su diario íntimo. Ya en una reflexión más liviana, pero ¿a quién le importa? Si vos sos una persona ordinaria con una vida ordinaria. La gente quiere leer el diario de Marilyn Monroe porque Marilyn Monroe era una figura pública, entonces si después tiene una vida ordinaria, cosa que no creo, eso nos interesa.

Si vos sos un anónimo pero te dedicás a estudiar las profundidades marinas como nadie, sos un anónimo, pero tu vida es extraordinaria, me interesa. Hay mucha gente que viene y me acerca su diario íntimo para publicar desde lo ordinario y ahí también hay una cosa del yo en el centro, ¿no? “Yo voy a publicar mi intimidad”. Bueno, ni idea (risas). Situar un poco al yo, ¿Por qué pensás que es interesante esto? No porque tenga que ser excepcional ¿Quién sos antes de empezar a hablar de vos? ¿Vos en relación con qué? También puede ser yo y los sándwiches de miga, porque soy una fanática y una conocedora y capaz que me dedico a cualquier otra cosa, pero la verdad que mi relación con el sándwich de miga vale la pena ser contada y re. Re, por ahí tenés una mirada nueva para aportar sobre el sándwich de miga y bienvenido sea. Pero bueno, enmarcar un poquito el yo antes de tirárselo por la cabeza a todos los demás.

Me hacía acordar esto de la astrología, el tipo de persona que lo recibe y la que lo va a buscar, a esto de ser tu propio jefe y laburar en vos mismo. Más allá de que sean cosas muy distintas apelan a un mismo instinto. 

Sí, sí. Hacer un yo central todo el tiempo. Independiente de los demás, independiente de un contexto. Ahí se cae. Soy independiente de los demás, soy independiente de un contexto, no estoy poniendo el yo en relación a una cosa, bye. No tenés nada que decir. No tengo nada que escuchar de lo que vas a decir.

Tengo dos últimas preguntas. La primera, ¿vos te ubicás dentro de una tradición de poetas?

No como una tradición o un movimiento estético o una escuela. Sí puedo encontrar filiaciones con poetas que a mí me interesan. Es que son miles, pero bueno, a ver, voy a nombrar algunos.

Personas que me han hecho entender el ritmo y el sonido como lo entiendo, por ejemplo, Mirta Rosenberg, por ejemplo, Gertrude Stein, que la mencionamos hace un rato. Igual no escribo al modo de Gertrude Stein, pero algo de eso pregonó muy fuerte en mí y me posibilitó algo. Yo me muevo 1 cm y ella se va 20 millones de kilómetros, pero la conciencia de que hay 20 millones de kilómetros más allá me la ha dado en parte Gertrude Stein. Me la ha dado Nestor Perlongher también, en otra zona.

Parte de lo que hablábamos del verosímil no realista y algo de narrar en el poema, me lo ha dado mucho la Marosa di Giorgio.

Algo de cómo pensar al yo, por ejemplo, que me interesa, lo tiene Anne Carson, que tiene una cosa muy ensayística en su poesía. Hay un yo muy implicado, pero es un yo que está pensando siempre su experiencia en relación a otra cosa, a una lectura, a una relación del yo con algo. En el caso de Anne Carson siempre es un objeto literario, el mío no necesariamente. Me está aportando un montón ahora desde la lectura y desde el conversar de poesía Andi Nachon.

Escribo con Pilar Otero, con lo cual ahí ya estamos contagiándonos y traficándonos un montón de cosas entre las dos. 

Con Andrea Franco escribimos muy distinto, pero nos leemos entre nosotras y nos comentamos entre nosotras y eso yo creo que me educó la mano, un montón.

Arturo Carrera es una persona que me ha ayudado a hacer pequeños focos y grandes alejamientos. Los poemas ensayísticos de Mario Montalbetti me abrieron zonas también que me interesan. Pienso en Gambarotta. Hace poco me fasciné por cómo me reía con Fer Laguna. 

¿Por quiénes sonamos como sonamos?

Por las bocinas, los pájaros, el rumor constante de las heladeras, por la tele argentina desde la década del 50 para acá, por las películas dobladas al español neutro, por el tonito de las maestras de jardín, por lxs migrantes, por la conquista, por las lenguas originarias vivas y por las muertas, por la globalización, por el amaneramiento gay, porque no queremos sonar femeninas, por Madonna, Eva, Diana Bellessi, Nestor Perlongher y el encabalgamiento, porque queremos disimular, porque queremos aparentar, por Atahualpa Yupanqui, por Nelly Omar, por moda, por haber usado brackets, por tendencia al endecasílabo, por rencor a la rima. Por bailar al lado del parlante, por miedo al silencio, por cansancio, por el polvo, por la humedad, por la puna, porque estamos en crisis, porque estamos emocionadxs, por las contracturas y el bruxismo.