Música

Ruido Criollo #16: Sofía de Ciervo

Sofía de Ciervo es cantante, compositora y actriz. Este año publicó el disco PUNGA, donde cruza el tango con nuevas formas de sonido urbano y poética.

Por Máximo Cantón
10 de diciembre de 2025

¿Cómo empezaste a trabajar en la música?

Yo vengo de la comedia musical. O sea, no componía, simplemente interpretaba música de otros autores. Estudié piano en el Conservatorio de Junín, pero me vine con la idea de hacer las tres áreas: canto, teatro y baile. Entonces acá me puse a estudiar en una escuela de teatro musical, al mismo tiempo que canto lírico en el conservatorio y la carrera de teatro.

En la pandemia cerró la carrera de teatro musical y ya venía pensando que tenía que elegir entre las tres áreas porque son todas muy exigentes. Me gustaba mucho la actuación, la performance (la música nunca vino sola) pero en la pandemia lo único que se podía hacer era escuchar música en tu casa. Ahí me metí de lleno, escuché un montón de discos, me enamoré de Charly García, de Spinetta. Todo lo que por ahí diez años antes tendría que haber hecho, lo hice ahí. Y me puse a componer. Empecé desde el lado de la comedia musical, o sea, estaba con una obra de teatro y le hacía canciones a esos personajes. Toda la música nació siempre desde ahí: de personajes que salían en las clases de teatros o de obras, historias, de leer a Cortázar e inspirarse. Creo que el teatro me llevó más a la música que al revés.

Terminé la carrera del conservatorio de música y ahí me encontré con la orquesta de tango del Falla. Apareció el tango, con la actuación seguí pero la comedia la abandoné.

—¿Quién escucha tango hoy?

Todos mis amigos ahora escuchan tango, pero porque vienen de ahí. Creo que escuchan tango las personas que se relacionan con el tango a través de instrumentos. No sé si hay tantas personas que dicen, «Bueno, en mi playlist tengo temones de tango.» Siento que te tiene que entrar o por algo cultural de contexto de la ciudad de Buenos Aires, fuiste al Boliche de Roberto y te enamoraste del tango, o tocás tango y escuchás tango. Si sos joven, menos de treinta años estoy hablando.

Después, bueno, supongo que hay excepciones. Pero no sé si la masa de jóvenes escucha tango.

—¿Y por qué ir a buscarlo como herramienta para hacer música?

Creo que hay algo que a mí no me gusta del tango y es esto de que se quede como un museo. Como “esta es la historia, así se hace, estas son las letras”. Las mismas letras que Piazzolla decía que era una música de cornudos. También que por ahí el tango es buenísimo, lo escuchas a guitarra y a voz pelada y se te caen las lágrimas, pero es muy difícil acceder a buenas grabaciones o audios que puedas poner al lado de un tema de Rosalía y suene parejo.

Es difícil acceder no sólo a nuevo contenido de letras sino a nuevo material para escuchar en cuanto al sonido. Y desde ahí veíamos que el folklore, nada que ver. Viene renovándose hace un tiempo muy largo, un montón de artistas lo estaban reciclando. Teniendo una base pero muy alejado del original. Y nadie lo hacía con el tango.

Sí estuvo todo lo que pasó con el tango electrónico pero, para mí, ahí se pierde la canción, la narrativa más desde lo performático. Se vuelve algo más for export.

Entonces dijimos “¿qué onda con el tango canción de hoy, con nuevas letras, una mujer que canta otras cosas?”. Ahí vimos una ventana de que no había nadie haciéndolo, fue muy una decisión de meterse. A la vez, yo no venía encontrando una voz propia componiendo. Ritmos medio soul, jazz, rock, pero nada quedaba bien y eran voces muy clásicas. Había algo ahí en encontrar esta forma de cantar.

—Sobre esto de la interpretación, pensaba que de los propios cantantes de tango icónicos un montón eran actores también.

Todos. El porteño ya es actor de por sí. Las letras son terribles, si no sale de una actuación o algo super exagerado, dramático, no hay tango. El hombre porteño sufriendo pero de una manera muy… sin esperanza de vida, una cosa así.

En la música joven, sub 30 como decías, veo que la ironía tiene un lugar muy central. En la forma de escribir letras y también en cómo presentarse, como si hubiese cierta distancia con lo que se está cantando. Eso no lo noto en tu disco ¿Hay una decisión de no ir por ese lugar irónico?

Cuando decías “lugar irónico” se me vino esto de distanciarse por ahí no tan desde la ironía sino desde los personajes. Hoy está pasando mucho: MARTTEIN tiene su personaje, Juana Rozas tiene su personaje. Armar con un poco de biografía propia algo distinto pero no distanciarse en lo emocional. Eso sí que no está. 

Si algo tenía ganas de hacer con el disco era crear un momento de sublimación de toda la mugre que sentía que no solo yo, sino las mujeres en general estamos transitando cuando llegamos a Buenos Aires. Hay algo de encontrarse con esa inocencia que cargamos de niñas y ya no se puede más. Hay algo de esa muerte. De encontrarte con las trompadas de la vida e ir guardando eso porque no hay espacio para sacarlo. De repente un álbum, la música, o un personaje, te permiten sacar toda esa mugre. Venía viendo que todos mis personajes tenían esos y que encontraba en los libros, en las películas, en las clases de actuación. Una sublimación de todo lo reprimido. Fue medio natural, nunca dije “esto está siendo re personal”.

—En la entrevista a Julián Peralta, él dice que el tango es una filosofía de la relación con la muerte.

Sí, qué lindo. En el disco un personaje mata al otro, La Punga a La Inocencia, y ahí se termina de consolidar ese personaje. Y después hay algo en cuanto a la fórmula musical que es pura bajeza. No me gusta mucho el tango que se fue más a Europa, ahí se pierde el arrabal. Los mejores tangos tienen mugre adentro. Cosas bien bajas, nada tan celestial, ni limpio, ni étero. Ahí hay mucha muerte, suciedad.

—¿Encontrás algo de esa suciedad en internet?

Sí, re. Todo el mundo está agarrando eso y haciendo obras con eso: Tussi Warriors, Dillom. Hace un tiempo ya que todo lo sucio llama más la atención.

—¿Por qué te parece?

Y porque es como nos sentimos todos adentro, creo. Ahora no sé qué se viene porque de repente se armó algo como medio conservador y es raro ese movimiento. Todavía no entiendo bien qué está pasando, pero de la pandemia hasta ahora creo que todos nos sentimos mal en algún punto o no entendemos qué va a pasar con el mundo, con Argentina, no entendemos dónde estamos parados. La música es el lugar para no tener vergüenza en decir todas esas cosas. Alguien, aunque sea ficción, tiene que decirlo porque si no nos vamos a volver locos.

Creo que es algo que estuvo mucho tiempo guardado y se va ensuciando cada vez más y ahora es común en todos los jóvenes.

—¿Y qué es esto de lo conservador?

La imagen de la mujer trad wife que vuelve, esas tiktokers. Rosalía desafía un montón los límites de la música clásica pero la imagen es medio monja, hay algo de eso. BB Trickz, Sabrina Carpenter. No me acuerdo quién le dijo a Bad Bunny el otro día que tiene que hablar más de Dios en las canciones. Hay algo volviendo a lo conservador. No sé si es porque está Trump o que hay algo que se está alejando de tanto ruido.

—El otro día escuchaba a Alejandro Galliano referirse a esto como “ansía metafísica”. Una juventud que ansía buscar algunos valores absolutos para ir contra todo lo fragmentario. Lo que me parece muy bueno, y que lo hayas dicho desde el principio, de que busques un género viejo como el tango es que también le faltes el respeto. Me parece que así lo haces más propio y que también es más útil para la época que hacerlo exactamente tal cual, salir con un traje y tal.

Es que me mato (risas). Además no soy para nada eso. No soy una persona re tanguera, ni en pedo. Escucho el arrabal, me emociona y eso me basta. Creo que por eso también le faltamos tanto el respeto. Por otro lado, hay algo de la fórmula que estamos agarrando que lo podes tocar con una formación de orquesta típica y va a sonar a un tango y lo podés tocar como un reggaeton y va a sonar a eso. Me parece más rendirle honor a eso trayéndolo hasta esta época y dándole un nuevo sonido que dejándolo ahí como museo. O haciendo eso de la electrónica de poner un beat electrónico tres horas con un bandoneón y que eso sea un tango. Eso me parece más faltarle el respeto realmente.

Nos costó un huevo hacer el disco, lo hicimos casi tres veces. Encontrar cuando dejaba de ser un tango, cuando empezaba a serlo, cuando se podía fusionar con un reggaetón, cuando la voz cuenta un tango y cuando lo rompe. Eso nos han criticado mucho “no es tango, no digas que es tango”. Entonces ¿qué sí lo es? Hay algo de “esto no lo toques, esto no lo toques, esto no lo cambies”. Eso es más faltarle el respeto.

 —Está ese extracto donde le preguntan a Piazzolla qué opina de las nuevas bandas rock y dice que le gusta porque es “música de Buenos Aires”. Es interesante la categoría de música de Buenos Aires, más allá del tango. Pensarse desde ese lugar.

Sí, y más que nada música que te suene a Buenos Aires y que los jóvenes digan “ah, puedo perrear y que sea algo argentino”. No me tengo que ir a Centroamérica o al jazz o al soul para poder sentirme en movimiento.

—¿Y qué te parece el RKT?

Me encanta. Creo que me gusta más el RKT que… (risas). No sé si distingo tanto el RKT, el trap, así. Me gusta mucho el reggaetón, me parece que está en mi sangre, me gusta la masa bailando, moviéndose. No me gusta en las mujeres la representación lírica que siempre adoptan. Ese lugar de quiero esto, quiero lo otro, todo es sexual o fama o dinero. No se va de ahí, es raro y es todo muy Miami. Eso sí que no me gusta. Siento que en ese sentido los hombre por ahí le dan un poco más de vuelo, hay letras más interesantes, no sé por qué las mujeres siempre caen en ese lugar. Emilia sacó un disco medio burlándose de eso y a los dos días sacó una canción medio hablando en serio del mismo tema. No se entiende. No se entiende el lugar que ocupa cada una de las representantes de esos géneros urbanos masivos, como mujeres más que nada. Eso es algo que no entiendo pero me gusta mucho el movimiento en sí.

—¿Te parece que existe algo así como la bohemia entre la gente que se dedica a la producción musical, cultural? Que no estén pensando tanto en una lógica productiva o eficiente.

Sí, re. No es mi caso (risas). Me he cruzado con un montón de ellos, no los elijo para trabajar. Hay una lado de mí que es super artístico y otro que es super empresarial, es la verdad. Fríamente elegí esta ventana para meterme con este disco, fríamente planeo cosas respecto al proyecto. Para nada estoy en “bueno, vemos qué pasa”. Esa frase me destruye.

—Creo que hay algo de la cultura del rock de que estaba muy en contra de “venderse al sistema” y que estas generaciones, probablemente por las redes y por crecer con todo cuantificado y otras cosas, tenemos mucho más incorporada una visión empresarial de la música ¿vos eso lo ves?

Sí, obvio. Creo que hay algo medio cruel de la vida donde hay veces que a esos proyectos que no tienen ese tinte empresarial, por lo menos desde la cabeza o el líder del proyecto, probablemente le va a ir mucho mejor que a los que sí lo tenemos. Hay en el arte de que cuando le pedís que te produzca medio que se muere. Eso en todo, me pasa que las canciones del disco nacen desde que decidí no dedicarme 100% a la música. Un poco mi sueño murió, empecé a estudiar otra carrera, y ahí salió todo. 

Hay un miedo ahí, hay muchas bandas que sacan un disco y quedan en el éter y no se entiende porque no lo mueven. Pero es muy difícil encontrar el balance de artista y autogestor porque te volvés un empresario en dos minutos, no es compatible. Y tampoco creo que tener este rol te garantiza nada. Como no tenerlo tampoco te garantiza otra cosa. Hay que encontrar un balance muy importante en ser bohemio y saber cómo vender tu música. Tratar de componer sin estar con esa cabeza. 

Yo no sé cómo voy a volver, por ejemplo, porque ya no me imagino cómo era ese lugar, no puedo recordar cómo era no estar pensando en números como reproducciones o cómo mierda vender tantas entradas. No sé cómo voy a volver, es algo que me preocupa mucho.

—¿Se parecen en algo la seducción y la composición?

Creo que hay ciertos lugares que para entrarles los tenés que seducir primero. Muchas veces hay lugares recónditos, una herida o un impulso donde hay escondido algo potente, para los que el camino de ida no es la destrucción, que hay mucho de eso hoy también, sino la seducción. Un personaje del disco le entra al otro por la seducción, entra el dolo así. 

Pero sí siento que para componer tenes que estar muy poroso a todo. Tenés que poder escuchar si viene esta seducción, si viene esta palabra, esta cara. Creo que las composiciones nunca son aisladas. Si vos estás solo y te enterras en una idea, lo que va a salir de eso va a ser horrible o pobre o no tan resonante como si componés desde lo que te viene. Para mí, los mejores compositores son personas que son porosas hacia el mundo.

—Componer es más una forma de escuchar que de decir.

Exacto. Es mucho más ser vasija y contener todo lo que te rodea que producir una idea tremenda. Creo que esos discos son muy mentales.

—No sé en qué ejemplo estás pensando cuando decís eso de discos muy mentales. Pero me disparaba, por ejemplo, que el trap es el género que mejor o más rápido se adaptó a lo que pedía el algoritmo, la cantidad de lanzamientos. Y así produjo muchas canciones que de alguna forma son iguales porque son muy formulaicas, ahí que se nota que es muy cerebral esa música. 

Sí, obvio, y hay canciones super vacías que te das cuenta que no tienen nada de lo colectivo. Si uno en vez de componer desde la idea compone desde lo resonante, ahí te vas a encontrar con cosas colectivas y con canciones que quedan. Porque si no ¿a quién le hablas? Tienen un fin, por eso también producen mucho. Porque es una melodía que entró en un ritmo copado y después tienen que hacer treinta más para que la rueda siga girando. No son trascendentales para nada.

—¿Qué es una canción trascendental?

Una canción que con el sonido, con las letras, la forma de la canción, recicla algo de lo que está subyacente en el colectivo. Por eso no hay que tenerle miedo a ir a un reggaeton ¿por qué eso sería enemigo de lo trascendental? Sí, hay una industria McDonald’s que hace generalmente todas las canciones de reggaeton pero puede ser algo super bello agarrar ese ritmo y armar algo que resuene para todos y sea trascendental.

Hay una canción de Mora Navarro, de cuando se votó la ley del aborto, que tiene dos acordes pero es trascendental. La escuchas y llorás porque te acordás de ese momento, no sé. Es re chiquito, pero así hay miles.

—¿Somos adictos a consumir cosas nuevas?

Sí, para mí sí. Pero creo que hay algo de, como es esta industria McDonald’s que produce siempre lo mismo, que no sé si es adicción a algo nuevo, pero sí es a algo que salió hoy. Porque hay algo para mí de estar al día que te hacen las redes, que estás atrás del lore de cada ámbito más allá de si te gusta o no te gusta. Hay un poco de eso y también creo que en la música llega un punto en donde la rueda termina y tiene que salir al otro lado y así. Eso es re claro, ahora yo siento que sí hay una vuelta al folklore argentino y todos los artistas mainstream están agarrando de ahí. Lo mismo que pasó en su momento con Rosalía y el flamenco en España. Siento que hay un punto en donde siempre hay que cambiar hacia algún lado en la música pero ahora es medio patológico.

 —¿Por quiénes sonamos como sonamos?

Por las balas que nos entran. Las balas que nos entran de otros artistas, libros, paisajes, dolores, las balas que te entran de la vida son las que te hacen buscar cierta música, hacer cierta música, escuchar cierta música. Si no, no se explica por qué hay tanta verdad. 

No puedo pensar en algo como “Argentina suena a esto”. Es imposible para cualquier país. Creo que cuantas más balas dejamos entrar más, nuestro abanico de expresión sonora nos lleva por una dirección.

Quizás toda la vida escuchaste música clásica y un día ibas por la calle, escuchaste un tango y te enamoraste.

Siento que hay algo de un inconsciente que va operando y va haciendo ese caldo, entonces cuando eso se representa en una música todo tu ser se ve totalmente atrapado por eso, pero vos no sabes explicarlo porque son esas balas que no sabemos por dónde nos entran. Siento que es mucho más por lo emocional y lo vivencial que por la música en sí. Después están los sonidos, obviamente, que acompañan eso. Pero son esos poros que se van abriendo los que te llevan a sonar de una determinada manera.