Opinión

Por un eje comercial Buenos Aires-Pyongyang

Por Santiago Molina y Gabriel Freire
05 de noviembre de 2022

Hace poco, revisando el Observatorio de Complejidad Económica (me paso noches enteras haciéndolo), noté que varios países de Latinoamérica exportan a Corea del Norte, pero Argentina no. De eso se trata este artículo. Y de Perón, por supuesto.

Como bien sabemos, el comercio no es, solamente, un intercambio lineal y equivalente entre dos partes. No soy contractualista, precisamente. Ya sea que estemos hablando del mercado laboral, el interno o el internacional (o cambiar figuritas), los distintos actores integran sus operaciones a una estrategia general, con grados mayores o menores de poder, con márgenes mayores o menores de acción.

El comercio internacional puede ser una manifestación sutil de estas correlaciones de fuerzas entre países. Ejemplos sobran. Desde el pacto Roca-Runciman hasta los acuerdos de China con países africanos, algunas veces el comercio parece poder duro más que poder blando.

Sin embargo, el ejercicio del poder que da el comercio no se termina ahí. Establecer sociedades comerciales construye una posición en el siempre cambiante contexto internacional.

Perón entendió muy bien al comercio como herramienta de poder blando. Un gran ejemplo son sus envíos de alimento a la España hambrienta de la posguerra. Todavía hay españoles que lo recuerdan con gran aprecio por nuestro país.

La hora de los Pueblos fue acompañada del inicio de uno de los capítulos más intrigantes de nuestra historia diplomática: la misión de Isabel Perón y López Rega a Corea del Norte, entonces gobernada por Kim Il-Sung, y la Embajada en Buenos Aires prendida fuego años después nos dan más preguntas que respuestas. La carta de Perón a Mao fue otro movimiento osado mirando a Asia.

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Buenos Aires, Hanói y La Habana

Si vamos al Observatorio de Complejidad Económica, que depende del Massachusetts Institute of Technology (o cualquier web de info sobre comercio internacional, pero a mí me gusta el OEC), podemos ver claramente un hecho raro entre la mayoría de los países: por más que nuestro volumen de exportación sea relativamente pequeño, tenemos un gran nivel de diversificación en los destinos de nuestros productos. Argentina se ha encargado de ponderar de una manera bastante equilibrada a las exportaciones hacia Estados Unidos, China, la India y Brasil. Esto disminuye la dependencia de un solo destino y aumenta nuestra presencia y prestigio a lo largo y ancho del mundo.

No voy a hablar del comercio histórico de Argentina con países comunistas en profundidad porque me excede a mí y al artículo. Pero sí se pueden destacar las relaciones argentinas con Cuba y Vietnam. En 1973, Perón rompe relaciones con Vietnam del Sur y las inicia con Vietnam del Norte. De esta manera, nos convertimos en uno de los primeros países en reconocerla. Desde 2010, Hanói y Buenos Aires se esmeran para que su relación vaya mucho más allá de lo meramente comercial y la cooperación entre ambos se vuelva integral.

Con respecto a Cuba, es difícil saber por dónde empezar. Desde que el Che se subió al Granma hasta que se firmó un acuerdo para realizar transferencia de tecnología agrícola con el gobierno de Alberto Fernández, la complejidad de nuestras relaciones diplomáticas atraviesan fuertemente a ambos países. Marca de ello es que somos uno de sus principales socios comerciales. Incluso la terrible dictadura cívico-militar de 1976 mantuvo relaciones con Cuba, que ayudó a triangular ventas de armas en un concilio de países como la Unión Soviética, Perú, Libia y Angola, entradas vía Brasil. El lado B del comercio internacional ofrece ventajas entre aliados que, ante una lectura ideológica primaria, parecen inesperados

¿Por qué comerciar con Corea del Norte? Posibilidades realistas

En primer lugar, ¿por qué no hacerlo? Claramente, es un mercado pequeño, culturalmente distinto y poco explorado, pero eso también puede representar una oportunidad interesante. Además, estamos bien alejados del alcance de sus misiles, no corremos riesgos (?). En otro orden de cosas, la tensión internacional nos impide, a priori, intercambiar información sobre energía nuclear, por ejemplo: Argentina se declaró hace años país no proliferante. Pero no tenemos que ir tan lejos.

Nosotros podemos intuir qué enviarles a los coreanos norteños. Ya se hizo viral hace un tiempo un video de un fotógrafo indonesio (Indonesia tiene relaciones formales con CdN) que visitaba un supermercadito con productos argentinos, sobre todo alimenticios. Otro fotógrafo, Roman Harak, reporta que en el tren de Pyongyang a Beijing sirven cerveza Quilmes: “I really don’t know how they choose suppliers in North Korea”. Quizás Isabel Perón tenga algo para acotar. La transferencia de tecnología a Cuba también puede servir de precedente. Ambos países tienen problemas de limitado territorio cultivable, sería interesante que Argentina colabore para resolver la escasez crónica de alimentos del país asiático.

La pregunta es: ¿qué podemos recibir nosotros de ellos? Les tocará a ustedes averiguarlo. Pero es importante recordar que una relación no es solo que el otro te compre, sino también valorar lo que nos puede dar la industria norcoreana a nosotros. Necesitamos una plataforma que nos una. Un AliExpress juche. O juches en AliExpress. Y muchos peronistas. 

Conclusión: tenemos que fundar la Compañía Argentino-Norcoreana de Comercio. La puerta está abierta (bueno, más o menos). El país de la Tercera Posición no puede abandonar a un pueblo marginado por los grandes poderes internacionales. Es nuestra responsabilidad integrar esfuerzos, si no es directamente por la diplomacia formal, al menos a través del comercio, que conquistó más kilómetros que la pólvora. Brasil, Perú o Colombia lo hacen, incluso algunos artículos de prensa indican que Chile lo estaría haciendo (con Chile tienen relaciones formales, aparentemente. Otro caso extraño). ¿Por qué no nosotros?

 

Santiago Molina y Gabriel Freire

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