Deportes

Maradona, el anticristo

Por Santiago Alvarez
17 de junio de 2023

Para analizar el legado de Maradona no me interesa entrar en la frivolidad de los números y las estadísticas que parecen ser el centro de atención en la modernidad. Su estudio sociológico debe encuadrarse en que es la principal fuente de inspiración de todos los talentos generacionales del deporte más popular de nuestro país, pero también fuente de inspiración en quienes creemos en un futuro más justo. Con sus batallas y mitos que atraviesan fronteras, siendo además liberador, no de un pueblo, sino de dos, Pelusa nos dió a entender que vivir como pensamos vale la pena. Y sí que vale, puta. Si visualizamos  Nápoles vemos su cara, si pensamos en la selección Argentina recordamos sus hazañas. Desde el mundial 82 al 94, su vuelta a Boca, su paso por Barcelona y Napoli. No hay medias tintas en cada lugar que pisó, su huella hizo que los hombres se sientan en rebelión contra el orden, hizo creer a los mortales que lo inalcanzable era posible.

Así es como con sus hazañas creó una religión que transformó en creyente hasta el más agnóstico. Esto tiene su contraparte, porque también surgieron sus rivales. Maradona está compuesto en cuerpo y alma por la Argentina invisible, esa Argentina que se encargaron de achicar a la prosperidad colonial. Quienes se encargaron de esto, siendo parte del desarrollo histórico de una nación que tenía otro destino (el destino de la grandeza) desde la disgregación del Virreinato del Río de La Plata hasta la actualidad, condenando a nuestra patria y liquidando a la vieja estirpe criolla, al argentino tanguero y futbolero, a su esencia, esos fueron siempre los enemigos de Maradona. Un régimen histórico que quiso cambiar a su propio pueblo pero se encontró con la fuerza de una nueva religión, de una nueva forma de creer en el mundo que es capaz de sostener cualquier muro y derribar cualquier misil simbólico.

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El más humano de los Dioses

Maradona era un villero, una expresión literal de la sociedad argentina, no solo por sus actos sino también por sus instintos. Su expresión originada en lo más bajo de los círculos socioeconómicos es llevada a lo más alto y así la construcción de la religión maradoniana significa el triunfo de la dialéctica villera a lo largo y ancho del mundo, triunfando el pueblo. Sí un morochito de 1,60 es venerado en cada rincón del país por su forma de actuar y de vivir, sí su manera de jugar a la pelota con esa serpenteada única cada vez que avanzaba en campo es la perfección estética de nuestros potreros, todo lo que carga Maradona en esas caminatas por el campo triunfa. La construcción de su deidad también nos muestra que el cielo, o eso que nos cuentan todas las religiones, el mundo perfecto, también pertenece al sentir popular y nacional, ese mundo que parecía imposible de habitar él nos llevó por un rato a ese paraíso. Claro está que cualquier relación entre hombre y Dios es abolida porque están en mundos separados, pero Maradona es el más humano de los dioses porque llevó a toda su gente al paraíso.

Un dato científico que me llamó siempre la atención es el siguiente: “La autopsia a Diego Armando Maradona, tras el paro cardiaco por el que falleció, ha revelado que el corazón del ’10’ pesaba el doble de lo normal”. Estoy seguro que hay una forma científica de explicar lo que leemos, pero no en mí, que me gusta creer que esto es la representación de la ferocidad propia de los golpes que soporto Pelusa por nosotros, porque está claro que si él cargó con todo lo bueno del triunfo de la dialéctica villera, también cargó con todo lo malo. Las cuchilladas que soportó fueron fruto del resentimiento de los que este acto de justicia poética les generaba repulsión. 

Un pueblo que continúa creyendo en sí mismo continúa también teniendo su Dios propio. En él venera las condiciones mediante las cuales se eleva, sus virtudes, proyecta el placer que encuentra en sí mismo, su sentimiento de poder, en un ser al cual pueda estar agradecido por eso (..) Un pueblo orgulloso tiene necesidad de un Dios para hacer sacrificios… Un Dios semejante debe poder ayudar y damnificar, debe poder ser amigo y enemigo, se le admira en lo bueno como en lo malo.” 

Esta descripción filosófica del bueno de Nietzsche sobre el cristianismo, sirve para entender lo que gran parte del pueblo argentino proyectó en Maradona. Diego nos hizo creer, elevando virtudes y defectos, nos hizo sentirnos orgullosos de ser argentinos. En el camino de su construcción de deidad están sus amigos y enemigos, de su entorno también. Sus contradicciones son también la mejor explicación de que si un Dios debe transformarse porque su pueblo lo hace, él también. Su evolución constante, idas y vueltas con su familia, Coppola, la selección, Boca, Riquelme, la política nacional y la política en Boca, nos hace ver que sin mucha explicación que Maradona es producto de todo esto, su dualidad, y no hay que renegar de esto. La frase de cassette “el más humano de los dioses” encaja porque la construcción de un Dios no va por lo religioso sino que radica en creer en algo superior a lo colectivo donde se depositen sus sueños y revanchas.

El cosmopolitismo antimaradoniano

En cierta parte el antimaradonismo se puede explicar también en cómo se explica el antiperonismo, esto es, con el nacimiento de uno como fenómeno cultural nace su contraparte, su antítesis. El antimaradonismo y el antiperonismo están compuestos por la misma alquimia espiritual, compartiendo la misma lógica de funcionamiento. El vicio de esta forma de ver el mundo se explica en la soberbia de sentirse idealmente perfecto y a raíz de eso generar una visión del mundo  que se origina con una premisa  totalmente elevada, justificada con aires morales de superioridad y lejanías inalcanzables. 

¿Cómo no iban a juzgar y castigar de esa forma a la persona que entró con los más postergados al Olimpo? 

Todos los presupuestos maradonianos son una declaración de guerra y de vida, porque “renunciando a la guerra se renuncia a la vida grande..” y si Maradona fue el más amigo de sus amigos también fue el más enemigo de sus enemigos. 

 

 

 

Su inmortalidad

El 25 de noviembre de 2020 Diego Armando Maradona pasó a la inmortalidad. La vida eterna, la inmortalidad, existe entre nosotros siempre que el ser humano trascienda.

Yo no quiero ser un ídolo, ni ejemplo de nadie. Sólo quiero jugar a la pelota

Diego murió como vivió, porque nos enseñó (sin querer) como se debe vivir, dejándole un legado interminable a la humanidad. Su trascendencia histórica no contempla ser ejemplo de, sino que la actitud ante sus jueces y esbirros sea el símbolo de su obra. En la orfandad de su partida en este espectro de la vida, levantamos sus banderas ante cada evento de magnitud, asegurando con fe (porque es la fe la que nos mueve en este mundo) su accionar. El vive en el partido de Messi ante Australia, en esa media hora que no le podían sacar la pelota y también vive en los futbolistas argentinos rebelándose ante la moral europea que nos quiso tirar sobre la cancha Van Gaal. Entonces su vida no se encierra nada más en su paso físico por el Planeta Tierra, sino en el antes y el después, porque hay un mundo completamente distinto antes y después de Maradona. Su huella cambió todo,  porque la muerte no es más que un tránsito, que un puente, un capítulo más en su vida, que se sigue escribiendo. Se seguirá escribiendo porque ahora nos preguntamos “¿por qué?”, “¿quién fue?”, esa orfandad nos reproduce preguntas y respuestas a su muerte. El movimiento maradoniano recién se inicia y ahora queda en nosotros la responsabilidad de que este mito viva por los siglos de los siglos. De que sus historias de David y Goliat sean parte encarnizada de la Argentina.

Santiago Alvarez

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