ARTIFICIOS

LA DESGRACIA DE SER UN GENIO

Con el físico teórico y divulgador José Edelstein.

Por Luciano Grinberg
20/07/2022

Generalmente la palabra “genio” se relaciona con cualidades exclusivamente virtuosas. Se lo asocia a la Inteligencia, sagacidad, creatividad. Pero también genera problemas. Frente a la genialidad no puede haber indiferencia. La alta capacidad muchas veces lleva a la terquedad, al cinismo y a la tenacidad desmedida. Si alguien conoce este tema es el entrevistado de hoy, José Edelstein, el físico teórico, divulgador, profesor, investigador y escritor argentino. Desde España nos cuenta anécdotas con Stephen Hawking, Juan Martín Maldacena – “el Messi de la física” según José -, diversos ganadores del premio Nobel y muchos otros cerebros deslumbrantes.

José Edelstein

Por eso, vamos a estar repasando las respuestas que este pequeño universo apellidado Edelstein nos ha brindado. Porque lejos de ser una desgracia, en su caso la genialidad se presenta de una forma amable y cordial. Es un divulgador hecho y derecho, que en este caso nos ayuda a entender temas complejísimos de la física a través de analogías musicales, explicaciones sencillas y metáforas impactantes. Además, tratamos el tema del genio con todos sus claroscuros a partir de la relación personal de Edelstein con Stephen Hawking, y su extenso estudio de la figura de Einstein. Incluso, el invitado de hoy escribió el prólogo del libro “Breve historia del tiempo” en su versión en español. Y por eso hoy hablaremos brevemente de su historia y del tiempo que pasó con uno de los genios de la física teórica.

La charla se dio en el marco de un vivo de Instagram, justo después de que el conjunto de átomos llamado “José Edelstein” había terminado de entrevistar a un Premio Nobel de Química. Como si fuera poco para arrancar.

—¿Hoy estabas conversando con un ganador del premio Nobel?
 
—Sí. Iba a entrevistar a tres para una plataforma de cursos llamada Amautas, y hoy a la mañana hablé con uno de ellos que estaba en Italia. Estuve charlando con Jean-Pierre Sauvage, que es el primer ser humano en fabricar una máquina molecular. Engranó dos moléculas como si fueran dos anillos, uno adentro del otro, de modo que puedan girar estando enlazados. Y luego su equipo hizo otras piezas que permitieron empezar a hacer motores de tamaño molecular. Me dijo que el ser humano ya está plagado de estos motores, tenemos billones por cada célula. Le pregunté si se había inspirado en eso para lo que hicieron en laboratorio. Me respondió algo que me partió la cabeza. Me dijo “el nivel de complejidad de los motores que se las ingenia la vida para crear, es tremendamente más grande que el que nosotros podemos hacer”. Lo que nosotros hacemos es como un Lego: juntamos dos anillos, luego los movemos, los torcemos, y así. Pero la vida se las ingenió para no solo hacer seres complejos, sino para generar dispositivos moleculares en las células de una complejidad que no somos capaces de reproducir. La humanidad hace química sintética hace decenas de años, pero la naturaleza lleva miles de millones de años. Esto muestra el poder y los límites de la ciencia. El poder porque es increíble que en un laboratorio se haya podido manipular hasta este punto las moléculas. Pero luego la propia biología es capaz de llegar a un nivel de complejidad que hoy, me dijo este premio Nobel, luce inalcanzable. Uno habla de seres complejos pensando en un gato, en un perro o en nosotros. Pero la misma célula ya está en un nivel que estamos muy lejos de alcanzar. Además, se suele hablar del cyborg como una persona a la que se le pondrían chips o circuitos. Pero acá podríamos imaginar algo más sofisticado: hackear la célula. Directamente ponerles complementos artificiales a las células.

El “nanocarro”, un ejemplo de las máquinas moleculares logradas por el equipo de Jean-Pierre Sauvage. Pronto tendremos que crear estacionamientos moleculares si queremos que esto no altere el tránsito biológico… (Click acá para ver una simulación).

—Empecemos por la pregunta ineludible, ¿cómo definirías tu trabajo y qué estás haciendo en la actualidad?
 
—Yo soy físico teórico en lo que se llama física teórica de altas energías. Es decir, estudio todos aquellos fenómenos que involucran energías de las más altas de la naturaleza. El tipo de trabajo que hago es teórico, entonces es difícil de transmitir. Mi material son las teorías, no tanto cuestiones experimentales. Intento meterme en los entresijos de la mecánica cuántica y la relatividad general para buscar enlaces entre ambas. A veces esto parece muy retorcido, porque las dos funcionan muy bien y ya tienen aplicaciones maravillosas en la vida cotidiana. Sin embargo, nosotros nos ocupamos de ver por qué son incompatibles entre sí, por qué hay un acorde que suena desafinado. Igualmente es un acorde que suena poco, entonces uno podría decir que la sinfonía se oye maravillosamente bien como está. Pero también podría ser una pequeña pista de que hay que cambiarlo todo. En este sentido, la ciencia al igual que el arte tiene un costado creativo y una parte fácil y otra difícil de explicar. Ser un instrumentista profesional requiere miles de horas de preparación para que luego suene trivial tocar un violín. Lo mismo sucede en esta disciplina.

Aeropuertos 2000

José Edelstein a la izquierda y Stephen Hawking a la derecha. A pesar de los obstáculos, Hawking podía aún sonreírle a su pantalla. ¿De qué estaban hablando? ¿La computadora habrá hecho un chiste en código binario? Quizás nadie lo acompañó más a Hawking que su PC, que le adivinaba las palabras de su cabeza.

Te escuché decir acerca de Einstein que muchas veces no es solo es importante ser inteligente, sino también tenaz, cabeza dura, creer firmemente en lo que hacés. Vos mismo escribiste varios libros, como “Einstein para perplejos”, en donde se ve que Albert se equivocaba y mucho, y que incluso a veces esos errores terminaban siendo útiles para otras teorías.
 
—Muchas veces he dicho eso también con respecto a Roger Penrose, matemático y físico que tiene 90 años y ganó el premio Nobel en 2020. Es una persona absolutamente deslumbrante que al mismo tiempo ha dicho un montón de cosas que seguramente estén mal. Es terco, sigue creyendo en lo que dice por más que sean afirmaciones muy cuestionables. Pero yo siempre les digo a mis colegas, que critican duramente a Penrose, que no entienden lo que significa la palabra “genio”. Estamos acostumbrados a revestirla de carácter positivo. Sin embargo, ser un genio es una desgracia personal celebrada por el público. El genio es terco porque es uno de los rasgos que lo definen. Por ejemplo, en el personaje de Einstein uno puede ver que no era el número uno como marido. Son hasta rasgos entendibles para una persona que es tozuda, terca, imprudente, que vive en su universo mental y que ve al resto de la gente como una pérdida de tiempo. Seguro que Albert Einstein se casó con una física para tener a una colega cerca. Para poder seguir trabajando aún tirado en la cama. Cuando tuvo hijos se le arruinó el proyecto de pareja que tenía.
 
Es un poco Borgeano eso que decís. La idea de una virtud tan grande que termina siendo un obstáculo. Como “Funes el memorioso”, que nos muestra el exceso de memoria como un castigo, o cuando Borges escribe sobre la inmortalidad como un defecto. El exceso de genialidad también puede ser una gran desgracia, porque te aleja del resto.
 
—Desde luego. Hoy en día esto es comprendido en los colegios, que tienen un trato especial para las altas capacidades. No solo hay que apoyar al mal alumno, sino también al que está muy por fuera de la media, en cualquiera de las dos direcciones. La alta capacidad es también un déficit.

El límite:
Esta imagen revela por primera vez zonas de nacimiento de estrellas antes invisibles. Allí trabaja el telescopio y la ciencia: entre lo visible y lo invisible. Este es el borde de una joven región cercana de formación estelar llamada NGC 3324 en la Nebulosa de Carina. Capturada en luz infrarroja por el nuevo telescopio espacial James Webb de la NASA.

—Se ve que tu pasión por estudiar los extremos no sólo lo aplicas a lo más pequeño del mundo cuántico y a lo más grande del universo, sino también a las capacidades que se salen de la media. Te interesa la física teórica de altas energías y las personas (no teóricas) de altas capacidades. También pensaba que una pesadilla enorme sería la de Stephen Hawking, teniendo un cerebro que iba tan rápido y un cuerpo casi inmóvil. Vos que lo conociste, ¿qué observaste de él?
 
—Es un tema delicado. La velocidad de su cabeza era alta y era una persona muy inteligente, creador de algunos de los trabajos más importantes dentro de la física teórica de las últimas décadas. Eligió un ritmo de vida para el cual su enfermedad no lo incapacitaba tanto. Estaba disponible para trabajar todo el día, a pesar de sus grandes complicaciones. Yo lo vi a él en ocasiones, y me contaron los de su equipo, que Hawking podía estar internado, jugándose la vida, y en cuanto podía, les pedía que lo sentaran en la silla para poder volcar lo que había trabajado en su cabeza. Cuando estuve con él lo entrevisté, y me impresionó que cuando estábamos sacando fotos, miré su pantalla y ya había vuelto a trabajar. Estaba escribiendo muy metódicamente, letra por letra, a un ritmo exasperantemente lento. Era una persona con una capacidad de concentración y determinación tremenda. Ese tipo de gente tiene un brillo especial que hace que en unas cuantas ocasiones tengan razón. Y esos momentos compensan todos los otros en los cuales no la tienen. Se han ganado el derecho a equivocarse, porque son cualitativamente distintos. Han demostrado ser tan creativos en su forma de ver la física, que deben trabajar ahí: en el límite.

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