Cultura

EL FÚTBOL, POLÍTICA E IDENTIDADES

Por Santiago Alvarez
24 de noviembre de 2022

El Frente Para Recuperar la Identidad Xeneize ganó las elecciones presidenciales del Club Atlético Boca Juniors en 2019, le ganó al oficialismo que estuvo más de 20 años gobernando el club. Si bien la figura de Juan Román Riquelme torció definitivamente el eje electoral, los socios también le dijeron que no a un modelo de club que pareció agotado en 2019.

Los resultados contra River en la era Angelici, 5 eliminaciones directas desde 2014 hasta 2019 también inclinaron la balanza, en un país donde el fútbol es termómetro popular y los resultados mandan, esos 5 duelos contra el clásico rival de toda la vida, que además marcó un de los mejores ciclos de su historia, también fueron decisivos.

Pero más allá de lo mencionado hay algo más que se esconde. En el día a día del club, el socio que va todos los domingos, que disfruta de las parrillas de los quinchos, que realiza actividades sociales y que disfruta de los deportes amateurs también sintió un desgaste de la política del club, un modelo de hacer política que dejó de acompañar a este tipo de hincha.

¿De qué modelo estamos hablando entonces?

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La construcción del Imperio Macrista en Boca

Las elecciones de 1995 en Boca dieron por ganador a Mauricio Macri, ese mismo día Boca perdía 6-4 con Racing de local, perdía su invicto y una derrota que marcó a toda una generación, Maradona y Caniggia no podían salir campeones en ese famoso apertura que terminó coronando a Vélez. Con el campeonato consumado y encarando la temporada 96´, inició el ciclo Macrista en Boca. Llegaron Bilardo y Veira como entrenadores, Maradona, Caniggia, Guillermo Barros Schelotto, Diego Latorre y Martín Palermo, entre otros, eran parte del plantel esos años. 

En 1998 la desesperación llegaba, Boca no conseguía títulos, es por eso que en abril de 1998 se dió el primer contacto entre Passarella y Mauricio Macri, la idea era llevar al por entonces ídolo de River y entrenador de la selección, al banco de Boca.

“Faltan Ramón Díaz y Alonso y estamos todos” decía una famosa bandera en La Bombonera en un duelo ante Gimnasia de La Plata. Coquetear con un ídolo de River marcó una tendencia en las tribunas de Brandsen 805. Macri perdió su primera batalla, ya que en aquel mayo de 1998 la gente de Boca le dijo “no” a Passarella. El contexto era parecido al de 2019, ya que Boca venía con 6 años sin ningún título, ni local ni internacional, mientras que River venía de conseguir un tricampeonato local, Libertadores y Supercopa. Pero la batalla entre Macri y la gente fue más allá del resultado y vemos el primer síntoma de su línea de trabajo, hecha por él y sus predecesores, si conseguimos el resultado la identidad está en otro plano. Por un título le vendes el alma al diablo. Le pones el buzo de entrenador a un ídolo riverplatense.

Llegó Bianchi que terminó ganando la pulseada y la historia es conocida. Apertura 98´, Clausura 99´, Libertadores 00´, Apertura 00´, Intercontinental 00´ y la Libertadores 01´. Así Boca construyó uno de los ciclos más exitosos de su historia. Luego, el segundo ciclo de Bianchi, y la era Basile, colocó a Macri como el presidente más ganador en la historia de Boca. Una legitimidad construida a partir de una decisión deportiva vinculado a lo identitario.

La construcción de la identidad

Boca Predio es la gran política de juveniles del mandato Riquelmista iniciado en 2019, ya que desde que asumió como Vicepresidente han debutado más de 30 juveniles y logró tener en cancha 10 futbolistas formados en la cantera xeneize. No solo debutaron y tuvieron minutos en primera, fueron protagonistas en el 2022 de Boca, el hincha los disfrutó, los resultados en cancha se dieron con la participación de: Varela, Medina, Langoni, Zeballos, entre otros.

La formación de los jugadores se da con glorias del club, que han vivido y experimentado el famoso “Mundo Boca”, ese que varios cracks no pudieron sortear y terminaron en el olvido. Boca Predio es una escuela, porque los juveniles no solo van a entrenar, sino que se les enseña la importancia de defender la camiseta de Boca, buscar una conexión entre el jugador y lo más elemental de la idiosincrasia bostera, conectando grandes jugadores con el sentido de pertenencia cultural e histórico que ubica el club más popular del país.

Este modelo deportivo – económico es completamente antagónico del desarrollado, más que nada, en los últimos años del Anglicismo, el último bastión macrista. Un rasgo de estos últimos 8 años era ver grandes jugadores en Boca que no entendían la cultura boquense. El hincha nunca se sintió tan poco representado con estos equipos, no había tal conexión entre hinchas y jugadores, y los logros eran vacíos.

Los juveniles de Boca fueron usados como moneda de cambio para negociar con otros clubes, muchos se fueron libres o por la patria potestad, otros vendidos con muy poca participación en la primera de Boca y otros nunca tuvieron la contención del club y quedaron en el olvido. Vender juveniles o utilizarlos para traer jugadores que ya son parte de una realidad deportiva más asentada parecía ser la línea, pero ese ciclo llegó a su fin en 2019. 

Este modelo se agotó también por la realidad económica del país y por la aparición de mercados emergentes que captan jugadores que no están para jugar en Europa pero que pueden pagar contratos mucho más altos que acá (México, Brasil, Estados Unidos). Mercados deportivos que a finales de los 90´ o principios de los 00´no aparecían en el radar, los grandes jugadores del fútbol argentino se quedaban en los grandes y los cracks se iban a Europa.

Esta oportunidad Riquelme la aprovechó, construyó un modelo deportivo y económico basado en la identidad del club para enfrentar a una realidad deportiva que acecha a todos los clubes del fútbol argentino, hasta ahora en el ámbito local viene dando resultados, la deuda pendiente es competir ante los temidos brasileros en el ámbito internacional. El modelo macrista – angelicista quedó lejos y hoy Boca disfruta de su semillero.

La identidad en el plano más simbólico

El macrismo en Boca por momentos dió la sensación de querer borrar un legado, una huella, una construcción histórica que convirtió al Club Atlético Boca Juniors en el club más popular del país. Pasando por el destrato a La Bombonera, a los ídolos hasta llegar al máximo protagonista, el hincha.

«Voy a decir algo que por ahí parece muy loco: si tuviésemos que realizar un estadio nuevo, deberíamos hacerlo con River.» 

«Irse del barrio es complicado, conseguir un terreno que tenga un acceso como la gente, también. Pero en algún momento habrá que encararlo.«

Dos frases de Mauricio Macri que representan su mirada sobre el barrio, el estadio y la gente. Si La Bombonera es un símbolo identitario que alza de orgullo al hincha bostero, a la administración macrista no le afectaba en lo más mínimo. 

«La Selección tiene que jugar en la Bombonera, tiene que jugar acá, con eso digo todo. Si hay un loco que hace una cancha de 150 mil y que se mueva, que haga. Es el único estadio que se mueve.” 

La última frase es de Juan Román Riquelme sobre La Bombonera y lo que despierta jugar ahí. El – ahora – conductor político de esta nueva administración remodeló el drenaje, el predio y todas las tribunas de La Bombonera. Los deportes amateurs (básquet y volley) también tuvieron mejoras en su infraestructura. El socio e hincha de Boca organizado manifestó ante los diversos coqueteos de un nuevo estadio, del estadio con River, etc. Sí la identidad no se negocia, La Bombonera – baluarte de esta identidad – tampoco.

Una frase hecha y nunca analizada es “ningún nombre es más importante que el club”, pero algo que se deja de lado siempre en esto es que los nombres propios hacen a la grandeza del club. Si hablamos de ídolos que hicieron a Boca grande podemos mencionar bastantes, no solo por la cantidad de títulos sino también por defender la camiseta de Boca con medallas y honores.

Los ídolos en el Macrismo – Anglicismo nunca tuvieron el respeto de la conducción que se habían ganado (dentro y fuera de la cancha). Desde operaciones de lacayos y servidores a su amo Mauricio Macri contra Riquelme por su contrato en 2011, hasta echar a Bianchi por mensaje de texto en 2014 y decir que Riquelme (nuevamente, ja) nunca más iba a jugar en Boca.

El máximo ídolo de la institución sabe en carne propia lo que es tener las puertas cerradas del club, sabe lo que vivieron sus compañeros y lo que vivió su padre futbolístico, Carlos Bianchi. Si la gestión macrista nunca tuvo la visión política de cuidar a los símbolos humanos del club, Riquelme los hizo parte de la estructura del club, participando y ofreciéndoles trabajo a muchos de ellos.

La construcción de su sentir político cumplió un ciclo en 2019 y el socio confió en Riquelme, porque sabe que la representación de todo lo mencionado está bajo la suela del 10, cuidándola de espaldas como cuando Geremi lo corría sobre la línea en Japón. Los socios e hinchas nos podemos enojar un día si la pelota entra o no, si se acierta en un refuerzo o si se pierde algún partido. Pero hay algo que está bien en claro, la construcción política de las identidades alzadas al plano más elemental de la vida social y deportiva del club es un valor, una línea que debe mantenerse en los años del riquelmismo.

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