Feminismo
La desidia y los discursos de odio matan
Por Micaela Marolla
20 de mayo de 2024
“Soy lesbiana” se grita desde el micrófono y se hace eco con otras voces que lo sienten, que alzan su puño al cielo uniéndose para un “somos lesbianas” final. Mientras otras personas se acercan dejando velas y flores frente a un altar improvisado en una tarde noche fría de otoño.
Sobre la calle Olavarría, una calle estrecha de Barracas entre Montes de Oca e Isabel la Católica, una gran cantidad de gente se hace presente frente a una pensión en la que un hombre (Justo Fernando Barrientos) prendió fuego a cuatro mujeres que estaban durmiendo en su cuatro. Tres de ellas fallecieron (Pamela, Roxana y Andrea) y la cuarta (Sofía) se encuentra luchando para salir adelante.
Pero, ¿cómo llegamos hasta acá? La convocatoria inició a las 18 horas en la plaza Colombia, punto de encuentro clave en esa zona del barrio. Se leyeron discursos, poesías y cantaron canciones. Cortando la avenida Montes de Oca, se movilizaron hacia la pensión levantando pancartas con frases como “No es libertad, es odio”.
Pero, de nuevo, ¿cómo llegamos acá? Entre la noche del domingo 5 y la madrugada del lunes 6 de mayo un vecino de Barracas prendió fuego a sus vecinas de al lado llevando a la evacuación de al menos 30 personas. El hecho se presentó en algunos medios de comunicación como eso: una discusión de vecines que salió mal. Luego, silencio. Nada se supo cuando otra realidad empezaba a asomarse. Desde la justicia, al momento de escribir estas palabras, todavía no se cambió la carátula porque debe tener pruebas. Pruebas que la sociedad tiene, prueba que todo un colectivo grita: las quiso matar por lesbianas.
En un contexto y una realidad social en el que ya no se censuran los discursos de odio y en el que a las minorías se las quiere pisar más que nunca no sorprende este desenlace. Ojo, que algo no sorprenda no le quita el dolor, no suaviza la bronca, no evita salir a la calle. Solamente nos saca de la boca un “te avisé que se venía esto”.
El viernes 10 de mayo, hubo una concentración en el Congreso con muy poca convocatoria reclamando por un cambio de carátula, por reconocer el hecho como un crimen por odio, un lesbicidio. Sin embargo, y por suerte, la plaza Colombia se llenó, había cámaras y micrófonos para dar a conocer la noticia.
¿Por qué se tardó tanto en visibilizar? Porque eran mujeres. Porque eran mujeres pobres. Porque eran mujeres pobres con cuerpo no hegemónico. Principalmente, por lesbianas, por tortas, por tortilleras, por machonas, por chongas. Por esas palabras que les gritan para herirlas y discriminarlas sin saber que ellas se las apropian y las convierten en bandera.
En el encuentro frente a la pensión, se hace presente Norma Castillo a sus 82 años agradeciendo a ese colectivo que le permitió casarse con su pareja Ramona Castillo, siendo las primeras en hacerlo en el 2010. Agradecida y con miedo de volver a tener que esconderse, con la bronca de que las nuevas generaciones sufran lo que ella pensó que ya no sucedería.
“Nadie menos”, “es repudiable sea contra quien sea” son discursos que niegan e invisibilizan, una vez más, a quienes son borradas por una sociedad que resalta la palabra lesbiana cuando una asesina mata por ser asesina, pero empequeñece la palaba lesbiana cuando la victima muere por serlo. Una sociedad que se mueve cuando le tocan el ombligo.
El colectivo de lesbianas se suma a múltiples causas, las incluya o no. Esta vez nos piden al resto acompañar, hacerles lugar. Porque el “no me meto” es meterse sin hacerse cargo y la “es libertad de expresión” debería de terminar cuando aplaude al odio personas que no entran en los estándares de una población cisheteropatriarcal, machista, blanca y clasista.
Como dijo Jesi Hernández, de lesbianas autoconvocadas, en la plaza Colombia a Pamela, Roxana, Andrea y Sofía “las prendieron fuego por lesbianas pobres haciendo comunidad, haciendo refugio. Las prendieron fuego por no ser funcionales al sistema heteropatriarcal”.
Foto: Sobre las casa aledañas, se pegan carteles con un mismo reclamo: justicia para Pamela, Roxana y Andrea.
Foto: Una multitud de personas colman la plaza en Barracas en una tarde fría y llena de mosquitos, uniéndose ante un mismo reclamo de justicia.
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