EL SILENCIO NO ES TIEMPO PERDIDO
10/06/2021
Ruben es el baterista del dúo de black metal Blackgammon, que integra junto a su novia y cantante Lou (Olivia Cooke). La pareja vive en una casa rodante en la que recorre el país y toca en distintos bares cerca de la ruta. Ambos comparten la pasión por lo que hacen y un pasado que les costó dejar atrás. Entre show y show, él comienza a tener problemas y consulta a un médico. El diagnóstico no es positivo: la pérdida total del oído será rápida e inminente y la única opción es colocarse unos implantes cocleares muy costosos por intermedio de una cirugía. Ante este escenario, Lou lo lleva a un refugio rural para adictos sordos en recuperación. Al principio, él no quiere quedarse, pero termina cediendo ante el pedido de su compañera, quien teme que la situación termine afectando a los dos por igual. Allí Ruben conoce a Joe (Paul Raci), un alcohólico en recuperación que perdió la audición en la guerra de Vietnam y que intentará ayudarlo. Cabe destacar que el actor que interpreta a Joe no sólo es un veterano de guerra de verdad, sino que también fue criado por su madre y padre sordos y que por eso maneja el lenguaje de señas con una fluidez notable.
¿La vocación y el oficio que elegimos nos definen como personas? ¿Cuáles son los sacrificios y concesiones que hay que hacer para reinventarse? ¿Cómo reaccionaríamos si nuestras vidas cambiaran radicalmente de la noche a la mañana? En cierta forma, la pandemia del coronavirus nos ha acercado como sociedad a varias de las inquietudes que plantea la película. Ése probablemente sea uno de los motivos fundamentales por los que tanta gente se ha sentido identificada con esta historia a lo largo del contexto de los últimos meses. Para Ruben la música es su motor. Es la herramienta que lo ayudó a salir de las adicciones y cambiar el rumbo. Es mucho más que un compendio de intervalos melódicos, armonía y ritmo. Es su lenguaje, su forma de conectar con el mundo que lo rodea. Al fin y al cabo, si el cine nos da la posibilidad de transitar otros mundos y ver a través de otras miradas, ¿no debería ser, al mismo tiempo, un recurso para agudizar el sentido de la empatía y ponerlo en práctica en la vida real?
Riz Ahmed tuvo que encarar un desafío que trascendió el plano actoral para componer a su personaje: debió aprender a tocar la batería, a comunicarse con lenguaje de señas y adentrarse de lleno en ambas comunidades: la de la gente sorda y la de los músicos y músicas. No fue el único que se comprometió de tal manera. El director Darius Marder investigó y viajó a lo largo y ancho de los Estados Unidos durante más de una década para entrevistar y tomar contacto con personas sordas y otras con implante cocleares. Su experiencia en el género documental hizo que la investigación fuera una parte fundamental del proceso creativo. Cuando finalmente terminó la pre-producción, rodó la película en tan sólo seis semanas y dedicó los seis meses siguientes a la edición y mezcla de sonido junto a la editora venezolana Carolina Santana y los mezcladores mexicanos Carlos Cortés, Michelle Couttolenc y Jaime Baksht. Su intención era lograr una experiencia sonora inmersiva en la que el espectador viviera en carne propia la pérdida de la audición junto a Ruben y todo el proceso de adaptación a su nueva circunstancia de vida.
El Sonido del Metal (Sound of Metal, 2020) es una película sobre el duelo y sus diferentes estados. No es sólo el relato de un músico que se queda sordo. Va más allá. Es la despedida de alguien a una parte suya que sabe que no va a poder recuperar nunca y el proceso que tiene que atravesar para reencontrarse con su mejor versión. Para eso, deberá juntar los pedazos que le quedan y restaurarlos con lo mucho o poco que haya aprendido en el camino. Alerta spoiler: el final no será feliz ni tampoco triste; el final será humano y realista. ¿Es la sordera una discapacidad? ¿Quiénes somos por fuera de lo que nos rodea y a lo que le dedicamos la mayor parte del tiempo? Muchas son las preguntas que quedan flotando en el aire a través de esta historia profunda y cruda que, vista de cerca, es mucho más universal de lo que aparenta.
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