Pantallas

Dios es un marciano

Un análisis tecno-cristiano a partir de Disclosure Day, de Steven Spielberg

En los 50, los extraterrestres eran comunistas. En los 80, eran secretos del gobierno. Hoy, en Disclosure Day de Spielberg, son algo más parecido al espíritu santo. Este ensayo lee el resurgir del imaginario alienígena como síntoma de una crisis más profunda: la búsqueda de algo que nos identifique como colectivo en una época fragmentada por el algoritmo.

Por Emilio Méndez
09 de octubre de 2026

En este artículo me propongo analizar la película Disclosure Day, de Steven Spielberg. En particular, la forma en que la religiosidad dialoga con la ciencia ficción de extraterrestres: una combinación de dos universos simbólicos históricamente contrapuestos pero que en el fondo tienen mucho en común. Después de todo, la imagen de Dios y la de un alienígena no son más que distintas formas de proyección de lo humano.

En un artículo previo, se reflexionó sobre cómo la película Bugonia, de Yorgos Lanthimos, planteaba uno de los dilemas más incómodos que atraviesa la especie humana: terraplanistas versus CEOs, mediante un cuento sobre una supuesta invasión alienígena. En este caso, siguiendo con la temática alien, seguiremos profundizando sobre las formas de representación de lo extraterrestre y lo divino, y cómo pueden servir de espejo para entender nuestra propia naturaleza.

Para dar una breve sinopsis, en Disclosure Day se narra el contacto de la humanidad con los extraterrestres no como una invasión o una llegada en platos voladores, sino a través de la transmisión de un mensaje codificado en un pendrive. En la historia se nos presenta a una red de ex-agentes bienintencionados del gobierno de Estados Unidos, dispuestos a destapar la verdad acerca de la llegada de los aliens a la Tierra años atrás. El gobierno habría mantenido la existencia de estas criaturas en secreto para evitar el pánico de la población, y mientras tanto aprovechar para torturarlos salvajemente y así extraer algunos de sus superpoderes, como la capacidad de tomar posesión de la conciencia de un individuo y alterarla en su favor. Los protagonistas son, por un lado, un miembro de esta red de justicieros y su novia, que inicialmente no está al tanto del asunto, y por otro lado una conductora de televisión que comienza a ser poseída por una fuerza que la lleva a actuar de formas extrañas. Finalmente sabremos (spoiler alert o no tanto) que ella está siendo guiada por los extraterrestres para transmitir el mensaje del pendrive por televisión a todo el mundo. En la transmisión, además de develar los crueles experimentos gubernamentales, los aliens le van a demostrar a la humanidad la importancia de la cooperación, el pacifismo, y la buena onda intergaláctica. En el medio, seremos testigos de las epopeyas que atraviesan los protagonistas para escapar de los agentes del gobierno que buscan capturarlos, donde abundan las escenas de acción y todo el despliegue de espectacularidades que hacen de Spielberg un director ultra-taquillero.

Sin ánimos de hacer un análisis cinematográfico, el aspecto central de la obra que quisiera rescatar es la permanente alusión a la religión que se da a lo largo de toda la película, abriendo un nuevo universo simbólico que permanecía bastante inexplorado en la intersección entre la ciencia ficción y la espiritualidad. Enumero algunos ejemplos: 

– La conductora de televisión comienza a tener poderes sobrenaturales a partir del contacto con un ave que se posa en su ventana. Una alusión al espíritu santo católico en la que ahondaremos más adelante. Además, el primer síntoma de esta transformación es que comienza a hablar en lenguas extrañas, lo cual en la biblia es mencionado como uno de los dones que confiere el mencionado espíritu santo. ¿Suena a interpretación forzada? Sigamos. 

– La novia del otro protagonista, que poco a poco se va enterando en lo que está metido el hombre, es una ex monja que atraviesa una crisis de fe. De hecho en una parte de la película se refugian en el convento donde ella habitaba. Otro personaje relevante es la monja encargada del convento, que lejos de ser una negadora de revelaciones, como podría haberse representado al lugar de la iglesia típicamente, es una visionaria que considera lo más natural del mundo que Dios se manifieste bajo la forma de un ser extraplanetario. 

– En la escena en la que el villano intenta apoderarse de la conciencia de la novia, ella se resiste aferrándose a un crucifijo, simbolizando la lucha entre el bien y el mal. 

– Hay una referencia directa a Santa Clara, patrona de la televisión y las telecomunicaciones (sí, eso existe) por haber presenciado una proyección de una misa en una pared, cual aparato televisivo. Justamente el monasterio donde los personajes se refugian para escapar de los villanos es el de Santa Clara. Tampoco es casualidad que la gran revelación se haga a través de la televisión, o en un plano más metafórico, la película misma. 

Creo que estas referencias son evidencia suficiente para habilitar una interpretación de la película en términos de la crisis de fe que atraviesa la humanidad y propuesta de reconectar con el espíritu colectivo que alguna vez brindó la religión católica en los países de occidente. Yendo un paso más lejos, se podría trazar entonces un paralelismo entre el mensaje de paz que traen los aliens a la humanidad con un mensaje divino.

El uso de simbología cristiana también resulta interesante porque de alguna forma da en clavo con cierto espíritu de época donde un sector social que venía distanciado de la iglesia ensaya un reacercamiento a la fe como contraposición a la hiperexaltación del individuo fomentada por la cultura de las redes sociales. 

Si pensamos en fenómenos como culturales como:

– El DJ padre Guilherme ofreciendo una rave de música electrónica con remixes del papa Francisco ante una multitud en plaza de mayo; 

– La encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV donde se critican los abusos de la inteligencia artificial usando términos extraídos del señor de los anillos;

– La aparición de una camada de comunicadores hablando de la necesidad de reconectar con la religión

– Tomás Rebord llegó a plantear el surgimiento de un tecno-cristianismo 

Vemos cómo se dibuja un mapa donde la cultura pop vuelve a dialogar con una institución eclesiástica que hasta hace poco era propiedad exclusiva de la derecha reaccionaria. Lo cierto es que hoy en día una de las pocas voces en el mapa de poder global que plantea una postura diferente al aceleracionismo tecnológico auspiciado por los magnates de Silicon Valley proviene de la iglesia católica. Es en ese plano donde la película de Spielberg cobra una dimensión más profunda que la que se desprendería de una típica película de contacto extraterrestre. 

Este paralelismo entre aliens y Dios que plantea a su vez nos invita a reflexionar sobre cómo en realidad tanto la imagen de lo extraterrestre como de lo divino funcionan históricamente como proyecciones de los conflictos y necesidades que atraviesa el ser humano. En ese contexto, resulta útil hacer un breve raconto de la figura del alien en el cine y cómo ésta se fue metamorfoseando para elaborar discursos que tenían mucho más que ver con lo que pasaba en este planeta que las galaxias lejanas.

Aliens en el tiempo

Un aspecto característico de la filmografía de Spielberg es su capacidad para conjugar masividad, cultura pop, y sello autoral. Dentro de las marcas autorales más notorias se destacan la presencia de seres extraterrestres y traumas infantiles. Dos elementos presentes en su última película. De hecho, Disclosure Day es la cuarta película en donde Spielberg retrata seres de otros mundos, después de Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), E.T. (1982), y Guerra de los mundos (2005). Hasta podría decirse que es uno de los responsables de moldear el imaginario colectivo vinculado a los extraterrestres. Si bien no fue el primero en retratarlos como pequeños humanoides cabezones (ya existente en películas de los 50s), es innegable que sus películas tuvieron una masividad desconocida hasta ese momento. Para un raconto completo de cómo evolucionó la representación de los aliens en el cine recomiendo el video de Jorge Pinarello, en el canal Te Lo Resumo Así Nomás.

Lo interesante de estudiar la evolución de las representaciones de lo alien en el cine es ver cómo los conflictos sociales del momento permeaban en la forma de imaginar otros mundos. Tal vez el ejemplo más claro sean las películas de extraterrestres de los 50, donde al calor de la guerra fría la invasión extraterrestre funcionaba como metáfora de la amenaza roja, como en La invasión de los ladrones de cuerpos (1956), Invasores de Marte (1953) y Vinieron del espacio (1953). Luego, a finales de los 70s y durante los 80s los aliens fueron de nuevo usados como parte de otra operación psicológica: comenzaba la era de las teorías de ‘el gobierno sabe de la existencia de aliens y oculta la verdad’, de la que Disclosure Day forma parte. Y cuando digo el gobierno por supuesto me refiero al gobierno de Estados Unidos, porque otro aspecto ineludible a la hora de analizar el imaginario alien, es que casi siempre la nave aterriza en ‘América’, y son los ‘americanos’ los encargados de salvar al mundo, otra vez se cuela la ideología y hasta la geopolítica en este punto. 

Siguiendo con el auge de producciones audiovisuales acerca de teorías conspirativas sobre aliens y el gobierno, lo interesante aquí es ver el fenómeno inverso: en varios casos el auge de estas teorías fue, al menos indirectamente, fomentado por el propio gobierno, que prefería desviar la atención de la población hacia los ovnis para ocultar desarrollos tecnológicos militares. Un ejemplo de esto es la famosa Área 51, donde oficiales de inteligencia ordenaron plantar fotos trucadas de platos voladores e informes falsos a civiles y dueños de locales cercanos a las bases. Si la opinión pública creía que eran marcianos, la tecnología militar seguía a salvo. 

Un nuevo capítulo de esta historia se escribió bajo el mandato de Trump, que lanzó el programa PURSUE (Presidential Unsealing and Reporting System for UAP Encounters), destinado a desclasificar archivos ovnis supuestamente cautivos bajo la órbita de un Deep State todopoderoso. Probablemente se trató de una cortina de humo para desviar la atención de problemas más terrenales originados por la falta de resultados de la gestión. Es curioso que Spielberg utilice el mismo argumento para vehiculizar un mensaje de reconciliación y altruismo: Los ovnis también cayeron en el barro de la ‘batalla cultural’.

¿Qué imagen se nos viene a la mente cuando pensamos en Dios?

Ya hablamos de las representaciones de seres extraterrestres, pasemos ahora a las representaciones de lo divino, para llegar finalmente al punto donde estos dos caminos se unen.

Las tres religiones abrahámicas (cristianismo, judaísmo e islam) tienen prohibida la representación pictórica de Dios. Semejante dogma de autocensura, llamado aniconismo, se explica por un lado por una presunción de inferioridad, es decir, sería imposible para un fragmento de la creación (el humano) la creación de una imagen del absoluto (Dios). Por otro lado, se buscaba evitar la adoración de íconos por sobre el sentido trascendental de la divinidad. Recordemos que cuando Moisés, personaje central en las tres religiones, se ausentó de la peregrinación, a su vuelta se encontró con que la gente se había puesto a adorar la estatua de un becerro. Como se suele decir: El que no conoce a Dios a cualquier santo le reza.

Tal vez la religión más permisiva a la hora de retratar sea el cristianismo. En este caso, la divinidad es una pero al mismo tiempo son tres (padre, hijo y espíritu santo), y para dos de ellas se habilitó la posibilidad de representación. Jesús se muestra como un hombre (en muchos casos blanco y de ojos azules, lo que sólo sería posible en la región de Nazaret del siglo I por obra y gracia de un exótico milagro) y el espíritu santo como una paloma. Además, el antiguo testamento, compartido también por el judaísmo, menciona que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo que de alguna forma habilitó la interpretación de que también podría tratarse de un ser antropomórfico.

Más allá de la discusión teológica, en el imaginario colectivo persiste la imagen, probablemente proveniente de la mitología griega, de Dios como un hombre barbudo. Es que en la era de la imagen, el concepto de una entidad que no puede ser representada va en contramano de todo el núcleo ideológico en el cual se sustenta la comunicación digital. Llegamos entonces a la operación simbólica que plantea Spielberg: si no podemos darle a Dios una forma terrenal, llevémoslo al plano de lo extraterrestre.

Como reflexión final, cabe preguntarse cómo la institución iglesia católica pasó de ser el símbolo de la condena a Galileo por postular que la Tierra no es el centro del universo, de la hipocresía de los templos de oro y fieles pobres, del apoyo a regímenes dictatoriales y de los curas pederastas, a ser un punto de encuentro de un sector social que busca reconectar con algo que nos identifique como parte de un colectivo.

Si bien todos esos lugares comunes son objetivamente ciertos, también se puede trazar en paralelo una historia de la religión más ligada a los curas tercermundistas, la teología de la liberación, o simplemente de la iglesia como punto de encuentro, que complejizan la imagen de la fe como mero instrumento del poder.

Seguramente el papa Francisco tuvo también mucho que ver con el resurgir de estas otras miradas, pero también hay algo más profundo: 

Es que antes de ser todo eso, cuando la humanidad estaba comenzando a organizarse en grupos cada vez más numerosos, la religión sirvió como tecnología social: un ordenador que permitía darle sentido a un mundo hostil y traspasar el límite del grupo de seres afines para dar lugar a algo más parecido al concepto de sociedad. Luego, los progresos tecnológicos y el desarrollo de los Estados-Nación hicieron que Dios sea cada vez menos necesario para organizarnos. Ahora, cuando lo que nos hace sentir parte de una historia común está tambaleando en favor de micro-realidades segmentadas por el algoritmo, esa herramienta vuelve a surgir, tal vez modificada y deformada, como una posible vuelta a la comunidad.