Música
Ruido criollo #1: Daniel Ripoll
Daniel Ripoll es editor, periodista y productor cultural. Fundó y dirigió la Revista Pelo, primera revista dedicada al rock en el país, y produjo el BA Rock, primer festival de rock de Latinoamérica
Por Máximo Cantón
02 de marzo de 2025
Ruido Criollo es una serie de entrevistas que intentan cartografiar el sonido nacional hablando con sus trabajadores. ¿Por quiénes sonamos como sonamos? ¿Tenemos una tradición sonora?
Daniel Ripoll es editor, periodista y productor cultural. Fundó y dirigió la Revista Pelo, primera revista dedicada al rock en el país, y produjo el BA Rock, primer festival de rock de Latinoamérica
Lo primero que te quería preguntar era de dónde venía tu interés por el periodismo, que entiendo que es tu primer oficio. ¿Cómo te iniciaste?
Yo leo desde que tengo memoria. Leí mucho, mi padre leía muchos diarios por día y yo también, más desde los 10 años. Y eso me hizo desear ser periodista. En esa época, cuando yo tenía 16 años, no era académico estudiar periodismo pero había algunos institutos y yo me inscribí en uno de los dos o tres que había. Es el mismo que el Turco Asís o el periodista Cherquis Bialo, que coincidimos en ese lugar. Estudié 3 años y contemporáneamente ya empecé a trabajar. Trabajé en Correo de Tarde, trabajé en La Razón, siempre en deportes. Hice mi propia revista de información general a los 18 años. Dos números, pero muy buenos. Los leo hoy y parecen buenos. Claro, desconocía todo el negocio del periódico. Y después pasé a hacer informes para Primera Plana, donde mi jefe fue Tomás Eloy Martínez. Y claro, como yo era muy joven me pedían informes sobre la vida de los jóvenes. Qué escuchaban, cómo se vestían, a dónde iban, de eso hice varios relevamientos e informes para otros que escribían, lo usaban como partes de notas. Hacía lo que hacía un cronista principiante.
Y bueno, una editora, que iba a sacar una revista juvenil y estaba buscando un secretario de redacción, me llama a mí debido a esta conexión que tenía en Primera Plana y me tomó inmediatamente. Así que yo con 20 años que tenía me encontré al frente de la revista porque esta señora no tenía idea de cómo hacerla. Había sido la directora de Pato Donald y poco sabía de esto. Y yo tampoco, pero me arrojé. Le hice la revista Pinap durante 2 años. Ahí viví el transcurso de la música pop a la música beat o rock, desde adentro.
Fue cambiando la revista y fui cambiando yo. Entonces, en diciembre del 69 organizamos el primer festival Pinap. Pero como era muy roquero y la directora quería una revista más convencional, me echó.
Entonces acá, a dos cuadras de acá, en Independencia y Entre Ríos, mi viejo tenía un sótano, me fui al sótano, mi vieja tenía quinientos dólares, me los prestó, y en un mes saqué Pelo. No tenía un mango más. ¿Cómo la promocioné? Tenía trescientas direcciones de gente que me escribía a Pinap, chicos, chicas. Les mandé inmediatamente una carta que decía “voy a sacar una revista sólo, se va llamar Pelo. Si me mandas diez direcciones de tus amigos prometo que te hago un regalo”. Así que bueno, tuve tres mil direcciones que al otro mes les mandé la misma historia. Así, con una secuencia celular, sin hacer publicidad ni en la radio ni en los afiches, porque no tenía plata, se fue diseminando cómo una cosa subterránea. Los primeros siete, ocho meses la pasé más o menos y después se empezó a vender. Una de las cuestiones que sofrenó un poco el lanzamiento fue que casi todos los quiosqueros eran tangueros, entonces la revista la escondían: una revista que se llamaba Pelo era el diablo metido en el quiosco. Hasta que se empezó a vender y la pusieron arriba. Siempre cuento que para toda esa gente era Daniel y cuando la empecé a vender era “¿Qué haces Danielito? ¿Cómo estás?”. Ese tipo de simpatía de tipo que la hace desde abajo me generó muchas facilidades en el ambiente, de que me vieron crecer.
¿Y quiénes estaban escribiendo en esa primera Pelo, esos primeros meses?
Bueno, escribía todo yo. El 80%. Tenía algunos colaboradores, algún cadete, uno de ellos fue Miguel Zavaleta, el cantante de Suéter.
¿Y en el 70 haces el festival BA Rock?
Bueno, como había hecho el Pinap… Éramos pocos en los años 70, éramos poca gente. Y con estos 20 que éramos, digamos, teníamos que salir, porque estábamos totalmente reprimidos, no podíamos ir a la radio. El único medio visible, la única forma de comunicarse en el desierto de la urbe era Pelo. Tanto para los músicos como para los pibes que olían que algo cambiaba. Eran momentos muy revolucionarios, estaban los milicos…
Decido hacer un festival para dar visibilidad a ellos y a mi revista. Lo hacemos en el velódromo, en un lugar divino. Esperábamos mil, dos mil personas. Llegaron como diez miel. Me acuerdo que con Edelmiro Molinari de Almendra nos subimos a la tribuna y veíamos llegar las hordas que bajaban del tren Pacífico. Gente que jamás había estado en los bosques de Palermo, realmente.
Fue una fiesta, el lugar era bellísimo. Ahora le tiraron las tribunas, pero sigue siendo bello, el lugar. La curva de Figueroa Alcorta. Lo hice un año más y al tercero ya me lo prohibieron, ya la cosa estaba muy pesada. Me tuve que ir a un campo que me prestó Argentinos Juniors, era un campo de un depósito de materiales de aviación. Lo limpiamos en dos semanas, no tenía guita. Justo viene Aníbal Uset para proponerme filmar. Le dije: «mirá, yo no quiero nada, lo único que quiero es que el Ayala y Olivera, los productores, me banquen el escenario porque no tengo”. Lo construyeron ellos, hicimos esa fusión, y de ahí salió el videoclip super nacional, repetido por todas las televisoras del mundo, que fue la película Hasta que se ponga el sol, por la que cincuenta años después me dieron el Cóndor de Plata por ser una de las películas más vistas de la historia argentina.
Ese festival de rock es el primero de Latinoamérica.
Bueno, el primero, primero, fue el Pinap que lo hice dos meses después de Woodstock. No sabía que existía Woodstock. Ni yo ni Spinetta, ni Molinari ni Litto Nebbia.
Había algo que me costaba entender cuando estaba buscando este festival, el del 70, el de la Pelo, y es que tienen 5 días de grilla. No entiendo cómo hicieron 5 días de grilla con una movida que estaba recién arrancando.
Bueno, eso mismo me preguntó el hermano de Charly García hace 10 años para un documental que estaba filmando a propósito de los grandes festivales. Me llevó al lugar y justamente había una topadora tirando las tribunas. Y me preguntaron «¿cómo hacían?”. Llamábamos a los músicos para que formaran grupos, pero no había tantos. Y así fue que se formaron varios grupos, entre ellos varios de Héctor Starc. Grupos sin nombre, juntados para la ocasión, pero que eran todos gérmenes ya de cosas que se hicieron antes.
El Festival BA Rock fue la levadura de un movimiento que le dio una visibilidad y le dio una base, un lugar donde sentarse. Y Pelo, la gran virtud que tuvo Pelo, yo no sé si buena, mala, a la vista, no me importa, pero tuvo una virtud. ¿Qué es lo que tiene la prensa, un medio de prensa? La Revolución Argentina, la Revolución de Mayo, tuvo La Gazeta de Buenos Ayres. Que es a donde todos se remitían para ver, para clasificar las cosas, para leerlas, para saber y para ver donde quedará la realidad. Y Pelo es eso. Es la columna vertebral a la cual remite todo el movimiento. Si no sale, son palabras, no hay historia. Los diarios no registraban, las revistas menos, la radio menos. Solamente la Pelo. Y cobró gran dimensión, la mandaba a Latinoamérica y esa fue la base del rock nacional en latinoamérica. Sobre esa base muchos músicos hicieron giras.
¿Qué es el rock nacional?
No quiero decir que la inventé yo pero salió en mi medio. Había un tango, compuesto por grandes compositores, contra el rock. Nos tildaban, excepto Piazzolla, de extranjerizantes. Decían que el rock era extranjerizante, como si el tango no viniera de la habanera, del flamenco, de la canzonetta italiana. Pero vamos a suponer que no, que surgió de abajo de la tierra de Buenos Aires.
Entonces yo insistía en la teoría del rock nacional. Porque creo que lo que es argentino está dentro de un territorio de la frontera, punto-raya-punto-raya, como hacemos los mapas en el colegio. Pero la nación es otra cosa, es la identidad cultural. Hay naciones que no tienen país. Muchas, como los gitanos. Hay otras naciones que no son las de los territorios. Y creo que la nación Rock era una nación argentina dentro de Argentina.
Y esa es mi teoría para defender al rock hecho en Argentina como nacional. Además es incomparable por sus letras, por su impronta, por la situación socioambiental de su nacimiento, por su rebeldía, con otras experiencias rockeras del mundo. La mexicana, la colombiana, la española, la francesa, son como versiones del rock anglo-estadounidense. El rock nacional se nutre del tango, del folklore y tiene una condición fundamental, quiero que piensen en esto los que hablan de rock argentino como si se pudiera hablar igual que de rock mexicano o rock brasileño. El rock nacional tiene una cosa que nadie se da cuenta y es que todos son cantautores, no cantan canciones de otros. Todos estos de otras naciones que te nombro empezaron copiando canciones de otros y traduciendo, en el mejor de los casos inspirándose, pero era excepcional. En 1969 el LP de Almendra tuvo letras con un nivel lírico espectacular. Eso fue Luis Alberto Spinetta quien puso un listón muy alto, al que todos quisieron llegar. Todos, sea quien sea, un pibe de Villa Martelli, de Haedo, de Luján, de Lomas, querían llegar ahí.
Por suerte tuvimos tres, cuatro, cinco tipos, Javier Martínez de Manal es otro, que eran hijos de una generación muy fuerte en Argentina. Esa generación fue fuerte y tuvo ese nivel por la educación pública. Por la buena educación o la educación en general. Los argentinos inmigrantes, todos quisieron su ”m’hijo el dotor”. Todos los padres y abuelos quisieron que sus hijos fueran mejores que ellos. Porque eran campesinos, porque era un país que iba para arriba, porque había leyes sociales, porque había cultura. Eso produjo una generación de cantautores, de guitarristas, con un cierto nivel y con muchas pretensiones de estar haciendo algo importante, y se lo creyeron. Tanto se lo creyeron que hoy, el rock nacional forma parte del ADN de la Argentina. Innegablemente. Lo anticipó Piazzolla. En 1970, en 1971, en el programa de Neustadt, le dijo “está Crucis, está Spinetta, Charly García, ese es el futuro de la música argentina”. Lo dijo él, que para mí es el músico más grande de la historia argentina. Astor Piazzolla. Supera las barreras de las etiquetas, el rock, el tango, la música clásica.
En esa entrevista él dice algo así como «ellos lo que hacen es música de Buenos Aires, que es lo mismo que hago yo»
Claro, es que como se dice ahora, no la vieron. Yo la vi porque estaba dentro. Seguía el curso del movimiento de ese río imparable, y los muchachos también. Estaban adentro también.
Tengo interés por una figura en particular, Jorge Álvarez. ¿Quién era para ustedes?
Jorge Álvarez fue un hombre, ya grande, me llevaba 10 años a mí, tendría treinta y pico en ese momento, que tenía una editorial de libros literarios y políticos. Hasta que un día comienza a escuchar y conocer a algunos chicos pero sobre todo comienza a conocer lo que era el circundante movimiento estético de Buenos Aires, que no era solo música. También estaba Marta Minujín, Jorge de la Vega que era pintor y músico, estaban los músicos de rock y estaban estos chicos, Javier Arroyuelo, López Sánchez y Pedro Pujó que convencieron a Jorge de sacar una serie de posters modernos y luego algún librito moderno. Una editorial es una editorial, empezó a editar música. Los chicos le acercaron a Manal, trajeron a Vox Dei. Ese era el carácter de Jorge Álvarez, era un tipo que la veía desde la literatura, con una potencia muy grande, pero con una capacidad financiera muy floja y además muy mal administrador. Así que se le caía todo, se les quebraba todo, así fue toda su vida. Hizo millones y terminó muy pobre.
La época también del Instituto di Tella.
Básicamente te hablo del Instituto. La revista estaba a cien metros del Instituto di Tella, entonces, yo estaba en ese caldo. Yo vivía en el Instituto di Tella. El Instituto di Tella tenía un instituto de investigación sonora que lo hacía Juan Carlos Telechea, que era uno de los que integraba un grupo pop que se llamaba El Grupo de Gastón, y también tocó con Javier Martínez. Ellos fueron los que invitaron a Almendra y a Maná a tocar una vez en el instituto de aquella. El Teatro Payró estaba a la vuelta también fue ofrecido para realizar recitales. Por supuesto venía la policía, nos llevaba presos a todos. Y el nombre de la revista es ese. Yo le puse Pelo a la revista porque la identificación era que todos teníamos el pelo largo y ese era el motivo por el cual nos llevaban en cana.
Varios años después, durante la dictadura, vos sos nuevamente detenido, ¿no?
Más que detenido, secuestrado. Pelo ya estaba establecida, ya tenía 7 años. Y había una revista contestataria, muy ácida, en Estados Unidos que se llamaba MAD. Una revista adorada y despreciada con la misma intensidad. Fue muy perseguida durante el macartismo pero luego reconocida por el Congreso con un aporte a la cultura norteamericana. Y a mí me pareció que combinaba muy bien con Pelo. Le pedí los derechos a Gaines, que era el director. Él me escribe: «pero usted tiene una editorial muy joven que tiene una sola revista. Cuénteme un poco”. Le digo: “mire, saco una revista que es igual a la Rolling Stone, es la Rolling Stone argentina”. Perfecto, me dio los derechos y la empezamos a sacar. Lamentablemente, tuve que hacerme una operación de riñón complicada… Estaba Videla en el poder y bueno, publicamos un chiste sobre la Iglesia. Un chiste que hoy lo contaría el Papa Francisco en el Vaticano. Pero en ese momento la dictadura lo consideró agresivo para la familia, las instituciones y no sé qué cargos más y me mandaron torpemente a chupar en la redacción, la redacción de Pelo y MAD. Me sacaron literalmente del forro del culo, me bajaron los dos pisos por escalera, yo estaba convaleciente, tenía noventa y un puntos. Y me tuvieron dos días en un lugar que no sé cuál es.
Y bueno, hubo una presión internacional inmediata, no por mí, sino por la revista MAD, que es conocida en todo el mundo: “El gobierno argentino se pone mad con MAD”. Loco. Ahí me blanquean, a los 10 días creo que sacan un comunicado oficial poniéndome a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y me meten acá en la alcaidía del departamento de policía, una cárcel. Ahí conocí a mi primer empleador, Jacobo Timerman, director de La Opinión y de Primera Plana cuando yo trabajaba para él. Por supuesto no me conocía. Así que en esos meses de prisión aprendí mucho con él, comíamos y hacíamos ranchada. Él me dijo: «pibe, mirá, tené cuidado que si te agarran por derecha, después te chupan por izquierda.» Yo era un perejil, yo no hacía política. Lo único que hacía era tener dos revistas rebeldes. Cuando yo entré y estaba prisionero oficial, me fue peor. Nadie entendía lo que era la revista MAD pero cuando dije que era el director de Pelo, ahí sí. Imaginate, nada que odie más la policía que el pelo largo y la revista de rock en ese momento. Así que bueno, se me complicó un poco la cosa. Después hubo un conflicto de la dictadura con la Iglesia, Videla dijo “todos lo que están por la Iglesia, afuera”. Un día escuché: “Ripoll, con todo», y Timerman me dijo “cuidate pibe”. Me fui a un bar tres cuadras más adelante. La llamé a mi vieja. Durante 40 años no entré nunca más a ese bar. Mi familia, que también sabía esto, me encerró frente al Parque Lezana en un departamento vacío durante dos meses para que no me pasara nada y me llevaban la comida. Y después me exilié. Fui a Estados Unidos, me recibieron Jorge Alvárez y Gustavo Montesano, de Crucis. Yo fui con una valijita y a agradecerle a William Gaines que me había puesto dos abogados norteamericanos que se los pasaron por el culo. Y me ven, llegando con una valijita, y me dicen: «pero ¿qué haces? Saliste de la jaula y querés volver a entrar”. Y ahí me contaron todo lo que uno adentro no ve. Estuve exiliado un año en París y otro año en México.
¿Y qué te encontraste a la vuelta?
La editorial quebrada. Me puse a trabajar de nuevo, hice algunos trucos editoriales, y en un año la levanté otra vez. Lo suficiente como para poder organizar el cuarto festival de BA Rock en 1982, para producir un gesto más para bloquear a la Dictadura, que después de las Malvinas estaba convaleciente. Hicimos un festival por la paz, no por la guerra, y ahí filmamos la otra película: Buenos Aires Rock.
¿Cómo fue la vuelta de la democracia para el rock nacional?
Creo que el rock nació bajo la bota militar y que eso fue como el pelo, un identificador. Luchar contra un enemigo común aunó a todos y les dio como una fuerza, una razón de ser. Sobre la vida en la democracia, todo eso lamentablemente desapareció. Y empezó una época más pop, más relajada. La industria empezó a tener más intervención. Empezaron a mandar un poco más sobre las producciones de la música de rock. Se lo tomó realmente como una industria. Hubo durante diez años unos encontronazos contra la industria y después la tecnología se encargó de dinamitar todo lo que sea cultura y quedó una subcultura.
¿Quién era la industria y quién era el rock?
La industria es el sistema establecido por el cual existe Palito Ortega. Leo Dan y compañía quisieron hacer rock. El rock era rebelde: yo escribo, yo canto lo que yo haga. Y tenía un medio que los apoyaba, que era yo, que hacía unos editoriales terribles contra la industria. La industria estaba acostumbrada a pagar la radio y decir «bueno, pasame este tema y este”. Todo el mundo bailaba, cantaba y pensaba como querían la industria musical. En Argentina y en el mundo.
Entonces las pautas culturales estaban dadas por el marketing y no por los creativos, los artistas o los emergentes populares. El rock fue emergente popular y no transó con la industria y pagó el precio de no transar. No cobraba por hacerlo, no estaba en la radio. No salía en prensa, ni en la radio, ni en ningún lado, excepto pelo. Que fue también lo que le ayudó a Pelo.
Y Pelo no era complaciente con la industria.
Justamente la palabra “complaciente” es otra palabra que pusimos nosotros porque decíamos que la música no debía complacer al sistema. Y nosotros no debíamos complacer a la industria. Yo hice periodismo. En esa época y mucho más ahora, todo el periodismo es un periodismo de promoción. Está todo arreglado, todo negociado. Tomá y te doy, te vendo esto, notas que no son notas, que pasan por notas, grandes campañas. Argentina se fue. Nosotros éramos todo lo contrario. Nunca transamos, como no transaron los músicos, teníamos ideales. Nuestro principal ideal era la paz en un mundo de guerra. Vivíamos en guerra, furiosa, cargada por los militares, por la represión a nuestros argentinos. Y bueno, ese clima de guerra fue también fundacional del espíritu rebelde.
¿Qué es una nota que no es una nota?
Si vos te ponés a leer todos los diarios del mismo día, te vas a dar cuenta que hay olas que están bancadas desde las agencias de noticias, desde las agencias de marketing, desde las agencias que ponen productos, nombres, obras, estrellas, grandes barrios, televisores. Todo es digitado, todo es plata. Los medios son cómplices y la política también.
Yo veo en los 80, algo que vos me dirás, pero es que el rock pasa de ser un fenómeno de importación a exportarlo completamente a todos lados. El ejemplo más fuerte quizás sea Soda Stereo girando por toda Latinoamérica. ¿Cómo vivieron ustedes ese momento? ¿Eran conscientes de lo que estaba sucediendo, del nivel de crecimiento que tenían?
Nosotros sí, porque nosotros exportabamos la revista a Latinoamérica. Por eso te digo que muchos hicieron música y civilización. Nosotros éramos los romanos de entonces, hicimos los caminos y por esos caminos bajó la idea del rock argentino, las frases, la importancia, la letra.
Era un medio que llegaba a Venezuela, Colombia, México, España inclusive, a Chile, ni te cuento a Perú. Porque la Pelo era el canal de información. Entonces cuando un músico argentino salía al exterior, ya salía con ese background: ya sabían que era un tipo serio, que era música elaborada, que era música rebelde, que la letra tenía un contenido. Además estaban los valores de cada uno de ellos, Soda Stereo era una música extraordinaria. Cerati es uno de los grandes letristas junto a Javier Martínez, Spinetta, el Indio Solari, Charly García y alguno más. Un tipo muy importante, lamentablemente desapareció muy joven. Nosotros vivíamos conscientes de que estábamos exportando el espíritu de una idea.
Los 90 traen un momento de liberalización de la economía. ¿Fue un momento donde ustedes empezaron a competir con revistas que traían de afuera?
No, con revistas no. Revistas en español nunca hubo buenas. De hecho, Pelo fue durante muchos años la mejor revista en español de música, aún en España. Porque no había un movimiento nacional auténtico en cada uno de esos países, entonces si había una revista era parte del sistema. Nosotros no. Nosotros somos la verdadera contracara del sistema, siendo una empresa.
El hecho de que yo haya estudiado periodismo y haya trabajado en diarios y en revistas de información me dio una formación periodística muy importante y aparte aprendí mucho de la parte editorial. No solamente de editar una revista, sino de distribuirla, cómo es el negocio del exterior, cómo comprar bien el papel. Si vos no sos profesional, a los cinco, o tres, o cuatro años te caés. ¿Qué fue lo que pasó a todas las revistas que quisieron hacer la competencia a Pelo? Casi todos pasaron por la redacción de Pelo. Subían un poquito y caían. Esto es un trabajo un oficio y es un riesgo económico de los más altos. ¿Por qué? Porque un tipo que fabrica sillas puede hacer una silla mal, que no se venda, pero le queda la silla. Pero si vos haces una revista más, esto siempre para mí, perdiste todo en treinta días. Y eso fue lo que yo aprendí, que es lo que no aprendieron todas las revistas que durante treinta y cinco años quisieron hacerme la competencia.
¿Por qué viene la decisión de cerrar revista Pelo?
Bueno, yo saqué revistas en España y en Brasil. Estando en España me di cuenta que el papel estaba acabado. Cinco años después, se terminó todo. Hoy está todo destruido, cosa que yo vi hace 20 años, 20 y pico. Y yo dije «no, yo no voy a quebrar, no me voy a hundir con el barco, lo que voy a hacer es llevarlo despacito al puerto”. Esto como sustento de negocio se hace insostenible. Y me dediqué a mi otra fase que es la literatura: escribo, produzco algún festival, hechos culturales, hago exposiciones.
¿Crees que hoy hay contracultura, como la había en esa época?
Sí. Creo que el hecho de no tener un adversario contra quien pelear –nosotros teníamos a los militares, que me lo pregunten a mí, que pagué el precio, ¿no?– y la contracultura haberse hecho, en muchas épocas de la democracia, oficialista de un gobierno, la jodió un poco. La cultura y el periodismo nunca pueden ser oficialistas. La cultura tiene que afrontar la rebeldía, la interpelación propia de la cultura.
Ningún partido político, ninguna ideología salva a nadie, lo único que salva a la gente es la cultura y el arte. Ni siquiera la cultura oficializada, no la cultura de los museos, la cultura de la calle. Pero la cultura de la calle no puede ser parte del discurso oficial. Ahí pierde usted.
Fue lo que pasó hace 4 o 5 años. Los jóvenes abandonaron a quienes creían que habían venido a salvarlos y se fueron a otro lado.
Hay algo que me parece muy bueno de todo esto que hablas de la rebeldía que generalmente está ubicada en una idea como más desacatada y demás. Sin embargo, ustedes tuvieron un proceso de muchísima madurez en esa rebeldía. Digo, tener una empresa treinta y cinco años, es una empresa rebelde pero es madura, estructurada, profesional. ¿Cómo empezaron a convivir esos mundos?
Porque si vos tenés una cultura o tenés una revista rebelde y querés jugar dentro del capitalismo, tenés que jugar con esas reglas. Y no solamente tenés que jugar, sino que tenés que saber jugar como el mejor. Yo jugué como el mejor. Y me designaron presidente de la Asociación de Editores de Revistas. ¿Por qué? Porque yo había dicho que las revistas no iban más entonces me eligieron presidente para ver cómo hacían el soft landing. ¿Qué pasaba? Y, conozco de qué se trata. Si no hubiera durado 4 o 5 años, muy bien, bárbaro. Y se terminó. En cambio, yo creo que dejé una marca en la cultura argentina. De hecho, el año pasado me distinguieron como personalidad de la cultura argentina en la Legislatura. Algo habré hecho. Yo creo que sí, porque tanto vaya para arriba, como me tomo un taxi o entro en un negocio, enseguida me sacan la ficha de “uh, ¿te acordás?”. Yo hice mi trabajo, tampoco lo hice sabiendo lo que iba a pasar. Hice mi trabajo.
Mi mujer no sabía quién era cuando empezamos a salir, era muy de otro palo, así que le tuve que contar un poco toda mi vida. Siempre le contaba la cotidiana como “y bueno, las cosas sucedieron, yo era el tipo que estaba ahí, hice mi trabajo”. Ella me dijo: «no, porque podría haber habido otro tipo que estuviera ahí y a lo mejor no hubiera durado como duraste. Era aquí porque estabas ahí, porque lo hiciste y tuviste la perseverancia”. Y la tuve, con todo lo que me pasó la tuve. Una forma de tenerla es ahorrar en papel. Una forma de tenerla es saber qué etapa tenés que poner en el esquema. Esto es: si vas a hacer algo, hacerlo como el mejor.
No te entregues tanto a tus ideales fantásticos sino a tus ideales, viviendo la realidad para poder hacer cosas. Viviendo la realidad. Porque muchas veces cuando uno es artista o escritor, cree que lo que hace es la verdad. Nunca nadie hace la verdad. Buscamos aproximaciones a la verdad o podemos tener una idea cegada de la verdad, pero la verdad siempre es otra. Y te das cuenta cuando vivís muchos años. O cuando tenés mucho tráfico en lo que hacés. Y entonces está en no creérsela, esos artistas que se creen vivos y después bajan a tierra de un hondazo.
Siempre hay algo mejor, es como el tipo que se compra un auto nuevo todos los años. Para estar en el tope este año. Siempre hay uno que tiene uno mejor que el tuyo. No es por ahí. Lo bueno es hacer cosas que tengan repercusión, que lleguen a la gente. La mejor obra de arte o la mejor revista o la mejor página que no llega a la gente es la peor. La buena es la que llega a la gente. Y tampoco haciéndole concesiones a la gente, porque si no terminás dentro de las reglas del mercado. Esto de suponer que el público es maravilloso, tampoco. El artista tiene un deber o el periodista de ser didáctico. Vos tenés que igualar para arriba y no para abajo. En ese sentido, Pelo estuvo bien escrita desde el primer día. Hizo periodismo de verdad entrevistando a un pibe que había sacado un disco en Ramos Mejía. Pero hizo periodismo de verdad. No hizo periodismo complaciente o “vamos a poner las caras bonitas”. Hicimos periodismo de verdad. Y la gente lo entendió. Y la gente ve la revista Pelo o la tiene en la casa y llora y se emociona y me escribe desde el interior. Hay gente que me dice «yo soy ingeniero porque leí Pelo.» ¿Por qué? Y porque aprendí a discernir cuando tenía 14, cuando tenía 15, aprendí a leer a valorar esto es bueno, acá me está metiendo el perro.
Alberto Díaz, editor de Sixto Barral, Emecé, y varias más, escribió que «un editor de raza vuelca en su catálogo su vida, sus sueños y su visión de la historia». ¿Vos, cuando ves tu catálogo como editor, ¿sentís eso?
Estoy orgulloso del esfuerzo que hice con mis trabajos. Y con la multidiversidad porque me conocen por Pelo pero he sacado revistas de historia, de salud, de un montón de cosas. Yo soy editor. Me gustaría tener la potencia editorial que tuve en los años 80, 90, con todo lo que sé ahora. Pero bueno, para eso hay que hacer un pacto con el diablo. Creo que hice medianamente bien las cosas, la gente me reconoce por lo que hice con emoción. Y en los últimos años aprendí a verme en ese espejo de la gente, de los lectores. Viendo qué es lo que les produce a ellos, ¿no? Tanto los festivales como las cosas que organicé. Y estoy tranquilo. Sigo haciendo cosas, vengo de hacer un festival en el medio de la Patagonia con dos mangos y medio y lo hice igual.
¿Cuál?
Hice el acústicazo en Lago Pueblo.
El unplugged es un invento medio tuyo.
Exactamente. El primer disco del acústicazo es el primer disco unplugged de Iberoamérica. El primero grabado en vivo real de la Argentina, pero hay uno anterior que es trucho porque llevaron los invitados al estudio en lugar de ir los músicos al lugar donde se tocaba. Este es real y también se convirtió en algo histórico que todavía sigue recorriendo el interior del país. Ese disco descubrió, y ese festival, a León Gieco, a David Lebón, a Raúl Porchetto.
Todos trabajaron conmigo, muchos empezaron jóvenes conmigo y yo les di la oportunidad. Siempre tuve una redacción joven. Primero porque yo era parte de ello y después pues los vampirizaba. Así fue que en el año 90 tuve la primera redacción digital interconectada en la Argentina. Cinco años después apareció otra.
¿Por quién es Argentina suena como suena? ¿Quiénes son los responsables del sonido nacional para vos?
Hay una cosa muy importante que es la entonación argentina. El belcanto metido adentro del tango y el tango metido dentro del rock. La forma de cantar. Y si el rock tiene mucho contenido proviene también en gran parte del contenido que tenía el tango. Es decir, la música en Argentina es una música de contenido.
Por otro lado, el tango es una música, vamos a decir, folklórica como también puede ser el bolero o la habanera o la rumba. Pero la variedad y calidad musical que tenía el tango ya te da una base para que el rock siga, porque todos los rockeros eran hijos de tangueros.
Todos los tangueros son hijos de la música europea que bajó acá a través de diferentes ramas y en parte de la música negra. Milonga. Entonces, todo eso da un contenido, un nivel cultural que proviene de la gran educación argentina que le llevaba, todavía le lleva, 50 años a cualquier otro país de Latinoamérica. Basta ver la Ciudad de Buenos Aires y compararla con cualquier ciudad de Latinoamérica. Nada que ver. “Parece Europa”, y ¿de dónde viene la gente que hizo esto? ¿De dónde viene? Viene de Francia o de Italia. Por ahí necesitamos una verdadera fusión para sentirnos tal vez un poco más de latinoamericanos. Pero también quiero derribar otro mito. Nadie es originario. Esto es todo un trasvasamiento donde uno se fue comiendo al otro. Nosotros porque vemos toda la historia en lo que dura un fósforo, pero la historia es una gran llamarada que empezó no se sabe dónde ni cuándo va a terminar y todos nos fusionamos y nos cocinamos en eso. Culpa de ser europeo en un territorio que no es mío no tengo. Es el mundo que cambió.
Lo que hay que hacer es ser sensible, justo, en la medida de lo posible. Y vivir de acuerdo a las pautas modernas porque cuando estaba Sócrates también existía la esclavitud. Y nadie lo pone en cuestión por eso. Vivir también acorde a las circunstancias. El hombre y su circunstancia. Y el rock vivió esta circunstancia, yo creo que ese es el sonido argentino.
Músicos que tenían un gusto, un olfato, que tenían unas olas detrás, un referente como Piazzolla, como todo lo que fue el Instituto Di Tella, una ansiedad, una visión, la pintura argentina, los escritores argentinos, los Borges y la educación. La sociedad argentina, antes un poco más que ahora, es una sociedad culta. Sabe. Pero no es que sabe el tipo que vive en Recoleta. Sabe el tipo que vive en Lomas de Zamora también. Sabe cosas. Hay una razón. Todo tiene datos. Argentina fue uno de los países con mayor lectura per cápita del mundo. Argentina leía cinco veces más libros que cualquiera de México, España, Brasil, lo que quieras. Y así todo. ¿Y por qué tenemos una industria editorial y de periodismo tan fuerte? Te cuento un detalle. El diario La Prensa en 1920 tiraba 300.000 ejemplares. Increíble. Tiraba más que la mayoría de los diarios de Europa. La gran masa inmigratoria consumía noticias del exterior, gente que quería saber de su patria, de su tierra. La gran educación argentina también sirvió para igualar las clases, tenían que hablar entre sí, esto era Babel, había más extranjeros que que argentinos. Entonces, la gente tenía que hablar el mismo idioma, conectarse a través de los diarios, las radios, las revistas, que organizaban todo.
Esa vocación de inmigrantes que querían más, que querían que sus hijos fueran doctores y educados hizo que la gente consumiera mucho material, conocimiento, entretenimiento y también información. Como en ningún otro país te queda la cultura. Todas esas cosas, si vos las sumas, te responde la pregunta.
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