Política
Una respuesta generacional al descontento
Entre la frustración y la falta de representación, una generación entera de jóvenes politizados busca dónde volcar sus energías transformadoras y no encuentra espacios que los contengan. Nahuel Nicolás Peña y Tomás Delgado, desde la experiencia de Generación para el Desarrollo, analizan las causas profundas de esta crisis. Desde las transformaciones tecnológicas hasta el encapsulamiento dirigencial, proponen un camino alternativo.
Por Nahuel Nicolás Peña y Tomás Delgado
11 de octubre de 2025
“Un joven que no crea movimiento, un joven que está quieto, es un viejo muerto. Tengan coraje, vayan adelante, muevanse, hagan lío, hagan barullo. Pero ese barullo constructivo, que nace de los ideales. Y junto con eso, la paradoja de hacer barullo y dialogar con todos. Dialoguen con los viejos, que son la sabiduría de un pueblo. Escúchenlos y que los escuchen a ustedes”
Papa Francisco.
El dilema
Si tuviéramos que elegir vocablos que sinteticen la situación actual, podríamos enumerar los siguientes: frustración, orfandad y falta de espacios políticos que generen representación. Incluso se pueden agregar incomodidad, lejanía y pérdida del entusiasmo. Lo vemos en cada una de las reuniones que tenemos hace más de 1 año y medio, donde algunas de las definiciones enumeradas nos las transmiten compañeras y compañeros de diferentes latitudes, ideologías y organizaciones. Hay un sentir generacional que trasciende las fronteras organizacionales, que nos hermana y conecta. Atraviesa las diferencias tanto en materia de trayectorias como de ideas.
No hablamos acá de jóvenes que están desinteresados por completo de la política, los cuales hoy seguramente son una enorme mayoría. Nos referimos específicamente a aquellos y aquellas que, con voluntad transformadora y ganas de participar en la comunidad que los rodea, no encuentran los espacios donde volcar esas energías. Tampoco para sentirse parte de algo que los trascienda, los contenga y les permita construir una identidad colectiva.
Las razones
¿Cuáles son las causas de esta crisis de representación? El fuerte salto epocal y la revolución tecnológica parecerían tener mucho que ver con estas sensaciones. El pasaje de una sociedad analógica a otra digital, el auge de las redes sociales y el surgimiento del territorio virtual vuelven algo obsoleto, o al menos lejano, al espacio físico, la unidad básica y las formas tradicionales de reclutamiento político. Esos lugares donde uno, tradicionalmente, quería quedarse la mayor cantidad de horas posibles para ganarse la confianza de un referente (hecho que se traducía en que te dieran una copia de la llave, cabe mencionar a modo de anécdota). Hay algo de las viejas jerarquías y su legitimidad que parece haberse roto.
Sin dudas también la falta de perspectiva futura, las escasas respuestas que brinda la dirigencia política, a las demandas sociales en general y los problemas de los jóvenes en particular, generan la sensación de encapsulamiento. Podríamos decir que hablamos de “dirigencias que no dirigen”, se aíslan y gozan de privilegios. Es en esa hendija donde se cuela la verdad que trajo Milei: hay algo de casta. Sin espacios para nuevas figuras, mecanismos institucionales para renovación de cuadros ni voluntad política de dar lugar al trasvasamiento generacional, parecería que la dirigencia habla prácticamente otro idioma, al menos en relación a los amplios sectores de la juventud politizada. Ni hablar para el resto, que solo espera decisiones que le mejoren su calidad de vida.
Este cúmulo de sensaciones negativas, incomodidades y frustraciones ha llevado a que progresivamente muchos jóvenes desistan de participar en política, se alejen de la militancia de base y busquen otras formas de estar en la discusión pública. Una de las posibilidades es centrarse en la vida privada para una gran mayoría. Otros, con un interés más arraigado, encuentran como forma más accesible de participación volcarse masivamente a las redes sociales y expresar ahí, de forma catártica, críticas y desconcierto. Se trata de una forma de hacer lío, pero sin un enfoque constructivo, y en el marco de redes diseñadas para funcionar como “cámaras de eco”; es decir, que inflan el ego, retroalimentan el odio y la segregación social.
Como militantes, creemos que hay un camino diferente. Un sendero más desafiante, que requiere astucia, coraje, templanza y capacidad de innovación. Todo a la vez y de forma simultánea, no secuencial como una sucesión de pasos lineales. Eso es lo que creemos y lo que practicamos. Apostamos por organizar nuestro descontento, construir espacios alternativos donde podamos encontrarnos, contener frustraciones, canalizar energías y representar. Una serie de tareas amplias, diversas y dificultosas, orientadas en su conjunto a incidir sobre la realidad. La insatisfacción como motor del cambio.
La innovación como respuesta
En el marco de la teoría económica schumpeteariana, la única forma de lograr desarrollo y cambios sociales es mediante la innovación: introducir novedades en el mercado y lograr progresivamente su difusión. En su faceta más radical, son aquellas que posibilitan los cambios revolucionarios y las transformaciones decisivas, ya que suponen aportes totalmente disruptivos en la sociedad, a pesar de que representan un mayor riesgo. Como siempre, un cambio requiere asumir una cuota de incertidumbre. No un salto al vacío, pues ni en la política o la sociedad esto existe, pero sí una apuesta.
Frente a la combinación de crisis económicas, encapsulamiento dirigencial y las transformaciones tecnológicas mencionadas, nuestra democracia liberal occidental se encuentra desafiada y hasta (por momentos) puesta en discusión. ¿Significa eso que todo está perdido? Para nada, pero es aquí donde entra la señalada necesidad de hacer una apuesta innovadora. Las apuestas requieren de osadía, la cual puede verse en estas nuevas formas de organización política, que poco a poco van constituyendo un nuevo camino para participar en la discusión pública. Desde espacios como Generación para el Desarrollo, Misión Productiva, Futuros Mejores, Repliegue o incluso el recientemente lanzado Peronismo Patriótico, se busca dar respuestas a esta necesidad de que surja algo nuevo.
Estas organizaciones se caracterizan generalmente por funcionar de forma más horizontal que los espacios políticos tradicionales, pues no surgen de un liderazgo catalizador, sino del encuentro entre pares que poseen una agenda común. Las redes y el territorio digital funcionan como un escenario natural de reclutamiento.
Al mismo tiempo, estos espacios no forman parte orgánica de esquemas partidarios, aún cuando muchos de sus miembros y miembras son parte de otros espacios tradicionales en simultáneo. A su vez, tampoco suelen estar ancladas en un distrito electoral específico. Funcionan, más bien, como puntos de encuentro en el marco de una red, que a medida que se va tejiendo termina configurando un ecosistema que combina heterogeneidad con ciertos niveles de cohesión en materia de cosmovisión.
Los distintos componentes de este ecosistema de organizaciones buscan, desde la discusión de ideas, posicionarse como actores dentro de un sistema político en descomposición, aunque como un objetivo de mediano plazo. En el durante, funcionan también como lugar para el reclutamiento, la formación y el posicionamiento de futuros cuadros técnicos y políticos.
Sin dudas, el principal desafío de estas nuevas formas organizacionales radica en su capacidad para encontrar mecanismos de integración parcial con el sistema tradicional de representación, organizado en torno a los partidos políticos y el territorio. A pesar de los grandes cambios que atraviesan las sociedades contemporáneas y las formas de participar políticamente en los asuntos públicos, dentro del sistema institucional los partidos tradicionales siguen siendo el vehículo de organización electoral. Esa necesidad de hallar las formas de articular este nuevo mundo con la superestructura institucional vigente, coexiste con el requisito de conservar algo de la frescura que los vuelve atractivos. El desafío de, en términos dialécticos, superar sintéticamente la contradicción.
¿Cómo se logra esto último? Es evidente que aún queda un largo camino por recorrer, que implicará las mencionadas astucia, osadía, temple, imaginación política y capacidad de conducción. Todo esto es fundamental porque, si bien en algunos casos funciona la ley de say, la cual postula que la oferta crea su demanda, la realidad es que debe ser la sociedad la que llegado el momento reclame un nuevo rumbo. En el mientras tanto, es un deber para quienes integramos este nuevo mundo formarnos, prepararnos y avanzar sin que la ansiedad nos devore, para así estar listos cuando hayamos culminado el camino. Otra cosa importante para comprender es que estos nuevos espacios llegaron para quedarse, contener, representar y revitalizar una democracia que necesita nuevos lugares donde pertenecer, participar y sentirse representados. De abajo hacia arriba y con un horizonte de transformación nacional.
Vamos despacio porque vamos lejos.
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