Literatura
Un robot creativo
El ensayo analiza las posibilidades creativas de una IA a partir de dos experimentos. El primero es un ejercicio en el que poetas de un taller literario tuvieron que distinguir poemas humanos y poemas no-humanos de un Corpus. El segundo, un diálogo político con imágenes entre Diego Escaño y una IA.
Por Zaira Nofal
17 de marzo de 2026
El año pasado en medio del auge de Chat GPT aproveché para hacer un experimento con mis alumnos del taller de escritura. El taller hace unos años se volvió virtual por la pandemia y en consecuencia, más federal. Asisten en general poetas y hay un grupo más o menos fijo que fue ganando experiencia, por supuesto que en la escritura, pero más importante para este caso, en la lectura. Se conocen, pueden identificar los textos de sus colegas con la presencia de un solo elemento: La paleta de rojos y el romance es Juanma, el humor y el verso largo la Pato, el río y los 90 Tati, etc.
Después de haber esbozado malamente una clase de poesía objetivista, armé el ejercicio con IA. Le propuse a chat GPT escribir un poema objetivista porque creí que le iba a resultar sencillo. Hablando mal y pronto, para quiénes no sean muy afectos a la poesía, una de las máximas de la corriente objetivista es que los objetos del mundo tienen valor por sí mismos, no dependen del sujeto. Por lo general en ese tipo de poemas hay una descripción cruda de aquello que se observa, no es ni bueno ni malo, no es bello o lo contrario, es. No recuerdo el prompt -no sabía en ese entonces que iba a escribir sobre eso- pero le ofrecí algunos autores como referencia y le pedí que el poema sucediera en un escenario cotidiano. En el momento de lectura y análisis del taller, leímos dos poemas: el de Chat Gpt y uno de Eavan Boland. Después les pedí que adivinaran cuál era el que estaba escrito por un humano y cuál estaba escrito por una IA.
I.
Un Barrio.
Cae la noche.
Las cosas se preparan
para pasar
sin que las vean.
Estrellas y polillas.
La fruta que al hincharse va tensando la cáscara.
Pero todavía no.
Un árbol está negro.
Una ventana está amarilla como si fuera de manteca.
Una mujer se agacha a alzar a un chico
que corría a sus brazos
ahora mismo.
Salen las estrellas.
Revolotean las polillas.
Las manzanas se endulzan en lo oscuro.
II.
En la mesa hay dos tazas,
una llena de café y la otra,
vacía, esperando el momento
de volver a llenarse.
Las migas de las tostadas
esparcidas como estrellas,
y el sol de la mañana
pintando un cuadro en la pared.
La gata se enrosca en la alfombra,
su ronroneo, un murmullo
que se mezcla con el zumbido
lejano de la heladera.
La radio anuncia el clima,
lluvia para la tarde,
pero ahora, el cielo azul
es una promesa de calma.
Los platos en el fregadero,
un recordatorio silencioso
de que la vida sigue su curso,
entre tareas simples y momentos de paz.
Querría decir que mis alumnos detectaron rápidamente cuál era el poema humano, pero al menos la mitad erró en la respuesta y todos dudaron antes de responder, excepto uno, que lleva largo rato trabajando con IA (Personalmente creo que hay un verso clave que delata al bot, pero ustedes dirán). En todo caso quizá no sea tan sencillo saber a dónde ir a buscar la humanidad en un poema.
Cuando le damos un comando a la IA sabemos que, en términos generales, va a generar una respuesta sobre la base de una acumulación de datos que fuimos proporcionando a través del tiempo ¿Pero esto no es acaso lo mismo que hacemos los humanos? Nuestros discursos no son sino un pastiche devenido de la red discursiva que nos sostiene, o como diría Barthes de modo más elegante “un entramado de citas”. Si todas las producciones textuales dialogan con textos previos, entonces ¿en qué se diferencian el modo de producir del poeta y el de chat gpt?
En la segunda parte del taller les pedí a mis alumnos que replicaran la experiencia, esta vez, ellos escribirían un poema y le darían un comando a la IA para escribir otro con los mismos elementos. Luego se repetiría también el momento de reconocimiento humano vs máquina.
En algunos casos acertamos y en otros no. En el grupo surgieron nuevas preguntas: ¿los poemas surgidos de nuestros prompts son poemas o simulacros? Si el poeta hace el prompt ¿quién es el autor? A mí me surgió otra: ¿Y si uno de mis alumnos había estado entregando poemas generados por IA todo el año sin que lo notáramos?
Cuando Hernán Ulm habla del neoliberalismo como un programa afectivo, conjunto de normas que definen qué es legítimo sentir, pensar y percibir, no puedo dejar de pensar en lo que pasó con la llamada “poesía de instagram”. Con la aparición de esta red, poetas de todas partes del mundo ven una nueva posibilidad de publicación, exponen sus textos y en un clic tienen sus primeros lectores. Lo que pasó rápidamente, como en cualquier otro tipo de publicaciones, es que ciertos poemas con ciertas características pertinentes para este formato -versos cortos, sencillos, que puedan entenderse en un scroll- fueron los más populares, los que recolectaban mayor cantidad de seguidores y hasta contratos con Random House.
Esta suerte de género en construcción entonces, se fue reproduciendo al punto en que la poesía de ese territorio parecía escrita por copywriters enamorados. Es tentador tener miles de lectores, lo entiendo. Me pregunto entonces ¿cuál es el programa afectivo de mi taller de escritura? Digo, llega un alumno nuevo a un grupo experimentado que logra escribir un buen poema a partir de una consigna en veinte minutos. Puede ser una experiencia frustrante, porque pareciera un acto de magia, de creatividad express pero lo que no ve el nuevo poeta, es el recorrido, la experiencia: tres o cuatro años de analizar poemas de compañeros y autores consagrados, de dejar textos a la mitad y retomarlos, de probar voces nuevas. Seguramente la IA con el prompt correcto, puede “escribir” un poema lindo, quizá hasta un buen poema en calidad de segundos, un poema que tus compañeros aplaudan. Es tentador, lo entiendo, el poeta gana, asciende pero ¿y las posibilidades que pierde el poema? Ese poema quedó atrapado en una repetición de patrones, no pudo desviarse de su camino predeterminado, no pudo ir hacia lo improbable.
Creo que el gran fantasma de estos dispositivos en el arte es que en algún momento, quizá ahora mismo, logren emular la creatividad ¿y qué es la creatividad sino la posibilidad de desviarse de la norma?. Cuando un cable no está normalizado, las cosas se incendian, lo aprendí hace poco por las malas. Digo, un robot por fuera de la norma, un robot creativo ¿No empiezan así todos los conflictos de los relatos sci-fi?
La preocupación por las posibilidades creativas de la IA en el mundo del arte no es novedosa. En el 2024, Carlos Escaño realiza un experimento: le propone a DallE tener un diálogo a través de imágenes. Escaño inicia el diálogo enviando una fotografía del Memorial del holocausto en Berlín. DallE responde con una imagen que replica los objetos geométricos. Escaño insiste y envía una imagen de la devastación en un territorio palestino, en el cual incluso se ve una bandera. DallE responde con una escena de devastación pero la bandera ahora es ficticia, no alude a una nación específica.
Este procedimiento se repite algunas veces más y el resultado siempre es el mismo, DallE responde con imágenes que repiten alguna cualidad de la precedente pero hace una operación extra, la descontextualiza, emula algo afectivo en algunas: el desamparo o la esperanza, pero no hay signos de un territorio, población o conflicto específico. Lleva todo a una propuesta “neutral”.
Podemos creer que la IA no tiene la posibilidad de comprender las implicancias políticas de una imagen, el contenido que genera obedece a instrucciones, no hay reflexión o mirada crítica. Sin embargo, DallE responde también a una programación. Escaño le ofrece un análisis del diálogo a DallE en donde le menciona el borramiento de carga política que realiza sobre las imágenes. ¿Es esta la programación afectiva de la que habla Ulm? Escaño apunta que la IA no solo genera imágenes, sino que también establece los límites de lo representable.
En la producción discursiva de la IA hay un borramiento histórico, político y también temporal. Cuando hablo de lo temporal, hablo del acceso a lo instantáneo, la ausencia de proceso. Boland en su poema dice: La fruta que al hincharse va tensando la cáscara/Pero todavía no. En la respuesta instantánea, no hay demora y si no hay demora no hay pensamiento. Dice Escaño sobre la diferencia entre creatividad humana y producción algorítmica:“Si toda creación se inscribe en un marco de poder, la producción generativa de la IA no es una excepción: está diseñada para evitar la incertidumbre, reduciendo la posibilidad de lo inesperado.”
Me pregunto si Escaño hubiese logrado reconocer una obra producida por IA si un humano se adjudicaba la autoría. En principio, no creo que eso sea posible. Lo que creo, es que al fin y al cabo, nuestro desafío es no caer en la trampa del programa neoliberal tratando de emular el artificio de lo instantáneo para cumplir con la demanda afectiva y obtener nuestros likes a cambio de volvernos una repetición, personitas cerodimensionales¹ tomadas de la mano en una guirnalda. Por lo pronto -en mi opinión quizá optimista- no hay aún, una batalla posible con los robots por la creatividad, ahora están muy concentrados en la prolijidad y en no usar el tiempo. Dice Tilsa Otta en uno de sus mejores poemas:
Perdí mi corazón en un arroyo en la cima de una montaña nevada
en algún planeta perdido
Siento que está
En el estómago de una ballena extraña (…)
Dudo que el corazón de chat gpt termine alguna vez en el estómago de una ballena extraterrestre.
1: El Dr. Hernán Ulm explica que el neoliberalismo no es solo un sistema económico, sino también un programa que regula la manera en que sentimos, percibimos y experimentamos el mundo. En este contexto, la cerodimensionalidad implica que el tiempo ya no fluye, sino que se reduce a un presente absoluto, sin historia y sin posibilidad de futuro.
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