Política

La verdad del corazón y el ojo del amo

Crónica-ensayo de unas vacaciones en San Rafael, Mendoza, que sumaron contemplación, reflexión y experiencia por Valles, cerros, ríos, diques y el ritmo del yoga cerca de la cordillera de un país que aguarda el fuego de su pueblo.

Por Guido Estañaro
24 de febrero de 2026

STARLINK, BOMBAS Y YOGA

Al llegar a Mendoza el 2 de enero mis ojos ya estaban relajados de la tensión y contaminación visual, preparados para ser cámaras de fotos o asistentes de esa tecnología omnímoda. En la terminal de bus sufrí el primer punctum. Mi mirada, que se había desplazado a la perspectiva displicente del turista, aunque siempre reniegue de esta condición, se asombró con la luneta de uno de los colectivos que portaba el anuncio de Starlink, el servicio satelital de internet del prohombre Elom Musk. En su ensayo sobre la fotografía La cámara lúcida, Roland Barthes contrapone el studium, el sentido más obvio de una foto, su razón estética acorde a los códigos sociales y culturales que la sustentan, al punctum: un detalle que se fuga de esa organicidad visual para sacudir un poco al observador de forma intrigante y extraña, más por una cuestión subjetiva que de la foto en sí. Rápidamente mi sorpresa se acomodó en el orden de cosas, para un país cada vez más controlado por el ojo ajeno, el ojo del amo que nos roba el ganado. Nuestros ojos anestesiados por las pantallas son capturados por  estas: se rinden a un autoescrutinio del yo a través de diferentes moods y sus momentos más aesthetics. Buscan el studium más completo para cada clase, desde maravillas naturales a costumbrismo thrash. Después de todo, algunos pueden ser mejores cámaras ocultas que otros para recopilar información visual y así el turista, sujeto universal, el que mejor coloree los mapas de Google. Por otro lado, el punctum aparece en lo que no esperamos, en el ojo que no tiene el total control de las expectativas del ojo del otro. Ni bien llegué a San Rafael las noticias me pusieron al tanto del bombardeo de Venezuela por parte de EE UU. Una magnífica operación de quién puede controlar los cielos y el ciberespacio, el ojo del águila del imperio. Aunque se haya sentido todo un gran montaje, con la participación especial de leales bolivarianos, para presentarnos una misión de Call of duty por la libertad: la captura del más buscado dictador caribeño. Después de desayunar, me quedaba mi reinicio de relación con el yoga. “Yogas citta vrtti nirodhah”, “el yoga calma las fluctuaciones de la mente”, me comenta Gi, que es instructora de esta disciplina y va a darme hospitalidad en este viaje. En su casa no hay wi fi y lo tomo como un aliciente más para desconectar y conectar con el cuerpo. Ella me dice que no, que el verdadero yoga es conexión con la no-mente y el presente. Empiezo por calmar los flujos de las notificaciones y noticias.

EL CORAZÓN DE MENDOZA

“El corazón dice la verdad. La mente es siniestra” me dice Gi cuando le pregunto por el slogan de su ciudad-pueblo “San Rafael, el corazón de Mendoza”, y me sugiere ver ese mapa. En verdad, un contorno geográfico que es muy significativo de su contenido. Las capitales – del latín capita– son la mente, la cabeza de una región delimitada. Si en ellas nuestra república pretendió cultivar la conciencia nacional, sucedió que esos centros se fueron quedando enclavados en una idea de país aislada de la vida verdadera que los rodeaba o integraba en un todo. Martínez Estrada hizo el diagnóstico en La cabeza de Goliat de esa hipertrofia de la capital del país, pero puede extenderse como un plan de malformación sobre todo la distribución del territorio. Lo que se suma a la hipótesis relamida sobre las formas de poblar o gobernar el país en el desierto, categoría negativa que si la vemos en su densidad es diversa, variados paisajes de lo deshabitado y la inmensidad. Frente a esos vacíos, las capitales se adjudican una legitimidad más allá de sus nombres y límites que son bien dichos. ¿La parte por el todo? El corazón hay que encontrarlo donde todo confluye; no está declarado ni tiene límites, allí más cerca del fuego secreto de los pueblos y la buena barbarie. Mi antropología de turista local sumó ocasiones de simpatías y pasiones del sanrafaelino por lo propio y por el otro, a veces mal llamado porteño, que escalaban a ese sentimiento generoso de lo argentino. Pero la Argentina como idea todavía se parece algo borrosa y abstracta para concretar. 

Nosotros tenemos un pathos propio más que un logos para dar, le comento a Gi mientras caminamos de noche por una de las arterias de SanRa. El logos es la herencia occidental de la que no renegamos y en el pathos reconocemos la fuerza propia, el corazón grande y tortuoso que como argentinos y sudamericanos tenemos para dar, controlar y conectar mejor con la cabeza y los pies en la tierra. El filósofo mexicano José Vasconcelos vaticinaba en La raza cósmica, un libro que recopila notas de viajes por Argentina y Brasilz, que surgiría desde este continente una nueva humanidad, en clave de una raza de mestizaje que liberaría la belleza y el amor para imponerlo como orden del mundo. 

“Pues la razón, la pura razón, puede reconocer las ventajas de la ley moral, pero no es capaz de imprimir a la acción el ardor combativo que la vuelve fecunda. En cambio, la verdadera potencia creadora de júbilo está contenida en la ley del tercer período, que es emoción de belleza y un amor tan acendrado que se confunde con la revelación divina. Propiedad de antiguo señalada a la belleza, por ejemplo, en el Fredo, es la de ser patética; su dinamismo contagia y mueve los ánimos, transforma las cosas y el mismo destino. La raza más apta para adivinar y para imponer semejante ley en la vida y en las cosas, ésa será la raza matriz de la nueva era de civilización. Por fortuna, tal don, necesario a la quinta raza, lo posee en grado subido la gente mestiza del continente iberoamericano”

En su casa Gi me muestra anotaciones sobre el sutra 33 sabio yogui Patanjali, un aforismo que trata de “ley del amor” con las 4 cualidades o inteligencias del corazón: Mudita (alegría), Maitri (amistad), Karuna (compasión), y Upeksha (ecuanimidad). B.K.S. Lyengar, otra maestro dice al respecto: «Este sutra nos pide que nos regocijemos con el gozoso, seamos compasivos con el afligido, cordiales con el virtuoso, e indiferentes con todos aquellos que continúan viviendo en el vicio a pesar de los intentos por cambiarlos. Este ajuste mental cimenta la salud social así como la individual». Veo estas cuatro direcciónes en un camino claro que puede sentirse en las vacaciones. El viajar es un placer que nos suele suceder y predisponer. ¿Cómo mantener este estado en la vida corriente de la necesidad? Los primeros y segundos períodos de la humanidad, que definía Vasconcelos a los que estamos atados, el material/guerrero y el intelectual/político, contienen al espiritual/estético. Este último parece vislumbrar su potencia en un estado del alma de vacaciones, aunque se encuentre ya cosificado dentro de un pack turístico. Otro camino: tomar la vida como un viaje en sí mismo significativo, no importa hacia donde. Lo bello del viaje, basta.

POR SUS FRUTOS SE CONOCE AL ÁRBOL

Frank Romero Day es un prohombre de la historia de Mendoza. Del cuño de una familia tradicional, este ingeniero nacido en 1893 estuvo a cargo de grandes obras públicas de la provincia. Entre ellas, la más hermosa haya sido el Teatro Griego emplazado en las proximidades del Cerro Gloria, inaugurado en 1950 en la capital y que actualmente lleva su nombre. Aunque a Frank se lo recuerda sobre todo por ser el ideólogo del Festival de la Vendimia, celebración que tiene su culminación en su anfiteatro homónimo. En esta tierra del sol y del buen vino, que eligió al actor Mike Amigorena de cara turística, Dioniso pasa como un patrono oculto, el dios más conocido por su regencia en el vino y las artes dramáticas o la posesión ritual. “El hijo del éxtasis y del temor, de la furia desatada y de la liberación más dulce, el dios loco cuya aparición provoca el frenesí de los hombres, que ya en su concepción y nacimiento anuncia el carácter misterioso y paradójico de su naturaleza”, dice el filólogo alemán Walter Otto -profesión que supo honrar Nietzsche- sobre este dios de las pasiones. Es también el “nacido dos veces”, de ahí su simbología fuerte de renacimiento. En una de las versiones del mito, adjudicados al orfeismo, es descuartizado por los titanes que se lo comen, dejando el corazón de lado que luego recibe su padre Zeus de parte de Atenea para traerlo de vuelta a la vida. El hijo de Cronos mata a los titanes con su rayo y crea a los humanos con las cenizas de estos y la tierra. Es decir, con restos del divino Dionisio y de los titanes. Este dios que era de los más cercanos a la experiencia interior humana cuenta con la hipótesis de ser extranjero, venir de afuera por su procedencia asiática. Por eso, podría ser también recibido sin inconvenientes entre todos los cuyanos que  reconozcan su devoción. 

Gi participa del misterioso destino de su tierra porque actúa y es profesora de teatro. Me lleva a ver el unipersonal “Miky Rurk” de uno de sus amigos que a través de una serie de números de un bufón roto, ajado por la realidad, nos muestra un Krusty que tiene más barrio y simpatía que el cínico y genial admirado por Bart Simpnon. Luego la obra se vuelve un conversatorio y el actor nos habla del “clown existencial”. Me pregunto si los mundos como el nuestro, cuanto más bordean la locura, no necesitan ver en el clown esa luz rara que los ilumine en la oscuridad que van atravesando. Ver a partir de la fisura de una risa. Reyes, soberanos y grandes amos de la realidad siempre necesitaron estas figuras. Quien tenga en su país un Rey-bufón sabe que no es una cosa ni la otra, que vive en el nivel superior de una farsa que le seduce la tragedia, como el eco de una risa que viene desde un abismo. Pero creo que la risa es la magia de nuestro pathos argento -mientras la alegría es brasilera-, incluso al punto de permitirnos enfrentar la realidad con la fantasía cómica que a veces solo infla el ego. Mi amiga podría ser una princesa de la vendimia, herencia de su madre que supo ser reina en una oportunidad. Aunque no le gusta este mote y reivindique más las “vendimias paralelas” que se hacen desde el arte independiente. Discutimos con ella ese estatuto de la belleza femenina que no puede ser visto más que como un valor. En línea con los nuevos tiempos, ya no hay reinas de la vendimia, sino embajadoras. Es normal que lo bello caiga en el orden cosificante, porque es un valor fundamental para la apariencia de las cosas, regla del espectáculo social de nuestras vidas. Si la belleza está en armonía con la verdad, no menos implica una amenaza para el yo que se cree co-partícipe de lo bello: su desintegración, como creían los románticos de lo sublime. 

De un extremo a otro San Rafael tiene escapes naturales ahí nomás de la urbe. El agua mansa del dique en el Cañón del Atuel reposa con la tierra. La intervención del hombre es justa con sus propias obras. Uno pretendería recorrer y nadar con los ojos lo que ve y no alcance con la mirada. La pasión humana surge ahí en la templanza y calma. El río Atuel en cambio vibra con la vida que baja de la Cordillera. Este curso de agua podría haber albergado un Mundial de Rafting, me cuentan. Lo tomo varias veces en pequeños videos. Su movimiento relaja con un llamado a la aventura. Acampamos a su orilla. Pasan los gomones de las agencias de turismo tirándose agua como chicos y nos ven como dos hippies inconscientes. Tengo un ángulo privilegiado, un claro donde se reúnen cerro, árboles y agua para que dialoguen en silencio con los ojos. En ayunas y por recomendación de Gi, me propongo a escribir deseos y gratitudes antes de tomar una dosis de psilocibina. El texto se vuelve un apuro soso y olvidable. Me quedo con la certeza del comienzo: “La belleza es el lenguaje de la naturaleza”. Con lo que me enseñó la facultad, lo corrijo: es el acto de habla. Su fuerza radica en la belleza del acto comunicativo, no tanto en lo qué dice sino los efectos y el sentimiento de quien la concibe, turista, indio o cristiano. De repente, el ruido mental, que no cesa como el Atuel, suena bien y me dejo llevar por una corriente de risa y confianza. Estoy acostado en la orilla y con el cerro ya entablamos cierta confianza aunque sea la primera vez que nos veamos y nunca lo haya recorrido. Compartimos la misma presencia, y desde su altura envía una señal para hablar al corazón que pide habilitar la conexión.

TIERRA, AGUA Y FUEGO EN DISPUTA

Camino al Hotel Termal de El Sosneado, la guía cuenta una historia de amor de Frank Romero Day. Como amo de esta tierra, quien pudiera llamarse entre otros “conquistador del desierto”, decide demostrarle el amor a su mujer en la dimensión de estos parajes andinos “donde se ve primero el sol” (tal la definición indígena de sosneado). Le regala un sobre que contiene el título de propiedad del proyecto de hotel fastuoso. Por allí pasarán desde la élite de nuestro país hasta la aristocracia del primer mundo. La guía suma información que bebe de un mito muy extendido: en estos lugares pocos controlados, muy cerca del paso con Chile, Perón había tenido contacto con jerarcas nazis y recibía algún tipo de intercambio o transacción. Lo comentó con mucha naturalidad y opacidad. Hoy, del hotel solo quedan ruinas. Se puede caminar tranquilo y vislumbrado por aquí ya que a la empresa dueña de esta zona le interesan las minas de azufre que están más lejos. Esto se corrobora por la guía, no las habladurías del pueblo que dicen que la familia Álvarez es dueña del muy próximo Cerro Diamante -o de sus valiosas inmediaciones-, quienes sí son propietarios de la compañía CTNET, proveedora de internet y TV, lo que los coloca en la disputa local con el sudafricano Musk. Estos dueños de la tierra y de los cielos pueden tener diferentes orígenes pero el mismo ojo del amo, el nervio del logos de racionalidad instrumental. Las mineras van a la cabeza por voltear restricciones legales como la Ley de Glaciares. El gobernador Cornejo quiere ser promotor de un modelo de negocios de avanzada para el país. En defensa de la tierra, se pelea por el agua en asambleas de San Rafael, un recurso que acapara y contamina este extractivismo. Desde chico tomaba las botellitas de agua pura de los Andes. El marketing podrá mantener estas etiquetas en los envases pero hay un pueblo acá en Mendoza que quiere encender su fuego para defender el agua. Esto es más difícil que prender fuego un bosque, como estaba sucediendo en la Patagonia en simultáneo. El fuego tiene una compleja simbología. Desde el conocimiento, la pasión y el poder tan transformador como destructor del mundo. Hay fuegos amigos y enemigos, sagrados y atronadores como la guerra. Como elemento otorgado por el titán Prometeo que lo robó del taller de Hefesto, es lo que eleva al hombre a sentirse un Dios, al poder de un orgullo desmedido. 

El 17 de enero me estaba volviendo y ese día se conmemoraba el Aniversario del Cruce de los Andes. Gi también estuvo ahí en lo que renombraron “Gesta Libertadora por el agua” . Entre algunas actividades, hicieron talleres de “Historia y memoria del agua en los territorios”, “Imperialismo, Mekorot y privatización de aguas públicas” y “Agua pura y espiritualidades”. Veo fotos, videos y recuerdo el sentimiento, en medio de la Cordillera, de que allí nació la épica que nos dió libertad y un destino común, que forjó la templanza de un fuego todavía vivo, un espíritu de algo más grande que la Argentina. Y es rarísimo ver los patos en la laguna del Sosneado, creer que todo esto tiene dueño y a la vez, por eso, resulta abandonado. En esta sociedad de control global el ojo del amo, en tu celular o en satélites, está cada vez más asentado, un ojo sin cabeza; o un cíclope Gran Hermano al que hay clavarle la estaca como al Polifemo de Ulises: el punctum necesario. Si no ¿con qué ojo veremos las fotos de la Cordillera o la Patagonia, antes o después del fuego, de las inversiones extranjeras? ¿Con el mismo que busca ser validado como selfie dentro en una imagen de este mundo? Con paisajes que expresan una belleza pero pueden servir más como la ilusión de identidad de nuestro “lindo país”, la nostalgia de una naturaleza perdida o para el ranking de redes sociales. Recuerdo la canción de Ariel Pink, “No puedo escuchar a mis ojos/ Ellos no hablan/ solo espían”. Ellos dictan la realidad pero esa tarea parece cada vez más delegada a las tecnologías; y, así, la realidad cada vez más manipulada y ajena en el ojo de cada uno. Si el país es descuartizado, ¿quedará su corazón para hacerlo de vuelta? Acá dejo cesar las fluctuaciones de la mente. Para el presente, nos queda la inteligencia del corazón que supere a la inteligencia artificial, que la vida sea menos diseñada y más puesta a prueba en las exigencias de la verdad y la belleza.