Literatura

Exégesis universal de la poesía

Leer es una experiencia extrema, afirma este texto. Leer poesía, más todavía. ¿Por qué hacerlo, entonces? ¿Cómo persuadir a alguien de que entre en ese mundo peligroso donde el lenguaje se dobla hasta el infinito? Ayrton Gerlero ensaya algunas razones irracionales en defensa del arte poético.

Por Ayrton Gerlero
27 de enero de 2026

A Sócrates lo mataron por corromper a la juventud con su mayéutica y sus intuiciones más allá de los dioses. Espero que al final de esta revelación haya una birra en vez de cicuta. A Dios me encomiendo.

Cómo carajo querés que lea si me cuesta tiempo, y si me cuesta tiempo, me cuesta vida. Y si me cuesta vida, leer es como morirse. Cada uno elegirá dónde encontrar el cálido manto de la muerte, si es en una seguidilla interminable de videos de 15 segundos, si será en los videojuegos, en las películas, en el alcohol, en alguna de esas drogas que tanto les gusta, o en un libro de 900 páginas. A juicio personal, el de ustedes y el mío, cualquiera sea la opción el placer no se puede esquivar.

“Pero Ayrton (0 metafísica)™, ¿vos estás tan enfermo como para sentir placer leyendo un libro de 900 páginas?”. No sé, mi negro, tengo mis dudas. Pero también tengo la sospecha de que al final de la pregunta, la respuesta es que sí.

Y así concluye esta revelación. Con una sospecha.

Pero para no cerrar como un boludo hermético (te estoy viendo a vos, Valéry) voy a decir un puñado de cosas. No puedo decirte a vos, lector y lectora, por qué está bueno leer. Puedo darte las mismas razones que ya te cansaste de escuchar sobre por qué yo disfruto la literatura, pero eso solo te va a aburrir por primera o por millonésima vez. Lo que sí puedo decir es dónde está el error, y una idea de cómo solucionar esta jodita que arrancó mucho antes de que vos y yo llegásemos. Hay un asunto que conciliar, y es que la literatura te azota sus puertas en la cara apenas te ve. Por más que un libro tenga portada y contraportada, hermosos colores y formas, siempre se presenta cerrado. Y aún en sus páginas abiertas, el rechazo de prestarle atención a sus largos párrafos y estrofas es inevitable. Porque uno camina, porque uno va a algún lado, porque se tienen mejores cosas que hacer, porque da paja. Leer es una experiencia extrema. ¿Pasar una hora irrecuperable de la vida leyendo palabras tras palabras? Eso es ser hardcore. Y cómo hacerlo, y por qué hacerlo.

Todas las razones son irracionales, porque el corazón tiene razones que la razón no entiende. En otras palabras, como para que te des una idea, es por la belleza y el misterio. Misterioso aún con todas las reseñas leídas y todos los videos de análisis vistos, porque dedicarse a leer página tras página de algo por primera vez es el mismo proceso con el que los nenes cavan en la tierra con una cuchara, para ver qué hay más allá de lo que ya vemos. Y la belleza, en el caso de la literatura, se aprende. De ver la luz filtrada en una delgada y verde hoja a decir «Na.. mandame un poema no podés tener los versos tan conmovedores» (por parafrasear un poco a Ysy A) hay un camino casi intuitivo, y la única forma de caminarlo es estar dispuesto a ser un fantasma, y un fantasioso, y flashearla. ¿Por qué detenerse en un «Buena, ¿quién sos?» cuando se hablan temas profundos, que son pertinentes a todos nosotros? Soy yo amigo, soy todo, como vos, y por tanto tiempo tuvimos dormida esa perspectiva que no podés verlo. ¿Cómo se va a leer si no se está dispuesto, dispuesta, a dejar que la literatura le suceda a uno? Sencillamente imposible. Para leer, y digo leer con el corazón bien puesto, no hay otra opción más que permitir que los escritores nos sean unos fantasmas o unos exagerados, y nos mientan.

“El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.”

Dice el buen Feranfloo Pessoa.

Y en esa mentira, en esa de tantas porciones irreales del mundo, duerme la verdad. Y la verdad y la belleza solo la encuentran quienes no ignoran, pero sí han aceptado lo mortal del tiempo y lo fatal del mundo. “¿Leer un libro? Para eso me veo un resumen, capo”. Sí, puede ser, para llegar a cumplir con la escuela puede llegar a servir. No suelen sobrar los profesores con buena literatura, hasta te diría que son criaturas que no aparecen con frecuencia. Y capaz es por eso que pocos pueden mantenerse de pie cuando le dicen “He aquí: un cuento. Para la próxima semana, quiero saber qué tenés para decir.” Pero atendeme a esto: es complicado hacerle promoción a la literatura. Siempre es algo sonso, meloso, bastante ingenuo y a veces hasta te dicen que la literatura sirve para algo.

La literatura, si sirve para algo, es solo para un par de cosas: levantarse a alguien, parecer un capo, filtrar el mundo por una cristal tan bello como terrible. La primera funciona simplemente porque todos los seres humanos estamos predispuestos a la belleza en las cosas. Las rimas, las imágenes, las miradas la o la sensibilidad. (Algo imprescindible si se quiere chamuyar usando la literatura es cuidar los límites. Es muy fácil quedarse corto y parecer un grandísimo gran gil, o pasarse y ser un pesado. La mejor de las suertes con esto, muchachos y muchachas). Parecer un capo es efímero, dura poco y encima el pedestal se vuelve viejo de golpe, se llena de polvo muy fácil y sus telas de arañas están vacías. No dura, ni lo vale. La tercera ya es más interesante. Filtrar el mundo, un concepto extraño, porque el mundo es lo que es, ¿no?

“Il primo mito é il mundo stesso.»

El primer mito es el mundo entero.

Me gusta esta idea. No hay mitología nacida del vacío, porque la raíz del mito está bien enterrada en la tierra. Telúrico, si nos ponemos scalabrinescos. ¿Y qué tiene que ver el mito? ¿Y por qué debería interesarme? Decime vos que estás leyendo esto, amigo, amiga. Mis únicas suposiciones son que estás obligado a leer el texto por tu profe o porque existe un misterio que atraviesa al género humano por entero, y la necesidad de encontrar la respuesta al enigma es casi un impulso del espíritu que habita en cada uno de nosotros. Filtrar el mundo es el método humano por excelencia para entender al mundo, lo hacemos con el arte entero, con las metáforas, con los dichos guarangos de tu tío el borracho, el humor y algunos ejemplos relegados a la etcétera. El por qué estamos existiendo, el por qué existen dioses, el por qué nos enamoramos y cómo la muerte se lo lleva todo, todo aquello son preguntas que no se pueden esquivar. La literatura es sólo una de las formas para averiguar qué onda con todo eso.

[…] Un regreso al camino de nuestros padres, un rechazo a las descripciones de la naturaleza por causa de la naturaleza, de la moral por ser moral, un rechazo de todas las anécdotas y de todo ese discurrir sobre opiniones científicas; o, en otras palabras, debemos llegar a entender que la piedra de berilio fue encantada por nuestros padres para poder desdoblar las imágenes en su centro, y no para reflejar nuestros propios rostros exaltados, o las ramas que se mecen afuera de la ventana.

William B. Yeats

Ese ensayito, El simbolismo de la poesía, lo escribió el Guille con no sé qué clase de contacto divino y pegándole un buen trago a la fuente primordial de la verdad. Para los que no entienden una sola palabra de lo que acaban de leer, les doy un machete para tanta espesura: tus padres no te dijeron que existe la magia en el mundo para que te quedes embobado y con cara de boludo, sino también para despertar la sensación de lo infinito en tu corazón, y que esa debe ser la respuesta. La estruendosa maravilla de que nuestro mundo no es sencillo, que no está dado por hecho; que la fantasía, la magia, lo desconocido y la fatalidad de lo bello es parte del mundo mismo como de cada uno de nosotros.

Claro, la cagada es que parece que en algún momento nos empezó a chupar medio un huevo todo eso; probablemente algo tengan que ver los eventos mundiales llenos de desesperanza o, no sé, algún acuerdo entre psicópatas con guita y giles con poder político. A algunos les presentaron la verdad y le dieron la espalda en silencio. Algunos siquiera tuvieron la oportunidad de encontrarse con todo esto. Nos comprometimos más con las tablas excel y gráficos que dibujan montañas menos majestuosas que las del costado eterno de Mendoza. Cosas que no dudo, se hacen para tener guita en el bolsillo. Pero tampoco hemos hablado de esta cuestión metafísica que es la experiencia de lo sublime e intangible, cuestión que se da no cuando se lee, sino cuando se ha leído. Leer no te da poderes hasta que te das cuenta de que leíste, y te das cuenta que leíste cuando hay algo que no estaba en la superficie de tu corazón, y ahora hierve en ganas de salir al mundo.

Si fuera pintor, o músico, o futbolista, esto no sería una exégesis de la literatura. Sería una exégesis sobre aquello que amo. No es tu culpa no querer leer, y el mundo probablemente pierda para siempre una porción imprescindible si jamás leés. Dos caras, una moneda. La decisión al final siempre va a ser de quien se encuentre estos párrafos.

Lean, y vean videos sobre libros, y animense a parecer unos parias de la sociedad. El mundo exige belleza, la belleza que ya posee. A aquellos que intenten, mi alma y corazón va a estar con ustedes.

Suerte.